« Miradme al menos, aunque sea con desdén: que peor es el olvido. »
Gutierre de Cetina
Renacimiento Español (1520 - 1557)Poeta sevillano del Renacimiento, autor del célebre madrigal «Ojos claros, serenos», cumbre de la lírica petrarquista en castellano.
Vida
Poeta y soldado sevillano, vivió intensamente el esplendor y los peligros de las conquistas imperiales en Italia, Alemania y Flandes. Combinaba con elegancia la espada en el campo de batalla con la pluma renacentista, componiendo versos de amor refinado inspirados en la lírica de Petrarca.
Cruzó el océano hacia México en busca de fortuna y aventuras ultramarinas, pero allí encontró un destino trágico. En las calles oscuras de Los Ángeles, un rival celoso lo acuchilló por error en una serenata nocturna, apagando la voz del autor de «Ojos claros, serenos».
Poemas de Gutierre de Cetina
1.
Amor, mueve las alas y tan alto
Amor, mueve las alas y tan alto
Amor mueve mis alas, y tan alto ... Amor mueve mis alas, y tan alto las lleva el amoroso pensamiento, que de hora en hora así subiendo siento quedar mi padescer más corto y falto. Temo tal vez mientra mi vuelo exalto, mas llega luego a mí el conoscimiento y pruébase que es poco en tal tormento por inmortal honor un mortal salto. Que si otro puso al mar perpetuo nombre do el soberbio valor le dio la muerte, presumiendo de sí más que podía, de mí dirán: «Aquí fue muerto un hombre que si al cielo llegar negó su suerte, la vida le faltó, no la osadía.»
2.
Como garza real
Como garza real
Como garza real, alta en el cielo... Como garza real, alta en el cielo, entre halcones puesta y rodeada, que siendo de los unos remontada, de los otros seguirse deja el vuelo, viendo su muerte acá bajo en el suelo por oculta virtud manifestada, no tan presto será de él aquejada que a voces mostrará su desconsuelo, las pasadas locuras, los ardores que por otras sentí, fueron, señora, para me levantar remontadores; pero viéndoos a vos, mi matadora, el alma dio señal en sus temores de la muerte que paso a cada hora.
3.
Cubrir los bellos ojos
Cubrir los bellos ojos
Cubrir los bellos ojos... Cubrir los bellos ojos con la mano que ya me tiene muerto, cautela fué por cierto, que así doblar pensastes mis enojos. Pero de tal cautela harto mayor ha sido el bien que el daño; que el resplandor extraño del sol se puede ver mientras se cela. Así que, aunque pensastes cubrir vuestra beldad, única, inmensa, yo os perdono la ofensa, pues, cubiertos, mejor verlos dejastes.
4.
Dichoso desear, dichosa pena
Dichoso desear, dichosa pena
Dichoso desear, dichosa pena... ¡Dichoso desear, dichosa pena, dichosa fe, dichoso pensamiento, dichosa tal pasión y tal tormento, dichosa sujeción de tal cadena; dichosa fantasía, en gloria llena, dichoso aquel que siente lo que siento, dichoso el obstinado sufrimiento, dichoso mal que tanto bien ordena; dichoso el tiempo que de vos escribo, dichoso aquel dolor que de vos viene, dichosa aquella fe que a vos me tira; dichoso quien por vos vive cual vivo, dichoso quien por vos tal ansia tiene, felice el alma quien por vos suspira!
5.
¿En cuáL región, en cuáL parte del suelo?
¿En cuáL región, en cuáL parte del suelo?
¿En cuál región, en cuál parte del suelo, en cuál bosque, en cuál monte, en cuál poblado, en cuál lugar remoto y apartado, puede ya mi dolor hallar consuelo? Cuanto se puede ver debajo el cielo, todo lo tengo visto y rodeado; y un medio que a mi mal había hallado, hace en parte mayor mi desconsuelo. Para curar el daño de la ausencia píntoos cual siempre os vi, dura y proterva; mas Amor os me muestra de otra suerte. No queráis a mi mal más experiencia, sino que ya, como herida cierva, do quier que voy, conmigo va mi muerte.
6.
Esta guirnalda de silvestres flores
Esta guirnalda de silvestres flores
Esta guirnalda de silvestres flores... Sobre la cubierta de un libro donde iban escritas algunas cosas pastoriles... Esta guirnalda de silvestres flores, de simple mano rústica compuesta en los bosques de Arcadia, aquí fue puesta en honra del cantar de los pastores, a los cuales, si Amor en sus amores quiera jamás negar demanda honesta, ruego, si bien el don tan bajo cuesta, pueda este olmo gozar de mis sudores. Que si algún tiempo con más docta mano las acierto a tejer como maestro, guardando a los pasados el decoro, espero, y mi esperar no será en vano, que el nombre pastoral del siglo nuestro será tal cual fue ya en la Edad del Oro.
7.
Horas alegres que pasáis volando
Horas alegres que pasáis volando
Horas alegres que pasáis volando... Horas alegres que pasáis volando porque a vueltas del bien mayor mal sienta; sabrosa noche que en tan dulce afrenta el triste despedir me vas mostrando; importuno reloj que, apresurando tu curso, mi dolor me representa; estrellas con quien nunca tuve cuenta, que mi partida vais acelerando; gallo que mi pesar has denunciado, lucero que mi luz va oscureciendo, y tú, mal sosegada y moza Aurora, si en voz cabe dolor de mi cuidado, id poco a poco el paso deteniendo, si no puede ser más, siquiera una hora.
8.
Ojos claros, serenos
Ojos claros, serenos
Ojos claros, serenos... Ojos claros, serenos, si de un dulce mirar sois alabados, ¿por qué si me miráis miráis airados? Si cuanto más piadosos, más bellos parecéis a aquel que os mira, no me miréis con ira, porque no parezcáis menos hermosos. ¡Ay, tormentos rabiosos! Ojos claros, serenos, ya que así me miráis, miradme al menos.
9.
Qué aprovecha, señor, andar buscando
Qué aprovecha, señor, andar buscando
Qué aprovecha, Señor, andar buscando... ¿Qué aprovecha, Señor, andar buscando hora el puerco montés cerdoso y fiero?, ¿qué aprovecha seguir ciervo ligero ni con hierba crüel andar tirando?; ¿qué aprovecha, señor, ir remontando la garza con halcón muy altanero?, ¿qué aprovecha, señor, tirar certero allí una liebre, aquí un faisán matando?; si va siempre tras vos vuestro cuidado, si en el alma lleváis el pensamiento, si estáis asido dél cuando más suelto, si traéis el pensar tan regalado que donde estáis más libre y más contento a las presas andáis con él envuelto.
10.
Soneto
Soneto
Para ver si sus ojos eran cuales la fama entre pastores extendía, en una fuente los miraba un día Dórida, y dice así, viéndolos tales: "Ojos, cuya beldad entre mortales hace inmortal la hermosura mía, ¿cuáles bienes el mundo perdería que a los males que dais fuesen iguales? Tenía, antes de os ver, por atrevidos, por locos temerarios los pastores que se osaban llamar vuestros vencidos; mas hora viendo en vos tantos primores, por más locos los tengo y perdidos los que os vieron si no mueren de amores."
11.
Soneto II
Soneto II
Vos sois todo mi bien, vois lo habéis sido; si he dicho alguna vez, señora mía, que habéis sido mi mal, no lo entendía: hablaba con pasión o sin sentido. Yo soy todo mi mal, yo lo he querido; de mí viene, en mí nace, en mí se cría; tan satisfecha de él mi fantasía, que el mal no piensa haber bien merecido. Vos fuisteis, vos seréis mi buena suerte; si el mal desvarïar me hace al cuanto, esta es mi voluntad libre y postrera. Pues si, con verme al punto de la muerte, por ser por vos el mal lo tengo en tanto, ¡ved que hiciera el bien si lo tuviera!
12.
Soneto III
Soneto III
Entre armas, guerra, fuego, ira y furores que al soberbio francés tienen opreso, cuando el aire es más turbio y más espeso, allí me aprieta el fiero ardor de amores. Miro al cielo, los árboles, las flores, y en ellos hallo mi dolor expreso; que en el tiempo más frío y más avieso nacen y reverdecen mis temores. Digo llorando: "¡Oh dulce primavera! ¿Cuándo será que a mi esperanza vea, verde, prestar al alma algún sosiego?" Mas temo que mi fin mi suerte fiera tan lejos de mi bien quiere que sea entre guerra y furor, ira, armas, fuego.
13.
Yo diría de vos tan altamente
Yo diría de vos tan altamente
Yo diría de vos tan altamente... A doña María de Mendoza Yo diría de vos tan altamente que el mundo viese en vos lo que yo veo, si tal fuese el decir cual el deseo. Mas si fuera del más hermoso cielo, acá en la mortal gente, entre las bellas y preciadas cosas, no hallo alguna que os semeje un pelo, sin culpa queda aquel que no os atreve. El blanco, el cristal, el oro y rosas, los rubís, y las perlas, y la nieve, delante vuestro gesto comparadas, son ante cosas vivas, las pintadas. Ante vos las estrellas, como delante el sol, son menos bellas. El sol es más lustroso, mas a mi parescer no es tan hermoso. ¡Qué puedo, pues, decir, si cuanto veo, todo ante vos es feo! Mudaos el nombre, pues, señora mía: vos os llamad beldad, beldad María.
Frases para reflexionar
« El alma que ama con verdad no teme la herida, teme la distancia. »
« Las horas veloces huyen cuando el gozo aprieta el pecho. »
Algunos libros de poesía de Gutierre de Cetina:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: