« El amor verdadero no conoce término ni moderación. »
Propercio
Elegía Romana Augustea (50 - 15 a. C.)Sexto Propercio, el más apasionado y refinado de los elegíacos latinos, cantor inmortal de su tormentoso amor por Cintia.
Vida
Miembro de la brillante juventud romana que presenció el nacimiento del Imperio, Propercio prefirió las sábanas de su amante antes que las armas imperiales. Su gran inspiración fue Cintia, una mujer culta, libre y temperamental que lo envolvió en un torbellino de celos, rupturas y reconciliaciones ardientes.
Rechazó escribir poemas glorificando las guerras de Augusto porque consideraba que el amor era la única batalla por la que valía la pena combatir. Sus versos destilan una sinceridad erótica y apasionada tan intensa que aún hoy sentimos la angustia de sus noches en vela esperando junto a su puerta.
Poemas de Propercio
1.
Cintia fue la primera (Elegía I, 1)
Cintia fue la primera (Elegía I, 1)
Cintia fue la primera que con sus bellos ojos atrapó a este desdichado que jamás había sido tocado por el deseo. Entonces el Amor abatió mi mirada de altivo orgullo, y con sus pies pisoteó mi cabeza sometida, hasta que me enseñó, cruel, a aborrecer a las castas doncellas y a vivir sin prudencia en continuo desvelo. Y ya hace un año entero que este furor no cesa, cuando me veo obligado a tener a los dioses en contra. Milánides, huyendo de ninguna fatiga, oh Tulo, quebrantó la ferocidad de la esquiva Atalanta. Mas en mí el Amor tarda no maquina treta alguna, ni recuerda cómo recorrer los caminos acostumbrados. Vosotros que engañáis a la luna con vuestros encantamientos, venid y cambiad el corazón de mi señora: haced que palidezca su rostro más que el mío, ¡y entonces creeré que podéis desviar las estrellas!
2.
Elegía II, 1: Cintia es mi musa y mi poema entero
Elegía II, 1: Cintia es mi musa y mi poema entero
Me preguntáis de dónde nacen tantos versos de amor que en el volumen leo; no me inspiró Calíope en sus cantos, ni Febo con su fúlgido trofeo. Cintia es mi musa y mi poema entero: si camina vestida en rica seda, un libro brota con compás ligero; si desata las trenzas a la rueda, canto extasiado su divina frente; si cierra los ojuelos en el lecho, mil argumentos a mi mente ardiente descubren lumbre en su nevado pecho. Cuanto ella hace, piensa o dice luego, se vuelve historia y celestial tributo: mi juventud es toda de su fuego y mi vejez recogerá su fruto.
3.
Elegía III, 5: Cuando el amor decline, buscaré la filosofía
Elegía III, 5: Cuando el amor decline, buscaré la filosofía
El dios de amor es dios de paz serena: los amantes amamos sin espada; bástame a mí de besos la jornada y apurar de la copa el agua llena. No codicio las riquezas del oriente, ni el oro que en el fango vierte el río; cuando el invierno con su soplo frío venga a canear mi juvenil frente, buscaré el templo de la sabia ciencia: estudiaré qué leyes rigen todo, por qué la luna mengua en su presencia, por qué los vientos rugen de este modo, y si en el Tártaro de mortal sentencia espera al justo la inmortal clemencia.
4.
Elegía IV, 7: La sombra de Cintia se aparece en sueños
Elegía IV, 7: La sombra de Cintia se aparece en sueños
Hay algo tras la muerte: no fenece toda la vida en la hoguera ardiente; la pálida sombra del sepulcro vence y vaga libre con el paso silente. Cintia inclinóse sobre mi cabecera, la misma que recién fue sepultada; sus ojos muertos con pavor de cera ardían con la queja acongojada. «¿Me olvidaste tan pronto, infiel amante? ¿Pudiste conciliar el sueño esquivo mientras mi lecho fúnebre y sangrante ardía en fuego sin tu llanto vivo?» Temblé de horror; quise tender los brazos para estrechar la forma venerada, mas se deshizo en humo y en pedazos dejando el alma en soledad postrada.
5.
Elegía II, 13: Epitafio en la tumba del poeta
Elegía II, 13: Epitafio en la tumba del poeta
Cuando la muerte con rigor postrero venga a cerrar mis ojos fatigados, no convoquéis cortejos encumbrados ni fúnebre trompeta de guerrero. No lleven lecho de marfil labrado, ni aromas caros en vasijas finas; sencillo sea mi entierro entre encinas, de humilde pompa y llanto recatado. Y vos, oh Cintia, derramad violetas sobre la losa que cubrió mi hueso; grabad el verso de piadoso acento: «Aquí yace el amante de los poetas, aquel que a un solo amor rindió el aliento y en devoción halló el eterno beso».
Frases para reflexionar
« La gloria del poeta vive en la memoria de los enamorados. »
« Ningún remedio de médico cura la herida que el Amor abre en el pecho. »
« Cnitia ha sido mi primer amor. Cnitia será el último. »
« El destino no acaba con todo. [Letum non omnia finit]. »
« La propia Roma, orgullosa de sus bienes, está destrozada. [Frangitur ipsa suis Roma superba bonis]. »
« Nadie ve a un loco enamorado. [Insano nemo in amore videt]. »
« Se equivoca quien busca el fin de la aflicción del amor: el verdadero amor no conoce límites. [Errat qui finem vesani quaerit amoris: verus amor nullum novit habere modum]. »
Algunos libros de poesía de Propercio:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: