« Setenta balcones y ninguna flor: el frío retrato de la indiferencia moderna. »
Baldomero Fernández Moreno
Sencillismo Poético Argentino (1886 - 1950)El poeta de la calle y del instante porteño, creador del inmortal soneto Setenta balcones y ninguna flor.
Vida
Nacido en Buenos Aires y criado durante su infancia en una pequeña aldea de Santander, Baldomero regresó a Argentina para formarse como médico rural. Sin embargo, mientras auscultaba pacientes y recorría las provincias bonaerenses, su verdadera pulsión íntima consistía en cazar versos al vuelo sobre libretas de bolsillo.
Abandonó la medicina para volcarse en la enseñanza y fundó el «sencillismo», demostrando que no hacían falta palabras rimbombantes para emocionar. Su inolvidable soneto 'Setenta balcones y ninguna flor' retrató con mirada aguda, tierna y nostálgica la melancolía de la gran urbe moderna.
Poemas de Baldomero Fernández Moreno
1.
Acabo de pasar, amor, por el correo
Acabo de pasar, amor, por el correo
Acabo de pasar, amor, por el correo.... Acabo de pasar, amor, por el correo, -chisporrotea el lacre, oscila la balanza- es como un girasol de oro mi deseo y como una ramita de espliego mi esperanza. Aquí estoy con tu carta, al sesgo, en una mano emboscado en esta sombría callejuela.... Tu carta, que es la última rosa de mi verano. Déjame que la palpe, la sopese y la huela.
2.
Adiós
Adiós
Adiós la casa blanca que albergó un año entero entre sus cuatro muros el amor verdadero. Adiós campos extensos, polvorientos caminos. Adiós los pobres ranchos de los pobres vecinos. Adiós los trigos de oro, adiós verdes maizales, las refinadas hierbas, los bravos pajonales... Adiós toros y vacas, adiós caballos, yeguas... El tren nos va a llevar a muchísimas leguas. Sé que soy un ingrato, casa mía, al dejarte. La paz que hube en tu seno no la habré en otra parte. Más regalada mesa no la tendré en mi vida, ni en noche más oscura la cama más mullida. En vano me sonríe, tímida, la Esperanza. La angustia que me oprime, ¡oh, casa!, es tu venganza.
3.
Al caminar parece que crujieran
Al caminar parece que crujieran
Al caminar parece que crujieran... Al caminar parece que crujieran las hojas de la noche y sus cristales. Es tu hombro, tu pecho, tus rodillas deshaciendo, esponjando, tu impermeable. Tu impermeable te ciñe totalmente, si llevas algo más nadie lo sabe... Es un cilicio hecho de pliegues duros sobre la rosa de tu cuerpo suave.
4.
Amantes
Amantes
Ved en sombras el cuarto, y en el lecho desnudos, sonrosados, rozagantes, el nudo vivo de los dos amantes boca con boca y pecho contra pecho. Se hace más apretado el nudo estrecho, bailotean los dedos delirantes, suspéndese el aliento unos instantes... y he aquí el nudo sexual deshecho. Un desorden de sábanas y almohadas, dos pálidas cabezas despeinadas, una suelta palabra indiferente, un poco de hambre, un poco de tristeza, un infantil deseo de pureza y un vago olor cualquiera en el ambiente.
5.
Anoche había barras de luz en tu persiana
Anoche había barras de luz en tu persiana
Anoche había barras de luz en tu persiana... Anoche había barras de luz en tu persiana y alcé hacia ti los ojos en actitud de ruego, como diciendo: Abre, señora castellana... Y me perdí en la calle, triste y oblicuo, luego. En esa luz naufragan tus ojos lentamente, verdes como la flor más allá de la mar: tus manos, dedo a dedo, sueño a sueño tu frente. Ya es una misma cosa el rezar y el soñar.
6.
Aromas
Aromas
Cuando regreso a casa no me lavo las manos si es que he estado contigo un instante no más, el aroma retengo que tú dejas en ellas como una joya vaga o una flor ideal. Por aquí huelo a rosas y por allá a jazmines, alientos de tus ropas, auras de tu beldad, aproximo una silla y me siento a la mesa y sabe a ti y a trigo el bocado de pan. Y todo el mundo ignora por qué huelo mis manos o las miro a menudo con tanta suavidad, o las alzo a la luna bajo las arboledas como si fueran dignas de hundirse en tu cristal. Y así hasta media noche cuando vuelvo rendido pegado a las fachadas y me voy a acostar, entonces tengo envidia del agua que las lava y que, con tu perfume, da un suspiro y se va.
7.
Ausencia
Ausencia
Es menester que vengas, mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho, y torno a ser el hombre abandonado que antaño fui, mujer, y tengo miedo. ¡Qué sabia dirección la de tus manos! ¡Qué alta luz la de tus ojos negros! Trabajar a tu lado, ¡qué alegría!; descansar a tu lado, ¡qué sosiego! Desde que tú no estás no sé cómo andan las horas de comer y las del sueño, siempre de mal humor y fatigado, ni abro los libros ya, ni escribo versos. Algunas estrofillas se me ocurren e indiferente, al aire las entrego. Nadie cambia mi pluma si está vieja ni pone tinta fresca en el tintero, un polvillo sutil cubre los muebles y el agua se ha podrido en los floreros. No tienen para mí ningún encanto a no ser los marchitos del recuerdo, los amables rincones de la casa, y ni salgo al jardín, ni voy al huerto. Y eso que una violenta Primavera ha encendido las rosas en los cercos y ha puesto tantas hojas en los árboles que encontrarías el jardín pequeño. Hay lilas de suavísimos matices y pensamientos de hondo terciopelo, pero yo paso al lado de las flores caída la cabeza sobre el pecho, que hasta las flores me parecen ásperas acostumbrado a acariciar tu cuerpo. Me consumo de amor inútilmente en el antiguo, torneado lecho, en vano estiro mis delgados brazos, tan sólo estrujo sombras en mis dedos... Es menester que vengas; mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho. Ya sabes que sin ti no valgo nada, que soy como una viña por el suelo, ¡álzame dulcemente con tus manos y brillarán al sol racimos nuevos.
8.
Canción de luna
Canción de luna
En el aro ligero de la luna canta para mí solo un ruiseñor. A cada golpe de oro de su pico brota en el aire una constelación. Canta el pájaro pardo dulcemente y se eriza de plumas y palor. Cuando se pone el pecho más delgado, dice mucho más clara su canción. Morir, acaso, es continuar un sueño de luna en luna y de sol en sol.
9.
Como sobre una tapia se adormece una rosa
Como sobre una tapia se adormece una rosa
Como sobre una tapia se adormece una rosa... Como sobre una tapia se adormece una rosa yo quisiera tu grave cabecita en mi hombro, espontánea, caída, comprensiva, mimosa, sin un soplo de miedo, ni una brizna de asombro. Y contemplarte luego a la luz de una estrella interminablemente de la frente a la boca, como contempla el agua, inclinada sobre ella, la frente taciturna y eterna de una roca.
10.
Contemplacion del beso
Contemplacion del beso
Contemplación del beso Debe el beso venir desde la hondura de una cabeza baja y atraída en la penumbra gris desvanecida mientras un viento vuele de frescura. Boca entreabierta, elástica, madura, que en el atardecer se haga una herida. Toda ella roja de profunda vida con un signo mortal: la dentadura. Verlo avanzar después muy lentamente como un ascua encendida o roja estrella y detenerlo, ay, súbitamente. Contemplarlo en deliquio y miel de abella, huir la boca por rozar la frente y a ella volver para morir en ella.
11.
Dalmira
Dalmira
Tu nombre es terso, claro, deslumbrante, como la hoja desnuda de una espada. En el aire se aguza como el aire y en el agua se estría como el agua. Para ser suspirado entre palmeras, al fondo del harén, a una sultana, entre un rebaño pálido de eunucos y el brillo corvo de las cimitarras.
12.
Dulce amor de pasillos
Dulce amor de pasillos
Dulce amor de pasillos, dulce amor de rincones... Dulce amor de pasillos, dulce amor de rincones, cuando ya es una bruma el aliento deshecho. Sentir sobre mi pecho la amplitud de tu pecho y como dos deditos pequeños tus pezones. Y bajar la escalera trémulo de deseo aprovechando el último peldaño para verte. Hasta que el frío dé cuenta de mi deseo. (El frío no podrá y no sé si la muerte...)
13.
Mudable como el viento es tu mejilla
Mudable como el viento es tu mejilla
Mudable como el tiempo es tu mejilla... Mudable como el tiempo es tu mejilla, o arde como una tarde del estío o hiela, o poco menos, si hace frío; pero ardiente o helada es maravilla. Deja que acerque mi cansada arcilla al pétalo de amor que llamo mío, mientras corre mi brazo como un río por tu cuello, delgada torrecilla. Calor o frío, llamarada o nieve, no me importa un instante su mudanza, que a ocultos nervios nada más se debe. Tu corazón es nido de templanza y grave su latido al par que leve. Y si no, que lo diga mi esperanza.
14.
Palabras
Palabras
Me borré el doctor hace mucho tiempo. Borré la inicial de mi nombre feo. No quiero ser nada ni malo ni bueno. Un pájaro pardo perdido en el viento.
15.
Penumbra
Penumbra
Nunca podrás ver nada claramente: todo es zarzal, espinas y maraña. En vano gastarás toda tu maña contra el dorado pájaro latente. Errado el tiro, vuelves bruscamente el arma hacia otro lado, mas te engaña la jugada de sol que el árbol baña. Te vuelves loco y lloras tristemente. Todo del tonel sale de la vida tosco, deforme y dando tropezones. Dejas pasar los años y su herida, y cuando quieras darte explicaciones ni te sirvió la espuela ni la brida: un pétalo fue más que tus razones.
16.
Poco a poco se hace la luz en tu vestido
Poco a poco se hace la luz en tu vestido
Poco a poco se hace la luz en tu vestido... V Poco a poco se hace la luz en tu vestido, la noche de tu traje se disuelve en la aurora. La primavera próxima te regala su flora, su ligereza el aire y el agua su latido. LXX Profunda, ardiente, plástica, flexible, casi palpable como miel sonora, más que sobre tus ojos o tus labios, sobre tu voz, te reconstruyo toda... VI La ciudad, que ya empieza, alondra blanca, a amarte te dibuja la cara, y más te la ilumina, con pinceles mimosos, con delicado arte como nunca lo haría la acuarela más fina. Y te pinta de azul y de verde y de rosa según sea el aviso que surge a nuestro paso. Te desmaterializa, te torna mariposa, como ninguna aurora, como ningún ocaso. XII Sólo con apoyar el codo en una mesa, acordarme de ti y mirar al vacío y ver brillar en él tu cabellera espesa que a veces es un lago y a veces es un río, me lleno de palabras, me lleno de ternura, primaveral manzano en mitad del invierno. Pero hay que soñar poco y escribir con mesura que se trata de ti, es decir de lo eterno. LV Adoro tu manera menudita y brumosa, hecha de pizcas grises y dorados reflejos, de oscurecer el sol y de velar la rosa, de mirar a los pies, y mirar a lo lejos. Me gusta verte quieta, fundida en el paisaje, maraña de ladrillo, de sauces y de río, inmóvil en la hoja lóbrega de tu traje.... fundida en el paisaje pero al costado mío. LXXXII El cuello se te llena, amor, de corazones si rozo tus mejillas. Como un agua palpita. Traduce dulcemente todas tus sensaciones con una precisión admirable, infinita. Detrás está la noche y los ramos copiosos y mi brazo, y en él, tu cabeza perdida. Los ojos apacibles se tornan dolorosos y no sé si te vas o vuelves a la vida.
17.
Presentación
Presentación
Esta que viene aquí toda vestida de un traje blanco y un negro sombrero tiene la obligación de mi sendero y las rosas y espinas de mi vida. Porque una noche el ánima afligida, mustia de soledad, dijo: Te quiero. Hace ya mucho tiempo que te espero con una mano lánguida extendida. Era una rara orquesta de violines, era un pasar de extraños bailarines, era un degüello de camelias rosas bajo tus finas manos temblorosas. ¡Era que el corazón se me moría de tanto, amada, como te quería!
18.
Soneto
Soneto
Ya ves que no te suelto, que me ato a tu recuerdo rubio y vaporoso, fugitivo en la calle y silencioso, yo, que era poderío y arrebato. Me estiro lo que puedo; dudo y trato de asir tu traje, por ser tuyo, hermoso; ceñido siempre y a la vez pomposo, tentación por aquí y allí recato. Mírame en un café de esta plazuela en que el tránsito al sol crepita y arde y en la que todo, hasta un tranvía, vuela. Pienso en ti, en tus ojos, en tu tarde... Y me quisiera henchir como una vela y me refugio en mi interior, cobarde.
19.
Tal vez haya soñado con un beso instantáneo
Tal vez haya soñado con un beso instantáneo
Tal vez haya soñado con un beso instantáneo... Tal vez haya soñado con un beso instantáneo, dos estrellas fundidas augustamente en una. Un temblor en el cuerpo y un mareo en el cráneo y un ponerse la sangre del color de la luna. No, jamás me has besado ni siquiera la frente, sólo has puesto los labios o los atraje yo. Continuaré soñando, Alondra, eternamente. Ni tú tienes derecho a decirme que no.
Frases para reflexionar
« Mirar con amor lo cotidiano es la más alta sabiduría poética. »
« La sencillez en el decir es la más difícil de las perfecciones. »
Algunos libros de poesía de Baldomero Fernández Moreno:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: