« Nada es más dulce que habitar los serenos templos levantados por la sabiduría. »
Lucrecio
Poesía Filosófica Romana (99 - 55 a. C.)Tito Lucrecio Caro, autor de De rerum natura, el más grandioso poema filosófico de la Antigüedad sobre la física epicúrea y la liberación del miedo.
Vida
Fue el pensador más atrevido de la antigua Roma gracias a su monumental obra «Sobre la naturaleza de las cosas». En ella explicó con siglos de antelación que el universo entero está compuesto por diminutos átomos invisibles en constante movimiento, desafiando las supersticiones religiosas de su tiempo con pura ciencia y razón.
Su objetivo vital era liberar a los seres humanos de sus peores pesadillas: el miedo a los castigos divinos y el terror a la muerte. Una turbulenta leyenda medieval afirma que se volvió loco tras beber una pócima de amor y que se quitó la vida en un ataque de desesperación.
Poemas de Lucrecio
1.
De rerum natura (Himno a venus y la serenidad)
De rerum natura (Himno a venus y la serenidad)
Madre de los Enéadas, deleite de hombres y dioses, nutricia Venus, que bajo los astros errantes del cielo llenas de vida el mar poblado de naves y las tierras ubérrimas; pues gracias a ti todo género de seres vivientes es concebido y al nacer contempla la luz del sol: ante ti huyen los vientos, ante ti y tu llegada huyen las nubes del cielo, la tierra artificiosa despliega suaves flores, te sonríen las llanuras del mar y un cielo apaciguado resplandece de lumbre derramada. Suave es, cuando los vientos revuelven las aguas en el gran mar, contemplar desde tierra la gran fatiga de otro; no porque sea alegre placer que alguien sufra, sino porque es dulce ver de qué males uno está libre. Pero nada es más dulce que habitar los excelsos templos serenos fundados en lo alto por la doctrina de los sabios, desde donde puedes mirar hacia abajo a los demás hombres y verlos errar por doquier buscando el camino de la vida.
2.
La nada tras la muerte (El consuelo contra el miedo a morir)
La nada tras la muerte (El consuelo contra el miedo a morir)
La muerte nada es para nosotros, ni nos atañe en ápice siquiera, pues la natura de la mente entera mortal se vuelve cuando muere el cuerpo. Cual nada recordamos de los siglos que a Roma combatieron con Cartago, cuando la tierra con sangriento estrago tembló al clamor de púnicos designios: así, cuando este lazo se desuna que une a los átomos en dulce concierto, nada sentiremos, ni dolor ni mengua, aunque el mar se revuelva con la luna y el fuego invada la llanura muerta: quien ya no existe de temer no mengua.
3.
La naturaleza de los átomos (Nada surge de la nada)
La naturaleza de los átomos (Nada surge de la nada)
Este principio servirá de guía: jamás de nada cosa alguna nace por ley divina, aunque al mortal aplace buscar milagros en la noche impía. Si las cosas vinieran de la nada, cualquier semilla brotaría en todo: el pez saltara del playón de lodo y el águila en el fondo fuera criada. Mas cada ser procede de su germen, partículas eternas e invisibles que se unen en figuras peregrinas; y cuando caen y en el caos duermen, se renuevan en formas comprensibles por las leyes del cosmos y sus quinas.
4.
La aurora de la civilización humana
La aurora de la civilización humana
Vivieron antes los primeros hombres en los bosques sin ley ni techo alguno; comían bellotas en el prado bruno y descansaban en las toscas cumbres. No conocían el marcial veneno ni la ambición de púrpura dorada; luego el fuego, la choza cobijada y la tierna palabra en labio lleno unieron pechos con la dulce lumbre: nació la piedad con el vecino, el pacto fiel de la común usanza; y aunque el vicio después mudó la cumbre, la razón alumbró nuestro camino con la verdad de limpia esperanza.
5.
La contemplación serena desde la roca de la sabiduría
La contemplación serena desde la roca de la sabiduría
Dulce es, cuando los vientos en el mar levantan las olas en tormenta obscura, mirar desde la orilla y con cordura el grave esfuerzo de quien va a naufragar: no porque el mal ajeno nos deleite, sino porque es deleite verse exento del torbellino y del peligro violento. Mas nada hay más sereno y sin afeite que habitar los palacios levantados por la doctrina de la sabia mente: mirar desde lo alto a los mortales que yerran por caminos extraviados, buscando en vano con empeño ardiente el ciego resplandor de los caudales.
Frases para reflexionar
« La muerte no es nada para nosotros: cuando existimos ella no está, y cuando llega ya no estamos. »
« La luz de la razón disipa los terrores oscuros del alma humana. »
Algunos libros de poesía de Lucrecio:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: