Tibulo

Elegía Romana Augustea (55 - 19 a. C.)

Poeta elegíaco latino de tono dulce, melancólico y campestre, cantor de Delia y de la paz dorada de la vida rural.

Biografía

Vida

Perteneciente a una acomodada familia ecuestre de la antigua Roma, este joven patricio participó en arriesgadas campañas militares en la Galia bajo el mando de su protector Mesala. Sin embargo, el estruendo de las armas, la ambición de poder y las intrigas políticas del Imperio acabaron causándole un profundo hastío.

Decidió retirarse a una modesta finca rural para llevar una vida plácida y tranquila, dedicándose por entero a escribir exquisitas elegías amorosas. Cantó con dulce melancolía a sus amores esquivos, Delia y Némesis, prefiriendo la ternura de un abrazo sincero junto a la chimenea antes que toda la gloria del ejército romano.

Lírica y Versos

Poemas de Tibulo

5 poemas
1.

Alabanza de la vida sencilla y delia (Elegía I, 1)

Que otro acumule para sí riquezas de oro reluciente y posea muchas yugadas de tierra cultivada; a él lo desvele el miedo continuo al enemigo vecino y el toque militar de las trompetas ahuyente su sueño.
A mí mi pobreza me conceda una vida tranquila, mientras mi hogar reluzca con fuego constante.

Yo mismo sembraré a su tiempo las tiernas vides como campesino y con mano diestra los grandes frutales; y no me defraude la Esperanza, sino que ofrezca siempre montones de grano y mosto generoso en la colmada cuba.

Pues yo venero con piedad todo tronco sagrado en los campos o piedra vetusta cubierta de guirnaldas; y tú, Delia mía, acompáñame en esta dichosa quietud:
¡junto a ti quiero envejecer y que tus manos cierren mis ojos!
2.

Elegía I, 3: El destierro y el anhelo del hogar

Cruzaréis sin mí el mar Egeo, Mesala;
¡ay, ojalá os acordéis de vuestro Tibulo!
Enfermo yazgo en tierras de Córcira extraña:
¡aparta, negra Muerte, tus garras de mi lecho!

No está aquí mi madre para recoger mis cenizas,
ni mi hermana para derramar perfumes en mi llanto,
ni Delia, que antes de dejar la urbe sagrada
consultó a todos los dioses con temblor de espanto.

¡Dichosa la edad que rigió el viejo Saturno,
antes que la tierra abriese largos caminos!
No hendía la nave las olas del ponto,
ni el hombre buscaba el oro y sus desatinos.

Guárdame, Amor, si he de expirar temprano;
grabad sobre mi tumba este letrero:
«Aquí yace Tibulo, que sirvió al hermano
y a Delia amó con corazón sincero».
3.

Elegía I, 10: En alabanza de la paz y contra la guerra

¿Quién fue el primero que forjó la espada?
¡Hombre de hierro y corazón salvaje!
Desde aquel día reina el fiero ultraje,
la muerte ciega y la cerviz cortada.

Mas el pobre herrero no tuvo la culpa:
el oro engendró las sangrientas guerras;
no había muros que cercasen tierras
cuando la copa de madera esculca

el vino puro de la humilde viña.
¡Vuelve, santa Paz, a los campos nuestros!
La Paz nutre la espiga y da la vendimia;
la Paz guarda los bueyes y sus huertos,

y arrincona la lanza en la penumbra
para que el azadón la gleba alumbre.
4.

Elegía II, 1: La fiesta de las Ambarvalias y la bendición del campo

Purificamos los campos y las mieses
con los ritos sagrados de los abuelos;
cesen las quejas y los vanos duelos,
guarden silencio hombres y fereses.

Descansen los bueyes coronados de flores,
repose el arado en el surco quieto;
celebramos a Baco con vino discreto
y a Ceres pedimos sus santos favores.

Alejad las plagas de los verdes trigos,
dad abundancia a la cabaña honrada;
que el campesino encienda sus fuegos amigos
con leña seca en la noche helada,

y vea en torno a su mesa tranquila
los hijos tiernos de su edad tranquila.
5.

Elegía I, 5: Delia y la desilusión del amor

Yo me jactaba de poder sufrir la ausencia,
mas mi jactancia se trocó en quebranto:
giran mis pies al son del fiero llanto,
cual trompo herido por infantil violencia.

Yo te cuidé cuando caíste enferma,
quemé azufre puro para purificarte;
rogaba a los dioses por salvar tu parte
mientras la noche me encontraba en vela.

Soñaba una vida campesina y bella,
donde tú fueras reina de mis eras,
cuidando las uvas y la mies doncella:

¡vano delirio de esperanzas fieras!
Otro señor más rico hoy te gobierna
y yo quedo llorando en las riberas.
Citas Célebres y Pensamientos

Frases para reflexionar

4 citas
« La paz dorada del campo vale más que todos los triunfos militares de Roma. »
Tibulo
« Cierren tus manos piadosas mis ojos cuando la muerte me llame. »
Tibulo
« Maldito quien inventó la espada: trocó la quietud del hombre en zozobra continua. »
Tibulo
« El amante tiene dioses que le protegen. [Sunt numina amanti]. »
Tibulo · Goicoechea (1995), p. 48. De Elegiae (I, V, v57)

Algunos libros de poesía de Tibulo:

Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: