« El verso debe tener color, música, perfume y relieve de estatua. »
Salvador Rueda
Precursor del Modernismo Español (1857 - 1933)Poeta malagueño de gran exuberancia sensorial, colorismo y plasticidad, considerado por Rubén Darío como el heraldo del modernismo en España.
Vida
Nacido en una aldea humilde de Málaga, este andaluz no tuvo una educación fácil y tuvo que aprender de forma autodidacta mientras trabajaba como jornalero, carpintero y tipógrafo. Apasionado por la lectura y los periódicos, se trasladó a Madrid con una mano delante y otra detrás, decidido a triunfar en los círculos literarios de la capital.
Su poesía revolucionó el panorama español al romper con la métrica rígida e inundar los versos de luz mediterránea, colorido desbordante y ritmos musicales contagiosos. Aunque muchos críticos conservadores lo atacaron con dureza, genios como Rubén Darío reconocieron su valentía y lo proclamaron con justicia el auténtico precursor del modernismo en España.
Poemas de Salvador Rueda
1.
Acercad las almas, que ésta es la candela
Acercad las almas, que ésta es la candela
Acercad las almas, que ésta es la candela... Acercad las almas, que ésta es la candela; acercad las almas, que ésta es la alegría; son versos que cantan llenos de energía, y alzan una lumbre que, ondulando, vuela. Es un bosque que ardiendo que el helor deshiela, es Dios hecho lenguas, Dios hecho poesía, este libro es alto temblor de armonía, fuego melodioso, que abriga y consuela. El crujiente ritmo dice: «¡Allá van ramas!», y la fantasía las convierte en llamas, como promontorio de dorado velo. Mientras que, candente, la inexhausta lira lanza en rubios hace versos a la pira, y las lenguas de oro suben hasta el cielo.
2.
Afrodita
Afrodita
Venus, la de los senos adorados que nutren de vigor savias y rosas; la que al mirar derrama mariposas y al sonreír florecen los collados; la que en almas y cuerpos congelados fecunda vierte llamas generosas, de Eros a las caricias amorosas ostenta sus ropajes cincelados. Ella es la fuerza viva, el soplo ardiente de cuanto sueña y goza, piensa y siente; de cuanto canta y ríe, vibra y ama. En el niño es candor, eco en la risa; en el agua canción, beso en la brisa, ascua en corazón, flor en la rama.
3.
Bailadora
Bailadora
Con un chambergo puesto como corona y el chal bajando en hebras a sus rodillas, baila una sevillana las seguidillas a los ecos gitanos que un mozo entona. Coro de recias voces canta y pregona de su rostro y sus gracias las maravillas, y ella mueve, inflamadas ambas mejillas, el regio tren de curvas de su persona. Cuando enarca su cuerpo como culebra y en ondas fugitivas gira y se quiebra al brillante reflejo de las arañas, estalla atronadora vocinglería, y en un compás amarra la melodía palmas, risas, requiebros, cuerdas y cañas.
4.
Clavellinero
Clavellinero
Quiero cuando yo muera, Patria mía, que formes con mi cráneo una maceta, y de sus ojos por la doble grieta eches la tierra que tus flores cría. En su interior de luz y de armonía deja una mata de clavel sujeta, y ese clavellinero de poeta te brindará corolas como el día. Por mi boca, mis ojos, mis oídos, entreabriré capullos encendidos con que de galas quedaré cubierto. Y, cuando en mayo florecer me veas, aún lanzaré claveles como ideas para besarte hasta después de muerto.
5.
Discurso de afrodita
Discurso de afrodita
Si Venus Afrodita hablase un día, dijera así: «Sed, pechos maternales, sagrados y serenos manantiales de paz, de amor, de leche y de poesía. Sed, caderas, que iguala la armonía, santo molde de razas inmortales; sed, labios, aromáticos panales donde los besos zumben de alegría. Sed, manos, como rayos de luz pura, que donde toquen viertan la hermosura; sed, amplias frentes, llamas generosas. Y sed, ojos de vivos resplandores, ríos de luz, d-e músicas y flores, que entero el mundo coronéis de rosas.
6.
El ave del paraíso
El ave del paraíso
Ved el ave inmortal, es su figura; la antigüedad un silfo la creía, y la vio su extasiada fantasía cual hada, genio, flor o llama pura. Su plumaje es la luz hecha locura, un brillante hervidero de alegría donde tiembla 1a ardiente sinfonía de cuantos tonos casa la hermosura. Su cola real, colgando en catarata; y dirigida al sol, haz que desata vivo penacho de arcos cimbradores. Curvas suelta la cola sorprende, y al aire lanza cual tazón de fuente un surtidor de palmas de colores.
7.
El cisne
El cisne
Visión impecable de nácar riente, ara de alabastro y hostiario viviente, cisne, frágil arco de la idealidad; alma que desfila bajo de tu cuello digna es del gran triunfo de gozar lo bello y del sol que alumbra la inmortalidad. Sagrario que viertes pulcritus divina, filtro idealizado de luz cristalina, de las fuentes triste clarificador; tu lección de blanco, viste de pureza, viste armonía, viste de belleza, y abre castas risas de bondad y amor. Tu blancor teológico lava de pecado, y, oración de plumas, tu ropón nevado habla de una eterna casta religión: la que da a las almas la naturaleza, la que da alegría, la que da belleza, la que de blancuras viste la ilusión. Gracia de los cielos en tus plumas llueve, en tus plumas hechas de oración y nieve, que a la boca invitan cual para rezar; hecho tu plumaje de altos resplandores, no está profanado ni por los colores y su luz ni el iris se atreve a tocar.
8.
El copo
El copo
Tíñese el mar de azul y de escarlata; el sol alumbra su cristal sereno, y circulan los peces por su seno como ligeras góndolas de plata. La multitud que alegre se desata corre a la playa de las ondas freno, y el musculoso pescador moreno la malla coge que cautiva y mata. En torno de él la muchedumbre grita, que alborozada sin cesar se agita doquier fijando la insegura huella. Y son portento de belleza suma: la red, que sale de la blanca espuma: y el pez, que tiembla prisionero en ella.
9.
Estambres y pistilos
Estambres y pistilos
Bajo el velo del agua transparente impregnada de rayos luminosos, estambres y pistilos pudorosos se citan, para amarse, en el ambiente. Atravesando el líquido luciente asómanse los tallos amorosos, y a los himnos del viento rumorosos los desposa la luz resplandeciente. A la vez en las frondas escondidos, cuántas dulces escenas misteriosas entre los bosques formarán los nidos. El lento desplegarse de las rosas, el crujir de los granos, los latidos... ¡Oh concierto invisible de las cosas!
10.
Horas de fuego
Horas de fuego
Quietud, pereza, languidez, sosiego... un sol desencajado el suelo dora, y a su valiente luz deslumbradora que le ha dejado fascinado y ciego. El mar latino, y andaluz, y griego, suspira dejos de cadencia mora, y la jarra gentil que perlas llora se columpia en la siesta de oro y fuego. Al rojo blanco la ciudad llamea; ni una brisa los árboles cimbrea, arrancándoles lentas melodías. Y sobre el tono de ascuas del ambiente, frescas cubren su carmín rïente en sus rasgadas bocas las sandías.
11.
La cigarra
La cigarra
Silencio; es la cigarra, la doctora, la que enseñó a Virgilio la poesía y dio a las viñas griegas su armonía cual bordón inmortal de luz cantora. Aun pasa con su lira triunfadora ardiendo en entusiasmo y energía; encerrado en sus élitros va el día, escuchad su canción abrasadora. Ser en la roja siesta enardecido, es un ascua del sol hecha alarido que a su propio calor fundirse quiere. Quema al cantar su real naturaleza, canta por el amor a la belleza, canta a las almas, y cantando muere.
12.
La copla
La copla
Tiene la mariposa cuatro alas; tú tienes cuatro versos voladores; ella, al girar, resbala por las flores; tú por los labios, al girar, resbalas. Como luces su túnica, tú exhalas de tu forma divinos resplandores, y fingen ocho vuelos tembladores tus cuatro remos y sus cuatro palas. Ya te enredas del alma en una queja, ya en la azul campanilla de una reja, ya de un mantón en el airoso fleco. En el pueblo andaluz, copla, has nacido, y tienes -¡ave musical! -tu nido de la guitarra en el sonoro hueco.
13.
La Lámpara de la poesía
La Lámpara de la poesía
Desde la frente, que es lámpara lírica, desborda su acento como un aceite de aroma y de gracia la ardiente poesía, y a los ensalmos exhala cantando su fresca armonía, vase llenando de luz inefable la esponja del viento. Rozan los versos como alas ungidas de lírico ungüento sobre las frentes, que se abren cual rosas de blanca alegría; y un abanico de ritmos celestes el aire deslía, cual si moviera sus plumas de magia de Dios el aliento. Vierte en el aire la lámpara noble sus sones divinos, que goteantes de sílabas puras derraman sus trinos desde el tazón del cerebro de lumbre que canta sonoro. Y revolando las almas acuden de sed abrasadas como palomas que beben rocío y ondulan bañadas en el temblor de la fuente sube del verso de oro.
14.
La sandía
La sandía
Cual si de pronto se entreabriera el día despidiendo una intensa llamarada, por el acero fúlgido rasgada mostró su carne roja la sandía. Carmín incandescente parecía la larga y deslumbrante cuchillada, como boca encendida y desatada en frescos borbotones de alegría. Tajada tras tajada, señalando las fue el hábil cuchillo separando, vivas a la ilusión como ningunas. Las separó la mano de repente, y de improviso decoró la fuente un círculo de rojas medias lunas.
15.
Las bodas del mar
Las bodas del mar
Ya acudes a tu cita misteriosa con el inquieto mar, luna constante, y asoma las playas de Levante, hostia de luz, tu cara milagrosa. En la onda azul, cual nacarada rosa, se abre tu seno con pasión de amante, y dibuja un reguero rutilante tu pie sobre la espuma en que se posa. El agua, como un tálamo amoroso, te ofrece sus cristales movedizos donde tiendes tu cuerpo luminoso. Y al ostentar desnuda tus hechizos, el mar, con un abrazo tembloroso, te envuelve en haz de onduladores rizos...
16.
Lejano amor
Lejano amor
Mujer de luz, mujer idealizada, que apagaste tu lámpara de oro: aun pienso ver la escarcha de tu lloro dentro de tu ataúd amortajada. Vuelve a surgir de gloria coronada; sal otra vez del mármol incoloro; yo te amo, yo te vivo, yo te adoro, llena de luz como una desposada. Tu carne fue de nardos y panales, floreciente entre sábanas nupciales; resucita: yo te amo, yo te quiero. Dame tu boca en flor, esposa mía, y tu seno que hierve en armonía, lo mismo que un enjambre en un romero.
17.
Ramo de lirios
Ramo de lirios
Porque de ti se vieron adorados, tengo un vaso de lirios juveniles: unos visten pureza de marfiles; los otros terciopelos afelpados. Flores que sienten, cálices alados que semejan tener sueños sutiles, son los lirios, ya blancos y gentiles, ya como cardenales coagulados. Cuando la muerte vuelva un ámbar de oro tus largas manos de ilusión que adoro, iré lirios en ellas a tejerte. Y mezclarán sus tallos quebradizos con sus dedos cruzados y pajizos, ¡que fingirán los lirios de la muerte!
18.
Tu carne
Tu carne
Está tu carne de ágata y de rosa donde el sol con la nieve se combina dotada de una luz casi divina, casi extrahumana y casi milagrosa. Tiene ideal traslucidez preciosa que cual racimo de oro te ilumina, y en tu cutis de leche se adivina sangre de fresas pura y ruborosa. Tu seno en flor de redondez de astro, es una clara piedra de alabastro que deja ver transparentarse el día. Como a santo cristal sin mancha alguna a él asomé para mirar la luna, e igual que tras de un ámbar la veía.
Frases para reflexionar
« Andalucía es la nodriza de la luz en la poesía española. »
« Vivir intensamente cada instante es el primer deber del artista. »
Algunos libros de poesía de Salvador Rueda:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: