John Milton

1608–1674

Renacimiento y barroco inglés · El paraíso perdido y sonetos

Biografía

Vida

John Milton es una de las cumbres poéticas indiscutibles de la lengua inglesa. Intelectual humanista, polemista republicano y latinista prodigioso, consagró su vida al servicio de la libertad de conciencia y el ideal poético supremo. Quedó completamente ciego a los cuarenta y cuatro años debido a sus fatigas como secretario de Estado, pero fue en esa tiniebla donde concibió sus mayores obras maestras.

Dictando verso a verso a sus hijas y colaboradores, compuso El paraíso perdido (Paradise Lost), la epopeya teológica y cósmica más monumental de la literatura moderna, donde recreó la caída de Satanás y la pérdida del Edén con un verso blanco de solemnidad arquitectónica y un aliento moral inquebrantable.

Lírica y Versos

Poemas de John Milton

5 poemas
1.

Soneto sobre su ceguera (On His Blindness)

Cuando considero cómo se ha consumido mi luz
antes de la mitad de mis días, en este mundo oscuro y ancho,
y que aquel único talento que es muerte ocultar
yace en mí inútil, aunque mi alma más anhela
servir con él a mi Creador y presentar
mi verdadero balance, no sea que al regresar me reprenda:

«¿Exige Dios la labor del día cuando niega la luz?»,
pregunto cariñosamente. Mas la Paciencia, para prevenir
ese murmullo, pronto responde: «Dios no necesita
ni el trabajo del hombre ni sus propios dones;
quien mejor soporta su suave yugo, mejor le sirve.

Su estado es real: miles de ángeles a su mandato
se apresuran sobre la tierra y el océano sin reposo;
también sirven aquellos que sólo se mantienen de pie y esperan».
2.

El paraíso perdido (Invocación al Espíritu Santo, Libro I)

De la primera desobediencia del hombre y del fruto
de aquel árbol prohibido cuyo mortal sabor
trajo la muerte al mundo y toda nuestra pena,
con la pérdida del Edén, hasta que un Hombre más grande
nos restaure y recupere la mansión dichosa:

¡canta, celestial Musa, que en la cima secreta
de Oreb o de Sinaí inspiraste a aquel pastor
que primero enseñó a la estirpe elegida
cómo en el principio salieron del Caos la tierra y el cielo!

Y tú, ¡oh Espíritu!, que prefieres sobre todos los templos
el corazón recto y puro: ¡instrúyeme, pues tú lo sabes!
Tú desde el primer instante estabas presente,
y con poderosas alas abiertas, a guisa de paloma,
incubaste sobre el vasto abismo y lo fecundaste:

ilumina lo que en mí está oscuro,
eleva y sostén lo que es bajo;
para que desde la altura de este gran argumento
pueda afirmar la Providencia Eterna
y justificar los caminos de Dios ante los hombres.
3.

El paraíso perdido (Himno a la Luz Celestial, Libro III)

¡Salve, santa Luz, primogénita del Cielo!
O del Eterno rayo coeterno,
¿puedo nombrarte sin culpa? Puesto que Dios es luz,
y desde la eternidad habitó en la luz inaccesible,
habitó en ti, brillante efluvio de brillante esencia increada.

Vuelvo a sentirte, renacida a mis sentidos;
mas tú no vuelves a estos ojos míos,
que ruedan en vano para hallar tu rayo penetrante,
sin encontrar aurora; tan densa niebla
ha extinguido sus orbes y sofocado sus pupilas.

Sin embargo, no ceso de errar donde las Musas frecuentan
las claras fuentes, los sotos sombríos y las colinas soleadas;
y noche a noche visito en mi mente
los ríos sagrados del canto divino,
para que en mi alma brille la lumbre del espíritu.
4.

Lycidas (Elegía pastoral a un amigo ausente)

Una vez más, ¡oh laureles!, y una vez más,
mirtos oscuros con hiedra inmortal,
vengo a arrancar vuestras hojas prematuras
con dedos rudos y forzados por el dolor.

Lycidas ha muerto, muerto en su flor de juventud,
el joven Lycidas, y no ha dejado igual.
¿Quién no cantaría por Lycidas? Él mismo sabía
cantar y construir el verso bien rimado.

No ha de yacer en su húmedo féretro acuático
sin el llanto de una lágrima sagrada.
Despertad, ninfas del sagrado manantial;
tocad las cuerdas con fúnebre clamor,
que el noble amigo en el océano duerme,
coronado de espuma y de piedad eterna.
5.

A la música solemne (At a Solemn Music)

¡Hermanas de la voz y de la armonía pura,
Poesía y Música, hijas del cielo unidas!
Traed vuestro divino poder a nuestra esfera
y mezclad vuestros sones con la celestial corte.

Allí donde los serafines en filas resplandecientes
tocan sus arpas de oro inextinguible,
y los coros de querubines con trompetas de fuego
cantan himnos de gozo ante el Trono del Padre.

¡Ojalá podamos responder en la tierra
a ese concierto de celestial concierto,
limpiando el pecado que rompió el sagrado acorde,
para unirnos un día a la eterna melodía
que resuena en la gloria de la inmortal concordia!
Citas Célebres y Pensamientos

Frases para reflexionar

2 citas
« La mente es su propio lugar, y en sí misma puede hacer del cielo un infierno o del infierno un cielo. »
John Milton
« También sirven aquellos que sólo se mantienen de pie y esperan. »
John Milton

Algunos libros de poesía de John Milton:

Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: