« Si llego a mi destino ahora mismo, lo aceptaré con alegría, y si no llego hasta que transcurran diez millones de años, esperaré alegremente también. »
Walt Whitman
1819–1892Padre del verso libre norteamericano · Hojas de hierba y Canto a mí mismo
Vida
Tipógrafo, periodista inquieto y vagabundo urbano en las bulliciosas calles de Nueva York, Whitman rompió radicalmente con las normas de la literatura de su época. En 1855 pagó de su propio bolsillo la primera edición de «Hojas de hierba», un libro revolucionario donde celebraba el cuerpo, la democracia, la naturaleza y la hermandad de todos los seres humanos.
Durante la sangrienta Guerra Civil estadounidense, trabajó como enfermero voluntario en los hospitales de campaña, curando heridas y confortando a miles de soldados moribundos con admirable compasión. Con su barba patriarcal y su estilo torrencial en verso libre, se convirtió en el padre de la poesía norteamericana moderna y un faro de libertad.
Poemas de Walt Whitman
1.
¡Oh capitán! ¡Mi capitán!
¡Oh capitán! ¡Mi capitán!
¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán! Nuestro temible viaje ha terminado; el barco ha salvado todos los escollos, el premio que buscábamos fue ganado; el puerto está cerca, oigo las campanas, la multitud enardecida, mientras los ojos siguen la firme quilla del buque severo y audaz: pero ¡oh corazón! ¡corazón! ¡corazón! ¡oh gotas rojas de sangre donde en la cubierta yace mi Capitán, caído, frío y muerto! ¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán! Levántate y escucha las campanas; levántate: por ti flamea la bandera, por ti resuena el clarín; para ti ramos y coronas con cintas; para ti las riberas colmadas; a ti clama la multitud impaciente, volviendo sus rostros ansiosos: ¡Ven, Capitán! ¡Querido padre! ¡Pongo mi brazo bajo tu cabeza! Es como un sueño que en la cubierta hayas caído, frío y muerto.
2.
Canto a mí mismo (Song of Myself, selección)
Canto a mí mismo (Song of Myself, selección)
Me celebro y me canto a mí mismo, y lo que yo asuma, tú lo asumirás, porque cada átomo que me pertenece, te pertenece a ti también. Vago e invito a mi alma; me inclino y me demoro a mi gusto observando una brizna de hierba del verano. Mi lengua, cada átomo de mi sangre, formados de esta tierra, de este aire, nacido aquí de padres que nacieron aquí, lo mismo que sus padres y los de sus padres: a los treinta y siete años de edad, en perfecta salud, comienzo este canto, esperando no cesar hasta la muerte. * * * Me lego al barro para crecer de la hierba que amo; si me necesitas de nuevo, búscame bajo la suela de tus botas. Apenas sabrás quién soy o lo que significo, pero aun así seré saludable para ti y purificaré tu sangre: si no me encuentras al principio, no desmayes; si no estoy en un lugar, busca en otro: en algún sitio te estaré esperando.
3.
Oigo a América cantar (I Hear America Singing)
Oigo a América cantar (I Hear America Singing)
Oigo a América cantar, oigo los variados villancicos: Los mecánicos, cada uno cantando el suyo con orgullo y alegría; El carpintero cantando el suyo mientras mide su tablón o viga; El albañil cantando el suyo mientras se prepara para el trabajo o lo deja; El barquero cantando lo que le pertenece en su barca; El timonel cantando en la cubierta del barco de vapor; El zapatero cantando sentado en su banqueta; El sombrerero de pie cantando el suyo; La canción del leñador, la del labrador camino del campo al alba, o durante la siesta del mediodía o al ponerse el sol; El dulce canto de la madre, o de la joven esposa en sus faenas, o de la muchacha cosiendo o lavando: Cada uno cantando lo que le pertenece a él o a ella y a nadie más; El día lo que pertenece al día; por la noche la ronda de jóvenes robustos y camaradas, cantando con la boca abierta sus canciones fuertes y armoniosas.
4.
Cuando las lilas florecían en el patio
Cuando las lilas florecían en el patio
Cuando las lilas florecían por última vez en el patio, y la gran estrella temprana caía en el cielo del oeste al anochecer, lloré, y lloraré siempre que la primavera vuelva. Primavera que siempre retorna, tú me traes sin cesar esta trinidad sagrada: lilas perennemente florecientes, la estrella caída en el poniente, y el recuerdo de aquel a quien amé. ¡Oh poderoso astro caído del occidente! ¡Oh sombras de la noche! ¡Oh noche triste y oscura! El ataúd pasa por los campos y las ciudades, cruzando día y noche con el peso del féretro augusto: con la lila fresca te cubro, ¡oh noble mártir de la libertad!
5.
Hojas de hierba: Un niño me preguntó qué es la hierba
Hojas de hierba: Un niño me preguntó qué es la hierba
Un niño me preguntó: «¿Qué es la hierba?», trayéndomela a manos llenas: ¿cómo podría contestarle al niño? Yo tampoco lo sé mejor que él. Imagino que debe ser la bandera de mi disposición, tejida de verde tela con sustancia de esperanza. O imagino que es el pañuelo del Señor, un regalo perfumado dejado caer a propósito, con el nombre del dueño bordado en alguna esquina para que lo veamos y preguntemos: «¿De quién es?» O imagino que la hierba es en sí misma un niño, el recién nacido de la vegetación; o un jeroglífico uniforme que brota en amplias zonas y estrechas por igual: creciendo entre negros y entre blancos, entre emperadores y entre esclavos. Y ahora me parece la hermosa cabellera sin cortar de las tumbas olvidadas.
Frases para reflexionar
« La felicidad, el conocimiento, en este lugar, no en otro, en esta hora, no en otra hora. »
« No soy el poeta de la bondad solamente; no dejaré de ser el poeta de la maldad también. »
« Que la mañana te encuentre despierto y dispuesto. »
« Cada pulgada cúbica del espacio es un milagro. »
« Cuando yo doy, me doy a mi mismo. »
« El poeta no gastará su tiempo en trabajos innecesarios. Sabrá que la tierra siempre está lista para arar y abonar. »
« El reloj indica el tiempo. Pero ¿qué es lo que indica la eternidad?. »
« La misión de los grandes poetas es dar ánimos a los esclavos y aterrar a los déspotas. »
« La literatura está llena de aromas. »
« Lo insignificante es tan importante como todo lo demás. »
« Lloré, y volveré a llorar con la constante primavera. »
« No comprendo que pueda existir algo más maravilloso que yo mismo. Nadie, ni siquiera Dios. »
« ¡Oh, bondadosísimo Sol, tan apacible y altivo!. »
« Ser, y nada más. Con eso basta. Respirar: basta. ¡Alegría, alegría por doquier...!. »
« Si llego a mi destino ahora mismo, lo aceptaré con alegría, y si no llego hasta que trascurran diez millones de años, esperaré alegremente también. »
Algunos libros de poesía de Walt Whitman:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: