« Cada hombre mata aquello que ama: los cobardes lo hacen con un beso; los valientes, con una espada. »
Oscar Wilde
1854–1900Esteticismo victoriano · La balada de la cárcel de Reading y poemas
Vida
Oscar Wilde fue la figura más brillante del esteticismo victoriano y uno de los dramaturgos más agudos de la modernidad. Poeta desde su juventud en Oxford, donde obtuvo el prestigioso Premio Newdigate de Poesía en 1878, defendió que el arte no debe subordinarse a la moral burguesa, sino a la búsqueda apasionada de la belleza, la forma y la intensidad vital.
Tras su fulgurante triunfo social con comedias como La importancia de llamarse Ernesto y la novela El retrato de Dorian Gray, su vida dio un vuelco trágico al ser condenado a dos años de trabajos forzados en el penal de Reading. De esa amarga experiencia nació su obra poética cumbre: La balada de la cárcel de Reading (The Ballad of Reading Gaol), un poema desgarrador sobre la culpa, la fragilidad humana y la redención por el sufrimiento.
Poemas de Oscar Wilde
1.
La balada de la cárcel de Reading (Fragmento célebre)
La balada de la cárcel de Reading (Fragmento célebre)
Él no llevaba su capa escarlata, porque la sangre y el vino son rojos, y sangre y vino había en sus manos cuando lo hallaron con la muerta: la pobre mujer a quien él amaba y a quien mató en su cama. Caminaba entre los reclusos con un traje de gris gastado; llevaba una gorra de cricket en la cabeza, y su paso parecía alegre y ligero; mas yo nunca vi a un hombre mirar con tan anhelante mirar al día. Nunca vi a un hombre mirar con tan ansiosos ojos a aquella pequeña tienda azul que los presos llaman cielo, y a cada nube flotante que pasaba con sus velas de plata libre. Y sin embargo, cada hombre mata lo que ama, que todos oigan esto decir: unos lo hacen con una mirada amarga, otros con una palabra halagüeña; el cobarde lo hace con un beso, ¡el hombre valiente con una espada!
2.
Requiescat
Requiescat
Pisad suavemente, que ella está cerca bajo la nieve; hablad en un suspiro, que ella oye las margaritas crecer. Toda su cabellera dorada está manchada de orín; ella, que era joven y hermosa, ha caído en el polvo. Lirio y lirio, blanca y dorada, apenas una mujer era; si la muerte no la hubiera tocado, habría crecido en gracia. La losa del ataúd, la pesada piedra, pesan sobre su pecho; mi corazón se quiebra a solas: ella está en reposo. Paz, paz: ella no puede oír ni lira ni plegaria; toda mi vida está enterrada aquí: Dios tenga piedad de ella.
3.
Hélas! (Soneto prólogo)
Hélas! (Soneto prólogo)
¿Acaso a la deriva de mi propio anhelo he roto el cordón de perlas de mi juventud? ¿He dejado que una mano ociosa tañera todas las cuerdas de mi espíritu apasionado? Ciertamente hubo un tiempo en que mi vida era un instrumento afinado al cielo, dispuesto a vibrar con el acorde más puro de la verdad, del saber y del honor. Hoy he perdido el rumbo soberano: me rendí al encanto efímero del día, a la máscara de sol y a la risa mundana. Mas a veces, en el silencio del dolor lejano, recuerdo la corona de virtud y guía, y lloro por el alma que vendí tan vana.
4.
Amor intellectualis
Amor intellectualis
A menudo los cantos de los poetas antiguos me han traído el consuelo de una eterna belleza; he caminado con Dante por la selva oscura y contemplado el fuego del empíreo luciente; he escuchado a Milton en su solemne altura cantar la pérdida del Paraíso sagrado; y con Keats he bebido en la copa más pura el vino del dolor en verso cincelado. No me deslumbra el oro ni el poder mundano: mi reino es el alcázar del noble pensamiento, donde el Arte redime la miseria humana y alza sobre las sombras del mortal tormento el templo de hermosura soberana y lejana, que vence a las mudanzas del viajero viento.
5.
La tumba de Keats (The Grave of Keats)
La tumba de Keats (The Grave of Keats)
El más dulce cantor de nuestra estirpe inglesa descansa aquí, bajo las lágrimas de Roma; la hierba de la primavera recién asoma sobre la losa que cubrió su juventud presa. «Cuyo nombre fue escrito en el agua», reza el amargo epitafio que su labio aroma; mas no en el agua: en mármol que jamás se doma grabó su lira inmortal la excelsa belleza. Llora, sauce del valle; gime, brisa callada; que aquí yace el mancebo que amó la luz divina: su corazón descansa de la herida amarga, y mientras Febo brille en la etérea colina, su verso vivirá con llama venerada más allá del olvido y la mortal ruina.
Frases para reflexionar
« Todos nosotros estamos en la cloaca, pero algunos estamos mirando a las estrellas. »
Algunos libros de poesía de Oscar Wilde:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: