« En la paz de los pastos el alma olvida los vanos tumultos de las ciudades. »
Teócrito
Poesía Helenística (310 - 260 a. C.)Poeta siracusano de la época alejandrina, creador inmortal del género pastoril y de los Idilios bucólicos en la literatura occidental.
Vida
Nacido en la soleada ciudad siciliana de Siracusa en el siglo III a. C., se trasladó al vibrante centro intelectual de Alejandría buscando el favor de reyes y mecenas. En una metrópoli ruidosa, caótica y repleta de intrigas palaciegas, Teócrito prefirió volver la mirada hacia el campo sencillo que conoció durante su infancia marinera y campesina.
Con sus famosos «Idilios», inventó el género pastoril, creando un universo fascinante donde pastores, campesinos y míticos cíclopes compiten cantando al amor bajo la sombra de los olivos. Con un estilo fresco y musical, demostró que la belleza poética no residía en las batallas bélicas, sino en la paz de la naturaleza.
Poemas de Teócrito
1.
Idilio I (Tirsis o la canción pastoril)
Idilio I (Tirsis o la canción pastoril)
Dulce es el susurro, cabrero, de aquel pino que canta junto a los manantiales cristalinos; y dulce es también tu flauta. Después de Pan llevarás el segundo premio de la selva: si él toma el macho cabrío coronado, tú te llevarás la cabra fecunda; y si él escoge la cabra, a ti te tocará el tierno cabrito. —Más dulce, oh pastor, es tu canto que el murmullo de aquella agua que cae despeñándose de la alta roca. Si las Musas se llevan la oveja por tributo, tú recibirás el cordero lechal; y si a ellas les place el cordero, tú tendrás la oveja después.
2.
Idilio II (Las hechiceras - La magia del amor)
Idilio II (Las hechiceras - La magia del amor)
¿Dónde están los laureles? Tráelos, Téstilis. ¿Y los filtros de amor? Corona la crátera con roja lana de vellón sagrado, para que ate con encanto ardiente al hombre que es mi dueño y mi penar. Doce días han pasado ya enteros sin que vuelva a mirar hacia mi umbral; ¡oh Selene, brilla en el cielo callado! A ti canto mi rito nocturnal: Rueda mágica, gira, gira sin cesar, y atrae a mi amado a mi hogar. Cual la cera se funde al calor del carbón, así se derrita de amor Delfis por mí; y cual gira la rueda de bronce en el suelo, así gire su mente en pos de mi voz.
3.
Idilio III (La serenata del cabrero a Amarilis)
Idilio III (La serenata del cabrero a Amarilis)
Voy a cantarle a Amarilis, mientras mis cabras pacen en la colina que guarda Titirio. ¡Hermosa doncella que en la gruta habitas! ¿Ya no me miras risueña? ¿Acaso me odias? Te traigo diez manzanas coloradas, cortadas de la rama que tú misma señalaste; mañana te traeré otras diez del árbol. ¡Mira el dolor de mi rendido pecho! Quisiera ser la abeja zumbadora que entra volando a tu caverna umbrosa, cruzando entre la hiedra y los helechos para posarme en tu mejilla de rosa. Ahora conozco a Amor: ¡dios despiadado! Una leona lo amamantó en la selva; en mi hueso arde su veneno helado y no hay consuelo que mi llanto vuelva.
4.
Idilio XI (El Cíclope Polifemo a Galatea)
Idilio XI (El Cíclope Polifemo a Galatea)
No hay medicina, Nicias, contra el amor ardiente, ni ungüento alguno ni bálsamo curativo, salvo las Musas con su canto vivo: remedio dulce al pecho penitente. Así cantaba el Cíclope gigante, Polifemo, sentado en la alta roca mirando al mar con amargura loca por Galatea, la ninfa más radiante: «¡Oh blanca Galatea! Más blanca que la cuajada, más tierna que el cordero recién nacido, más fresca que la vid de flor colmada: ¿por qué huyes cuando estoy dormido y sólo vienes en el sueño vano? Baja del mar, doncella cristalina; aprende a amar al pastor soberano que en estas playas su cantar inclina».
5.
Idilio VII (Las Talisias o la fiesta de la cosecha)
Idilio VII (Las Talisias o la fiesta de la cosecha)
Íbamos de la ciudad al río Halente Eucrito y yo, con el cantar alzado; la fecunda Deméter en el prado nos ofrecía su vendimia ardiente. Tendido sobre lecho perfumado de tiernas lentiscos y de hojas de vid, cantaba el zagal su campestre lid mientras el agua saltaba en el collado. Arriba en los álamos y olmos umbrosos cantaban las cigarras sin cesar; la tórtola gemía en dulce reposo, las abejas libaban en el azahar: todo olía a verano generoso, a frutos maduros cayendo a la par, regalo bendito de la tierra madre para quien sabe en sencillez gozar.
Frases para reflexionar
« El canto de la flauta pastoril aquieta las tempestades del pecho. »
« La sencillez de la vida campestre es el mayor de los tesoros. »
« La belleza es un mar hermoso. »
« Muchas veces,¡oh Polifemo!, lo que no es bello lo parece. »
Algunos libros de poesía de Teócrito:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: