« Coge desde este instante las rosas de la vida: no aguardes al incierto mañana. »
Pierre de Ronsard
Renacimiento Francés (La Pléiade, 1524 - 1585)El Príncipe de los Poetas de Francia, líder indiscutible del grupo de La Pléyade y creador de los inmortales Sonetos para Helena.
Vida
Sordo desde su juventud debido a una repentina enfermedad, este noble francés canalizó toda su frustración hacia el estudio apasionado del griego y el latín. Pronto se convirtió en el líder de un grupo de jóvenes poetas que se propuso renovar la literatura francesa inspirándose en los clásicos.
Coronado en la corte como el «Príncipe de los poetas», aconsejaba a las damas hermosas disfrutar de la juventud antes de que el tiempo marchitase sus rosas. Sus versos musicales enamoraron a reinas y reyes, dejando una huella imborrable que transformó para siempre la lengua de su país.
Poemas de Pierre de Ronsard
1.
A su amada
A su amada
Mi pequeña palomita, mi pequeña, toda linda, perlita mía, besadme: con la boca toda llena de amor, quitadme la pena de mi amoroso cuidado. Cuando yo os diga: niña mía acercaos, necesito nueve besos a la vez, dadme solamente tres, como los que Diana guerrera le. dio a Febo su hermano y la Aurora a su viejo... Luego, retirad la boca, y lejos, toda esquivez, huid con pie bullicioso. Como un toro por el prado corre detrás de su amada, así yo, lleno de ira, correré, loco, tras vos, y sujeta con fuerte mano os retendré, de igual modo que un águila al tembloroso pichón. Entonces, fingiéndoos ruborosa de darme los otros besos, iniciaréis vos el gesto. Pero en vano estaréis colgada de mi cuello, esperando (los ojos un poco bajos) perdón de mi pecho herido. Pues en lugar de seis he de pediros más besos que estrellas nunca tuviera el cielo; más que arena se acumula en la orilla arrastrada por el agua cuando airada se estrella contra las rocas. Versión de L. S.
2.
Canción
Canción
Quienquiera conocer al Amor y a su esencia, su arco, su fuego, sus rasgos y su aspecto, cuáles son sus maneras y qué es lo que desea, lea estos versos: voy aquí a describirlo. Es un placer repleto de tristeza, es un tormento ornado de alegría, un desespero donde siempre se espera, un esperar que siempre desespera. Es como una nostalgia de juventud perdida es como polvo expandido en el aire, es pintar en el aire, es pretender a una coger el viento y blanquear un moro. Es falsa risa y dolor verdadero, tener herido el corazón sin lamentarse, es volverse criado en lugar de señor, es morir y nacer mil veces cada día. Es cerrar a los amigos de la razón la puerta, que triste languidece casi muerta, para entregar la llave a la enemiga que la recibe con el pretexto de ser amiga. Es mil males por sólo una mirada es estar sano y simularse enfermo, es perjurar mintiéndose, y hacer profesión de adular y complacer. Es un gran fuego envuelto en poco hielo, un bello juego relleno de falacias, es un despecho, una guerra, una tregua, un largo pensamiento, una palabra breve. Es un por fuera disimular el gozo, celando un alma que dentro solloza, un mal tan agradable que uno anhela consumirse por siempre en tan bello martirio. Es una paz sin duración apenas, es una guerra de combate extremado, en donde el vencido recibe toda gloria, y el vencedor no obtiene la victoria. Es un error de juventud que elige aun antes la prisión que la libertad. Es un pensamiento que entre dudas no reposa, y por objeto sólo tiene una cosa. En fin, Nicolás, es amor unos celos, una fiebre en un frenesí. ¿Qué mayor mal puede haber en el mundo que tener por señor a una mujer? Así, pues, para que tu corazón no caiga bajo los lazos de tan sujeta ley, si tú me crees, ten cuidado: el arrepentimiento llega tarde. Versión de L. S.
3.
Canción II
Canción II
A Casandra Vamos, Linda, a ver si la rosa que abrió su pecho, esplendorosa, a los primeros ímpetus del sol, altiva, esbelta, iridiscente, bajo la lumbre atardecente copia aún de tu faz el arrebol. ¡Ah! Mira con cuanta presteza sobre la tierra su belleza hoja por hoja descendió... Fiera madrastra la Natura, la flor en ella sólo dura el tiempo que la luz la acarició. Si pues mi amor tu fe merece, en tanto que tu edad florece en su más bella y fresca novedad, recoge de la primavera tu flor... Ya ves: locura fuera esperar que se mustie su beldad. Versión de Carlos López Narváez
4.
El ramo que os envío
El ramo que os envío
El ramo que os envío... Fue para vos para quien yo, Señora, cortó al rosal las flores que os envío; no hacerlo así y el vendaval o el frío las agostaran antes de la aurora. Ejemplo os dan, que si lucís agora de impar beldad mirífico atavío, pensad también que el tiempo ciego, impío todo lo va royendo hora tras hora. Pasan, fugan, esfúmanse los días; lo que hoy somos será muerta ventura del incierto mañana en las umbrías. de mi rendido amor no estáis segura? Pasan las horas, fúganse vacías... Por qué no darme en flor vuestra hermosura? Versión de Carlos López Narváez
5.
Envío de flores
Envío de flores
Envío de las flores Hoy te envío estas flores que mi mano acaba de cortar recién abiertas, que de no recogerlas hoy temprano las habría encontrado el alba yertas. Ellas recuerdan el destino humano, porque tus gracias y bellezas ciertas se agostarán en día no lejano y estarán, pronto, como flores, muertas. Se va el tiempo, mi amiga... mas no es cierto: somos nosotros, !ay! , los que nos vamos. Ni de ti ni de mí quedará huella. Y cuando tú estés muerta y yo esté muerto, nada habrá de este amor de que hoy hablo ámame, entonces, mientras eres bella. Versión de Andrés Holguín
6.
Madrigal
Madrigal
Madrigal ¡Que se rompa el espejo en que se mira llenándose de orgullo tu hermosura! Cuando me vuelvas a mirar con ira ya no es tan bella, oh niña, tu figura. ¡Cuánto hace que por ti mi alma suspira! ¿Y mi anhelo, mi fe, mi pasión pura no lograrán que a quien por ti delira te muestres algún día menos dura? ¿Crees que durará tu primavera? ¡Pasará! Pasará cual languidece en el jardín efímera la rosa. ¡No volverá la juventud ligera! Coge ávida el placer que ella te ofrece y sin amar no mueras, niña hermosa.
7.
Muerte de maría
Muerte de maría
Como se ve en la rama de mayo abrir la rosa, fulgente de hermosura, su primor florecido; y al mismo sol, de celos sentirse estremecido sin ella deja el alba su lágrima radiosa; Y la gracia en sus pétalos recogerse amorosa, y en el jardín y el árbol su aroma trasfundido, o en estivales fuegos, o por la lluvia herido, deshojarse su cáliz y morir silenciosa; Tal en la primavera de tu ser esplendente, cuando el mundo y los cielos diademaban tu frente, rendida por la Parca ya en cenizas reposas... Recibe por ofrenda mi llanto y mis clamores, y esta copa votiva y esta lluvia de flores: vivo o muerto, que sea tu cuerpo sólo rosas. Versión de Carlos López Narváez
8.
Siempreviva
Siempreviva
Para que así de siglo en siglo sobreviva la perfecta amistad que Ronsard te profesa, la razón ofuscada por tu pura belleza y en tus brazos gemelos la libertad cautiva; para que sepa el mundo que estaba siempre viva tu imagen en mi sangre y en mi memoria impresa y que mi alma rendida sólo de ti está presa, hoy te envío mi amor con esta Siempreviva. Ella perdurará largo tiempo fragante. -Te haré, después de muerta, vivir perpetuamente, tanto puede el empeño de un servidor amante que al honrarte pretende honrar la virtud suma. Tu nombre, como Laura, vivirá eternamente, al menos lo que vivan los libros y la pluma. Versión de Andrés Holguín
9.
Soneto
Soneto
¿Qué decís y qué hacéis, niña mía? ¿En qué soñáis? ¿Pensáis acaso en mí? ¿Acaso no os preocupa mi desmayo, y este penar por vos que me envenena? Por vuestro amor mi corazón se agita y ante mis ojos yo os veo sin cesar, ausente os escucho y aun os oigo, y sólo vuestro amor suena en mi pensamiento. Siempre están vuestros ojos, vuestras gracias y encantos en mí grabadas y también los lugares donde os viera danzar, leer y hablar. Os tengo como mía, y si yo no soy mío, vos sois la sola que en mi pecho respira, mi ojo, mi sangre, mi desgracia y mi bien. Versión de L. S.
10.
Soneto a casandra
Soneto a casandra
¿Qué dices, niña, qué haces diariamente? ¿Me recuerdas? ¿Qué piensas? ¿Qué te apena? ¿No te aflige mi pena permanente así como tu imagen me envenena? Ante mis ojos siempre estás presente. Tu amor, ardiendo, el corazón me llena. Distante te contemplo y te oigo ausente y ningún otro amor en mí resuena. Están fijos tus ojos en mi mente y tu risa y tu voz con que deliro están en mí grabadas de igual modo. Te siento mía y, si me siento ausente, es porque vivo en ti y en ti respiro, mi único bien, mi corazón, mi todo! Versión de Andrés Holguín
11.
Soneto para helena
Soneto para helena
Vencida por los años, en la dulce tibieza del hogar y la luz albos copos hilando, dirás embelesada mis versos recordando: Ronsard cantó los días de mi feliz belleza. Ya no habrá quién recoja de tu voz la tristeza, ni esclava soñolienta que el percibir el blando rumor en que me nombras, dichosa despertando con férvida loanza bendiga tu realeza. Mi cuerpo bajo tierra, tan sólo ya mi alma Yagará de tus mirtos umbrosos en la calma, mientras tú, cerca al fuego, te acoges aterida. Y has de llorar entonces esa altivez insana... No te niegues, escúchame, no esperes a mañana: cíñete desde ahora las rosas de la vida. Versión de Carlos López Narváez
12.
Sonetos para helena
Sonetos para helena
I Hoy, primero de mayo, Helena, yo te juro por Cástor y por Polux, tus hermanos gemelos, por la vid enlazada al tronco de los olmos, por los prados, los bosques erizados de verde, por la estación primera de la Naturaleza, por el cristal que corre por el fondo del río y por los ruiseñores, milagro de los pájaros, que sólo has de ser tú mi última aventura. Únicamente tú me gustas; pues si amo tu juventud ha sido por elección, no azar: y voluntariamente acepto mi pasión. Me confieso hacedor de mi propia fortuna: virtud me ha conducido a esta afectividad. Si la virtud me engaña, adiós bella Querida. II Bebiendo a largos tragos el fulgor amoroso que exhala la belleza de tus ojos, me ciego. Turbada la razón y el alma, no disfruto, y, como ebrio de amor, se tambalea mi cuerpo. Me late el corazón en las sienes, se enfría mi calor natural de miedo, mis sentidos deshechos se eterizan, y quedas satisfecha de adquirir, por mi muerte, fama de crueldad. Tu mirar fulminante me traspasa la piel, el corazón, el cuerpo, con sus rayos cual saetas que me alcanzan el alma; y, si quiero dolerme o pedir compasión de este mal que recibo, de tal modo me oprime tu crueldad la voz que no me atrevo a hablar por temor a tus ojos. Versión de Pedro Gandía
13.
Toma esta rosa
Toma esta rosa
Toma esta rosa -amable cual tú eres... Toma esta rosa -amable cual tú eres; rosa entre rosas bellas la más rosa; diosa en flor entre flores la más diosa de las Musas, la Musa de Citeres. Recíbela y ofrécele piadosa tu seno, pues mi corazón no quieres... (Corazón, rosa mustia, nada esperes; sangre sin fin tu herida dolorosa. La rosa y tú han sólo una semblanza: no más un sol la rosa tendrá vida; ¡mil soles tú pervives de esperanza! Si al menos, corazón, rosa transida, marchitarte pudieras en bonanza, cual la rosa en su pecho recogida! ) Versión de Carlos López Narváez
Frases para reflexionar
« La poesía es la sola corona que preserva la juventud del olvido sepulcral. »
« El orgullo desdeñoso de la mocedad se trueca en llanto estéril en la vejez. »
« El tesoro del hombre es su verde juventud, el resto de la vida es invierno y senectud. »
« El que sabe conocerse a sí mismo, es dueño de sí. »
« Florece hoy lo que mañana se marchitará; se marchita hoy lo que mañana florecerá. »
« La materia perdura y la forma se pierde. »
« La palabra es la única magia [...] porque siempre la palabra es dueña del corazón. »
« Los únicos intérpretes de los verdaderos dioses son los poetas. »
Algunos libros de poesía de Pierre de Ronsard:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: