« Bebe vino, pues no sabes de dónde viniste ni por qué; bebe vino, pues no sabes por qué te vas ni a dónde irás. »
Omar Khayyam
1048–1131Persia medieval · Rubaiyat: vino, efimeridad y misterio cósmico
Biografía
Vida
Este sabio persa medieval no solo fue un poeta legendario, sino uno de los matemáticos y astrónomos más brillantes de la historia islámica. Calculó un calendario solar más preciso que el europeo y resolvió complejas ecuaciones mientras observaba las estrellas en los observatorios de Isfahán.
En secreto escribía cuartetas rebeldes donde invitaba a disfrutar del vino, los amigos y el presente efímero frente a la hipocresía de los fanáticos religiosos. Sus versos nos recuerdan que la vida pasa en un suspiro y que debemos saborear cada instante sin angustiarnos por el más allá.
Lírica y Versos
151 poemas
Poemas de Omar Khayyam
1.
La caravana en el desierto
La caravana en el desierto
I. La caravana en el desierto 1 ¡Despertad! Que ya el sol desde el remoto Oriente dispersó las estrellas de su sesión nocturna, y al escalar de nuevo el cielo iridiscente la regia torre ciñe con su lazada ardiente. 2 Antes que el brillo fatuo del alba se extinguiera, oigo una voz que dentro de la taberna grita: -«Si el altar todo en luces para la fiesta espera, ¿por qué el tardo devoto duerme en la sombra afuera?» 3 Canta el gallo, y el grupo que a la intemperie queda, -«¡Ea, abridnos, pues! -grita- nos resta un breve instante de aguardar nuestro turno, pues al girar la rueda, ¡Quién hará que a este sitio volver otra vez pueda?» 4 Y ahora el nuevo año, removiendo ansias muertas, al alma pensativa llama a la soledad, donde Moisés asoma sus blancas manos yertas, y Jesús resucita las llanuras desiertas. 5 Iram llevó sus rosas a donde nadie sabe, con la septanulada ánfora de Jamshid; ¡Oh! pero aún destila del vino el rubí suave y la fuente en el huerto canta su salmo grave. 6 Ya, de David los labios selló la última arcilla, mas el Bulbul en sacro y mimético Pehlví, -«Vino!» a la rosa ofrece en rauda seguidilla para teñir de púrpura su marchita mejilla. 7 Ven a llenar mi copa, y en primaveral anhelo, echa de ti ese manto de contrición y dudas; El ave-tiempo apenas tiene luz para el vuelo, y -¡mira! ya sus alas está tendiendo al cielo. 8 Ya en Babilonia impía, ya en Naishapur, mi cuna, ya la copa os ofrezca dulce o amargo vino, el de la vida filtra con tarde importuna, y las hojas sin savia van cayendo una a una. 9 El alba de mañana nos traerá primorosas nuevas rosas, mas ¿dónde se fueron las de ayer? Pero el Estío llega desbordante de rosas, y Kaikobad, Jamshid, volverán a sus fosas. 10 ¡Y deja que se vayan! Libre el mundo se vea de Kaikobad el Grande o Kaikosrú el potente; y de Rustúm los gritos llamando -«¡a la pelea!» y Hatím-Taí -«¡a la orgía!»- allá se vayan, ¡Ea! 11 Ven tú conmigo al margen de este oasis florido que pone nuevo verde al valle pedregoso: Aquí «esclavo» y «sultán» duermen igual olvido, y -«paz a Mahmoud»- clama amor compadecido. 12 Aquí con un mendrugo, entre el gayo ramaje, una ánfora de vino, un manojo de versos, y tú conmigo, sola, cantando entre el boscaje, es para mí un paraíso el yermo más salvaje. * * *
2.
II - Lo fugitivo y lo eterno
II - Lo fugitivo y lo eterno
II. Lo fugitivo y lo eterno 13 ¡Cuántos la gloria buscan en este mundo vano! ¡Cuántos van tras los goces futuros del Profeta! ¡Oh! tu oro, poco o mucho, asegura en tu mano... Ni te seduzca el eco de ese tambor lejano. 14 Si locura no fuese, cual la araña en su nido cuidarías la tela de tu vida presente: ¿Y a qué, si nadie sabe si el aliento absorbido puede volver al aire de donde fue bebido? 15 ¡Mira esa rosa, cómo su aire de reina asume! Ella sonríe y dice: -«Yo en esta tierra impero; de mi bolsa de seda el nudo se consume, y vierte en los jardines la gracia del perfume». 16 La terrena esperanza do el alma se encadena o se torna en cenizas o en el logro se colma: Por sólo una o dos horas su loco andar serena, y a volar, cual del yermo la diluida arena. 17 Ni el que su oro guardara con sórdido decoro, ni los que 10 arrojaron al viento cual la lluvia, ninguno fue enterrado como ceniza de oro para incitar las ansias de exhumar su tesoro. 18 Y piensa, amigo, que esta tienda desvencijada a cuyas puertas túrnanse las noches y los días, fué de un sultán tras otro con su pompa habitada por breves horas y... de prisa abandonada. 19 Los leones y lagartos han hecho su guarida donde Jamshid brillara y hondamente bebiera y de Bahrán forzudo la cabeza temida pisa el asno salvaje, ¡mas no vuelve a la vida! 20 En palacios que al cielo alzaron sus pilares y reyes a sus puertas curvaron las cabezas, yo oí la triste tórtola, sola entre sus sillares, -«Cuú, cuú. -gimiendo sus íntimos pesares. 21 ¡Oh, dulce amada! llena la copa que hoy liberta de dolores pasados y nuevas inquietudes: ¡Mañana! ¿Y qué? Mañana, si mi vida despierta, siete mil años idos llamarán a mi puerta. 22 Porque aquellos que amamos con más santos amores, en quienes ya el tiempo apuró su vendimia, también su copa alzaron y ciñeron sus flores y a reposar se fueron hacia mundos mejores. 23 Y nosotros que el fausto de este estío gozamos en la cámara misma que abandonaron ellos, a su capa de tierra a nuestra vez bajamos a formar otra capa... ¿y a quién se la dejamos? 24 Pienso a veces que nunca la rosa abrió más roja que sobre el suelo ungido por la sangre de un César y el jacinto glorioso que del sol se sonroja, de una cabeza antigua caído al surco se antoja. 25 Y esta preciosa hierba cuyo verde apacible guarnece la ribera que nos hospeda grata, pisa en ella muy suave, pues saber no es posible de qué labios amantes ella brota invisible. 26 ¡Oh, sí! apresuremos nuestro humano trajín, antes que suene la hora de bajar hacia el polvo: ¡Polvo al polvo y debajo yacer del polvo ruin, sin vino, sin canciones, sin cantar y... sin fin! * * *
3.
Ayer, hoy, mañana
Ayer, hoy, mañana
III. Ayer, hoy, mañana 27 A aquellos que en el hoy aguardan su ventura, y a los que en el mañana fijaron su esperanza, un muezín les grita desde la Torre Oscura: -«¡Locos! ni aquí, ni allí, vuestra paga es segura!» 28 En sueños, otra voz, que me repite, advierto: -«La flor abrirá al beso de la nueva mañana»; mas un rumor que pasa, me dice, ya despierto: -«La flor que ayer abrió, dio su aroma y ha muerto». 29 Y los santos, y sabios, y rígidos ascetas que de ambos universos el estudio agotaron, son arrojados fuera como locos profetas, sus bocas y palabras del mismo polvo prietas. 30 ¡Oh! cuando yo fui joven ávido he frecuentado los santos y doctores, y oí cosas sublimes sobre esto y sobre aquello: mas siempre me ha pasado volverme por la puerta por donde había entrado. 31 Yo he sembrado semilla de aquel saber arcano, y la ayudó a crecer la labor de mi mano: y ésta fue mi cosecha: -«yo vine como el agua, y me voy de este mundo como va el viento vano». 32 Llegado a este Universo el porqué ignorando y el de dónde, como agua que, quiera o no quiera, corre, salgo de él como el viento que el desierto cruzando, sin saber hacia donde, quiera o no sigue andando. 33 ¿Y qué, y así me traen desde un donde cualquiera y desde aquí hacia allá, sin pulsar mi albedrío? ¡Si el cielo, al menos, darnos siempre el vino quisiera, que ahogue este recuerdo que la mente lacera! * * *
4.
El gran secreto
El gran secreto
IV. El gran secreto 34 Por la séptima puerta, sidéreo peregrino, volé y fui a sentarme de Saturno en el trono: Muchos cerrados nudos desaté en mi camino, mas no el nudo maestro del humano destino. 35 Y allí estaba la puerta cuya llave no vi; y allí se alzaba el velo que lo ocultaba todo: Un vago murmurar cerca de Ti y de Mí se escuchó... y después nada, ni de Mí ni de Ti. 36 Nada pudo la Tierra decir, ni el taciturno mar que en flúida púrpura su ausente Dios implora; ni el cielo que mil signos pregonan, y a su turno velan, la luz del día y el luminar nocturno. 37 Luego al Tú en Mí que oculto tras el velo infinito incesante labora, en mi extravío invoco: -«¿Con qué lumbre orientarme en mi vagar fortuito?» -«Con una mente ciega!»-se contesta a mi grito. 38 Después el labio frío de este vaso terreno besé, en pos del Secreto del Pozo de la Vida, y a mi ardiente contacto, -«¡Bebe, dijo, sin freno en vida, antes que duermas en el eterno seno!- 39 Y pienso que aquel vaso que tímido me hablara, también vivió su vida y bebió con deleite; y su labio impasible que en mi sed yo besara, ¡cuántos besos sintiera y ¡ay! cuántos otorgara! 40 Y recuerdo que un día mi paso se detuvo por ver un alfarero que batía su barro: Y el barro en frase tímida su frenesí contuvo: -«¡Suave, hermano, mi forma también tu forma tuvo!» 41 ¿Y no es ésta la misma milenaria balada que desde el primer hombre historia abajo rueda, sobre aquella bolilla de tierra fecundada que dentro el limo humano dejó Dios encerrada? 42 Y ni una de esas gotas que de la copa echamos a la sedienta hierba, se escurrió bajo tierra, a mitigar la angustia de un alma que olvidamos y muy hondo y muy lejos en el tiempo dejamos. 43 Como los tulipanes, en su sed inexhausta de celeste vendimia, sus cálices elevan, tú podrás desde arriba conjurar tu hada infausta, inclinándote a tierra como una copa exhausta. 44 Mientras del breve viaje el fin no se resuelva, puedes la amada forma ceñir entre tus brazos, antes que la alma tierra a recobrarte vuelva, y en la última caricia en polvo te disuelva. 45 Si la copa en que libas, si el labio que oprimiste acaban donde todo comienza y se concluye, piensa que ahora eres el mismo que ayer fuiste, y más allá no harías nada más que aquí hiciste. 46 Cuando el ángel, copero de aquel brebaje oscuro, te halle sentado al margen del río confidente, y te ofrezca su néctar, no huyas del conjuro: Toma y bebe hasta el fondo con ánimo seguro. 47 Ni temas que al ajuste de tu vida irredenta pueda romperse el molde, ni extinguirse tu tipo: el Saki eterno ha echado, en innúmera cuenta, de esas mismas burbujas en la copa sedienta. 48 Cuando hayamos cruzado tú y yo el negro velo, ¡Oh! el mundo impasible continuará su ronda; nuestra venida y vuelta le darán tal recelo como al mar si le arrojas un guijarro del suelo. 49 ¡Un instante de aliento en la ruta desierta gustar solo una gota del agua de la vida! Las estrellas se apagan; la caravana alerta parte ya hacia la Nada: ¡ya es la hora, despierta! 50 ¿Y necio gastarías en pos del Gran Secreto esta brizna de vida? Un cabello, nos dicen, de lo cierto y lo falso forma el espacio neto: Y el hilo de la vida ¿de dónde está sujeto? 51 ¡Que un cabello lo falso de lo cierto separa! ¡Oh, sí! Aunque un tilde fuese la seña guiadora, acaso hasta el oculto Tesoro te llevara, y acaso contemplases al Señor ante su Ara. 52 Su presencia difusa por las arterias rueda del mundo como azogue, para ahorrarte su busca: desde Máhi hasta Máh, toda forma remeda: Todo muda o perece, mas él inmune queda. 53 Un momento fantástico y luego al negro abismo volver con igual prisa, do el drama se despliega, en que para solaz del eterno humorismo, él lo inventa, es artífice y actor a un tiempo mismo. 54 Si en vano bajo el suelo con avidez sondeas y hacia arriba, a esa Puerta sin término sellada, -Hoy, mientras seas tú y un sentido poseas,- ¿Qué harás mañana cuando ni tú ni nada seas? * * *
5.
La magia de la VIña
La magia de la VIña
V. La magia de la viña 55 ¡Oh!, no más te atormente lo humano o lo divino, y que el mañana solo desate su madeja: ¡Hunde tus dedos muelles en el ébano fino de las trenzas de alguna flexible Hada del vino! 56 Y tu hora no malgastes, ni en la conquista ociosa de este o aquel engaño te empeñes ni disputes: Alégrate más bien con la uva generosa, que ir en pos de una fruta, o ausente, o venenosa. 57 Y bien sabéis, amigos, con cual altivo porte de mi nuevo himeneo celebré el festival, La Razón repudiando de mi lecho y mi corte, y a la Hija de la Viña tomando por consorte. 58 Si al «es» como al «no es», en cierta ley y norma, y el «abajo y «arriba» con lógica defino, de todo lo que he visto en la sensible forma, lo más hondo es el vino que en su alma se transforma. 59 Mas mis computaciones -se dice- punto a punto, han ajustado el año a la humana medida; y si es así, arranca, de un golpe y todo junto, EL «mañana» aun innato y el «ayer» ya difunto. 60 Y poco ha en la Taberna, por la puerta fluía, filtrándose en la sombra, una silueta de ángel: una pintada cuba en su espalda traía; La gusté, y de la uva el sabor trascendía. 61 La uva, sí, que puede con lógica absoluta las setenta y dos sectas rivales confundir Con su Alquimia, que al plomo de nuestra vida bruta en un tris de maniobra en oro lo transmuta. 62 Y el potente Mahmoud que aliento de Allah aspira, la tenebrosa turba, la temerosa horda de espantos y tristezas, que nuestra alma transpira, 63 Y si esta esencia fuese de Dios un atributo, ¿Quién blasfemar osara de la vid como un lazo ? Y si es un crimen ¿quién nos mandó su tributo? Antes, pues, como gracia gustemos de su fruto. 64 Debo abjurar del Bálsamo de vida, sí, ya es hora; Antes que nuevas tasas pague mi fe sincera, O, yendo en pos de alguna bebida redentora, mi vaso caiga al polvo que todo lo devora. 65 Si la secta de abstemios del amor y del vino sola es llamada al goce del Edén del Profeta, ¡Ay! temo que el Paraíso, con su encanto divino, Vaya a quedar desierto, sin fieles ni destino! 66 ¡Amagos del infierno! ¡Promesas del Paraíso! sólo es cierta una cosa -que nuestra vida vuela! Sólo es cierta una cosa, -lo demás falso viso-: «La flor que un día abriera, por siempre se deshizo» * * *
6.
El vuelo del alma
El vuelo del alma
VI. El vuelo del alma 67 Y caso extraño ¿no? De las vidas aquéllas que primero pasaron tras la cortina oscura, ninguna aquí retorna a mostrarnos sus huellas, para abrir nuevas rutas por entre las estrellas. 68 Y las revelaciones del sabio y del devoto, que profetas ungidos en llamas difundieron, ¿qué son sino consejos de un ensueño remoto, dichos y al punto vueltos a su dormir ignoto? 69 Porque si el alma puede dejar su polvo turbio, y cabalgar desnuda por los aires del cielo ¿No es, acaso, vergüenza, no es un fatal disturbio habitar por más tiempo en este vil suburbio? 70 Y éste es sólo una tienda donde un sultán reposa mientras va de camino al reino de la muerte: Sale el sultán, y al punto, un hosco peón de fosa la alza, y para otro huésped la adereza lujosa. 71 Y yo envié mi alma tras lo Invisible eterno, del más allá una carta buscando descifrar; tras una larga angustia de mi conflicto interno, vuelve y me lee: -«Mira: yo soy Cielo e Infierno». 72 Cielo es sólo visión del Deseo cumplido y el Infierno la sombra de un alma de ansia presa, lanzada a esta tiniebla donde, apenas surgido, el hombre ha de quedar en polvo convertido. 73 Y al fin no somos más que una movible fila de fantásticas formas que vienen y que van en torno a esta Linterna del Sol, que alumbra, oscila, y el Maestro abre y cierra cual mágica pupila. 74 Nosotros, piezas mudas del juego que él despliega sobre el tablero abierto de noches y de días, aquí y allá las mueve, las une, las despega, y una a una en la Caja, al final, las relega. 75 La bola nada inquiere de sí, ni no, ni modo, y el jugador doquiera de un lado al otro corre: pero él, que los echara en el campo de lodo, todo de ellos lo sabe, ¡oh, todo, todo, todo! 76 Su índice el fallo escribe: si tu piedad impetra, si tu ingenio excogita, si tu fe intercede por borrar una línea, tu voz nunca penetra; ni tus lágrimas juntas lavarán una letra. * * *
7.
Predestinación
Predestinación
VII. Predestinación 77 Que el Doctor y el Filósofo sigan en su faena de hablar de lo que quieran y de lo no pensado: Todo no es más que un tramo de infinita cadena que nadie mueve, corta, ni hace girar , ni enfrena. 78 Y esa crátera inversa del cielo que te escuda, bajo la cual rampantes vivimos y morirnos, no le tiendas tu mano en súplica de ayuda, pues, ¡como tú y yo gira tan impotente y muda! 79 Del primitivo barro se hizo el hombre primero, y se echó la semilla de la última cosecha; y la primera aurora dejó escrito el letrero que leerá la última de aquel Juicio postrero. 80 El ayer ya dispuso del hoy la suerte triste, y el silencio y el triunfo y el dolor del mañana: ¡Bebe! pues que no sabes cuándo y porqué viniste e ignoras porqué y dónde predestinado fuiste. 81 Cuando el corcel flamígero de estrellas fué domado y fijos los destinos de Parwin y Mushtari, mi sino así fue escrito dentro del desmedrado grumo de polvo y alma para mí prefijado. 82 Brotó la vid, y mi alma de su esencia fué ungida y aunque ría el Derviche, de mi metal plebeyo puedo forjar la llave para darle subida, cuando aúlle a la puerta su alma despavorida. 83 Y esto más sé: ya sea que la luz verdadera en amor me deleite o en ansia me consuma. Un solo rayo suyo que en mi copa encendiera es mejor que en el templo perderla toda entera. 84 Por cierto que más vale desde la innocua Nada hacer vivir un algo de conciencia o sentido, que soportar el yugo de la dicha vedada, con penas infinitas si la ley es violada. 85 ¡Cómo! ¡Ser resarcido por la inmane criatura, en oro vivo, de eso en vil mezcla prestado; por deuda no debida ser juzgada perjura, sin poder contestar! -¡Oh, mercancía impura! 86 No será por temer su mirada severa: no confundir os juro su gracia y su injusticia; y al cobarde que tales confesiones hiciera, de la Taberna echáranle por la ventana afuera. 87 ¡Oh, Tú! que de mil lazos y pozos sin medida de mi paso errabundo sembraste el derrotero, ¿No harás que un mal prefijo mi marcha enrede e impida, e impute luego a crimen mi segura caída? 88 ¡Oh, Tú! que al hombre hiciste de la arcilla más vil, y en el Edén, oculto, lo pusiste al reptil, de toda humana falta que su vida mancilla, dale el perdón y el suyo recibe Tú... ¡es gentil! * * *
8.
El coloquio de las ánforas
El coloquio de las ánforas
VIII. El coloquio de las ánforas 89 Oye más: una noche, entre el rumor postrero del Ramazán, y antes que la luna se alzara, quedéme solo dentro de un taller de alfarero, por su pueblo de arcilla rodeado y prisionero. 90 Y esta vez, entre todos, la voz desvanecida circula cual si fuese el chirrido medroso de cenizas de alguna lengua ha tiempo extinguida, que mi oído excitado devolviese a la vida. 91 Entonces uno dijo: -«No fué vano el intento de amasar mi substancia con la más vil materia: El que, sutil, me diera la forma que hoy ostento, podrá tornarme en tierra informe en un momento». 92 Y otro replica: -«¿Y qué? ¿Acaso no podría un niño que en la copa escanció con deleite, romperla, y el que la hizo de amor y fantasía, no la quebrara, acaso, de cólera algún día ?» 93 Nadie dió la respuesta; pero tras breve pausa, otro vaso de menos arrogante figura, -«Me burlan -dice- por mi menguada apostura; ¿la mano del artista tembló, pues, por mi causa?» 94 Con la muerte y la vida el mismo qué inquiero; el porqué siempre listo, pero no el por tanto; y así otro vaso anónimo interroga certero: -«¿Quién aquí es la vasija y quién el alfarero?» 95 Dijo uno: -«Todos hablan de un Señor inmutable, y su rostro le tiznan con humo del Infierno, y también de un juicio último de rigor implacable... mas es buen camarada y todo irá admirable». 96 -«Bien -otro habló-; si así es, probémoslo conmigo: mi arcilla, por olvido del Maestro, se ha secado; mas llenadme de nuevo del viejo vino amigo ¡y veréis con qué gracia mi frescor os prodigo!» 97 Y mientras que los vasos van así departiendo, otro espiaba hacia afuera la luna en el creciente: y habló: -«¡Hermano, hermano! -el Shawwal presintiendo,- ¡ya el nudo de la bolsa se abre, ya está crujiendo!» * * *
9.
El ocaso del astro
El ocaso del astro
IX. El ocaso del astro 98 Ah! reanimad con la uva mi marchitada vida; ungidme en sus aromas si es ya mi último sueño; y envuelto de hojas frescas en túnica florida dejadme entre las frondas de una huerta escondida; 99 Para que, reviviendo por la vernal tibieza, pueda enviar mis adioses a los viejos amigos, en la rama que al muro se inclina y se adereza para verter sus flores por sobre su cabeza; 100 Para que mis cenizas, como el vástago altivo de la viña, el espacio en espiral escalen, y así, el buen creyente, si pasa pensativo, no quedará enredado por absorto o esquivo. 101 ¡Ah! y en verdad los ídolos que yo amé con pasión mucho daño me hicieron a los ojos del mundo: En frágil copa ahogaron mi gloria y mi ambición y mi fama vendieron por una ruin canción. 102 Es cierto, sí, es cierto: Yo prometí enmendarme; lo juré, ¿mas estaba en mi juicio al jurarlo? La Primavera vino sus rosas a ofrendarme... y de mi contrición la túnica a rasgarme. 103 Y aunque el vino el sainete del infiel me jugara, y aunque me despojase de mi traje de honor, yo admiro siempre cómo el viñador comprara tal merca por venderla la mitad menos cara. 104 ¡Ah, y esta Primavera marchitará sus rosas! Se cerrará este escrito de juvenil perfume; y el Bulbul que en sus frondas ritmó piedras preciosas, ¿dónde tendió -quién sabe- sus alas misteriosas? 105 ¡Si al menos de la Fuente del Desierto surgiese una vaga vislumbre que el rumbo revelase! El caminante exánime al frescor reviviese cual la hierba del campo que el rocío reverdece. 106 ¡Ah! si fuese posible rehacer el Universo, cerrar a nuestro antojo el Libro del Destino; el Autor en un folio más sonrosado y terso grabara nuestros nombres, ¡o borrara su verso! 107 ¡Oh Amor, si pudiéramos con ayuda del Hado tachar de un rasgo solo todo este embrión de cosas! Vuelto de nuevo a polvo, lo habríamos forjado más cercano a la forma que hubiésemos soñado. 108 ¡Cuánto mejor no fuera del catálogo arcano borrar del Universo toda alma infortunada, que engrosar gota a gota del infortunio humano los ríos que se llevan al Infinito Océano! 109 Mas la luna del cielo, al subir en Creciente, nos mira, oh dulce amada, tras el trémulo llano: ¡Cuántas veces, más tarde, me buscará impaciente, entre estas mismas hojas, y vana, vanamente! 110 Y cuando el pie de nácar Tú deslices un día por las tumbas dispersas sobre esta hierba mustia, y en tu vagar abstracto llegues hasta la mía, ¡vuelca tu copa y, quede para siempre vacía! Así sea.
10.
Corazón
Corazón
I. Corazón Más que cien Kaabas hechas de agua y tierra vale en la vida un noble corazón; en los países del mañana aferra cuantos puedas al propio corazón, y en las tierras del hoy, de un puro amigo adhiérete por siempre al corazón. Deja ya de la Kaaba el falso abrigo, y corre al mundo en pos de un corazón. * * * II.
11.
El lenguaje misterioso
El lenguaje misterioso
Este rubí precioso fue extraído del fondo de una mina ignota y rara, y esta perla purísima y sin copia en seno oculto de la mar fue hallada... Mas digo mal: ni mina ni océano de otras minas u océanos se apartan: Sólo el secreto del amor se expresa en lengua de los hombres ignorada. * * *
12.
Soy así
Soy así
III. Soy así ¿Que yo del vino soy devoto ciego? Y bien, lo soy. ¿Que soy infiel, idólatra del fuego? Y bien, lo soy. Cada uno de mí en su idea fía; mas yo, dueño de mí, tengo la mía: Soy lo que soy. * * *
13.
El vino de amor
El vino de amor
IV. El vino del amor Mi pobre corazón de angustia herido y de locura, no podrá curarse de esta embriaguez de amor, ni libertarse de la prisión donde quedó sumido. Pienso que el día de la creación en que el vino de amor fue al hombre dado, el que llenó mi copa fue esenciado con sangre de mi propio corazón. * * *
14.
Renovación
Renovación
V. Renovación La rueda de los cielos rauda gira aun después de mi muerte y de la tuya; y porque nuestra pena no concluya, contra tu alma y mi alma ella conspira. Ven sobre el verde césped, dulce Amor, reposa en mí tu frente pensativa; sólo nos resta una hora fugitiva de descansar sobre esta hierba en flor . Después... vendrá otra hierba aún más fresca del suelo que de amor se fertiliza, cuando de tu ceniza y mi ceniza la nueva savia en su eclosión florezca. * * * VI.
15.
Incógnita
Incógnita
Sí, yo sé, mi persona toda es bella, delicioso el perfume que ella exhala, el rosa mío al de la rosa iguala, mi línea al lado del ciprés, descuella. Mas, con todo, esta incógnita me aterra: ¿Por qué mi alto Escultor me hizo de tierra? * * *
16.
La hez del vino
La hez del vino
VII. La hez del vino Si de mi juventud es hoy la fiesta, la ofrendaré del alba hasta el ocaso, apurando a placer vaso tras vaso el viejo vino que a soñar apresta. Si la halláis en sus heces escondida, no maldigáis, amigos, su amargura, porque fue su exquisita levadura esencia de mi sangre y de mi vida. * * *
17.
El ánfora simbólica
El ánfora simbólica
VIII. El ánfora simbólica Esta exhumada ánfora de arcilla fue en su tiempo lo que yo soy ahora: Un amante no amado, mas que adora, y de fe y de pasión es maravilla. Y estas dos asas de su cuello erguido que al libador ofrécense, anhelante, fueron los brazos de un feliz amante... Y así quedó, y el vaso fue cocido... * * *
18.
La copa viva
La copa viva
IX. La copa viva Hoy ella vió del alfarero mago de vasos la magnífica teoría, de toda forma y toda edad, y había en todos ellos un misterio vago. Su emoción al sentir, dijo el artista: -«Todos fuimos arcilla y éstos fueron reyes, poetas y amantes que murieron legando al sutil polvo su conquista». «EI Espíritu, el vino de la tierra, busca en cada vasija al propio dueño, queriendo ansioso revivir su ensueño al contacto del vaso que lo encierra». «Mira, toma esta copa, ya palpita al verte aproximar; no espere en vano el beso de tu boca o de tu mano, que un muerto amor por renacer se agita». Y al acercar su labio, con su aliento cobró vida el Espíritu dormido; una palabra murmuró a su oído, y eran su misma voz, su mismo acento. ¡Ay! y el viejo Khayyám, un vivo muerto, canta el milagro de aquel muerto vivo, y se marcha en silencio, pensativo, a contar sus tristezas al Desierto. * * *
19.
La inquietud eterna
La inquietud eterna
X. La inquietud eterna Amor que sólo vive en este mundo, fulgor de pensamiento no refleja, y como el fuego a medias extinguido ya no enviará calor hasta las venas. Mas el amor que vive idea y alma y alcanza la recóndita belleza, ese no ve en los años, ni en los meses ni en los días y noches una tregua: No ha de saber qué sean, ni el reposo, ni la serenidad, ni la fe buena, ni ha de nutrir la carne, ni habrá nunca noche en que el sueño a las pupilas vuelva. * * *
20.
Bautismo de sangre
Bautismo de sangre
XI. Bautismo de sangre Arrebatada por la loca rueda de la fortuna caprichosa y vana, que sólo a los mediocres favorece, en angustia y dolor mi vida pasa. Y en el jardín de las terrenas cosas mi alma como un capullo está cerrada, y como el tulipán de hojas de seda, en bautismo de sangre se consagra. * * *
21.
Sed inextinguible
Sed inextinguible
XII. Sed inextinguible Mi amor está en la cima de su llama, mi amada en el zenit de su hermosura, mi corazón desborda de ternura y ebrio de inspiración mi mente inflama. Siento en mi alma desbordar los ríos de mis palabras y de mis canciones, y al querer modular sus expresiones, mudos siento temblar los labios míos. Gran Dios ¿qué extraño caos en mí impera? Mientras por mí en rïente primavera fresca surgente de agua viva pasa, mas me consume de la sed la brasa. * * *
22.
Renacimiento
Renacimiento
XIII. Renacimiento Ya es la estación de las rosas: El corazón renaciente, anuncio heráldico siente de libertades preciosas. Tengo ideas primorosas, de locuras sed ardiente, desafiando irreverente del Korán reglas famosas: En la dulce compañía de la dilecta alma mía libar el néctar carmíneo; y el resto, el suelo al ungir, tapiz rojo hará surgir para su pie apolíneo. * * *
23.
Iconoclastia
Iconoclastia
XIV. Iconoclasta ¿Crees tú que en el alma del artista que un día ideó y cinceló la copa, puede nacer el demoníaco sueño de verla rota ? ¡Oh! tú no crees, como yo no creo, que la divina mente creadora quiera destruir lo que en deliquio sacro la mano forja. Si es así, y las cabezas apolíneas, los brazos y las manos que la forma femenina hasta el éxtasis exultan, han de reunirse al polvo de la fosa. ¿Por cuál extraño amor fueron forjados, y por cuál odio vil son mutilados? * * *
24.
Agua y sal
Agua y sal
XV. Agua y sal Cuando la sed la lengua paraliza y el sol arroja chispas de su fragua, toda la tierra en coro diviniza la gota de agua. Yo aplico el labio a la impregnada greda, bebo con ansia convulsiva y larga; y es la última gota -la que queda- la gota amarga. El hambre fui a saciar de mis faenas, a consumir el pan de mi salario, mezclando con la sangre de mis venas todo mi ideario; Lo impregné de la sal de los sabores, por propiciar los númenes felices, y la sal reabrió en sangrientas flores del corazón las viejas cicatrices.
25.
La vida universal
La vida universal
I. La vida universal La justicia es el alma de este mundo, y este mundo es su cuerpo y nada más; sus sentidos, los ángeles; sus miembros, las cosas en su inmensa variedad: Lo cierto es sólo la Unidad Eterna, mentira lo demás. * * *
26.
El más fuerte
El más fuerte
II. El más fuerte He visto un hombre que al huir del mundo halló su paz en tierra desolada: no fue un hereje ni un muzlim profundo, no tuvo bienes ni creencia en nada, ni en verdades, ni en dudas, ni en la muerte. ¿Quién en el mundo pudo ser más fuerte? * * *
27.
Mi interrogante
Mi interrogante
III. Mi interrogante ¡Oh, pobrecita alma mía! Si el llorar y el disolverte hasta la sangre y la muerte es tu condena sombría; si el alba de cada día te trae un nuevo tormento, dime, alma, tu pensamiento: ¿Qué has venido a hacer aquí, si no has de vivir en mí más que el lapso de un momento? * * *
28.
Mis dos secretos
Mis dos secretos
IV. Mis dos secretos ¿Cómo queréis que los secretos míos con la misma confianza los revele a justos y a malvados y no vele por la intangible unción de mi ideal? Yo no puedo a ignorantes y a impíos explayar gérmenes de pensamientos donde duermen terribles argumentos, que el gran misterio pueden develar... Sé de un sitio en el cielo indescriptible: Y un secreto que dar me es imposible. * * *
29.
No hay alma que no llore por tu ausencia
No hay alma que no llore por tu ausencia
V. No hay alma que no llore por tu ausencia... No hay alma que no llore por tu ausencia, hasta fundirse en lágrimas de sangre; no hay ser vidente que al mirar tus gracias preso de sus hechizos no se encante. Y al ver que tú por nadie te interesas, todos cautivos a tus plantas caen. * * *
30.
Nada
Nada
VI. Nada Has recorrido el mundo palmo a palmo y todo aquello que en el mundo viste, es nada, nada; Has sentido pasar como un ensalmo músicas y palabras: cuanto oíste, es nada, nada; Al Universo todo lo has medido, y el Universo en su infinita anchura es nada, nada; Por fin en el rincón te has escondido de tu alcoba, y ¿ qué vio tu desventura? ¡Nada, nada, nada! ***
31.
El viaje eterno
El viaje eterno
VII. El viaje eterno Triste Khayyám, tu cuerpo es una tienda, y el alma que la habita es su Sultán; su horizonte, desierto y más desierto; la Nada, su final. Cuando el Sultán la tienda ha abandonado sepultureros a destruirla van, y a alzarla en otra etapa del viaje que no acaba jamás. * * *
32.
El telar de la ciencia
El telar de la ciencia
VIII. El telar de la ciencia Fabricante de tiendas fue tu padre, y tú, Khayyám, ingrato al noble oficio, tras no sé qué ignorado beneficio, tiendas de ciencia te pusiste a hacer. La Parca con sus fúnebres tijeras cortó en pedazos tu telar flamante... y luego, un baratero trashumante, «Por lo que den» los hubo de vender. * * *
33.
La justa misericordia
La justa misericordia
IX. La justa misericordia ¡Oh, Dios! tú eres piadoso: Misericordia y clemencia son tu virtud y tu esencia para este mundo afanoso. ¿Por qué a nuestro padre Adán del Edén echaste, cruel, si las que juzgaste en él culpas, en tu mente están? Si por fiel perdón me dieras, no es tal tu piedad sublime: El perdón sólo redime al que es pecador de veras. * * *
34.
Lo que pasa
Lo que pasa
X. Lo que pasa ¡Qué raudo el tiempo pasó de la ardiente adolescencia! La primaveral esencia del placer se evaneció. De la Juventud el ave de plumaje bizantino, ¿Quién sabe cuándo aquí vino? Y cuándo se fue ¿quién sabe? * * *
35.
Vida beata
Vida beata
XI. Vida beata ¡Oh, mil veces dichosa alma del que pasó desconocido, que el djubeh del magnate no ha vestido, ni del soldado la derreh nudosa, ni del Sufi la estola pretensiosa! ¡Ah! pero él fue como el Simourg sagrado por el ideal al cielo levantado, en vez de sumergirse en las neblinas del mundo, como el búho entre las ruinas, y ser por sus escombros aplastado. * * *
36.
Fariseismo
Fariseismo
XII. Fariseísmo Sé de ignorantes que jamás pasaron una vigilia en pos de una verdad, y más allá de sus carnales muros un solo paso no dieron jamás. Pero son ellos los que visten toga y en aire de señores graves van; y son ellos los viles detractores del Puro, a quien jamás comprenderán. * * *
37.
Ofuscación
Ofuscación
XIII. Ofuscación Toros los que a la tumba han descendido, en cenizas o en polvo se han disuelto; sus átomos sin liga, se han revuelto, y aquí y allí dispersos se han perdido. ¡Ah, Señor! ¿qué diabólico brebaje es éste que los hombres han libado, que en locos sin remedio se han trocado para ofuscarse más en su miraje? Y así, del Gran Problema, ni un indicio tendrán, hasta que llegue el postrer juicio. * * *
38.
Divina complicidad
Divina complicidad
XIV. Divina complicidad Cuando Dios mi barro hacía y mi cuerpo modelaba, ya sabía, ya ordenaba todo lo que yo sería. Y si un pecador he sido, él parte en mi sino fue: Entonces, digo, ¿por qué en el infierno me ha hundido? * * *
39.
Perlas e ideas
Perlas e ideas
XV. Perlas e ideas Y ahora me voy a marchar, y será triste este día: de cien perlas que tenía sólo una pude engarzar. ¡Ay! de la vida al través, las ideas por miriadas, del hombre, deja ignoradas la ceguera o la estultez. * * *
40.
El veneno y el antídoto
El veneno y el antídoto
XVI. El veneno y el antídoto De este viejo Khayyám oye el consejo: Busca siempre del sabio la amistad; de los que viven en honestidad sea la vida para ti un espejo. Que la distancia de la tierra al cielo te aleje del estulto e ignorante, y la luz de tu fe vaya delante para alumbrar las rutas de tu vuelo. Si un hombre de saber te da un veneno, bebe sin vacilar el vaso lleno; del tonto, aunque el antídoto te ofrezca, vuelca la copa, aunque todo perezca. * * *
41.
Problema insoluble
Problema insoluble
XVII. Problema insoluble Pusiste en mí pasiones indomables y un deseo tenaz que me devora; su imperativo impúlsame a saciarlas, pero lo vedan tus sagradas normas. La pobre humanidad vacila y gime entre los dos extremos de tu dogma: Tú le prohíbes derramar el vino, ¡pero le ordenas inclinar la copa! * * *
42.
Lo fugitivo y lo eterno
Lo fugitivo y lo eterno
XVIII. Lo fugitivo y lo eterno Si quisieras escucharme te podría aconsejar: Sabes que la ciencia mía es de verdad. Mira, no vale la pena de revestir el talar manto de la hipocresía, que es falsedad. Vé que no tiene comienzo ni fin la inmortalidad: no vendas por un instante tu eternidad. * * *
43.
Injusticia y desigualdad
Injusticia y desigualdad
XIX. Injusticia y desigualdad 1 ¡Oh, qué dolor que en este horno candente donde se ha de fundir la masa humana, sean los crudos más favorecidos con el pan más cocido de la hornada! Y que en este taller de forma y peso, donde cada uno su porción aguarda, sean los incompletos los que lleven la más completa dote de la fábrica. Cuando los ojos de las odaliscas son dulce regocijo para el alma, han de ser estudiantes, aprendices y esclavos los que gocen sus miradas. 2 ¿Y por qué un hombre que sólo recibe por su faena un pan para dos días, y que en un tiesto desdentado bebe de la cisterna el agua cristalina, por qué ha de amoldarse a servidumbre de quien no vale por su propia miga, y ha de rendir su libertad a otro hombre que es su igual por las leyes de la vida? Oh, Señor, que los mundos has creado: Tú les trazaste una órbita exclusiva, fundaste un orden y equilibrio eternos sin choques, ni ambiciones, ni conquistas: ¿Por qué sólo a esta mísera criatura le diste una alma inquieta e infinita? ¿Debe romper el orden de los mundos? ¿Debe alterar el fiel de tu justicia?
44.
Moises y jesús
Moises y jesús
I. Moisés y Jesús Llegó el instante en que la tierra entera va a adornarse de gracias y verdura, y de Moisés por entre la espesura la mano evocará a la Primavera; En que, animados del divino aliento De Jesús vivo que en los campos yerra, van a surgir del fondo de la tierra los retoños, al sacro encantamiento. Y la nube, al pasar, del rayo herida, hará llover sus lágrimas de vida. * * *
45.
Pecado y perdón
Pecado y perdón
II. Pecado y perdón ¿Por qué tanto llorar por tu pecado, sabio Khayyám? ¿Qué suerte de consuelo halla tu alma en arrojarte al suelo en un auto-tormento así extremado? Tú sabes, por tu ciencia y tu cordura, que el perdón tras la culpa gustarías: ¿Cómo, pues, sin pecar conocerías del Perdón la eucarística dulzura? * * *
46.
Sordos y ciegos
Sordos y ciegos
III. Sordos y ciegos ¡Oh, eterna tragedia humana! En pos de Ti el mundo entero corre, indaga y peregrina por mares y por desiertos. Los derviches y magnates, con su oro y sus privilegios, no han podido aproximarse hasta tu divino asiento. En tanto, en todo lenguaje, Tu nombre es música y verbo; pero todos están sordos para oírlo y conocerlo. Todos tu visión ansían; te llaman con loco anhelo; Tú apareces, Tú iluminas... ¡Pero todos están ciegos! * * *
47.
Vuelo inútil
Vuelo inútil
IV. Vuelo inútil Tuve un Edén, de mil que el cielo encierra, sin cuitas y sin dudas ni temores; y un día, ansiando ver cosas mejores, como un halcón lancéme hacia la tierra. Mas ¡ay! desde que aquí llegué, perdido, solo, con los secretos de mi ciencia, no hallo alma digna de mi confidencia... y huyo de nuevo por donde he venido. * * *
48.
Círculo vicioso
Círculo vicioso
V. Círculo vicioso ¡Oh, rueda eterna del cielo que no para un solo día, cómo tu voltear me hastía, cómo mi descanso anhelo! En vano mi ciencia apuro por librarme de su giro; en vano a esa dicha aspiro y al mismo Creador conjuro: Rebelde a mi condición, ni mi ciencia es suficiente, ni puedo infinitamente seguir esta rotación... * * *
49.
La gota de agua y el océano
La gota de agua y el océano
VI. La gota de agua y el océano La gota de agua del mar, desprendida y solitaria, en playa inhospitalaria, triste se puso a llorar. El Océano al sentir tan tierna lamentación de aquella separación, la piedad le hizo sonreír. -«Hija mía, entre los dos hay una sola unidad, y sobre esta inmensidad no hay más grandeza que Dios. «Entre tu cuerpo y el mío nunca la extensión verás: nadie medirá jamás la inmensidad del vacío». * * *
50.
La caída de las hojas
La caída de las hojas
VII. La caída de las hojas EL aura primaveral despierta al jardín, mimosa, y el ruiseñor, por la rosa entona su himno nupcial. Bajo la aromada sombra de los tupidos rosales, en las horas estivales reposa en la muelle alfombra. Sus pétalos al caer sobre ti, te irán diciendo: -«Como tú, vamos volviendo hacia donde fué el nacer». * * *
51.
¿Y después?
¿Y después?
VIII. ¿Y después? Que a esta vida la has vivido piensa, como lo has querido: ¿Y después? Imagínate, confiado, que tu hora última ha llegado: ¿Y después? Que cien años transcurrieron y tu plena dicha vieron, sin pesares, sin enojos, y al colmo de tus antojos: ¿Y después? Pídele a tu fantasía cien años más todavía: Los dioses que todo pueden cien años más te conceden... ¿Y... después? * * *
52.
Represalia
Represalia
IX. Represalia Anoche, en un arrebato, después de vaciar mi vino, en las piedras del camino rompí mi copa, insensato. Era la embriaguez, por cierto, la que tal acto inspiró: Mas lo que la copa habló me dejó de asombro yerto: -«De tu misma esencia fuí y tú de mi esencia fuiste; lo que tú de mí hiciste el Destino hará de ti». * * *
53.
¿Que hacer?
¿Que hacer?
X. ¿Qué hacer? I Armado de albedrío y de razones guerra sin tregua libro a mis pasiones: ¿Qué más hacer? La aguda espina del remordimiento de mis actos, aguza mi tormento: No sé qué hacer. No cesa mi conciencia de acusarme, ni cesa tu piedad de perdonarme: ¿Qué debo hacer? Mas el saber que sabes mi vergüenza, ¡Oh!, no hay consuelo que esta angustia venza: ¡Oh, Dios, qué hacer! II Cuanto de humano y de divino encierra mi ser, Tú sólo hiciste de agua y tierra: Yo ¿qué he de hacer? Esta seda, esta lana que he vestido, el artista eres Tú que la ha tejido: Yo ¿qué he de hacer? Todo el bien, todo el mal que yo he sembrado, de Ti vienen, que me has predestinado: Yo ¿qué he de hacer? * * *
54.
Mi último amigo
Mi último amigo
XI. Mi último amigo Yo mismo cerré la puerta que siempre mantuve abierta, del pecado, y libre de aparcerías y de infieles compañías he quedado. Y después de mi castigo sólo me quedó un Amigo para amar: A él puedo sin opresiones mis más puras ideaciones revelar. Por su saber infinito, definir no necesito lo que es y lo que pasó: él de mí todo lo sabe, y de nuestro amor la clave sólo leemos él y yo. * * *
55.
Transubstanciación
Transubstanciación
XII. Transubstanciación Mira esta copa transparente: era, antes de modelada, ruda arcilla, y revela al trasluz la maravilla de un alma en sus entrañas prisionera. De magos y rabinos en la idea, con los blancos jazmines la comparan, de donde en mística eclosión brotaran las sanguinosas rosas de Judea. Mas no -¿qué he dicho?- ni jazmín, ni rosa; el destello del vino me alucina: Ya no veo la copa que fascina, ni el néctar de la viña prodigiosa. Libre ya del sopor de la taberna veo, sí, una visión clara y distinta: era una agua translúcida y eterna que de un divino fuego estaba encinta. * * *
56.
La sombra del astro
La sombra del astro
XIII. La sombra del astro Oh, alma, si te vieses en libertad, un día, de las cadenas de la carne vil, ¡con qué diáfana albura tu esencia irradiaría entre las rosas blancas del místico pensil! Sólo así fueras alma, en toda la pureza de la gracia en su etérea plenitud, y al firmamento irías de la inmortal belleza, a ser la nueva Estrella, la estrella Excelsitud. Ah, tan sólo una sombra la claridad velara del halo de tu éxtasis astral: Cuando el vago recuerdo a tu mente asomara de los lejanos días de tu vida mortal. * * *
57.
La visión de lo eterno
La visión de lo eterno
XIV. La visión de lo eterno Porque del vino la ilusión te ofusca te dan pavor la muerte y el olvido, y el rayo de oro nunca has percibido del sol eterno que tu alma busca. Ni ves en tu incurable ceguedad, que en ese abismo que tu miedo inflama, con nueva savia la robusta rama florece ya de la inmortalidad. Desde que mi alma fuera reanimada por el amor del Hijo de Miriám, en el ungido cuerpo de Khayyám la Muerte Eterna ha sido aniquilada. * * *
58.
El heraldo del sol
El heraldo del sol
XV. El heraldo del sol Ayer, antes que el Alba despuntara, en compañía de la Amiga leal y de una copa de rosado vino, me hallé junto a un torrente de cristal. Frente de mí la copa, concha fina, Cuya fluida perla un brillo tal esparcía, que todo el firmamento quedó envuelto en un nimbo sideral. El Heraldo del Sol, de pronto herido por la súbita lumbre, se despierta y el clarín lanza al mundo adormecido del nuevo día el jubiloso alerta. * * *
59.
Lo único eterno
Lo único eterno
XVI. Lo único eterno Abre para mí tu puerta pues Tú sólo abrirla puedes, porque Tú sólo concedes la gracia de verla abierta. Tú el sendero me mostraste de llegar a redimirme: Y si no puedes abrirme, ¿para qué a Ti me llamaste? Al ofrecerme su ayuda muchos son los que te invocan; mas mi rebelión provocan; mi fe contra ellos me escuda. Sólo ante Ti me prosterno; sólo en tu auxilio confío; todo muere en torno mío: Sólo Tú eres Eterno. * * *
60.
Final vanidad
Final vanidad
XVII. Final vanidad En este instante de mi triste vida, cuando mi corazón aun late y siente, que todos mis problemas y mis dudas resueltos han quedado, me parece. Mas cuando llamo mi razón a cuentas y en análisis hondo se sumerge, no tardo en ver que todo ha sido humo, y que la noche a circundarme vuelve. Y aquellos de la ciencia y las virtudes conductores magnánimos y jueces, que por la gracia del saber profundo antorchas vivas en el mundo encienden; ellos, no más que yo, dieron un paso fuera del aro en que todo se mueve; dijeron, sí, su fábula, y al punto volvieron a su sueño de la muerte. * * *
61.
El goce vedado
El goce vedado
XVIII. El goce vedado ¡Oh!, nunca lo pensaste, ¿por qué al abrir la puerta de su rosal la aurora, canta alektrión su alerta? Es que quiere advertirte que otro día ha pasado, y en la misma ignorancia el nuevo te ha encontrado. Y cuando ella te asesta la luna de su espejo y encandila tus ojos el vívido reflejo, es que quiere enseñarte que el instante vivido en error y atonía, fugaz te ha envejecido. Si aún te resta un átomo de lucidez, procura refugiarte en el éxtasis de la belleza pura: Acaso de la mano del inmortal copero puedas beber un sorbo del vino verdadero. ¡Ah!, pero tú eres ciego de toda humana ciencia; tu alma no percibe del éxtasis la esencia, y al preferir la copa de la terrena orgía hará una eterna nube de la noche y el día. * * *
62.
La suprema angustia
La suprema angustia
XIX. La suprema angustia Si entre fe e incredulidad un soplo apenas se mide y el mismo espacio divide al error y a la verdad; si induciendo de esta suerte hemos de llegar al fin a suprimir el confín entre la vida y la muerte; si este lapso de un aliento también me aparta de Ti, sin dejarme alzar de aquí mi vuelo por un momento; ¡Oh, Señor!, ¿qué puedo hacer para ser uno contigo, si de mi ser me desligo y no puedo a Ti ascender? ¡Oh, qué secreto angustioso! ¡Oh, qué enigma impenetrable! ¡Qué ansia tan insaciable! ¡Qué dolor tan delicioso! * * *
63.
Eucaristía
Eucaristía
XX. Eucaristía Ora a los ojos te escondes de tu angustiada criatura, y en su vagar, insegura, te llama y no le respondes; ora en luminosas letras fijas en tu firmamento, y en voz, ritmo y movimiento el Universo penetras. Cuando en tu gloria infinita y en tu gracia te contemplo, pienso que Tú eres el Templo y el propio Dios que lo habita. Mi alma siente, cuando escruta dentro de tu seno místico, que eres el vino eucarístico y el cáliz que lo transmuta. Ya estoy solo; amor y ciencia, todo lo he perdido aquí: O ven a habitar en mí, o difúndeme en tu Esencia.
64.
La voz en el desierto
La voz en el desierto
I. La voz en el desierto Suspendidas de sus hilos, del Señor entre las manos, bajo el techo de amatista las estrellas se estremecen; la luna como un alfanje, y los vientos me parecen traerme voces amigas de mis aduares lejanos. Las arenas sin un soplo del aire muertas están; los astros su luz repliegan cual en su postrera noche; mas la arena removida volará; su ardiente broche reabrirán los soles y... mis huellas se borrarán. Cual los dibujos que finge la rama al aire agitada; cual la sombra que una flecha traza del arco lanzada, así pasaré, pues Dios sabe en su saber profundo por qué -feliz o maldito- fui enviado sobre el mundo. ¡Oh, Señor de las centurias y del Poder infinito! ¡Señor, Dios de las estrellas y las arenas desiertas! ¿Soy yo, acaso, en mi nada, más durable o más finito que estas imperecederas de tus manos obras muertas? Mas ¡ay! cuando ya los techos de amatista empalidezcan, y, gastados ya sus hilos las estrellas se oscurezcan, ¡sólo Tú el eterno arcano verás de divino modo, y te reunirás de nuevo al alma inmane del Todo!
65.
He aquí algunos textos en la bella versión de de ramón vives pastor:
He aquí algunos textos en la bella versión de de ramón vives pastor:
He aquí algunos textos en la bella versión de Ramón Vives Pastor:
66.
1. Cuando hayamos partido sin dejar ningún rastro
1. Cuando hayamos partido sin dejar ningún rastro
El sol no cambiará sus leyes ni sus ciclos; ya vivió sin nosotros innumerables siglos y no para deleitarnos luce su ardiente astro.
67.
2. Mulá: No reces por mí. Dios da su don
2. Mulá: No reces por mí. Dios da su don
Sin que se lo pidan, y el velo de perdón y su misericordia, inmensos como el mar, cubrirán, sin mirarlos, los pecados de Omar.
68.
3. La tierra es un mosaico de dioses y creencias
3. La tierra es un mosaico de dioses y creencias
3. La tierra es un mosaico de dioses y creencias, de clérigos, profetas, sacros libros y textos: impiedad, fe, pecado, son sólo los pretextos que los hombres invocan al luchar como fieras.
69.
4. Bebamos, amor, bebamos: Todo al olvido invita
4. Bebamos, amor, bebamos: Todo al olvido invita
4. Bebamos, amor, bebamos: todo al olvido invita. Yo que medito siempre, solamente en dos días no he querido pensar ni jamás he pensado: el que está por venir y aquel que ya ha pasado.
70.
5. Si vino y bellezas hay, pide vino y bellezas
5. Si vino y bellezas hay, pide vino y bellezas
5. Si vino y bellezas hay, pide vino y bellezas, siéntate junto al agua que el verde prado riega, deja diablos y hurís al musulmán que crea, mañana puedes morir si es que mañana llega.
71.
6. Si en el cielo hay hurís y vino, como dice el mulá
6. Si en el cielo hay hurís y vino, como dice el mulá
6. Si en el cielo hay hurís y vino, como dice el mulá, nuestro premio en lo alto será beber y amar. Yo comienzo a gozar y vaciar copas en vida, disponiendo mi alma al placer de allí arriba.
72.
7. Al mundo me trajeron sin mi consentimiento
7. Al mundo me trajeron sin mi consentimiento
Y los ojos abrí con sorpresa infinita, partiré después de reposarme un tiempo sin saber la razón de mi entrada y salida.
73.
8. Escucha, musulmán, los días aptos
8. Escucha, musulmán, los días aptos
Para beber sin herir tu conciencia: martes, jueves, viernes, domingos, sábados, miércoles y lunes, ¡los demás, abstinencia!
74.
9. Yo bebo entre las flores, la conciencia tranquila
9. Yo bebo entre las flores, la conciencia tranquila
9. Yo bebo entre las flores, la conciencia tranquila, y tú trabajas siempre, gran muftí de la villa; tintas de rojo oscuro tenemos nuestras manos: yo de sangre de cepa; tú, de la de tus hermanos.
75.
10. Entrégate al placer, oh mortal, sin recelos
10. Entrégate al placer, oh mortal, sin recelos
10. Entrégate al placer, oh mortal, sin recelos: nadería es el mundo y nadería la vida y nadería esa bóveda hecha de nueve cielos. Amar y beber es cierto, ¡y lo demás mentira!
76.
11. En medersas e iglesias, buscando la verdad
11. En medersas e iglesias, buscando la verdad
11. En medersas e iglesias, buscando la verdad, hablé con jeques, santos, filósofos y sabios, escuché las sentencias surgidas de sus labios y salí por la puerta que utilicé al entrar
77.
12. Podemos vivir sin pecar, oh infelices mortales
12. Podemos vivir sin pecar, oh infelices mortales
12. ¿Podemos vivir sin pecar, oh infelices mortales? ¿qué corazón está limpio de maldad o malicia? Mas si Dios me castiga a causa de mis males tan malo como yo será el Dios que castiga.
78.
3. Temes lo que puede traerte el mañana
3. Temes lo que puede traerte el mañana
13. ¿Temes lo que puede traerte el mañana? No te adhieras a nada, no interrogues a los libros ni a tu prójimo. Ten confianza; de otro modo, el infortunio no dejará de justificar tus aprehensiones. No te preocupes por el ayer: ha pasado... No te angusties por el mañana: aún no llega... Vive, pues, sin nostalgia ni esperanza: tu única posesión es el instante.»
79.
Otra versión de «rubaiyat»
Otra versión de «rubaiyat»
Otra versión de «Rubaiyat» Autor desconocido
80.
1. La aurora: Felicidad y pureza. Un inmenso rubí cintila en cada copa
1. La aurora: Felicidad y pureza. Un inmenso rubí cintila en cada copa
1. La aurora: felicidad y pureza. Un inmenso rubí cintila en cada copa. Coge dos ramas de sándalo: haz con una de ellas un laúd y deja que la otra te perfume.
81.
2. El alba vuelca sus rosas en la copa del cielo
2. El alba vuelca sus rosas en la copa del cielo
2. El alba vuelca sus rosas en la copa del cielo... En el aire de cristal se desgrana el canto del último ruiseñor... El aroma del vino es más suave... ¡Y pensar que hay insensatos que en esta misma hora sueñan con riquezas y distinciones! ¡Qué sedosa es tu cabellera, amada mía!
82.
3. Cuando la brisa matinal entreabre las rosas
3. Cuando la brisa matinal entreabre las rosas
3. Cuando la brisa matinal entreabre las rosas y les dice que ya las violetas desplegaron su espléndido ropaje, sólo es digno de vivir quien contempla a una joven dormida, coge su copa, la apura, y la arroja después.
83.
4 .Lámparas que se apagan, esperanzas que se encienden
4 .Lámparas que se apagan, esperanzas que se encienden
4 .Lámparas que se apagan, esperanzas que se encienden: la aurora. Lámparas que se encienden, esperanzas que se apagan: la noche.
84.
5. Consagra, a las luces del alba, tu copa de vino
5. Consagra, a las luces del alba, tu copa de vino
5. Consagra, a las luces del alba, tu copa de vino, que semeja un tulipán de primavera; consagra, a la risa de un adolescente, tu copa de vino, que recuerda su boca. Bebe, y olvida que el puño del dolor se abatirá bien pronto sobre ti.
85.
6. Ese vapor sutil que envuelve las rosas
6. Ese vapor sutil que envuelve las rosas
6. Ese vapor sutil que envuelve las rosas, ¿es una voluta de perfume o el débil amparo que les dejó la bruma. Tu cabellera, caída sobre tu rostro, ¿es la noche que tus miradas van a disipar. ¡Despierta, amada mía, el sol dora nuestras copas! ¡Bebamos
86.
7. Cuando vaciles bajo el peso del dolor
7. Cuando vaciles bajo el peso del dolor
7. Cuando vaciles bajo el peso del dolor, y estén ya secas las fuentes de tu llanto, piensa en el césped que brilla tras la lluvia; cuando el resplandor del día te exaspere, y llegues a desear que una noche sin aurora se abata sobre el mundo, piensa en el despertar de un niño.
87.
8. Noche; silencio. Inmovilidad de las ramas y del pensamiento
8. Noche; silencio. Inmovilidad de las ramas y del pensamiento
8. Noche; silencio. Inmovilidad de las ramas y del pensamiento. Una rosa, imagen de tu efímera belleza, deja caer con lentitud sus pétalos. ¿En dónde estarás ahora, tú que me ofreciste el vaso que no dejo de beber. Estoy seguro de que ninguna flor se deshoja cerca de aquél cuya sed apagas, y te ves privada del amargo placer con que sólo yo he sabido embriagarte.
88.
9. Dejan caer las estrellas sus pétalos de oro
9. Dejan caer las estrellas sus pétalos de oro
9. Dejan caer las estrellas sus pétalos de oro. No sé cómo no han tapizado mi jardín. Así como el cielo vuelca sus rosas sobre la tierra, vierto en mi copa el rosado vino.
89.
10. Brisas de primavera acarician los pétalos de las rosas
10. Brisas de primavera acarician los pétalos de las rosas
10. Brisas de primavera acarician los pétalos de las rosas. En la sombra azul del jardín, besan también el rostro de mi amada. A pesar de la felicidad que tuvimos, no añoro el pasado. ¡Es tan honda la dulzura del presente!
90.
11. Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana
11. Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana
11. Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana, procura ser feliz hoy. Coge un ánfora de vino, siéntate a la luz de la luna y bebe, mientras te dices que quizás mañana te busque, en vano, el astro de la noche.
91.
12. El viento del sur marchitó las rosas que loaba
12. El viento del sur marchitó las rosas que loaba
12. El viento del sur marchitó las rosas que loaba, en sus cantos, el ruiseñor. ¿Habrá que llorar por ellas o por nosotros. Cuando la muerte marchite nuestras mejillas, otras rosas se abrirán.
92.
13. Bien sabes que no tienes ningún poder sobre el destino
13. Bien sabes que no tienes ningún poder sobre el destino
13. Bien sabes que no tienes ningún poder sobre el destino, ¿por qué la incertidumbre del mañana motiva tu ansiedad. Si eres prudente, goza el momento que pasa; lo futuro, ¿qué encerrará.
93.
14. Caeremos en la ruta del amor
14. Caeremos en la ruta del amor
14. Caeremos en la ruta del amor, y nos pisoteará el destino. ¡Oh, mi pequeñuela! ¡Oh, mi preciosa copa! Levántate, y dame tus labios, antes de que me convierta en polvo.
94.
15. Sabes lo que te puede acontecer mañana
15. Sabes lo que te puede acontecer mañana
15. ¿Sabes lo que te puede acontecer mañana. Ten confianza, pues, de lo contrario, no dejará el infortunio de justificar tus temores. No te apegues a nada. No interrogues los libros ni a los hombres: él destino es inescrutable.
95.
16. ¡Cuán débil es el hombre! ¡Qué ineluctable el destino!
16. ¡Cuán débil es el hombre! ¡Qué ineluctable el destino!
16. ¡Cuán débil es el hombre! ¡Qué ineluctable el destino! Faltamos a nuestros juramentos, y la deshonra nos es indiferente. Yo mismo, a menudo, obro como un insensato; mas tengo la disculpa de estar enamorado.
96.
17. Supongamos que hayas resuelto el enigma del universo
17. Supongamos que hayas resuelto el enigma del universo
17. Supongamos que hayas resuelto el enigma del universo, ¿cuál es tu destino. Supongamos que hayas arrancado a la verdad todos sus velos, ¿cuál es tu destino. Supongamos que hayas vivido feliz cien años, y vayas a vivir aún cien años más, ¿cuál es tu destino.
97.
18. La verdad y el error, la certeza y la duda
18. La verdad y el error, la certeza y la duda
18. La verdad y el error, la certeza y la duda, no son sino palabras huecas como pompas de jabón. Irisadas o grises, esas burbujas son la imagen fiel de nuestra vida.
98.
19. Todo el mundo quisiera marchar por la senda del conocimiento
19. Todo el mundo quisiera marchar por la senda del conocimiento
19. Todo el mundo quisiera marchar por la senda del conocimiento. Unos la buscan afanosamente; otros dicen haberla encontrado ya. Mas un día una voz clamará: "No hay ruta ni sendero."
99.
20. El vasto mundo: Un grano de polvo en el espacio
20. El vasto mundo: Un grano de polvo en el espacio
20. El vasto mundo: un grano de polvo en el espacio. La vana ciencia de los hombres: palabras. Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas: sombras. El fruto de tu continua meditación: nada.
100.
21. Los sabios no podrán enseñarte nunca nada
21. Los sabios no podrán enseñarte nunca nada
21. Los sabios no podrán enseñarte nunca nada, mas la caricia de unas negras pestañas de mujer te revelará la felicidad. No olvides que tus días sobre la tierra están contados, y que bien pronto volverás al polvo. Trae vino, busca un lugar al abrigo de importunos, y deja que la vid te consuele.
101.
22. Gira la ruleta, indiferente al Cálculo de los sabios
22. Gira la ruleta, indiferente al Cálculo de los sabios
22. Gira la ruleta, indiferente al cálculo de los sabios. Renuncia al esfuerzo vano de contar las estrellas. Medita más bien en esta verdad: habrás de morir, no soñarás más, y los gusanos de la tumba, o los perros vagabundos se disputarán tus despojos.
102.
23. Los sabios de mayor renombre caminaron en las tinieblas
23. Los sabios de mayor renombre caminaron en las tinieblas
23. Los sabios de mayor renombre caminaron en las tinieblas de la ignorancia; fueron, sin embargo, las lumbreras de su tiempo. ¿Su obra. Dijeron unas cuantas palabras confusas y se quedaron, después, profundamente dormidos.
103.
24. ¡Si supieras cuán poco me interesan los cuatro elementos
24. ¡Si supieras cuán poco me interesan los cuatro elementos
24. ¡Si supieras cuán poco me interesan los cuatro elementos de la naturaleza y las cinco facultades del hombre! ¿Dices que algunos filósofos griegos podían proponer hasta cien enigmas a sus oyentes. Mi indiferencia a este respecto es absoluta. Trae vino, coge un laúd, y deja que sus modulaciones nos recuerden las de la brisa que pasa como nosotros.
104.
25. Cuando hayamos muerto, no habrá ya rosas ni cipreses
25. Cuando hayamos muerto, no habrá ya rosas ni cipreses
25. Cuando hayamos muerto, no habrá ya rosas ni cipreses, ni labios rojos ni vino perfumado; tampoco habrá ni penas ni alegrías, ni auroras ni crepúsculos. El universo se aniquilará, puesto que su realidad depende tan sólo de nuestro pensamiento.
105.
26. Confórmate con saber, únicamente, que todo es misterio
26. Confórmate con saber, únicamente, que todo es misterio
26. Confórmate con saber, únicamente, que todo es misterio; la creación del mundo y la tuya, el destino del universo y tu suerte. Sonríe ante estos enigmas como ante un peligro que desdeñaras. No creas que lograrás saber algo al franquear el umbral de las tinieblas. ¡Paz a los hombres en el negro silencio del más allá!
106.
27. En la vida son felices, únicamente, los que se creen sabios
27. En la vida son felices, únicamente, los que se creen sabios
27. En la vida son felices, únicamente, los que se creen sabios o quienes no se preocupan por la sabiduría. He sondeado todos los enigmas del universo, y torno a mis soledades envidiando a los ciegos que encuentro en el camino.
107.
28. Tuve maestros eminentes y me vanaglorié de mis triunfos
28. Tuve maestros eminentes y me vanaglorié de mis triunfos
28. Tuve maestros eminentes y me vanaglorié de mis triunfos. Al recordar lo sabio que era, pienso en el agua que toma la forma del vaso que la contiene, o en el humo que disipa el viento.
108.
29. ¡Ignorante que te crees sabio
29. ¡Ignorante que te crees sabio
29. ¡Ignorante que te crees sabio y te debates entre dos infinitos: el pasado y el futuro! Quisieras poner entre ambos una mojonera y sentarte allí a descansar. Mejor es que busques la sombra de un árbol y un ánfora de vino, y trates de olvidar tu impotencia.
109.
30. Si bien aprendí multitud de cosas
30. Si bien aprendí multitud de cosas
30. Si bien aprendí multitud de cosas, también olvidé muchas otras de buena gana. Tenía un lugar en mi cabeza para cada cosa: lo que estaba a la izquierda no podía hallarse a la derecha. Sólo alcancé la paz definitiva el día en que abandoné todo con desprecio y pude comprender, al fin, que no se puede afirmar ni negar nada.
110.
31. Para el sabio, la tristeza y la alegría son semejantes
31. Para el sabio, la tristeza y la alegría son semejantes
31. Para el sabio, la tristeza y la alegría son semejantes, lo mismo que el bien y el mal; para el sabio, todo lo que tuvo principio debe tener también fin. Considera, por tanto, si hay razón para que te alegres con la ventura que llega, o te entristezcas con la desgracia que no esperabas.
111.
32. Convéncete bien de esta verdad
32. Convéncete bien de esta verdad
32. Convéncete bien de esta verdad: un día tu alma se desprenderá de tu cuerpo, y serás arrojado tras el velo que flota entre el universo y lo desconocido. Mientras tanto, sé feliz: no sabes de dónde vienes; ignoras a dónde vas.
112.
33. La vida es un juego monótono
33. La vida es un juego monótono
33. La vida es un juego monótono en el que sólo puedes ganar dos cosas: el dolor y la muerte. ¡Dichoso aquél que expiró el mismo día de su nacimiento! ¡Y más dichoso aún el que no ha nacido!
113.
34. No busques la felicidad: La vida es breve como un suspiro
34. No busques la felicidad: La vida es breve como un suspiro
34. No busques la felicidad: la vida es breve como un suspiro. Convertidos en polvo, flotan, en el molino que contemplas, Jamshyd y Kaikobad. El universo es un espejismo; la vida, un sueño.
114.
35. Pasa la vida cual rápida caravana
35. Pasa la vida cual rápida caravana
35. Pasa la vida cual rápida caravana. Detén tu marcha y trata de ser feliz. ¿Por qué te afliges, pequeña mía. Dame vino; la noche se acerca.
115.
36. Deléitate con todos los perfumes
36. Deléitate con todos los perfumes
36. Deléitate con todos los perfumes, colores y melodías; acaricia a todas las mujeres. Repítete que la vida es corta, y que bien pronto volverás al polvo, así seas el agua de Zemzem o de Selsebil.
116.
37. Aspirar a la paz aquí abajo
37. Aspirar a la paz aquí abajo
37. Aspirar a la paz aquí abajo: locura; creer en el eterno reposo: locura. Después de la muerte, tu sueño será breve, y habrás de renacer en un puñado de hierba pisoteada por el viandante o en una flor que el sol marchitará.
117.
38. Me pregunto qué es, en verdad, lo que poseo
38. Me pregunto qué es, en verdad, lo que poseo
38. Me pregunto qué es, en verdad, lo que poseo, qué subsistirá de mí cuando haya muerto. La vida es breve como un suspiro. Llamas que el viajero olvida, cenizas que dispersa el viento: he ahí la vida del hombre.
118.
39. ¡Bebedor, urna inmensa!
39. ¡Bebedor, urna inmensa!
39. ¡Bebedor, urna inmensa! Ignoro quién te modeló; sólo sé que puedes contener tres medidas de vino y que mañana te romperá la muerte. Entonces me preguntaré, con mayor afán, para qué fuiste creado, por qué fuiste dichoso y hoy no eres ya sino un puñado de polvo.
119.
40. No trates de encontrar amigos en la mundana feria que atraviesas
40. No trates de encontrar amigos en la mundana feria que atraviesas
40. No trates de encontrar amigos en la mundana feria que atraviesas; no busques más un asilo seguro. Soporta con entereza el dolor y no suspires por un remedio que no has de hallar. Sonríe en el infortunio y no esperes de nadie una sonrisa: perderías el tiempo.
120.
41. Hace ya mucho tiempo
41. Hace ya mucho tiempo
41. Hace ya mucho tiempo que mi juventud fue a reunirse con todas las cosas muertas. Yaces hoy, primavera de mi vida, junto con las primaveras de antaño. ¡Oh, juventud mía; pasaste sin darme cuenta! Te fuiste desvaneciendo insensiblemente, como la dulzura de la florida estación.
121.
42. En primavera, suelo irme a sentar en el lindero
42. En primavera, suelo irme a sentar en el lindero
42. En Primavera, suelo irme a sentar en el lindero de algún campo florido. Si alguna hermosa doncella me ofrece entonces un ánfora de vino, no pienso en mi salvación: si tal cosa me preocupara, sería más indigno que un perro.
122.
43. Para qué encender las Lámparas
43. Para qué encender las Lámparas
43. ¿Para qué encender las lámparas, si los huéspedes se han quedado dormidos. Veo lo suficiente para notar su palidez. Así estarán, extendidos y yertos, en la noche del sepulcro. ¿Para qué encender las lámparas, si no hay aurora entre los muertos.
123.
44. El vino es color de rosa
44. El vino es color de rosa
44. El vino es color de rosa. Quizás no sea la sangre de la vid, sino la sangre de las rosas. Tal vez la copa en que bebes no es sino azur congelado. Quizás la noche no es sino el párpado del día.
124.
45. ¡Todos los reinos de la tierra por un vaso de vino!
45. ¡Todos los reinos de la tierra por un vaso de vino!
45. ¡Todos los reinos de la tierra por un vaso de vino! ¡Toda la ciencia de los hombres por la suave fragancia del mosto fermentado! ¡Todas las canciones de amor por el grato murmullo del vino que llena nuestras copas!
125.
46. De la felicidad no conocemos sino el nombre
46. De la felicidad no conocemos sino el nombre
46. De la felicidad no conocemos sino el nombre. Nuestro más viejo amigo es el vino nuevo. Acaricia con tus ojos y tus manos el único bien verdadero: el ánfora llena del jugo de la vid.
126.
47. Prefiero, a las riquezas del khorassan
47. Prefiero, a las riquezas del khorassan
47. Prefiero, a las riquezas del Khorassan, al poderío de Kaikhosru y a la gloria de Kaikobad, un ánfora de vino. Estimo al amante que gime de placer y desprecio al hipócrita que murmura una plegaria.
127.
48. Los hombres leen alguna vez el corán
48. Los hombres leen alguna vez el corán
48. Los hombres leen alguna vez el Corán, que es la sabiduría suprema, ¿mas quién se deleita con sus enseñanzas. En el borde de cada copa hay una máxima profunda que todos debemos saborear.
128.
49. Sabios y retóricos abandonaron la existencia
49. Sabios y retóricos abandonaron la existencia
49. Sabios y retóricos abandonaron la existencia sin lograr ponerse de acuerdo sobre el ser y el no ser. ¡Hermanos míos en ignorancia: seguid gustando el zumo de la vid y dejad a esos hombres ilustres contentarse con pasas!
129.
50. Siéntate y bebe
50. Siéntate y bebe
50. Siéntate y bebe: gozarás de una felicidad que no conoció Mahmud. Escucha las melodías de los amantes: son los verdaderos salmos de David. No te hundas en el pasado ni atisbes el porvenir. Que tu pensamiento no vuele más allá de la hora presente: he aquí el secreto de la verdadera paz.
130.
51. Nuestro tesoro. El vino
51. Nuestro tesoro. El vino
51. ¿Nuestro tesoro. El vino. ¿Nuestro palacio. La taberna. ¿Nuestros fieles amigos. La sed y la embriaguez. Ignoramos la inquietud porque sabemos que nuestras almas, lo mismo que nuestras copas y trajes mancillados, no tienen que temer ni el polvo ni el agua ni el fuego.
131.
52. Nada me interesa ya: Levántate y dame vino
52. Nada me interesa ya: Levántate y dame vino
52. Nada me interesa ya: levántate y dame vino. Esta noche, tu boca es la más bella flor del universo. ¡Vino! ¡Vino rosado como tus mejillas! Y que mis remordimientos sean tan leves como tus rizos.
132.
53. Piensas en tus antepasados
53. Piensas en tus antepasados
53. ¿Piensas en tus antepasados. Son polvo con el polvo confundido. ¿Hablas de sus méritos. Mírame sonreír. Toma este ánfora y bebamos, escuchando, sin inquietudes, el vasto silencio del universo.
133.
54. No me interesa saber dónde podría comprar el manto de la astucia
54. No me interesa saber dónde podría comprar el manto de la astucia
54. No me interesa saber dónde podría comprar el manto de la astucia o de la mentira, mas ando siempre en busca de buen vino. Ha nevado en mis cabellos, y aprovecho la ocasión de ser feliz hoy porque mañana me faltarán las fuerzas.
134.
55. Bebo vino como las raíces del saúz
55. Bebo vino como las raíces del saúz
55. Bebo vino como las raíces del saúz la clara linfa del torrente. "No hay más Dios que Alá - dices - sólo él lo sabe todo". Entonces, al crearme, no ignoraba que tendría que beber. Si no lo hiciera así, fallaría la sabiduría de Alá.
135.
56. Escondo mi tristeza, como los pájaros heridos
56. Escondo mi tristeza, como los pájaros heridos
56. Escondo mi tristeza, como los pájaros heridos que se ocultan para morir. ¡Vino! Escuchad mis bromas. ¡Vino, música, y tu indiferencia para mi tristeza, amada mía!
136.
57.¡Qué mezquino el corazón que no sabe amar!
57.¡Qué mezquino el corazón que no sabe amar!
57.¡Qué mezquino el corazón que no sabe amar! Si no estás enamorado, ¿cómo puedes gozar con la deslumbrante luz del sol o la suave claridad de la luna.
137.
58. Soy viejo, y mi pasión por ti me lleva a la tumba
58. Soy viejo, y mi pasión por ti me lleva a la tumba
58. Soy viejo, y mi pasión por ti me lleva a la tumba, pues no dejo de beber vino de palmera. El amor me ha quitado la razón y deshoja el tiempo, sin piedad, la bella rosa que tenía.
138.
59. ¡Oh, tú, cuyo rostro de estatuilla china
59. ¡Oh, tú, cuyo rostro de estatuilla china
59. ¡Oh, tú, cuyo rostro de estatuilla china causa envidia a las rosas silvestres! ¿Sabes que tus ojos aterciopelados han vuelto al rey de Babilonia semejante a un alfil que retrocede ante la reina.
139.
60. No ves sino las apariencias de las cosas
60. No ves sino las apariencias de las cosas
60. No ves sino las apariencias de las cosas; te das cuenta de tu ignorancia y, sin embargo, no renuncias a amar. Deberías saber que Alá nos ha dado el amor como nos dio ciertas plantas venenosas.
140.
61. Eres desgraciado. No pienses en tu dolor
61. Eres desgraciado. No pienses en tu dolor
61. ¿Eres desgraciado. No pienses en tu dolor y no sufrirás más. Si tu pena es muy honda, piensa en los seres que han sufrido antes que tú desde la creación del mundo. Busca una mujer de níveos senos y guárdate de amarla; y que ella sea también incapaz de amarte a ti.
141.
62. Qué es preferible: Sentarse en una taberna
62. Qué es preferible: Sentarse en una taberna
62. ¿Qué es preferible: sentarse en una taberna, y hacer después un examen de conciencia, o prosternarse en una mezquita, con el alma seca. No me interesa saber si existe un Todopoderoso o no, ni lo que pueda hacer conmigo, llegado el caso.
142.
63. Nos diste ojos, señor
63. Nos diste ojos, señor
63. Nos diste ojos, Señor, y permites que la belleza de tus criaturas nos deslumbre; podemos ser dichosos y pretendes que renunciemos a los goces de este mundo. ¡Mas esto es tan insensato como querer invertir una copa sin derramar el vino que contiene!
143.
64. Qué haré hoy. Iré a la taberna
64. Qué haré hoy. Iré a la taberna
64. ¿Qué haré hoy?. ¿Iré a la taberna o a sentarme en algún jardín, bajo la sombra de un árbol. ¿Me inclinaré sobre un viejo libro?. Un pájaro cruza el espacio, ¿a dónde irá?. Ya lo he perdido de vista. Embriaguez de un pájaro en el azul tórrido! ¡Melancolía de un hombre en la fresca sombra de una mezquita!
144.
65. Toma la firme resolución de no contemplar más el cielo
65. Toma la firme resolución de no contemplar más el cielo
65. Toma la firme resolución de no contemplar más el cielo; rodéate de hermosas mujeres y acarícialas. ¿Dudas acaso?. Muchos creyentes, antes que tú, pronunciaron férvidas plegarias. Partieron ya, y ni siquiera sabes si Alá los escuchó.
145.
66. Alá es grande
66. Alá es grande
66. "Alá es grande". Este grito del muecín se me antoja una enorme queja. ¿Será, acaso, que la tierra gime diariamente cinco veces ante la indiferencia de su Creador.
146.
67. Si quieres tener la magnífica soledad
67. Si quieres tener la magnífica soledad
67. Si quieres tener la magnífica soledad de las estrellas y las rosas, rompe tus lazos con los hombres y aléjate de todas las mujeres. No te acojas a nadie; no alivies ningún dolor ni participes en ningún festín.
147.
68. Olvida que deberías haber sido recompensado
68. Olvida que deberías haber sido recompensado
68. Olvida que deberías haber sido recompensado ayer y no lo fuiste. ¡Qué importa, sé feliz! No eches de menos ninguna cosa ni esperes nada tampoco. Lo que ha de suceder, escrito está en el libro que hojea, al azar, el viento de la eternidad.
148.
69. No siento ningún temor por la muerte
69. No siento ningún temor por la muerte
69. No siento ningún temor por la muerte: prefiero este trance doloroso al sino ineluctable que me fue impuesto el día de mi nacimiento. ¿Qué es la vida. Un bien que me confiaron sin pedirlo, y que habré de volver con indiferencia.
149.
70. La luna de ramadán acaba de salir
70. La luna de ramadán acaba de salir
70. La luna de Ramadán acaba de salir. Mañana, el sol bañará la ciudad silenciosa. Los vinos dormirán en las ánforas y las doncellas en la sombra de la espesura.
150.
71. Mira y escucha. Una rosa tiembla
71. Mira y escucha. Una rosa tiembla
71. Mira y escucha. Una rosa tiembla, agitada por la brisa, y el ruiseñor le canta un himno apasionado; una nube se detiene. Bebamos, y olvidemos que la brisa deshojar á la rosa, se llevará el canto del ruiseñor, y arrastrará la nube que nos brinda su sombra.
151.
72. Dirige la mirada a tu alrededor
72. Dirige la mirada a tu alrededor
72. Dirige la mirada a tu alrededor: no verás sino desolación y angustia. Tus mejores amigos han muerto y la tristeza es tu sola compañía. Mas levanta la cabeza y extiende tus manos: coge todo lo que desees y puedas conseguir. El pasado es un cadáver que debes sepultar.
Citas Célebres y Pensamientos
3 citas
Frases para reflexionar
Omar Khayyam · Rubaiyat
« Una hogaza de pan, un jarro de vino, un libro de versos y tú cantando a mi lado en el desierto: ¡el desierto se convierte en paraíso! »
Omar Khayyam · Rubaiyat
« El ayer es un sueño; el mañana, una visión; pero el hoy bien vivido hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una esperanza. »
Omar Khayyam · Rubaiyat
Algunos libros de poesía de Omar Khayyam:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: