« Aquellos que reprimen el deseo, lo hacen porque es lo suficientemente débil para ser reprimido. »
William Blake
1757–1827Prerromanticismo inglés · Cantos de inocencia y experiencia
Vida
Pintor, grabador y poeta visionario en el sombrío Londres de la Revolución Industrial, Blake fue un rebelde absoluto que jamás se doblegó ante las convenciones de la sociedad. Desde niño aseguraba tener visiones místicas donde contemplaba ángeles posados en los árboles o charlaba con los profetas bíblicos en mitad de la calle.
Considerado un chiflado por la mayoría de sus contemporáneos, inventó una técnica artesanal única de grabado al aguafuerte para ilustrar e imprimir personalmente sus propios libros proféticos. En obras como «Cantos de inocencia y de experiencia», denunció el trabajo infantil y la hipocresía social, erigiéndose hoy como un titán del arte moderno.
Poemas de William Blake
1.
A la estrella nocturna
A la estrella nocturna
¡Tú, ángel rubio de la noche, ahora, mientras el sol descansa en las montañas, enciende tu brillante tea de amor! ¡Ponte la radiante corona y sonríe a nuestro lecho nocturno! Sonríe a nuestros amores y, mientras corres los azules cortinajes del cielo, siembra tu rocío plateado sobre todas las flores que cierran sus dulces ojos al oportuno sueño. Que tu viento occidental duerma en el lago. Di el silencio con el fulgor de tus ojos y lava el polvo con plata. Presto, prestísimo, te retiras; y entonces ladra, rabioso, por doquier el lobo y el león echa fuego por los ojos en la oscura selva. La lana de nuestras majadas se cubre con tu sacro rocío; protégelas con tu favor. Versión de E. Caracciolo
2.
Alegría
Alegría
"No poseo nombre: pero nací hace dos días." ¿Cómo te llamaré? "Soy feliz. Me llamo alegría." ¡Que el dulce júbilo sea contigo! ¡Bonita alegría! Dulce alegría, de apenas dos días, te llamo dulce alegría: así tú sonríes, mientras yo canto. ¡Que el dulce júbilo sea contigo! Versión de Antonio Restrepo
3.
Canto del reír
Canto del reír
Cuando los verdes bosques ríen con la voz del júbilo, y el arroyo encrespado se desplaza riendo; cuando ríe el aire con nuestras divertidas ocurrencias, y la verde colina ríe del estrépito que hacemos; cuando los prados ríen con vívidos verdes, y ríe la langosta ante la escena gozosa; cuando Mary y Susan y Emily cantan "¡ja, ja, ji!" con sus dulces bocas redondas. Cuando los pájaros pintados ríen en la sombra donde nuestra mesa desborda de cerezas y nueces, acercaos y alegraos, y uníos a mí, para cantar en dulce coro el "¡ja, ja, ji!" Versión de Antonio Restrepo
4.
Canto para acunar
Canto para acunar
Dulces sueños, formad una pantalla Sobre la linda cabeza de mi niño; dulces sueños de agradables corrientes bajo rayos de luna felices y silenciosos. Dulce sueño, que tus cejas tejan con suave felpa una corona infantil; dulce sueño, ángel terso, fluctúa sobre mi niño dichoso. Dulces sonrisas, durante la noche meceos sobre mi encanto; dulces sonrisas, sonrisas de Madre, cautivad la noche interminable. Dulces lamentos, suspiros de paloma, no alejéis el letargo de tus ojos, dulces lamentos, sonrisas aún más dulces, cautivad todos los lamentos de paloma. Duerme, duerme, niño afortunado, que toda la creación duerme y sonríe; duerme, duerme felices sueños, mientras tu madre llora sobre ti. Dulce bebé, en tu rostro puedo discernir la santa imagen; dulce bebé, otrora como tú yacía tu hacedor y lloraba por mí. Lloró por mí, por ti, por todos cuando era apenas un pequeñito. Su imagen siempre verás, rostro celestial que sobre ti sonríe, A ti, a mí, a todos les sonríe; quien se volvió un pequeñito. Las sonrisas infantiles son sus mismas sonrisas; y cautivan con paz el cielo y la tierra.
5.
El pastor
El pastor
¡Qué dulce es la dulce fortuna del Pastor! Deambula desde el alba hasta el atardecer; debe seguir a su rebaño el día entero, y su lengua se embeberá con alabanzas. Pues oye el inocente llamado del borrego, y escucha la tierna respuesta de l a oveja; vigila mientras permanecen en calma pues saben cuándo está próximo su Pastor. Versión de Antonio Restrepo
6.
El tigre
El tigre
Tigre, tigre, que te enciendes en luz por los bosques de la noche ¿qué mano inmortal, qué ojo pudo idear tu terrible simetría? ¿En qué profundidades distantes, en qué cielos ardió el fuego de tus ojos? ¿Con qué alas osó elevarse? ¿Qué mano osó tomar ese fuego? ¿Y qué hombro, y qué arte pudo tejer la nervadura de tu corazón? Y al comenzar los latidos de tu corazón, ¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies? ¿Qué martillo? ¿Qué cadena? ¿En qué horno se templó tu cerebro? ¿En qué yunque? ¿Qué tremendas garras osaron sus mortales terrores dominar? Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas y bañaron los cielos con sus lágrimas ¿sonrió al ver su obra? ¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo? Tigre, tigre, que te enciendes en luz, por los bosques de la noche ¿qué mano inmortal, qué ojo osó idear tu terrible simetría? Versión de Antonio Restrepo
7.
El viajero mental
El viajero mental
He viajado a través de un país de hombres, un país de hombres y también de mujeres, y he oído y visto tan horrendas cosas como nunca los caminantes de la fría Tierra han conocido. Porque allí nace en la alegría el niño que en el atroz dolor fue concebido, tal como en la alegría cosechamos el fruto que fue sembrado en lágrimas amargas. Y si el recién nacido es un varón, es entregado a una mujer anciana que lo clava tendido en una roca y en copas de oro coge sus lamentos. Con espinas de hierro cierne su cabeza, y agujerea sus pies y sus manos, corta su corazón y lo desprende para hacerle sentir calor y frío. Sus dedos enumeran cada nervio como un avaro contando su oro, y de lamentos y gritos se nutre, y él envejece, y ella se hace joven. Hasta que convertido en un joven sangriento, y ella mudada en espléndida virgen, destroza sus cadenas, y la amarra a ella a la Tierra para su placer. Se planta él mismo en lo nervios de ella como un labriego planta en su terreno, y ella se convierte en su morada y en jardín que le rinde setenta veces frutos. Pronto se torna envejecida sombra vagando alrededor de una cabaña terrestre, llena de pedrerías y de oro que ganó su trabajo. Y éstas son las pedrerías del alma humana, los rubíes y las perlas de un ojo enfermo de amor, el oro innumerable del corazón que sufre, el gemido del mártir y el suspiro del enamorado. Son su alimento y su bebida, mantiene a los mendigos y a lo pobres, y para el caminante en viaje siempre su puerta permanece abierta. Su pena es alegría eterna en ellos; hacen resonar los techos y los muros hasta que de la lumbre del hogar una pequeñuela emerge de pronto. De fuego sólido ella es, y pedrerías y oro, en tal manera que nadie osa tocar su infantil forma o envolverla en pañales. Pero ella llega donde el que ama, joven o viejo o rico o pobre; muy pronto expulsan al anciano huésped que se va mendigando por puertas ajenas. Va llorando errante, muy lejos, hasta que alguien admita hospedarle, a menudo ciego por la edad, desesperado, hasta que puede ganar una doncella. Y para consolar su edad helada en sus brazos la toma el pobre hombre. La cabaña desaparece de su vista y también el jardín con sus dulces encantos. Los huéspedes están esparcidos por toda la región, porque el ojo alterado altera todo. Los sentidos se enrollan en sí mismos, con miedo, y la Tierra plana se convierte en una pelota. Las estrellas, el Sol, la Luna, todo huye. Un vasto desierto sin límites, y no queda nada de comer o beber, y alrededor sólo el desierto oscuro. La miel de sus labios de niña, el pan y el vino de su dulce sonrisa, el juego desordenado de su ojo vagabundo a una ilusoria infancia le conducen. Porque a medida que come y bebe se transforma haciéndose más joven cada día, y ambos, en el salvaje desierto van errantes llenos de terror y congoja. Ella huye como cierva salvaje, su temor planta muchos matorrales salvajes, mientras él la persigue de noche y de día, por artificios de amor conducido. Por artificios de amor y de odio hasta que el salvaje desierto entero está plantado con laberintos de díscolo amor donde vagan el león, el lobo y el oso, hasta que él se convierte en un díscolo niño y ella en una llorosa mujer envejecida. Van a vagar allí, entonces, muchos enamorados. El Sol y las estrellas aproximan su curso. Dulce éxtasis los árboles producen para todos los que vagan en el desierto, hasta que más de una ciudad allí es alzada y más de una agradable cabaña de pastor. Pero cuando hallan al colérico niño el terror cunde en la extensa región: gritan ¡El niño, el niño ha nacido! y huyen en todas direcciones. Porque hasta la raíz se seca el brazo de aquel que osó tocar la colérica forma: osos, leones, lobos, todos huyen aullando, y todo árbol arroja sus frutos. Y nadie puede tocar esa forma colérica a menos que lo haga una mujer anciana. Ella al niño tendido clava sobre la Tierra y todo pasa como ya lo he dicho. Versión de Luis Oyarzún
8.
Eternidad
Eternidad
Quien a sí encadenare una alegría malogrará la vida alada. Pero quien la alegría besare en su aleteo vive en el alba de la eternidad. Versión de Màrie Montand
9.
La noche
La noche
Desciende el sol por el oeste, brilla el lucero vespertino; los pájaros están callados en sus nidos, y yo debo buscar el mío. La luna, como una flor en el alto arco del cielo, con deleite silencioso, se instala y sonríe en la noche. Adiós, campos verdes y arboledas dichosas donde los rebaños hallaron su deleite. Donde los corderos pastaron, andan en silencio los pies de los ángeles luminosos; sin ser vistos vierten bendiciones y júbilos incesantes, sobre cada pimpollo y cada capullo, y sobre cada corazón dormido. Miran hasta en nidos impensados donde las aves se abrigan; visitan las cuevas de todas las fieras, para protegerlas de todo mal. Si ven que alguien llora en vez de estar durmiendo, derraman sueño sobre su cabeza y se sientan junto a su cama. Cuando lobos y tigres aúllan por su presa, se detienen y lloran apenados; tratan de desviar su sed en otro sentido, y los alejan de las ovejas. Pero si embisten enfurecidos, los ángeles con gran cautela amparan a cada espíritu manso para que hereden mundos nuevos. Y allí, el león de ojos enrojecidos vertirá lágrimas doradas, y compadecido por los tiernos llantos, andará en torno de la manada, y dirá: "La ira, por su mansedumbre, y la enfermedad, por su salud, es expulsada de nuestro día inmortal. Y ahora junto a ti, cordero que balas, puedo recostarme y dormir; o pensar en quien llevaba tu nombre, pastar después de ti y llorar. Pues lavada en el río de la vida mi reluciente melena brillará para siempre como el oro, mientras yo vigilo el redil.
10.
La primavera
La primavera
¡Que resuene el flautín que ahora está callado! Delicia de las aves de día y de noche; el ruiseñor en la quebrada, la alondra en el cielo, festivamente, festivamente, festivamente, para darle la bienvenida al año. El muchachito, repleto de gozo; la muchachita, dulce y diminuta; el gallo canta como tú lo haces; voz alborozada, barullo infantil, jubilosamente, jubilosamente, para darle la bienvenida al año. Corderito, aquí estoy; acércate y lame mi blanco cuello; deja que tironee tu lanilla suave; déjame besar tu suave rostro: jubilosamente, jubilosamente, para darle la bienvenida al año. Versión de Antonio Restrepo
11.
La rosa enferma
La rosa enferma
Estás enferma, ¡oh rosa! El gusano invisible, que vuela, por la noche, en el aullar del viento, tu lecho descubrió de alegría escarlata, y su amor sombrío y secreto consume tu vida. Versión de Màrie Montand
12.
Nueva jerusalén
Nueva jerusalén
Del poema "Milton" ¿Y hollaron esos pies, antaño, los verdes montes de Inglaterra? ¿Y viose el sacro Cordero de Dios por los pastos ingleses, placenteros? Resplandeció el divino rostro sobre nuestras colinas nubladas? ¿Y edificose una Jerusalén en medio de esos negros, satánicos molinos? ¡Dadme mi arco de oro ardiente! ¡Dadme mis flechas de deseo! ¡Traed mi lanza! ¡Abríos, oh nubes! ¡Traedme mi carro de llama! No cejará en mi espíritu la lucha ni ha de dormirse en mi mano la espada, hasta que levantemos otra Jerusalén en el solar verdeante y dulce de Inglaterra. Versión de Màrie Montand
13.
Proverbios del infierno
Proverbios del infierno
En tiempos de siembra aprende, en tiempos de cosecha enseña y en el invierno goza. Conduce tu carro y tu arado sobre los huesos de los muertos. La senda del exceso lleva al palacio de la sabiduría. La prudencia es una fea y rica solterona cortejada por la incapacidad. Quien desea y no actúa engendra la plaga. El gusano perdona al arado que lo corta. Sumergid en el río a quien ama el agua. El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio. Aquel cuyo rostro no irradia luz nunca será estrella. La eternidad está enamorada de las creaciones del tiempo. A la atareada abeja no le queda tiempo para la pena. Las horas de la locura las mide el reloj, pero ningún reloj puede medir las horas de la sabiduría. Ningún alimento sano se atrapa con red ni trampa. En años de escasez, usa número, peso y medida. No hay pájaro que vuele demasiado alto si lo hace con sus propias alas. Un cuerpo muerto no venga injurias. El acto más sublime consiste en poner a otro delante de ti. Si el necio persistiera en sus necedades llegaría a sabio. La necedad es el atuendo de la bellaquería, la vergüenza es el atuendo del orgullo. Las prisiones se construyen con piedras de Ley; los burdeles con ladrillos de religión. La altivez del pavo real es la gloria de Dios. La lujuria del chivo es la liberalidad de Dios. La ira del león es la sabiduría de Dios. La desnudez de la mujer es obra de Dios. El exceso de pena ríe; el exceso de dicha llora. El rugir de los leones, el aullido de los lobos, el oleaje furioso del mar huracanado y la espada destructora, son porciones de la eternidad demasiado grandes para que las aprecie el ojo humano. El zorro condena a la trampa, no a sí mismo. El júbilo impregna; las penas engendran. Dejad que el hombre vista la melena del león y la mujer el vellón de la oveja. El ave un nido, la araña una tela, el hombre la amistad. El egoísta y sonriente necio y el necio que frunce malhumorado el ceño han de considerarse sabios, y podrían ser medidos con la misma vara. Lo que hoy está probado, en su momento era sólo algo imaginado. La rata, el ratón, el zorro y el conejo vigilan las raíces; el león, el tigre, el caballo y el elefante vigilan los frutos. La cisterna contiene; el manantial rebosa. Un pensamiento llena la inmensidad. Si estás siempre listo a expresar tu opinión, el vil te evitará. Todo lo que es creíble, es una imagen de la verdad. Nunca el águila malgastó tanto su tiempo como cuando se propuso aprender del cuervo. El zorro se provee a si mismo; pero Dios provee al león. Piensa por la mañana, actúa a mediodía, come al anochecer y duerme por la noche. Quien ha sufrido tus imposiciones, te conoce. Así como el arado sigue a las palabras, Dios recompensa las plegarias. Los tigres de la ira son más razonables que los caballos de la instrucción. Del agua estancada espera veneno. Nunca sabrás lo que es suficiente a menos que sepas lo que es más que suficiente. ¡Escucha los reproches de los tontos! ¡Forman un título real! Los ojos del fuego, las narices del aire, la boca del agua las barbas de la tierra. El débil en coraje es fuerte en astucia. El manzano nunca pregunta al haya cómo ha de crecer, tal como el león no interroga al caballo sobre cómo atrapar la presa. Quien recibe agradecido da copiosas cosechas. Si otros no hubiesen sido tontos, lo seríamos nosotros. El alma rebosante de dulce deleite jamás será profanada. Cuando ves un águila, ves una porción de Genio: ¡Alza la cabeza! Tal como la oruga elige las hojas mejores para depositar en ellas sus huevos, el sacerdote lanza sus imprecaciones para los más dulces goces. Crear una florecilla es labor de siglos. La condena estimula, la bendición relaja. El mejor vino es el más añejo; la mejor agua, la más nueva. ¡Las plegarias no aran! ¡Los elogios no cosechan! Las alegrías no ríen. Las tristezas no lloran. La cabeza lo Sublime; el corazón, lo patético; los genitales, la Belleza; manos y pies la Proporción. Como el aire al pájaro o el agua al pez, así es el desprecio para el despreciable. El cuervo quisiera que todo fuese negro; el búho, que todo fuese blanco. La exuberancia es belleza. Si el león recibiese consejos del zorro, sería astuto. El perfeccionamiento traza caminos rectos; pero los torcidos y sin perfeccionar son los caminos del Genio. Mejor matar a un niño en su cuna que alimentar deseos que no se llevan a la práctica. Donde no está el hombre, la naturaleza es estéril. La verdad nunca puede decirse de modo que sea comprendida sin ser creída. ¡Suficiente! o demasiado.
14.
Un sueño
Un sueño
Cierta vez un sueño tejió una sombra sobre mi cama que un ángel protegía: era una hormiga que se había perdido por la hierba donde yo creía que estaba. Confundida, perpleja y desesperada, oscura, cercada por tinieblas, exhausta, tropezaba entre la extendida maraña, toda desconsolada, y le escuché decir: "¡Oh, hijos míos! ¿Acaso lloran? ¿Oirán cómo suspira su padre? ¿Acaso rondan por ahí para buscarme? ¿Acaso regresan y sollozan por mí?" Compadecido, solté una lágrima; pero cerca vi una luciérnaga, que respondió: "¿Qué quejido humano convoca al guardián de la noche? Me corresponde iluminar la arboleda mientras el escarabajo hace su ronda: sigue ahora el zumbido del escarabajo; pequeña vagabunda, vuelve pronto a casa."
15.
Una imagen divina
Una imagen divina
La crueldad tiene corazón humano y la envidia humano rostro; el terror reviste divina forma humana y el secreto lleva ropas humanas. Las ropas humanas son de hierro forjado, la forma humana es fragua llameante, el rostro humano es caldera sellada y el corazón humano, su gola hambrienta. Versión de Antonio Restrepo
Frases para reflexionar
« El pájaro tiene su nido, la araña su tela, el hombre la amistad. »
« El que se encadena a una alegría, destruye una vida libre; pero el que besa la alegría en su vuelo, vive el amanecer de la eternidad. »
« La verdad mal intencionada es peor que la mentira. »
« El que se ata a sí mismo una alegría destruye la vida alada; el que besa la alegría al vuelo vive en el amanecer de la eternidad. »
« Conduce tu carreta y tu arado por encima de los huesos de los muertos. »
« El árbol que hacen a algunos derramar lágrimas de alegría es, a ojos de otros, simplemente una cosa verde que está en medio.[The tree which moves some to tears of joy is in the eyes of others only a green thing that stands in the way]. »
« El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría. »
« En tiempo de siembra aprende; durante la cosecha enseña; en invierno alégrate. »
« La cisterna contiene. La fuente desborda. »
« La desnudez de la mujer es obra de Dios. »
« La eternidad está enamorada de las obras del tiempo. »
« Las cárceles son construidas con las piedras de la Ley, los burdeles con los ladrillos de la Religión. »
« Lo que ahora es demostrado fue una vez sólo imaginado. »
« Oposición es verdadera amistad. »
« Si el loco persistiese en su locura, acabaría llegando a sabio. »
« Una misma ley para el león y para el buey, es opresión. »
« Un cadáver no venga injurias. »
« Afirmas que necesito a alguien para elucidar mis ideas. Pero deberías saber que lo que es magnífico es necesariamente oscuro. [...] Que aquello que se puede hacer explícito... no merece mi atención. Los más sabios de los antiguos consideraban que aquello que no era explícito como lo más idóneo para la instrucción, porque espabila a las facultades para que actuen.[You say that I want somebody to elucidate my ideas. But you ought to know that what is grand is necessarily obscure. [...] That which can be made explicit... is not worth my care. The wisest of the Ancients considerd what is not too explicit as the fittest for instruction, because it rouzes the faculties to act]. »
« Estas cosas [las obras de Rafael y Miguel Ángel] que usted llama acabadas (pasadas de moda) ni siquiera han sido comenzadas; cómo, pués pueden ser consideradas acabadas.[These things that you call Finishd are not Even Begun, how can they then, be Finishd?]. »
« Principio I: El Genio Poético es el hombre real, y el cuerpo o forma exterior del Hombre está derivada del Genio Poético (...).Principio II: Así como todos los hombres son semejantes en su apariencia exterior, así —y con la misma infinita variedad— son semejantes en el Genio Poético. »
« ... El peor veneno jamás conocido/provino de la corona de laureles de Julio César/nada puede deformar a la Raza Humana/tanto como el hierro de la Armadura.... »
Algunos libros de poesía de William Blake:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: