Novelista

Mary Shelley (1797–1851)

Siglos XVIII–XIX

Mary Wollstonecraft Shelley nació en Londres en 1797, hija de Mary Wollstonecraft y de William Godwin. Quedó huérfana de madre a los diez días. Leyó pronto, y en serio.

En 1816, junto al lago de Ginebra, un reto de relatos de miedo le dio Frankenstein. Viuda de Percy Bysshe Shelley, editó al poeta, crió a un hijo, escribió El último hombre y no se dejó reducir a musa de nadie.

Murió en 1851. La novela gótica y la ciencia ficción le deben una pregunta que no ha envejecido: qué se debe a lo que uno crea, cuando eso que se crea también puede sufrir. Obra de dominio público.

Principales obrasMajor works

Cada título es una obra. Ábrela para leer un resumen.Each title is a work. Open it to read a summary.

  • Frankenstein

    Víctor Frankenstein fabrica un cuerpo y huye de él. El relato no es un cuento de cementerio: es el de un creador que no quiere ser padre. El «monstruo» aprende a hablar, a leer, a pedir compañía, y recibe rechazo.

    Shelley da voz a las dos soledades. El laboratorio y el Ártico, el diario y las cartas: una máquina de testigos. El horror no está solo en el hilo. Está en la responsabilidad que se niega.

    Se lee mal si se reduce a un aviso contra la ciencia. Es un aviso contra el abandono. «Debí ser tu Adán» no es un grito de feria: es una ética.

  • El último hombre

    El siglo XXI de Shelley —un futuro imaginado desde 1826— se vacía por una peste. Inglaterra, Grecia, un mundo político que se deshace. No es solo distopía: es duelo. Había perdido hijos y esposo; el libro piensa el fin de la compañía humana.

    Menos famoso que Frankenstein, es más coral y más seco. La plaga no necesita un laboratorio. Basta el contagio y el tiempo.

    Quien busque solo al golem eléctrico se pierde a la novelista de la catástrofe íntima. El último hombre es una elegía disfrazada de crónica futura.

  • Mathilda

    Una novela breve, no publicada en vida, sobre un padre, una hija y un amor que no puede decirse. El tono es confesión. Shelley guarda el manuscrito; Godwin lo retiene. El silencio editorial forma parte de la historia.

    No es un folletín. Es un recinto: culpa, paisaje, una voz que se sabe condenada a no ser oída del todo.

    Leerla junto a Frankenstein muestra otra fábrica: no de carne, de tabú. El dominio público permite ya el texto; no obliga a suavizarlo.

FrasesQuotes

«Debí ser tu Adán, pero soy más bien el ángel caído.»

Mary Shelley

«Ten cuidado: no tengo miedo y, por tanto, soy poderoso.»

Mary Shelley

«La vida, aunque no sea más que un cúmulo de angustia, me es querida, y la defenderé.»

Mary Shelley

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