« Ved de cuán poco valor son las cosas tras que andamos y corremos. »
Jorge Manrique
1440–1479Prerrenacimiento castellano · Coplas a la muerte de su padre
Biografía
Vida
Fue el prototipo perfecto del caballero medieval castellano: empuñaba la espada en feroces contiendas y componía delicados versos cortesanos. Miembro de una poderosa familia noble, participó activamente en las intrigas y guerras civiles que llevaron al trono a Isabel la Católica.
Murió muy joven en un asalto militar junto al castillo de Garcimuñoz, hallándose entre sus ropas ensangrentadas sus últimos versos manuscritos. Pasó a la posteridad por las «Coplas a la muerte de su padre», una sobrecogedora meditación donde compara nuestras vidas con ríos hacia el mar.
Lírica y Versos
11 poemas
Poemas de Jorge Manrique
1.
A una dama muy hermosa
A una dama muy hermosa
Gentil dama muy hermosa, en quien tanta gracia cabe, quien os hizo que os alabe, que mi lengua ya ni osa ni lo sabe. Y pues nombre de hermosa os puso como joyel, ¿quién osará sino Aquél cuya mano poderosa hizo a vos cual hizo a él? Compara que la rica febrería quien la haze es quien la'smalta, pues hermosura tan alta, que la loe quien la cría tan sin falta. Y si alguno acá quisiere pensar que quiere loaros, vaya a veros, y si os viere, cuando acabe de miraros no sabrá sino adoraros. Porque aunque haga la cara en perfectión el pintor, siempre tiene algún temor que la hiziera, si mirara, muy mejor. Mas quién a vos os crió no tiene temor d'aquesto, porque en todo vuestro gesto las figuras qu'él pintó gran gentileza les dio. Fin Assí que hallo que Dios y su Madre gloriosa no criaron tan preciosa hermosura como vos, ni tan hermosa. Y pues tanta perfectión os dieron sin diferencia, a vuestra gran excelencia escrivo por conclusión: «Dios haga vuestra canción.»
2.
Canción
Canción
Con dolorido cuidado, desgrado, pena y dolor, parto yo, triste amador d'amores desamparado, d'amores, que no d'amor. Y el corazón enemigo de lo que mi vida quiere, ni halla vida, ni muere, ni queda, ni va conmigo: sin ventura, desdichado, sin consuelo, sin favor, parto yo triste amador, d'amores desamparado, d'amores, que no d'amor.
3.
Canciones
Canciones
No tardes, Muerte, que muero; ven, porque viva contigo; quiéreme, pues que te quiero, que con tu venida espero no tener guerra conmigo. Remedio de alegre vida no lo hay por ningún medio, porque mi grave herida es de tal parte venida qu'eres tú sola remedio. Ven aquí, pues, ya que muero; búscame, pues que te sigo; quiéreme, pues que te quiero, e con tu venida espero no tener vida conmigo.
4.
Coplas a la muerte de su padre
Coplas a la muerte de su padre
Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando; cuán presto se va el plazer, cómo, después de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parescer, cualquiera tiempo pasado fue mejor. Y pues vemos lo presente cómo en un punto se es ido y acabado, si juzgamos sabiamente, daremos lo no venido por pasado. No se engañe nadie, no, pensando que ha de durar lo que espera, más que duró lo que vio porque todo ha de pasar por tal manera. Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir; allí van los señoríos derechos a se acabar y consumir; allí los ríos caudales, allí los otros, medianos y más chicos, allegados, son iguales los que viven por sus manos y los ricos. Invocación Dexo las invocaciones de los famosos poetas y oradores; no curo de sus ficciones, que traen yerbas secretas sus sabores; A Aquél sólo me encomiendo, Aquél sólo invoco yo de verdad, que en este mundo viviendo el mundo no conosció su deidad. Este mundo es el camino para el otro, que es morada sin pesar; mas cumple tener buen tino para andar esta jornada sin errar. Partimos cuando nascemos, andamos mientras vivimos, y llegamos al tiempo que fenescemos; así que, cuando morimos descansamos. Este mundo bueno fue si bien usáramos dél como debemos, porque, según nuestra fe, es para ganar aquél que atendemos. Y aun el hijo de Dios, para sobirnos al cielo descendió a nascer acá entre nos, y a vivir en este suelo do murió. Ved de cuán poco valor son las cosas tras que andamos y corremos, que, en este mundo traidor, aun primero que muramos las perdamos: dellas deshaze la edad, dellas casos desastrados que acaescen, dellas, por su calidad, en los más altos estados desfallescen. Dezidme, la hermosura, la gentil frescura y tez de la cara, la color y la blancura, cuando viene la vejez, ¿cuál se para? Las mañas y ligereza y la fuerça corporal de juventud, todo se torna graveza cuando llega al arrabal de senectud. Pues la sangre de los godos, y el linaje y la nobleza tan crescida, ¡por cuántas vías y modos se pierde su gran alteza en esta vida! Unos, por poco valer, ¡por cuán bajos y abatidos que los tienen! otros que, por no tener, con oficios no debidos se mantienen. Los estados y riqueza que nos dexan a deshora, ¿quién lo duda? No les pidamos firmeza, pues son de una señora que se muda; que bienes son de Fortuna que revuelve con su rueda presurosa, la cual no puede ser una ni estar estable ni queda en una cosa. Pero digo que acompañen y lleguen hasta la huesa con su dueño: por eso no nos engañen, pues se va la vida apriesa como sueño. Y los deleites de acá son, en que nos deleitamos, temporales, y los tormentos de allá, que por ellos esperamos, eternales. Los plazeres y dulzores de esta vida trabajada que tenemos, ¿qué son sino corredores, y la muerte, la celada en que caemos? No mirando a nuestro daño, corremos a rienda suelta sin parar; desque vemos el engaño y queremos dar la vuelta, no hay lugar. Si fuese en nuestro poder hacer la cara fermosa corporal, como podemos hazer el ánima glorïosa, angelical, ¡qué diligencia tan viva tuviéramos toda hora, y tan presta, en componer la cativa, dexándonos la señora descompuesta! Esos reyes poderosos que vemos por escrituras ya pasadas, con casos tristes, llorosos, fueron sus buenas venturas trastornadas. Así que no hay cosa fuerte, que a papas y emperadores y prelados, así los trata la muerte como a los pobres pastores de ganados. Dexemos a los troyanos, que sus males no los vimos ni sus glorias; dexemos a los romanos, aunque oímos y leímos sus historias. No curemos de saber lo de aquel siglo pasado qué fue d'ello; vengamos a lo de ayer, que también es olvidado como aquello. ¿Qué se hizo el rey don Juan? Los Infantes de Aragón ¿qué se fizieron? ¿Qué fue de tanto galán? ¿Qué fue de tanta invención como truxieron? Las justas y los torneos, paramentos, bordaduras y cimeras, ¿fueron sino devaneos? ¿qué fueron sino verduras de las eras? ¿Qué se hizieron las damas, sus tocados, sus vestidos, sus olores? ¿Qué se fizieron las llamas de los fuegos encendidos de amadores? ¿Qué se hizo aquel trovar, las músicas acordadas que tañían? ¿Qué se hizo aquel dançar, aquellas ropas chapadas que traían? Pues el otro, su heredero, don Enrique, ¡qué poderes alcançaba! ¡cuán blando, cuán halaguero el mundo con sus plazeres se le daba! Mas veréis, ¡cuán enemigo, cuán contrario, cuán cruel se le mostró; habiéndole sido amigo, ¡cuán poco duró con él lo que le dio! Las dádivas desmedidas, los edificios reales llenos de oro, las vaxillas tan febridas, los enriques y reales del tesoro, los jaezes, los caballos de su gente, y atavíos tan sobrados, ¿dónde iremos a buscallos? ¿qué fueron sino rocíos de los prados? Pues su hermano, el inocente, que, en su vida, sucesor se llamó, ¡qué corte tan excelente tuvo y cuánto gran señor le siguió! Mas, como fuese mortal, metióle la muerte luego en su fragua. ¡Oh, juïzio divinal!, cuando más ardía el fuego, echaste agua! Pues aquel gran Condestable, maestre que conoscimos tan privado, no cumple que dél se hable, sino sólo que lo vimos degollado. Sus infinitos tesoros, sus villas y sus lugares, su mandar, ¿qué le fueron sino lloros? ¿fuéronle sino pesares al dexar? Pues los otros dos hermanos, maestres tan prosperados como reyes, que a los grandes y medianos trajeron tan sojuzgados a sus leyes; aquella prosperidad que tan alto fue subida y ensalzada, ¿qué fue sino claridad que, estando más encendida, fue amatada? Tantos duques excelentes, tantos marqueses y condes, y barones como vimos tan potentes, di, Muerte, ¿dó los escondes y traspones? Y las sus claras hazañas que hizieron en las guerras y en las pazes, cuando tú, cruda, te ensañas, con tu fuerça las atierras y deshazes. Las huestes innumerables, los pendones y estandartes y banderas, los castillos impugnables, los muros y baluartes y barreras, la cava honda, chapada, o cualquier otro reparo, ¿qué aprovecha? Que si tú vienes airada, todo lo pasas de claro con tu flecha. Aquél, de buenos abrigo, amado por virtuoso de la gente, el maestre don Rodrigo Manrique, tan famoso y tan valiente; sus grandes hechos y claros no cumple que los alabe, pues los vieron, ni los quiero hazer caros pues que el mundo todo sabe cuáles fueron. ¡Qué amigo de sus amigos! ¡Qué señor para criados y parientes! ¡Qué enemigo de enemigos! ¡Qué maestro de esforçados y valientes! ¡Qué seso para discretos! ¡Qué gracia para donosos! ¡Qué razón! ¡Cuán benigno a los sujetos, y a los bravos y dañosos, un león! En ventura, Octaviano; Julio César, en vencer y batallar; en la virtud, Africano; Aníbal, en el saber y trabajar; en la bondad, un Trajano; Tito, en liberalidad con alegría; en su braço, Aurelïano; Marco Atilio, en la verdad que prometía. Antonio Pío, en clemencia; Marco Aurelio, en igualdad del semblante; Adrïano, en elocuencia; Teodosio, en humanidad y buen talante; Aurelio Alexandre fue en disciplina y rigor de la guerra; un Constantino, en la fe; Camilo, en el gran amor de su tierra. No dexó grandes tesoros, ni alcançó muchas riquezas ni vaxillas; mas hizo guerra a los moros, ganando sus fortalezas y sus villas. Y en las lides que venció, muchos moros y caballos se perdieron, y en este oficio ganó las rentas y los vasallos que le dieron. Pues por su honra y estado, en otros tiempos pasados, ¿cómo se hubo? Quedando desamparado, con hermanos y criados se sostuvo. Después que hechos famosos hizo en esta misma guerra que hazía, hizo tratos tan honrosos que le dieron aún más tierra que tenía. Estas sus viejas estorias que con su braço pintó en la juventud, con otras nuevas victorias agora las renovó en la senectud. Por su grande habilidad, por méritos y ancianía bien gastada, alcançó la dignidad de la gran caballería de la Espada. Y sus villas y sus tierras, ocupadas de tiranos las halló; mas por cercos y por guerras y por fuerça de sus manos las cobró. Pues nuestro rey natural, si de las obras que obró fue servido, dígalo el de Portugal y en Castilla quien siguió su partido. Después de puesta la vida tantas vezes por su ley al tablero; después de tan bien servida la corona de su Rey verdadero, después de tanta hazaña a que no puede bastar cuenta cierta, en la su villa de Ocaña vino la Muerte a llamar a su puerta, diziendo: «Buen caballero, dejad el mundo engañoso y su halago, vuestro corazón de azero, muestre su esfuerço famoso en este trago; y pues de vida y salud hezistes tan poca cuenta por la fama, esforçad vuestra virtud para sufrir esta afrenta que os llama. »No se os haga tan amarga la batalla temerosa que esperáis, pues otra vida más larga de fama tan glorïosa acá dexáis. Aunque esta vida de honor tampoco no es eternal ni verdadera, mas con todo es muy mejor que la otra temporal, perescedera. »El vivir que es perdurable no se gana con estados mundanales, ni con vida deleitable en que moran los pecados infernales. Mas los buenos religiosos gánanlo con oraciones y con lloros; los caballeros famosos, con trabajos y aflicciones contra moros. »Y pues vos, claro varón, tanta sangre derramastes de paganos, esperad el galardón que en este mundo ganastes por las manos; y con esta confiança y con la fe tan entera que tenéis, partid con buena esperança, que esta otra vida tercera ganaréis.» Responde el Maestre «No gastemos tiempo ya en esta vida mezquina por tal modo, que mi voluntad está conforme con la divina para todo; y consiento en mi morir con voluntad plazentera, clara y pura, que querer hombre vivir cuando Dios quiere que muera, es locura.» Oración «Tú, que por nuestra maldad, tomaste forma servil y baxo nombre; Tú, que a tu divinidad juntaste cosa tan vil como es el hombre; Tú, que tan grandes tormentos sufriste sin resistencia en tu persona, no por mis merescimientos, mas por tu sola clemencia me perdona.» Cabo Así, con tal entender, todos sentidos humanos conservados, cercado de su mujer y de sus hijos, y hermanos, y criados, dio el alma a quien gela dio, el cual la ponga en el cielo en su gloria. Que aunque la vida perdió, nos dexó harto consuelo su memoria.
5.
Diciendo qué cosa es amor
Diciendo qué cosa es amor
Diciendo qué cosa es amor... Es amor fuerça tan fuerte que fuerça toda razón; una fuerça de tal suerte, que todo seso convierte en su fuerza y afición. Una porfía forçosa que no se puede vencer, cuya fuerza porfiosa hacemos más poderosa queriéndonos defender. Es placer en c'hay dolores, dolores en c'hay alegría, un pesar en c'hay dulzores, un esfuerzo en c'hay temores, temor en c'hay osadía. Un plazer en c'hay enojos, una gloria en c'hy pasión, una fe en c'hay antojos, fuerza que hacen los ojos al seso y al coraçón. Es una catividad, sin parescer las prisiones, un robo de libertad, un forzar de voluntad donde no valen razones. Una sospecha celosa causada por el querer, una rabia deseosa que no sabe qu'es la cosa que desea tanto ver. Es un modo de locura con las mudanzas que hace: una vez pone tristura, otra vez causa folgura, como lo quiere y lo plaze. Un deseo que al ausente trabaja, pena y fatiga; un recelo que al presente hace callar lo que siente, temiendo pena que diga. Cabo Todas estas propiedades tiene el verdadero amor. El falso, mil falsedades, mil mentiras, mil maldades como fengido traidor. El toque para probar cuál amor es bien forjado, es sufrir el desamar, que no puede comportar el falso sobredorado.
6.
Elegía a mi padre
Elegía a mi padre
Elegía a mi padre Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando; cuán presto se va el placer, cómo después de acordado da dolor, cómo a nuestro parescer, cualquiera tiempo pasado fué mejor. Y pues cemos lo presente cómo en un punto es ido y acabado si juzgamos sabiamente, daremos lo no venido por pasado. No se engañe nadie, no, pensando que ha de durar lo que espera má que duró lo que vió, porque todo ha de pasar por tal manera. Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir; allí van los señoríos derechos á se acabar y consumir; allí los ríos caudales, allí los otros medianos y más chicos; allegados, son iguales los que viven por sus manos y los ricos.
7.
Estando triste, seguro
Estando triste, seguro
Estando, triste, seguro... Estando, triste, seguro, mi voluntad reposava, quando escalaron el muro do mi libertad estava. A escala vista subieron vuestra beldad y mesura, y tan de rezio hirieron que vencieron mi cordura. Luego todos mis sentidos huyeron a lo más fuerte, mas ivan ya malheridos con sendas llagas de muerte. Y mi libertad quedó en vuestro poder cativa, mas gran plazer ove yo desque supe qu'era biva. Mis ojos fueron traidores: ellos fueron consintientes, ellos fueron causadores qu'entrassen aquestas gentes qu'el atalaya tenían y nunca dixeron nada de la batalla que vían, ni hizieron ahumada. Después que ovieron entrado aquestos escaladores, abrieron el mi costado y entraron vuestros amores, y mi firmeza tomaron, y mi coraçón prendieron y mis sentidos robaron, y a mí solo no quisieron. Qué gran aleve hizieron mis ojos y qué traición: ¡por una vista que os vieron, venderos mi coraçón! Pues traición tan conoscida ya les plazía hazer, vendieran mi triste vida y oviera dello plazer. Mas el mal que cometieron no tienen escusación: ¡por una vista que os vieron venderos mi corazón!
8.
Por qué estando éL durmiendo lo besó su amiga
Por qué estando éL durmiendo lo besó su amiga
Vos cometistes traición, pues me heristes, durmiendo, de una herida que entiendo que será mayor pasión el deseo de otra tal herida como me distes, que no la llaga ni mal ni daño que me hecistes. Perdono la muerte mía; mas con tales condiciones, que de tales traiciones cometáis mil cada día; pero todas contra mí, porque, de aquesta manera, no me place que otro muera pues que yo lo merecí.
9.
Quien no estuviere en presencia
Quien no estuviere en presencia
Quien no estuviere en presencia... Quien no estuviere en presencia, no tenga fe en confianza, pues son olvido y mudanza las condiciones de ausencia. Quien quisiere ser amado, trabaje por ser presente, que cuan presto fuere ausente, tan presto será olvidado: y pierda toda esperanza quien no estuviere en presencia, pues son olvido y mudanza las condiciones de ausencia.
10.
Tapia
Tapia
Ausencia puede mudar amor en otro querer, mas no que tenga poder para hazer olvidar. Porque siendo yo cativo d'una dama que no veo, tengo tan nuevo el desseo que no sé cómo me bivo. Y por esto de pensar que ausencia mude querer, mas no que tenga poder para poder olvidar.
11.
Yo soy quien libre me VI
Yo soy quien libre me VI
Yo soy quien libre me vi... Yo soy quien libre me vi, yo, quien pudiera olvidaros; yo só el que, por amaros, estoy, desque os conoscí, «sin Dios, y sin vos, y mí». Sin Dios, porque en vos adoro, sin vos, pues no me queréis; pues sin mí ya está de coro que vos sois quien me tenéis. Assí que triste nascí, pues que pudiera olvidaros. Yo so el que, por amaros, estó, desque os conoscí, sin Dios, y sin vos, y mí».
Citas Célebres y Pensamientos
12 citas
Frases para reflexionar
Jorge Manrique
« Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando. »
Jorge Manrique
« Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir. »
Jorge Manrique
« Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar. »
Jorge Manrique ·
« ¡Oh muy alto dios de amor [...] Ese Dios alto sin cuento. »
Jorge Manrique · Citado por Alda Manrique (1977), p
« Recuerde el alma dormida... »
Jorge Manrique · Manrique (1977), p. 144
« ...Si juzgamos sabiamente daremos lo non venido por pasado. »
Jorge Manrique · Citado por Alda Manrique (1977), p. 52
« Aquestos y mis enojostienen esta condición:que suben del corazónlas lágrimas a los ojos. »
Jorge Manrique · Citado por Alda Manrique (1977), p. 55
« Es una muerte escondidaeste mi bien prometido,pues no puedo ser queridosin peligro de la vida. »
Jorge Manrique · Menciones y Manrique (1977)
« No sé por qué me fatigo,pues con razón me vencí,no siendo nadie conmigoy vos y yo contra mí. »
Jorge Manrique · Menciones y Manrique (1977)
« Este mundo es el camino. »
Jorge Manrique
« Nuestras vidas son los ríos. »
Jorge Manrique
Algunos libros de poesía de Jorge Manrique:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: