« El ladrón se fue con las manos vacías: sólo dejó la hermosa luna en mi ventana. »
Ryōkan Taigu
Periodo Edo y Budismo Soto Zen (1758 - 1831)El Gran Loco (Taigu), monje ermitaño, calígrafo excelso y poeta zen, amado por jugar con los niños de las aldeas y su absoluta inocencia espiritual.
Vida
Hijo de una familia acomodada de Japón, Ryōkan prefirió renunciar a las comodidades del mundo para ordenarse monje zen y vivir en una choza solitaria en la montaña. Se apodó a sí mismo «Taigu», que significa «gran loco», porque se negaba por completo a seguir las estrictas normas y formalidades de la sociedad.
Lejos de ser un ermitaño huraño, bajaba a las aldeas para jugar al escondite con los niños o beber sake con los campesinos. Se cuenta que un ladrón entró en su cabaña y, al no hallar nada que robar, Ryōkan le regaló su propia ropa para que no se marchara con las manos vacías.
Poemas de Ryōkan Taigu
1.
Para qué hablar de iluminación
Para qué hablar de iluminación
Soy demasiado perezoso para tener ambición; dejo que el mundo se haga cargo de sí mismo. Tengo una bolsa de arroz para diez días y leña apilada junto a la hoguera. ¿Para qué hablar de autoengaño e iluminación? Escuchando la lluvia nocturna golpear contra el techo, me siento cómodamente junto al fuego. El ladrón que vino a robar en mi choza no encontró nada que llevarse, salvo la luna que entraba por la ventana. En el bosque verde, mi ermita sólo la encuentra quien se ha perdido en su camino; donde no llegan los rumores del mundo, sólo a veces, la canción de un leñador.
2.
Jugando a la pelota con los niños de la aldea
Jugando a la pelota con los niños de la aldea
En mangas de mi pobre hábito remendado llevo una pelota de tela de colores. No busco la compañía de sabios señores: juego con los niños en el prado soleado. Bota la pelota: una, dos, tres, reímos a gritos bajo los cerezos; no hay ganar ni perder en estos excesos, sino la inocencia de un mundo al revés. Pasan las horas sin que me dé cuenta; la primavera brilla con luz inmortal; ¿para qué sutras de doctrina violenta, si en la risa pura del niño aldeano reside el Buda de paz celestial?
3.
El ladrón se dejó la luna en mi ventana
El ladrón se dejó la luna en mi ventana
El ladrón que entró en mi choza lo revolvió todo buscando qué robar; se llevó mi manta raída y el cuenco de madera de cenar. ¡Pobre hombre! Vino de balde. Mas se dejó algo que no pudo llevar: la luna brillante y hermosa en el marco de mi ventanal.
4.
Viento de otoño en mi choza
Viento de otoño en mi choza
Sopla el viento de otoño por las rendijas; las hojas secas entran en mi aposento; no tengo fuego ni manta de abrigamiento, sólo el sonido de viejas vasijas. Fuera, la lluvia golpea el tejado de paja; dentro, descanso con el corazón en calma. El universo entero es mi hogar sin alhaja: nada me falta porque nada deseo; en el silencio mi espíritu descansa y en la nada del mundo a Dios poseo.
5.
Quién dice que mis versos son poemas
Quién dice que mis versos son poemas
¿Quién dice que mis versos son poemas? Mis versos no son poemas en absoluto. Si sabes que mis versos no son poemas, entonces podremos hablar juntos de poesía. No busco adornos de métrica o rima, ni reglas gastadas de sabio pedante; escribo lo que el corazón me anima: la flor que cae, el pájaro errante, la luna de nieve en la fría colina.
Frases para reflexionar
« Jugar con los niños de corazón limpio es la forma más elevada de meditación Zen. »
« Para vivir a gusto en este mundo no hacen falta muchas cosas. »
Algunos libros de poesía de Ryōkan Taigu:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: