Virgilio

70–19 a. C.

Épica y bucolismo latino · Las bucólicas, geórgicas y La Eneida

Biografía

Vida

Nacido en una granja del norte de Italia, este muchacho campesino y tímido estuvo a punto de perder las tierras familiares durante las guerras civiles de la Roma republicana. Sin embargo, su prodigioso talento poético llamó la atención del emperador Augusto y de su influyente ministro Mecenas, quienes lo acogieron y financiaron su carrera artística.

Trabajó durante once intensos años en «La Eneida», la epopeya fundacional del Imperio romano, puliendo cada hexámetro con una lentitud casi obsesiva. Al caer gravemente enfermo en un viaje a Grecia, ordenó quemar el manuscrito por considerarlo incompleto, pero el emperador desobedeció su última voluntad y salvó para siempre una obra cumbre universal.

Lírica y Versos

Poemas de Virgilio

5 poemas
1.

Eneida (Canto I: Invocación)

Canto a las armas y al varón que el primero desde las costas de Troya llegó a Italia y a las playas lavinias, prófugo por el hado; muy batido aquel tanto en tierra como en mar por fuerza de los dioses, a causa de la cólera sañuda de la cruel Juno; y tras sufrir mucho también en la guerra, hasta fundar la ciudad y llevar sus dioses al Lacio; de donde la raza latina, los padres albanos y las murallas de la excelsa Roma.

Musa, recuérdame las causas: por qué ofensa de su numen o dolida de qué, la reina de los dioses obligó a un varón insigne por su piedad a pasar tantas desventuras, a arrostrar tantos afanes. ¿Tan grandes son las iras en los pechos celestes?
2.

Geórgicas: Dichoso aquel que conoció las causas de las cosas

¡Dichoso aquel que pudo conocer
las causas escondidas de las cosas,
y holló bajo sus plantas valerosas
el miedo a la muerte y al padecer!

Dichoso también quien a los dioses rurales
venera en paz: a Pan, al viejo Silvano,
y a las Ninfas hermanas del collado hermano.
No le mueven las fasces tribunales,

ni la púrpura regia de los césares vanos,
ni la discordia que azuza a los hermanos:
no sufre con la envidia del opulento,
ni llora de miseria en el campamento;

goza los frutos que las ramas dan
y la tierra fecunda derrama en su regazo,
libre del fiero pleito y del tirano lazo.
3.

Égloga IV (El nacimiento del niño y la Edad de Oro)

Musas de Sicilia, cantemos cosas mayores:
no a todos placen las selvas y los tamariscos;
si cantamos los bosques, sean dignos de consules.

Ya llega la última edad anunciada por la Sibila de Cumas;
vuelve el gran orden de los siglos a nacer de nuevo;
vuelve la doncella Astraea, vuelve el reino de Saturno;
una nueva estirpe desciende de la altura de los cielos.

Tú, Lucina casta, sé propicia al niño que nace,
con quien cesará la raza de hierro en la tierra
y surgirá la edad de oro en todo el universo:
bajo tu consulado, Polión, se borrarán las huellas
de nuestras culpas, librando al orbe del temor eterno.
4.

Égloga I (Tityre, tu patulae recubans sub tegmine fagi)

Títiro, tú, recostado a la sombra de un haya frondosa,
ensayas en tu rústica zampoña silvestres canciones;
nosotros dejamos las lindes y campos queridos de la patria,
nosotros huimos de la patria; tú, plácido en la sombra,
enseñas a los bosques a repetir el nombre de Amarilis.

—¡Oh Melibeo! Un dios nos ha concedido este sosiego;
pues para mí siempre será un dios aquel que me dio tregua;
un tierno cordero de mis majadas ensangrentará a menudo sus aras.
Él permitió que mis novillas pacieran en el prado
y que yo tocase lo que quisiera en mi caña campestre.

Descansa aquí conmigo esta noche sobre el verde follaje:
tenemos manzanas maduras, castañas tiernas
y abundancia de cuajada; y ya a lo lejos
las chimeneas de las aldeas humean
y caen sombras más largas de los altos montes.
5.

Eneida: Descenso al inframundo y el encuentro con Anquises

Iban oscuros en la noche solitaria por la sombra,
por las mansiones vacías de Plutón y los reinos desiertos:
cual camino en los bosques bajo la luz maligna
de una luna dudosa, cuando Júpiter oculta el cielo
y la negra noche despoja de color a las cosas.

Llegaron al fin a los campos felices y amenos vergeles
de los bosques afortunados, las sedes de los bienaventurados.
Allí un éter más puro viste los campos de luz purpúrea;
conocen su propio sol y sus propias estrellas.

Allí el padre Anquises, mirando las almas ilustres
que habrían de nacer para la gloria de Roma,
exclamó con amor paternal y extendió ambas manos:
«Tú, romano, recuerda regir los pueblos con tu imperio;
éstas serán tus artes: imponer la costumbre de la paz,
perdonar a los sometidos y abatir a los soberbios».
Citas Célebres y Pensamientos

Frases para reflexionar

30 citas
« Forsan et haec olim meminisse iuvabit. »
Virgilio
« Audentes fortuna iuvat. »
Virgilio
« Fata viam invenient: los hados hallarán el camino. »
Virgilio
« Lo que ha de suceder, sucederá. »
Virgilio
« Arma virumque cano. »
Virgilio
« Afortunado es aquel que haya podido entender las causas de las cosas. [Felix qui potuit rerum cognoscere causa]. »
Virgilio · Geórgicas
« Ahora sé qué es el amor. [Nunc scio quid sit Amor]. »
Virgilio · Églogas
« Buscad a vuestra madre antigua. »
Virgilio · Bartra (1994), p. 321
« Cada cual hace un dios de su ardiente deseo. »
Virgilio · Ortega (2013), p
« Comienza, pequeño niño, a conocer tu madre por su sonrisa o El niño reconoce a su madre por la sonrisa. »
Virgilio · Ortega (2013), p. 3090
« El amor conquista todas las cosas; démosle paso al amor. [Omnia vincit Amor; et nos cedamus Amori]. »
Virgilio · Bucólicas
« El espíritu mueve la masa. »
Virgilio · Bartra (1994), p. 322
« El hambre es mala consejera. »
Virgilio · Bartra (1994), p. 321
« El sueño, hermano de la muerte. »
Virgilio · Bartra (1994), p. 321
« El tiempo se va para no volver o El tiempo huye irreparablemente. [Fugit irreparabile tempus]. »
Virgilio · Geórgicas
« La fama adquiere fuerzas en su carrera. »
Virgilio · Bartra (1994), p. 322
« La serpiente se esconde bajo la hierba. [Latet anguis in herba]. »
Virgilio · Bartra (1994), p. 321
« No todos lo podemos todo. »
Virgilio · Señor (1997), p. 42
« Para el que perdió la esperanza, la desesperación es un remedio. »
Virgilio · Bartra (1994), p. 321
« Permanece firme en tu pensamiento y deja correr inútilmente las lágrimas. »
Virgilio · Giner (1967), p. 555
« Temo a los griegos, sobre todo si traen regalos. »
Virgilio · Bartra (1994), p. 322
« Uno se cansa de todo, menos de comprender. »
Virgilio · Bartra (1994), p. 323
« Aprended justicia, ¡oh vosotros advertidos!, y a no despreciar a los dioses. [Discite iustitiam, moniti, et non temnere divos]. »
Virgilio · Eneida
« El destino se abre sus rutas. [Fata viam invenient]. »
Virgilio · Eneida
« La fortuna ayuda a los audaces.[Audaces fortuna iuvat]. »
Virgilio · Eneida (10
« La única salvación para los vencidos es no esperar salvación alguna. [Una salus victis nullam sperare salutem]. »
Virgilio · Bartra (1994)
« Me ordenas, reina, renovar un dolor inenarrable. [Infandum, regina, iubes renovare dolorem]. »
Virgilio · Eneida
« No confiéis en el caballo, troyanos. Sea lo que sea, temo a los dánaos (griegos), aun portando regalos. [Equo ne credite, Teucri / Quidquid id est, timeo Danaos et dona ferentes]. »
Virgilio · Eneida
« Pueden los que creen que pueden. [Possunt quia posse videntur]. »
Virgilio · Bartra (1994), p. 321
« Si no puedo persuadir a los dioses del cielo, moveré a los de los infiernos. [Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo]. »
Virgilio · Eneida

Algunos libros de poesía de Virgilio:

Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: