« No hay cima tan alta que no pueda ser hollada por la audacia de los libres. »
Olegario Víctor Andrade
Romanticismo Cívico Argentino (1839 - 1882)Poeta, periodista y orador argentino de elocuencia torrencial, autor de poemas patrióticos inmortales como El nido de cóndores y Prometeo.
Vida
Nacido en Entre Ríos en medio de las convulsiones de la joven Argentina, fue un periodista ardiente y orador de voz electrizante. Su pluma combativa atacaba a los gobernantes corruptos, lo que le obligó a exiliarse varias veces mientras recorría Sudamérica defendiendo sus ideales de libertad.
Sus poemas cívicos vibraban con tal energía que eran recitados en actos patrióticos ante multitudes enfervorizadas como auténticos himnos republicanos. Fue despedido a su temprana muerte como un héroe civil de las letras, recordado por haber cantado con fuego el destino glorioso del continente americano.
Poemas de Olegario Víctor Andrade
1.
Ahora vivo más cerca del sol
Ahora vivo más cerca del sol
Ahora vivo más cerca del sol... Ahora vivo más cerca del sol, los amigos no saben el camino: es bueno ser así de nadie en las altas ramas, hermano del canto exento de algún ave de paso, reflejo de un reflejo, contemporáneo de cualquier mirada desprevenida, solamente este ir y venir con las mareas, ardor hecho de olvido, polvo dulce a la flor de la espuma, eso apenas. Versión de Aníbal Núñez
2.
Blanco en lo blanco
Blanco en lo blanco
Haz una llave, aunque sea pequeña, entra en la casa. Consiente en la dulzura, ten piedad de la materia de los sueños y de las aves. Invoca el fuego, la claridad, la música de los flancos. No digas piedra, di ventana. No seas como la sombra. Di hombre, di niño, di estrella. Repite las sílabas donde la luz es feliz y se demora, vuelve a decir: hombre, mujer, niño. Donde la belleza es más nueva. Versión de Aníbal Núñez
3.
El amor
El amor
Estoy amándote como el frío corta los labios. Arrancando la raíz a lo más diminuto de tus ríos. Inundándote de dagas de saliva esperma lumbre. Estoy rodeado de agujas tu boca más vulnerable. Marcando en tus costados el itinerario de la espuma. Así es el amor: mortal y navegable. Versión de Alberto Ruy Sánchez
4.
En un lugar al sur
En un lugar al sur
En un lugar al sur... Es un lugar al sur, un lugar donde la cal amotinada desafia el mirar. Donde viviste. Donde a veces en sueños vives aún. El nombre empapado de agua te escurre de la boca. Por caminos de cabras descendías a la playa, el mar batía en aquellas piedras, en estas sílabas. Los ojos se perdían ahogados en el fulgor del último o del primer día. Era la perfección. Versión de Aníbal Núñez
5.
La lluvia cae en el polvo igual que el poema
La lluvia cae en el polvo igual que el poema
La lluvia cae en el polvo igual que el poema... La lluvia cae en el polvo igual que en el poema de Li Po. En el sur los días tienen ojos grandes y redondos; en el sur el trigo ondula, sus crines danzan en el viento, son la bandera descamisada de mi embarcación; en el sur la tierra huele a lino blanco, a pan en la mesa, el fulvo ardor de luz invade el agua, cayendo sobre el polvo, leve, encendida. Igual que en el poema Versión de Aníbal Núñez
6.
La pulsación de las sílabas
La pulsación de las sílabas
Él amaba la pulsación de las sílabas, algunos acentos. cuarta, octava, décima. Buscaba en ella lo que no sabía, lo que nunca supo, o sospechara: un sentido, la señal de la gracia, el frágil hilo que condujese a la vida, tan acá del deseo de vivirla. Cuánta melancolía, cuánta incertidumbre fue siempre la suya en lo que hacía, allá donde el cuerpo se hace alma o el alma se hace cuerpo- ¿cómo saberlo? El tiempo casi nada le enseñó, pero proseguía, insatisfecho o inseguro, que ni eso sabía. Entre impulsos, crispaciones, reticencias, perseguía el ritmo de la música más suya con el mismo empeño que lo que fuera antes pura delicia, caricia breve. Sólo la mano no había cambiado-siempre tan leve.
7.
Las cigüeñas
Las cigüeñas
Las cigüeñas. Me traen el atrio, dos casas, o tres, si fueran blancas, la torre donde se posaban lentas. tenía yo entonces la edad de las moras, el sol sobre la boca sofocaba. ¿te acuerdas? , o el peso de otra boca. de otra razón. No sé. Corría a pedradas a los perros de los que tenías miedo. y huía de ti para acariciar en secreto el caballito bayo que enamoraba entonces. Versión de Aníbal Núñez
8.
Reclinas la cara en la melancolía
Reclinas la cara en la melancolía
Reclinas la cara en la melancolía... Reclinas la cara en la melancolía y ni siquiera oyes el ruiseñor. ¿O es la totovía? Soportas mal el aire, dividido entre la fidelidad que debes a la tierra de tu madre y al casi blanco azul donde el ave se pierde. La música, digámoslo así, fue siempre tu herida, mas también sobre las dunas fue la exaltación No oigas el ruiseñor. O la totovía. Dentro de ti es donde toda la música es ave. Versión de Aníbal Núñez
9.
Un amigo es a veces el desierto
Un amigo es a veces el desierto
Un amigo es a veces el desierto... Un amigo es a veces el desierto, otras el agua. Despréndete del ínfimo rumor de agosto; no siempre un cuerpo es el lugar de la furtiva luz desnuda, de cargados limoneros de pájaros y el verano en el pelo; en el follaje oscuro del sueño es donde brilla la piel mojada, la floración difícil de la lengua. Lo cierto es la palabra. Versión de Aníbal Núñez
Frases para reflexionar
« La poesía heroica es la trompeta que despierta la virtud dormida. »
« Los sacrificios de los patriotas son el cimiento de los siglos venideros. »
Algunos libros de poesía de Olegario Víctor Andrade:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: