« La carne está triste, ¡ay!, y he leído todos los libros. ¡Huir! ¡Huir allá lejos! »
Stéphane Mallarmé
1842–1898Simbolismo francés · La siesta de un fauno y Un golpe de dados
Vida
A simple vista parecía un discreto profesor de inglés de instituto, pero en secreto lideró una auténtica revolución en la literatura francesa. Marcado en su infancia por la trágica pérdida de su madre y de su hermana, buscó refugio en el arte, convencido de que la poesía debía sugerir emociones ocultas en vez de describir cosas evidentes.
Los martes por la tarde abría su modesto apartamento parisino a jóvenes creadores sedientos de ideas nuevas, recibiendo a talentos de la talla de Verlaine, Debussy o Wilde. Con poemas desconcertantes como «Un golpe de dados», donde jugaba con tipografías y espacios en blanco, anticipó el diseño y la literatura del siglo XX.
Poemas de Stéphane Mallarmé
1.
Angustia
Angustia
Hoy no vengo a vencer tu cuerpo, oh bestia llena de todos los pecados de un pueblo que te ama, ni a alzar tormentas tristes en tu impura melena bajo el tedio incurable que mi labio derrama. Pido a tu lecho el sueño sin sueños ni tormentos con que duermes después de tu engaño, extenuada, tras el telón ignoto de los remordimientos, tú que, más que los muertos, sabes lo que es la nada. Porque el Vicio, royendo mi majestad innata, con su esterilidad como a ti me ha marcado; pero mientras tu seno sin compasión recata un corazón que nada turba, yo huyo, deshecho, pálido, por el lúgubre sudario obsesionado, ¡con terror de morir cuando voy solo al lecho! Versión de Andrés Holguín
2.
Angustia (Otra versión)
Angustia (Otra versión)
Angustia (Otra versión) Yo no vengo esta noche para vencer tu cuerpo, en el que están los pecados de un pueblo ni para, en tu impuro cabello, alzar tormenta bajo el fastidio incurable .que destilan mis besos. Pido a tu lecho el pesado sueño sin fantasmas deslizándose a través de las cortinas ignoradas del remordimiento, que tú puedes saborear después de tus negras mentiras. Tú que sobre la nada sabes más que los muertos. Pues el vicio, royendo mi nativa nobleza, me ha marcado, como a ti, con el sello de la esterilidad; mas en tanto que tu seno de piedra lo habita un corazón que la garra de ningún crimen hiere, yo huyo, pálido, deshecho, obsesionado por mi sudario, temiendo morir cuando duermo solo. Versión de L. S.
3.
Aparición
Aparición
La luna se entristecía. Serafines llorando sueñan, el arquillo en los dedos, en la calma de las flores vaporosas, sacaban de las lánguidas violas blancos sollozos resbalando por el azul de las corolas, Era el día bendito de tu primer beso. Mi ensueño que se complace en martirizarme se embriagaba sabiamente con el perfume de tristeza Que incluso sin pena y sin disgusto deja el recoger de su sueño al corazón que lo ha acogido. Vagaba, pues, con la mirada fija en el viejo enlosado, cuando con el sol en los cabellos, en la calle y en la tarde, tú te me apareciste sonriente, y yo creí ver el hada del brillante sombrero, que otrora aparecía en mis sueños de niño mimado, dejando siempre, de sus manos mal cerradas, cien blancos ramilletes de estrellas perfumadas. Versión de L. S.
4.
Brisa marina
Brisa marina
Leí todos los libros y es, ¡ay! , la carne triste. ¡huir, huir muy lejos! Ebrias aves se alejan entre el cielo y la espuma. Nada de lo que existe, ni los viejos jardines que los ojos reflejan, ni la madre que, amante, da leche a su criatura, ni la luz que en la noche mi lámpara difunde sobre el papel en blanco que defiende su albura retendrá al corazón que ya en el mar se hunde. ¡Yo partiré! ¡Oh, nave, tu velamen despliega y leva al fin las anclas hacia incógnitos cielos! Un tedio, desolado por la esperanza ciega, confía en el supremo adiós de los pañuelos. Y tal vez, son tus mástiles de los que el viento lanza sobre perdidos náufragos que no encuentran maderos, sin mástiles, sin mástiles, ni islote en lontananza... Corazón, oye cómo cantan los marineros! Versión de Andrés Holguín
5.
Herodías
Herodías
(Escena) La nodriza - Herodías Nodriza ¡Vives! ¿O aquí la sombra miro de una princesa? A mis labios tus dedos, sus anillos, y cesa de andar por ignoradas edades... Herodías Detente. De mis inmaculados cabellos el torrente rubio, al bañar mi cuerpo solitario, lo hiela de horror, y mis cabellos, que la luz encarcela, son inmortales. Un beso me mataría si la belleza no fuera la muerte... ¿Guía qué imán, y cuál mañana que olvidan los videntes vuelca su triste luz en ocasos murientes, lo sé yo? Tú me has visto, mi nodriza invernal, bajo prisión de piedras y de duro metal donde arrastran leones viejos siglos arcanos entrar, mientras venía, fatal, puras las manos En el desierto aroma de estos reyes vetustos; ¿pero es que viste acaso cuáles fueron mis sustos? Me detengo en exilios soñando; se deshojan como al pie de una fuente cuyas linfas me acojan- yertos lirios en mí, mientras, con vivoos ojos que ven cómo descienden los lánguidos despojos, en silencio, leones mis ensueños turbando apartan la indolencia de mis ropajes, cuando miran cómo mis pies pueden calmar el mar. Tráta tú las angustias seniles de calmar, ven, y que mis cabellos imiten las maneras hoscas, que a ti dan miedo, de equinas cabelleras; ayúdame, que asi mirarte no te dejo, a peinarme indolentemente frente a mi espejo. Nodriza ¿Si no la alegre mirra, en redomas guardada, de la esencia a vejeces de las rosas raptada quisieras, hija mia, comprobar la virtud fúnebre? Herodías ¡De perfumes basta! ¿No sabes tú que los odio, nodriza? ¿Buscas luego que sienta su embriaguez inundar mi frente macilenta? Quiero que mis cabellos, así no sean flores para esparcir olvido de humanos sinsabores sino el oro, por siempre virgen de las fragancias en sus crueles relámpagos y en sus lívidas ansias observen el helor estéril del metal, reflejándoos, gemas del baluarte natal, armas, vasos de días solos de mi niñez. Nodriza Perdón! Vuestra defensa la edad borró tal vez, De mi espíritu pálido cual negro libro, o viejo; Herodías ¡Basta! Ten frente a mí este espejo ¡oh espejo! agua fría que el tedio logró ver congelada, que a veces, y durante las horas, desolada de los sueños, buscando mis memorias, lo mismo que las hojas debajo de su profundo abismo. En ti me aparecí como sombra lejana, mas, ¡horror! por las noches en tu adusta fontana vi del disperso sueño la desnuda beldad. Nodriza, ¿bella soy'? Nodriza Un astro, a la verdad mas esta trenza cae... Herodías Que congelada va mi sangre hacia su fuente, y esta impiedad famosa del gesto; ¿cuál endriago seguro te abalanza sobre el siniestro halago? El beso y los perfumes brindados, corazón, y la mano, sacrílega siempre, el día son (conmoverme buscabas sin duda) que no habría de morir en la torre sin desventura. ¡Oh día, oh día que Herodías con estupor observa! Nodriza ¡Tiempo extraño, en efecto, de qué el cielo os preserva! Erráis, oh sombra sola, renovado furor, y contemplando en vos precoz, y con horror pero siempre adorable como un sér inmortal, oh mi niña, y hermosa terriblemente, tal como... Herodías ¿Mas no queréis conmoverme? Nodriza Quería ser a quien el Destino los secretos confía. Herodías ¡Oh, cállate! Nodriza ¿Vendría quizás? Herodías Estrellas puras, ¿No me oís? Nodriza ¡Pero cómo, sino en medio de oscuras amenazas, pensar más implacable, en tanto, y como al dios pidiendo que el espléndido encanto de vuestra gracia espera! ¿Para quién, devorada de angustias, conserváis la elación ignorada y el misterio que oculta vuestro sér? Herodías Para mí. Nodriza Triste flor que impasible crecer a solas vi, vana sombra en el agua vista con atonía. Herodías Vete, y tu compasión guárda con tu ironía. Nodriza Sin embargo, explicad: ingenua niña mía, este triunfal desdén ha de amainar un día. Herodías ¿Mas quién me tocará, de leones temida? Además, nada humano deseo, y esculpida, si al paraíso ve que mi mirada ha errado, es que recuerdo un día tu leche haber gustado. Nodriza ¡Víctima lamentable que al Destino se ofrece! Herodías ¡Sí, para mí, desierta, mi juventud florece! Ya lo sabéis, jardines de amatista, anegados sin término en sapientes abismos deslumbrados. Oros ignotos, luz que antigua persevera bajo el sueño sombrío de una tierra primera, joyas en que mis ojos, como gemas lustrales, beben su claridad melodiosa; metales que un esplendor fatal dáis a mi cabellera juvenil, y a su torva majestad altanera. En cuanto a ti, mujer nacida en horas vanas, y para la maldad de las grutas arcanas, ¡y que hablas de un mortal! Según que, si en mis vestes, los cálices, aroma de delicias agrestes, daban a mi desnudo cándida conmoción. Sibila que, si el tibio azur de la estación, tras él, nativamente descubre la doncella me mira en mi pudor titilante de estrella, ¡muero! Gusto el horror de ser virgen; quisiera vivir entre el terror que da mi cabellera para, cuando en la noche retirada, serpiente inviolada, sentir en la carne impotente tu pálido fulgor, tu mate claridad, tú, que vives y mueres y ardes de castidad, ¡noche blanca de hielos y de nieve crüel! Tú, solitaria hermana, mi eterna hermana fiel, Hacia ti volará mi sueño con la rara Virtud de un corazón que así lo consagrara, En mi patria monótona sola vedme. En redor De mí, todo en el culto vive del resplandor De un cristal que en su calma sabe copiar radiante A Herodías de clara mirada de diamante. ¡Sí! Sé que sola estoy, ¡oh encanto postrimer! Nodriza ¿Señora, ansiáis entonces morir? Herodías No, pobre sér, cálma, y si mi rigor has de olvidar, ¡abur! Mas antes los postigos ciérra, pues el azur seráfico sonríe tras las vidrieras hondas, y yo detesto el bello azur! ¿En ondas que allá se mecen, sabes acaso de un lugar donde el siniestro espacio tenga el torvo mirar de Venus, que en las frondas fulgura en el Ocaso? Allí voy. Pero enciénde (pueril lo ves acaso) la cera de estas hachas que con llama ligera llora entre el oro vano su congoja extranjera. Nodriza ¿Y bien? Herodías Adiós entonces. ¡Mientes, desnuda flor de mis labios! Yo siento venir ignoto amor o bien, de tus clamores y el misterio ignorante, un supremo sollozo lanzas, agonizante, de una infancia que siente cómo, en sus fantasías, se separan por fin sus yertas pedrerías. Versión de Otto de Greiff
6.
La siesta de un fauno
La siesta de un fauno
(égloga) El Fauno: Estas ninfas quisiera perpetuar. Que palpite su granate ligero, y en el aire dormite en sopor apretado. ¿Quizás un sueño amaba? Mi duda, en oprimida noche remota, acaba en más de una sutil rama que bien sería los bosques mismos, al probar que me ofrecía como triunfo la falta ideal de las rosas. Reflexionemos... ¡Si las mujeres que glosas un deseo figuran de tus locos sentidos! Se escapa la ilusión de los ojos dormidos y azules, cual llorosa fuente, de la más casta; ¡mas, la otra, en suspiros, dices tú que contrasta como brisa del día cálido en tu toisón! ¡Que no! que por la inmóvil y lasa desazón -el sol con la frescura matinal en reyerta- no murmura agua que mi flauta no revierta al otero de acordes rociado; sólo el viento fuera de los dos tubos pronto a exhalar su aliento en árida llovizna derrame su conjuro; es, en la línea tersa del horizonte puro, el hálito visible y artificial, el vuelo con que la inspiración ha conquistado el cielo. Sicilianas orillas de charca soporosa que al rencor de los soles mi vanidad acosa, tácita bajo flores de centellas, DECID: "Que yo cortaba juncos vencidos en la lid "por el Talento; al oro glauco de las lejanas "verduras consagrando su viña a las fontanas, "ondea una blancura animal en la siesta; "y que al preludio lento de que nace la fiesta, "vuelo de cisnes, ¡No! de náyades, se esquive " "o se Sumerja... Fosca, la hora inerte avive sin decir de qué modo sutil recogerá húmenes anhelados por el que busca el LA: me erguiré firme entonces al inicial fervor, recto, bajo oleadas antiguas de fulgor, ¡Lis! uno de vosotros para la ingenuidad. Sólo esta nada dócil, oh labios, propalad, beso que suavemente perfidias asegura. Mi pecho, virgen antes, muestra una mordedura misteriosa, legado de algún augusto diente; ¡Y basta! arcano tal buscó por confidente junco gemelo y vasto que al sol da su tonada que, desviando de sí mejilla conturbada, sueña, en un solo lento, tramar en ocasiones la belleza en redor, quizá por confusiones falsas entre ella misma y nuestra nota pura; y de lograr, tan alto como el amor fulgura, desvanecer del sueño sólito de costado o dorso puro, por mi vista ciega espiado, una línea vana, monótona y sonora. ¡Quiére, pues, instrumento de fugas, turbadora siringa, florecer en el lago en que aguardas! Yo, en mi canto engreído, diré fábulas tardas de las diosas; y por idólatras pinturas, a su sombra hurtaré todavía cinturas: así cuando a las vides la claridad exprimo, por desechar la pena que me conturba, mimo risas, alzo el racimo ya exhausto, al sol, y siento cuando a las luminosas pieles filtro mi aliento, mirando a su trasluz un ávida embriaguez. Oh ninfas, los RECUERDOS unamos otra vez. "Mis ojos, tras los juncos, hendían cada cuello "inmortal, que en las ondas hundía su destello "y un airado clamor al cielo desataba; "y el espléndido baño de cabellos volaba "entre temblor y claridad, ¡oh pedrería! "corro; cuando a mis pies alternan (se diría "por ser dos, degustando, langorosas, el mal) "dormidas sólo en medio de un abrazo fatal: "las sorprendo, sin desenlazarlas, y listo "vuelo al macizo, de fútil sombra malquisto, "de rosas que desecan al sol todo perfume, "en que, como la tarde, nuestra lid se resume". ¡Yo te adoro, coraje de vírgenes, oh gala feroz del sacro fardo desnudo que resbala por huír de mi labio fogoso, y como un rayo zozobra! De la carne misterioso desmayo; de los pies de la cruel al alma de la buena que abandona a la vez una inocencia, llena de loco llanto y menos atristados vapores. "Mi crimen es haber, tras de humillar temores "traidores, desatado el intrincado nido "de besos que los dioses guardaban escondido; "pues, yendo apenas a ocultar ardiente risa "tras los pliegues felices de una sola (sumisa "guardando para que su candidez liviana "se tiñera a la fiel emoción de su hermana "la pequeñuela, ingenua, sin saber de rubor); "ya de mis brazos muertos por incierto temblor, "esta presa, por siempre ingrata, se redime "sin piedad del sollozo de que embriagado vime". ¡Peor! me arrastrarán otras hacia la vida por la trenza a los cuernos de mi frente ceñida; tú sabes, mi pasión, que, púrpura y madura, toda granada brota y de abejas murmura; y nuestra sangre loca por quien asirla quiere, fluye por el enjambre del amor que no muere. Cuando el bosque de oro y cenizas se tiña, una fiesta se exalta en la muriente viña: ¡Etna! En medio de ti, de Venus alegrado, en tu lava imprimiendo su coturno sagrado, si un sueño triste se oye, si su fulgor se calma, ¡tengo la reina! Oh cierto castigo... Pero el alma de palabras vacante, y este cuerpo sombrío tarde sucumben al silencio del estío: sin más, fuerza es dormir, lejano del rencor, sobre la arena sitibunda, a mi sabor, ¡la boca abierta al astro de vinos eficaces! ¡Oh par, abur! La sombra miro en que te deshaces. Versión de Otto de Greiff
7.
La tumba de edgar poe
La tumba de edgar poe
Tal como al fin el tiempo lo transforma en sí mismo, el poeta despierta con su desnuda espada a su edad que no supo descubrir, espantada, que la muerte inundaba su extraña voz de abismo. Vio la hidra del vulgo, con un vil paroxismo, que en él la antigua lengua nació purificada, creyendo que él bebía esa magia encantada en la onda vergonzosa de un oscuro exorcismo. Si, hostiles alas nubes y al suelo que lo roe, bajo-relieve suyo no esculpe nuestra mente para adornar la tumba deslumbrante de Poe, que, como bloque intacto de un cataclismo oscuro, este granito al menos detenga eternamente los negros vuelos que alce el Blasfemo futuro. Versión de Andrés Holguín
8.
1. Resurgir
1. Resurgir
Primavera enfermiza tristemente ha expulsado Al invierno, estación de arte sereno, lúcido, Y, en mi ser presidido por la sangre sombría, La impotencia se estira en un largo bostezo. Unos blancos crepúsculos se entibian en mi cráneo Que un cerco férreo ciñe como a una vieja tumba Y triste, tras un sueño bello y etéreo, vago Por campos do la inmensa savia se pavonea. Luego caigo enervado de perfumes arbóreos, Cavando con mi rostro una fosa a mi sueño, Mordiendo el suelo cálido donde crecen las lilas, Espero que, al hundirme, mi desgana se alce... -Mientras, el Azur ríe sobre el seto y despierta Tanto pájaro en flor que al sol gorgea-.
9.
2. Tristeza de verano
2. Tristeza de verano
El sol, sobre la arena, luchadora durmiente, Calienta un baño lánguido en tu pelo de oro Y, consumiendo incienso sobre tu hostil mejilla, Con las lágrimas mezcla un brebaje amoroso. De ese blanco flameo esa inmutable calma Te ha hecho, triste, decir -oh, mis besos miedosos-: "¡Nunca seremos una sola momia Bajo el desierto antiguo y felices palmeras!" ¡Pero tu cabellera es un río tibio, Donde ahogar sin temblores el alma obsesionante Y encontrar esa Nada desconocida, tuya! Yo probaré el afeite llorado por tus párpados, Por ver si sabe dar al corazón que heriste La insensibilidad del azur y las piedras.
10.
3. Suspiro
3. Suspiro
Mi alma hacia tu frente donde sueña Un otoño alfombrado de pecas, calma hermana, Y hacia el errante cielo de tus ojos angélicos Asciende, como en un melancólico parque, Fiel, un surtidor blanco suspira hacia el azul. -Hacia el Azur eternecido de octubre puro y pálido Que mira en los estanques su languidez sin fin Y deja, sobre el agua muerta do la salvaje Agonía de las hojas yerra al viento y excava un frío surco, Arrastrarse al sol gualda de un larguisimo rayo.
11.
4. Invierno
4. Invierno
¡El virgen, el vivaz y bello día de hoy Da un aletazo ebrio va a desgarrarnos este Lago duro olvidado que persigue debajo de la escarcha El glaciar transparente de los vuelos no huidos! Un cisne de otro tiempo se acuerda de que él es Quien, aun sin esperanza, magnífico se libra Por no haber cantado la región do vivir Cuando ha esplendido el tedio del estéril inviemo. Sacudirá su cuello entero esta blanca agonía Por el espacio impuesto al ave que lo niega, Mas no el horror del suelo que aprisiona al plumaje. Fantasma que su puro destello a este lugar asigna, Se aquieta en el ensueño helado del desprecio Que entre su exilio inútil viste el Cisne. Versión de: Aníbal Núñez
12.
Soneto
Soneto
El de sus puras uñas onix, alto en ofrenda, La Angustia, es medianoche, levanta, lampadóforo, Mucho vesperal sueño quemado por el Fénix Que ninguna recoge ánfora cineraria: Salón sin nadie en las credencias conca alguna, Espiral espirada de inanidad sonora, (El Maestro se ha ido, llanto en la Estigia capta Con eso solo objeto nobleza de la Nada.) Mas cerca la ventana vacante al norte, un oro Agoniza según tal vez rijosa fábula De ninfa alanceada por llamas de unicornios Y ella apenas difunta desnuda en el espejo Que ya en las nulidades que claüsura el marco Del centellar se fija súbito el septimino. Versión de Octavio Paz
Frases para reflexionar
« Nombrar un objeto es suprimir las tres cuartas partes del goce del poema... Sugerir, he ahí el sueño. »
« Un tiro de dados jamás abolirá el azar. »
« La carne está triste ¡ay!, y yo he leído ya todos los libros. »
« Somos la triste opacidad de nuestros espectros futuros. »
« Una jugada de dados no abolirá nunca el azar. »
Algunos libros de poesía de Stéphane Mallarmé:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: