« ¡Triste noche! El silencio del mundo convida al reposo de los mortales, y solo mi dolor vela. »
José Cadalso
1741–1782Ilustración y prerromanticismo español · Noches lúgubres
Biografía
Vida
Coronel del ejército, viajero cosmopolita y hombre ilustrado, hablaba con fluidez varios idiomas y recorrió media Europa observando costumbres. Cuando su gran amor, la actriz María Ignacia Ibáñez, murió de fiebres con veinticinco años, Cadalso casi pierde la razón por culpa del dolor inconsolable.
Intentó desesperadamente desenterrar el cadáver de su amada en el cementerio de Madrid para darle un último beso antes de ser detenido. Esa experiencia macabra inspiró «Noches lúgubres», obra precursora del Romanticismo. Murió en combate en el sitio de Gibraltar alcanzado por una granada inglesa.
Lírica y Versos
10 poemas
Poemas de José Cadalso
1.
A la muerte de filis
A la muerte de filis
En lúgubres cipreses he visto convertidos los pámpanos de Baco y de Venus los mirtos; cual ronca voz del cuervo hiere mi triste oído el siempre dulce tono del tiempo jilguerillo; ni murmura el arroyo con delicioso trino; resuena cual peñasco con olas combatido. En vez de los corderos de los montes vecinos rebaños de leones bajar con furia he visto; del sol y de la luna los carros fugitivos esparcen negras sombras mientras dura su giro; las pastoriles flautas, que tañen mis amigos, resuenan como truenos del que reina en Olimpo. Pues Baco, Venus, aves, arroyos, pastorcillos, sol, luna, todos juntos mirad me compasivos, ya la ninfa que amaba al infeliz Narciso, mandad que diga al orbe la pena de Dalmiro.
2.
A la peligrosa enfermedad de filis
A la peligrosa enfermedad de filis
El campo está sin flores, los pájaros no cantan, los arroyos no corren, no saltan los corderos, no bailan los pastores, los troncos no dan frutos, los ecos no responden... es que enfermó mi Filis y está suspenso el orbe.
3.
Al pintor que me ha de retratar
Al pintor que me ha de retratar
Al pintor que me ha de retratar... Discípulo de Apeles, si tu pincel hermoso empleas por capricho en este feo rostro, no me pongas ceñudo, con iracundos ojos, en la diestra el estoque de Toledo famoso, y en la siniestra el freno de algún bélico monstruo, ardiente como el rayo, ligero como el soplo; ni en el pecho la insignia que en los siglos gloriosos alentaba a los nuestros, aterraba a los moros; ni cubras este cuerpo con militar adorno, metal de nuestras Indias, color azul y rojo; ni tampoco me pongas, con vanidad de docto, entre libros y planos, entre mapas y globos. Reserva esta pintura para los nobles locos, que honores solicitan en los siglos remotos; a mí, que sólo aspiro a vivir con reposo de nuestra frágil vida estos instantes cortos la quietud de mi pecho representa en mi rostro, la alegría en la frente, en mis labios el gozo. Cíñeme la cabeza con tomillo oloroso, con amoroso mirto, con pámpano beodo; el cabello esparcido, cubriéndome los hombros, y descubierto al aire el pecho bondadoso; en esta diestra un vaso muy grande, y lleno todo de jerezano néctar o de manchego mosto; en la siniestra un tirso, que es bacanal adorno y en postura de baile el cuerpo chico y gordo, o bien junto a mi Filis, con semblante amoroso, y en cadenas floridas prisionero dichoso. Retrátame, te pido, de este sencillo modo, y no de otra manera, si tu pincel hermoso empleas, por capricho, en este feo rostro.
4.
Anacreóntica
Anacreóntica
¿Quién es aquél que baja por aquella colina, la botella en la mano, en el rostro la risa, de pámpanos y hiedra la cabeza ceñida, cercado de zagales, rodeado de ninfas, que al son de los panderos dan voces de alegría, celebran sus hazañas, aplauden su venida? Sin duda será Baco, el padre de las viñas. Pues no, que es el poeta autor de esta letrilla.
5.
Epístola dedicada a ortelio
Epístola dedicada a ortelio
Desde el centro de aquestas soledades, gratas al que conoce las verdades, gratas al que conoce los engaños del mundo, y aprovecha desengaños, te envío, amado Ortelio, fino amigo, mil pruebas del descanso que consigo. Ovidio en tristes metros se quejaba de que la suerte no le toleraba que al Tíber con sus obras se acercase, sino que al Ponto cruel le destinase; mas lo que de poeta me ha faltado para llegar de Ovidio a lo elevado, me sobra de filósofo, y pretendo tomar las cosas como van viniendo. Oh, ¡cómo extrañarás, cuando esto veas, y sólo bagatelas aquí leas, que yo criado en facultades serias, me aplique a tan ridículas materias! Ya arqueas, ya levantas esas cejas, ya el manuscrito de la mano dejas, ¿por qué dejas los puntos importantes? y dices: «Por juguetes semejantes, ¡No sé por qué capricho tú te olvidas materias tan sublimes y escogidas! ¿Por qué no te dedicas, como es justo, a materias de más valor que gusto? Del público derecho, que estudiastes cuando tan sabias cortes visitastes; de la ciencia de Estado y los arcanos del interés de varios soberanos; en la ciencia moral, que al hombre enseña lo que en su obsequio la virtud empeña; de las guerreras artes que aprendistes cuando a campaña voluntario fuistes; de la ciencia de Euclides demostrable, de la física nueva deleitable, ¿no fuera más del caso que pensaras en escribir aquello que notaras? ¿Pero coplillas, y de amor? ¡Ay triste! Perdiste el poco seso que tuviste». ¿Has dicho, Ortelio, ya cuanto, enfadado, quisiste a este pobre desterrado? Pues mira, ya con fresca y quieta flema te digo que prosigo con mi tema. De todas esas ciencias que refieres (y añade algunas otras si quisieres), yo no he sacado más que lo siguiente: escúchame, por Dios, atentamente; mas no, que más parece lo que digo relación, que no carta de un amigo. de todas las antiguas más hermosa, el primero dirá con claridades por qué dejé las altas facultades, y sólo al pasatiempo me dedico; que los leas despacio te suplico, y si conoces que razón me sobra, calla, y no juzgues que es tan necia mi obra. Pero si acaso omites este asunto, y la crítica pasas a otro punto, cual es el que contiene la obra mía faltas contra la buena poesía, Conozco tu razón, mas oye atento; con Ovidio respondo a tu argumento: Siqua meis fuerint, ut erunt, vitiosa libellis, Excusata suo tempore, lector, habe. Exul eram; requiesque mihi non fama petita est; Mens intenta suis ne foret usque malis. Significa (y perdona la osadía de interpretar de Ovidio la armonía, porque en la traducción es consiguiente que pierda la dulzura competente, como sucede a todos los autores en manos de mejores traductores): El tiempo en que esta obra yo compuse, las faltas que hallarás, lector, excuse. Quietud busqué, no fama, desterrado, por distraer a mi alma del cuidado. Adiós.
6.
Letrilla satírica
Letrilla satírica
Que dé la viuda un gemido por la muerte del marido, ya lo veo; pero que ella no se ría si otro se ofrece en el día, no lo creo. Que Cloris me diga a mí: «Sólo he de quererte a ti», ya lo veo; pero que siquiera a ciento no haga el mismo cumplimiento, no lo creo. Que los maridos celosos, sean más guardias que esposos, ya lo veo; pero que estén las malvadas, por más guardias, más guardadas, no lo creo. Que al ver de la boda el traje, la doncella el rostro baje, ya lo veo; pero que al mismo momento no levante el pensamiento, no lo creo. Que Celia tome el marido por sus padres escogido, ya lo veo; pero que en el mismo instante ella no escoja el amante, no lo creo. Que se ponga con primor Flora en el pecho una flor, ya lo veo; pero que astucia no sea para que otra flor se vea, no lo creo. Que en el templo de Cupido el incienso es permitido, ya lo veo; pero que el incienso baste, sin que algún oro se gaste, no lo creo. Que el marido a su mujer permita todo placer, ya lo veo; pero que tan ciego sea, que lo que vemos no vea, no lo creo. Que al marido de su madre todo niño llame padre, ya lo veo; pero que él, por más cariño, pueda llamar hijo al niño, no lo creo. Que Quevedo criticó con más sátira que yo, ya lo veo; pero que mi musa calle porque más materia no halle, no lo creo.
7.
Mientras vivió la dulce prenda mía
Mientras vivió la dulce prenda mía
Mientras vivió la dulce prenda mía... Mientras vivió la dulce prenda mía, Amor, sonoros versos me inspiraste; obedecí la ley que me dictaste y sus fuerzas me dio la poesía. Mas, ¡ay!, que desde aquel aciago día que me privó del bien que tú admiraste, al punto sin imperio en mí te hallaste y hallé falta de ardor a mi Talía. Pues no borra su ley la Parca dura -a quien el mismo Jove no resiste- olvido el Pindo y dejo la hermosura. Y tú también de tu ambición desiste y junto a Filis tengan sepultura tu flecha inútil y mi lira triste.
8.
No basta que en su cueva se encadene
No basta que en su cueva se encadene
No basta que en su cueva se encadene... No basta que en su cueva se encadene el uno y otro proceloso viento, ni que Neptuno mande a su elemento con el tridente azul que se serene, ni que Amaltea el fértil campo llene de fruta y flor, ni que con nuevo aliento al eco den las aves dulce acento, ni que el arroyo desatado suene. En vano anuncias, verde primavera, tu vuelta de los hombres deseada, triunfante del invierno triste y frío. Muerta Filis, el orbe nada espera, sino niebla espantosa, noche helada, sombras y sustos como el pecho mío.
9.
Si el cielo está sin luces
Si el cielo está sin luces
Si el cielo está sin luces... Si el cielo está sin luces, el campo está sin flores, los pájaros no cantan, los arroyos no corren, no saltan los corderos, no bailan los pastores, los troncos no dan frutos, los ecos no responden... es que enfermó mi Filis y está suspenso el orbe.
10.
Todo lo muda el tiempo, filis mía
Todo lo muda el tiempo, filis mía
Todo lo muda el tiempo, Filis mía... Todo lo muda el tiempo, Filis mía, todo cede al rigor de sus guadañas; ya transforma los valles en montañas, y apone un campo donde un mar había. él muda en noche opaca el claro día, en fábulas pueriles las hazañas, alcázares soberbios las cabañas, y el juvenil ardor en vejez fría. Doma el tiempo al caballo desbocado, detiene al mar y viento enfurecido, postra al lén y rinde al bravo toro. Solo una cosa al tiempo denodado ni cederá, ni cede, ni ha cedido, y es el constante amor con que te adoro.
Citas Célebres y Pensamientos
2 citas
Frases para reflexionar
José Cadalso · Noches lúgubres
« La tumba es el asilo donde cesan todas las congojas de esta mísera existencia. »
José Cadalso · Poesías líricas
Algunos libros de poesía de José Cadalso:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: