« Pero lo que permanece, lo fundan los poetas. »
Friedrich Hölderlin
1770–1843Lírica alemana universal · El archipiélago y Pan y vino
Biografía
Vida
Joven idealista apasionado por la Grecia clásica y la libertad, soñaba con transformar el mundo a través del arte junto a sus amigos Hegel y Schelling. Se ganó la vida como tutor en casas nobles, pero su amor prohibido con Susette Gontard, la madre de sus alumnos, destrozó para siempre su estabilidad emocional.
La muerte prematura de su amada aceleró su caída en una crisis mental profunda que lo aisló de la sociedad durante casi cuarenta años. Pasó la segunda mitad de su existencia recluido en una torre a orillas del río Neckar, componiendo poemas enigmáticos y sublimes bajo el seudónimo de Scardanelli.
Lírica y Versos
14 poemas
Poemas de Friedrich Hölderlin
1.
A diotima (1)
A diotima (1)
A Diotimia (1) Ven, y el júbilo mira en redor; en céfiros suaves vuelan las ramas del bosque, como agita los bucles la danza; tal en liras sonoras un espíritu alegre, con la lluvia y el sol el cielo canta en la tierra; como en plácida lid se oye sobre las cuerdas de fugitivas tonadas múltiple enjambre vibrar, vagan sombras y luz en melodioso contraste sobre las cimas del monte. Suave, con rútilas gotas el cielo acaricia al arroyo, su hermano, que ya viene agitando la carga preciosa que hay en su corazón, y sobre el río y el bosque... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Y del bosque el verdor, y la imagen del cielo en la linfa tiembla y muere ante nos, y de los montes en las cimas, y cabañas y rocas que esconde en su regazo, las colinas que en derredor, dormidos corderos, y entre ramas floridas como en suave lana, se abrevan en fuentes del bosque, refrescantes y claras, y los valles brumosos, sus simientes y flores y los jardines, todo cerca y lejos se esfuma, se esfuma en gayo tumulto y se va con el sol. Pero el rumor de las olas del cielo ya se ha extinguido y más puros y jóvenes. surgen del baño la tierra y sus hijos beatos. vivo y alegre brilla el verde del soto, las áureas flores rutilan, . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . blanco, tal el rebaño que al río empuja el pastor. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Versión de Otto de Greiff
2.
A diotima (2)
A diotima (2)
A Diotimia (2) ¡Bella vida! Tú vives, como leve brote de invierno, en este mundo agostado sola y callada floreces. Aire ansías, y luz, primavera que vierta su tibio resplandor, cuando buscas la infancia del mundo. Ya tu sol, ya tu tiempo feliz se ha ocultado, y en la noche glacial sólo hay fragor de huracanes. Versión de Otto de Greiff
3.
A las parcas
A las parcas
Dadme un estío más, oh poderosas, y un otoño, que avive mis canciones, y así, mi corazón, del dulce juego saciado, morirá gustosamente. El alma, que en el mundo vuestra ley divina no gozó, pene en el Orco; mas si la gracia que ambiciono logra mi corazón, si vives, poesía, ¡sé bien venido, mundo de las sombras! Feliz estoy, así no me acompañen los sones de mi lira, pues por fin como los dioses vivo, y más no anhelo. Versión de Otto de Greiff
4.
Archipiélago
Archipiélago
(fragmento) ¿Tornan de nuevo las grullas a ti, las naves el rumbo tuercen, van de tus playas en pos? ¿ Serenas y ansiadas brisas llegan al plácido mar, y al sol asomando del abismo el delfín, luz nueva inunda su dorso? ¿Jonia brilla? ¿Tiempo es ya? Pues es primavera, y ha tornado a nacer la vida en todos los seres, y hay en los hombres amor, y tiempos áureos se evocan; ¡vengo en tu paz a ti, oh poderoso, a loarte! ¡Oh venerable!, descansas aún viviendo a la sombra de tus montes; aún tus brazos jóvenes ciñen amorosos tu tierra, y a tus hijas, ¡oh padre! de tus islas radiantes aún ninguna perdiste. Creta vive, y Salamis, que frescos laureles circundan. Y alza, en medio de rayos, y a la hora del orto la testa resplandeciente Delos, y Tenos y Kíos frutas purpúreas guardan: y de embriagadas colinas mana el vino de Chipre, y de Kalauria descienden ríos de plata que van a las véteras aguas del padre. Todas viven, las islas que un día engendraron los héroes. Y año tras año irradian y si una vez, del abismo liberado, el fulgor de la noche, la interna borrasca a una de ellas sorprende y en tu seno a los hombres sepulta, tú, tú en cambio pervives, deidad, pues sobre la oscura sima, por ti mucho viose nacer y mucho morir.(...) (...)Entonces, ¡oh amigos de Atenas, oh gestas de Esparta, cara primavera de los griegos! Si llega a nuestro otoño, tornad y mirad, espíritus todos del mundo que fue, ¡pues el fin de los años se acerca! ¡La fiesta también celebrad, oh días de antaño! A la Hélade miran los pueblos, llorando y cantando del día orgulloso del triunfo los suaves recuerdos. ¡Floreced entre tanto, mientras los frutos maduran, oh jardines de Jonia! ¡Floreced en las ruinas de Atenas! ¡Ocultad a los días futuros el duelo! ¡Coronad con eterno verdor, oh laureles, los túmulos de los muertos, allá en Maratón, donde tantos victoriosos soldados cayeron, o allá en Keronea, cuyos campos los últimos atenienses sin armas huir vieron del día fatal de la afrenta, allá donde de la cima hasta el valle trenos se escuchan, y el canto del destino las aguas vagabundas entonan! Mas, oh tú, de los mares señor inmortal, aunque el canto de de los griegos no más, como antaño, en tus olas te loe, canta en mí más y más; que el espíritu impávido de los mares, al modo de los nautas, disfrute su solaz, y la lengua de los dioses distinga, y el vaivén de las horas; y así, si el tiempo voraz sobreviene a segar la miseria y los yerros de mi vida mortal, y entre los muertos a hundirla, que la paz en el fondo de tus abismos encuentre. Versión de Otto de Greiff
5.
Canto del destino de hiperión
Canto del destino de hiperión
Vagáis arriba en la luz, en blando suelo, ¡genios felices! brisas de Dios, radiantes, suaves os rozan como los dedos de la artista las cuerdas santas. Sin sino, como infantes que duermen, respiran los dioses; resplandecen en casto capullo guardados sus espíritus eternamente. Y en sus ojos beatos brilla tranquilo fulgor perpetuo. Mas no nos es dado en sitio alguno posar. Vacilan y caen los hombres sufrientes, ciegos, de una hora en la otra, como aguas de roca en roca lanzados, eternamente, hacia lo incierto. Versión de Otto de Greiff
6.
Diotima (De 1796 a 1798)
Diotima (De 1796 a 1798)
Diotima (De 1796 a 1798) Callas y sufres, no te comprenden ¡Oh santo espíritu! Agostándote callas, ¡Pues vanamente entre los bárbaros buscas al rayo del sol los tuyos, las almas grandes, tiernas, que nadie halló! Mas huye el tiempo. Empero canto mortal verá el día, ¡oh Diotima! que en pos de los dioses y en pos de los héroes te nombre su igual. Versión de Otto de Greiff
7.
Diotima (Después de 1800)
Diotima (Después de 1800)
Callas y sufres, no te comprenden, ¡oh noble espíritu! Miras abajo y callas al claro día, pues vanamente, bajo el sol buscas los tuyos, hijos de reyes, que antes como hermanos, como en los bosques las cimas gemelas, de amor y patria jubilosos gozaban al recuerdo de su origen bajo el abrazo infinito del cielo; fieles y gratos llevaron sin duda aun a la sima del Tártaro la alegría, libres criaturas, hijos de los dioses, almas henchidas de gracia, y ya extintas; a ellas en estos años luctuosos y al cotidiano clamor de estrellas que fueron, llora nuestro corazón, y este fúnebre trueno nunca fin habrá. Mas el tiempo sana. Los seres divinos son fuertes y raudos. Recobra la naturaleza su antiguo y alegre dominio ¡Mira, amor! Aun antes de que nuestra colina se hunda, un canto mortal ha de ver el día, oh Diotima, que en pos de los dioses y en pos de los héroes te nombre su igual. Versión de Otto de Greiff
8.
Diotima (1)
Diotima (1)
(Dos versos iniciales y únicos de Un Poema incompleto ) Pude nombrar los héroes callando ante las bellas heroínas, Versión de Otto de Greiff
9.
Diotima (2)
Diotima (2)
Ven y apacíguame, tú que supiste calmar elementos, luz de las musas celestes, del caos el siglo, guía la lucha feroz con celestial armonía, hasta ver en el pecho mortal lo disperso agruparse, y la antigua índole humana, tranquila, valiente, ver serena del vórtice del tiempo, y fuerte, surgir. ¡Vuélve al alma indigente del pueblo, radiante belleza! ¡Torna a la hóspite mesa, y al templo torna otra vez! Pues que Diotima vive, como leve brote de invierno, y aunque rica en su espíritu propio, busca la luz. Pero ya el sol del espíritu, ya el bello mundo se oculta, y en la noche glacial sólo hay fragor de huracanes. Versión de Otto de Greiff
10.
Edades de la vida
Edades de la vida
¡Oh, urbes del Eufrates! ¡Oh, calles de Palmira! ¡Oh, bosques de columnas sobre el llanto desierto! ¿Qué sois? De vuestras coronas, al haber traspasado los límites de aquellos que respiran, por el humo de los dioses y su fuego fuisteis despojadas; pero sentado ahora bajo nubes ( cada cual reposando en su propia quietud) bajo robles hospitalarios, en la umbría donde pacen los corzos, extrañas se me hacen y muertas las almas venturosas. Versión de Nicolás Suescún
11.
El consenso público
El consenso público
¿No es más bella la vida de mi corazón desde que amo? ¿Por qué me distinguíais más cuando yo era más arrogante y arisco, más locuaz y más vacío? ¡Ah! La muchedumbre prefiere lo que se cotiza, las almas serviles sólo respetan lo violento. Únicamente creen en lo divino aquellos que también lo son. Versión de Federico Gorbea
12.
Grecia
Grecia
Tanto vale el hombre y tanto vale el esplendor de la vida, Los hombres a menudo son amos de la naturaleza, Para ellos la tierra hermosa no está escondida, Sino que con dulzura se desnuda mañana y tarde. Los campos abiertos son como los días de la siega, Alrededor se extiende espiritual la vieja Leyenda, Una vida nueva vuelve siempre a nuestra humanidad, Y el año se inclina aún una vez silenciosamente. Versión de Vicente Huidobro
13.
La despedida
La despedida
¿Queríamos separarnos? ¿Era lo justo y lo sabio? ¿Por qué nos asustaría la decisión como si fuéramos a cometer un crimen? ¡Ah! poco nos conocemos, pues un dios manda en nosotros. ¿Traicionar a ese dios? ¿Al que primero nos infundió el sentido y nos infundió la vida, al animador, al genio tutelar de nuestro amor? Eso, eso yo no lo hubiera permitido. Pero el mundo se inventa otra carencia, otro deber de honor, otro derecho, y la costumbre nos va gastando el alma día tras día disimuladamente. Bien sabía yo que como el miedo monstruoso y arraigado separa a los dioses y a los hombres, el corazón de los amantes, para expiarlo, debe ofrendar su sangre y perecer. ¡Déjame callar! Y desde ahora, nunca me obligues a contemplar este suplicio, así podré marchar en paz hacia la soledad, ¡y que este adiós aún nos penenezca! Ofréceme tú misma el cáliz, beba yo tanto del sagrado filtro, tanto contigo de la poción letea, que lo olvidemos todo amor y odio! Yo partiré. ¡Tal vez dentro de mucho tiempo vuelva a verte, Diotima! Pero el deseo ya se habrá desangrado entonces, y apacibles como bienaventurados nos pasearemos, forasteros, el uno cerca al otro conversando, divagando, soñando, hasta que este mismo paraje del adiós rescate nuestras almas del olvido y dé calor a nuestro corazón. Entonces volveré a mirarte sorprendido, escuchando como otrora el dulce canto, las voces, los acordes del laúd, y más allá del arroyo la azucena dorada exhalará hacia nosotros su fragancia. Versión de Helena Araújo
14.
Lamentos de menón por diotima
Lamentos de menón por diotima
(fragmento) I Vengo en vano a buscar un cambio todos los días, callan siempre a mi voz todas las sendas del campo; fui a las gélidas cimas, las sombras todas me vieron, y las fuentes; incierto vaga sin rumbo el espíritu, paz buscando; así va por los bosques la herida alimaña que a medio día de sombra segura gozó; pero ya a su verde guarida no ha de tornar. Insomne y dolida el dardo lleva doquier. No el calor ni la luz, no la gélida noche la curan, ni el frescor del torrente da a sus heridas alivio. Y como la tierra sus triacas en vano dale, y el céfiro no su fiebre logran aplacar: tal, amigos, ¿a mí será imposible que nadie pueda el fatídico sueño por fin apartar? II Sí, bien poco curáis del miserable que, oh dioses de la muerte, apresáis en vuestras ávidas fauces, y crueles hundís en la lúgubre noche; para qué suplicar, o con vosotros reñir, o con paciencia sufrir en pávido exilio viviendo y sonriendo escuchar vuestra necia canción; si ha de ser, tu salud olvida, duerme callado; pero surge una voz de esperanza en tu pecho; ¡tú no puedes aún, pobre alma, no puedes consentir, pues aguardas presa en tu sórdido sueño! Y aún ambiciono la corona que adorna mis bucles; bien sé que solo estoy, empero llega de lejos sombra amiga, y sonríe, y me llena de pasmo, pues me torna feliz en el dolor que me oprime. III ¡Luz de amor! ¿Tu fulgor áureo llega también a los muertos tal como en tiempo feliz brillas ahora en mi noche? Dulces jardines, montañas rosas al sol del ocaso, bienvenidas seáis sendas calladas del bosque, sois testigos de un júbilo celestial; ¡lueñes astros que santas miradas antaño me enviásteis! Y vosotros, amables hijos de un día de mayo, suaves rosas y lirios que siempre memoro; primaveras fenecen, los años expulsan los años, cambian y pugnan, el tiempo se cierne sobre testas mortales, mas no en los ojos beatos de amorosas parejas que nueva vida comparten. Pues los días, los años estelares por siempre, ¡Diotima! Con nos íntimamente se unieron. IV Pero unidos en plácida paz, como cisnes amantes que ante el lago reposan o son por las ondas mecidos, viendo el fondo en que nubes de plata la linfa refleja, y el etéreo azul que a su paso tremola; de tal guisa fuimos los dos; alzábase el Bóreas que persigue al amor, y que supo abatir del ramaje el verdor, y la lluvia en el viento arrastrar; mas tranquilos reíamos, nuestro dios vigilaba el idilio con faz infantil y serena, que en un canto común nuestras almas unía. Mas hoy está vacía la casa; se han llevado mis ojos, me he perdido también contigo al perderte. Y así debo vagar, e igual a las sombras vivir; vano y sin alma ya todo ha de ser para mí. V ¿Qué festejar, con qué fin? ¿Cantar, y con quién? Al solitario los dones divinos no llegan; es este mi delito; yo sé que un signo aciago paraliza mis miembros, mi espíritu anula, y mudo, insensible, como un niño me torna. Sólo a veces los ojos lágrimas gélidas lloran, y me atristan las flores del campo, las aves alegres, mensajeras de radiante canción celestial. Pero el vívido sol en mi lúgubre pecho, frío, estéril, declina y anuncia la noche. ¡Ay! Y vano y vacío como muros de cárcel, el cielo ciérnese como curva guadaña sobre mi frente.(...) Versión de Otto de Greiff
Citas Célebres y Pensamientos
11 citas
Frases para reflexionar
Friedrich Hölderlin · Andenken (Recuerdo)
« Allí donde crece el peligro, crece también lo que salva. »
Friedrich Hölderlin · Patmos
« El hombre es un dios cuando sueña, y apenas un mendigo cuando reflexiona. »
Friedrich Hölderlin · Hiperión
« Allí donde está el peligro está también la salvación. »
Friedrich Hölderlin · Señor (1997), p. 429
« Difícil es soportar la desgracia, pero mucho más difícil soportar la felicidad. [Schwer ist zu tragen das Unglück, aber schwerer das Glück]. »
Friedrich Hölderlin · Musen-Almanach (1808); 101
« Eso, eso es lo que le da al hombre toda su juventud, que rompe cadenas.[Das, das gibt erst dem Menschen seine ganze Jugend, dass er Fesseln zerreißt.]. »
Friedrich Hölderlin · Hyperion an Bellarmin XXXIII (9). Ver: bibliografía
« La belleza es patrimonio de los niños. »
Friedrich Hölderlin · Bartra (1994), p. 136
« Lo que quedará / Lo que permanece es la obra de los poetas. »
Friedrich Hölderlin · Bartra (1994)
« Ser uno con el todo es la vida de la divinidad, es el cielo del ser humano. »
Friedrich Hölderlin · En Hiperion. Menciones en GLibros
« Vivir por un día la vida de los dioses. No hace falta más. »
Friedrich Hölderlin · Bartra (1994), p. 136
« Las cosas estarían mejor si Marx hubiera leído a Hölderlin. »
Friedrich Hölderlin · Hiperión o el eremita en Grecia (pág 15)
Algunos libros de poesía de Friedrich Hölderlin:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: