« Una noche toda llena de murmullos, de perfumes y de músicas de alas. »
José Asunción Silva
1865–1896Iniciador del modernismo hispanoamericano · Nocturno III
Biografía
Vida
Elegante dandi bogotano y pionero del Modernismo, su refinada existencia estuvo marcada por golpes demoledores de mala suerte. Perdió la fortuna familiar en negocios fallidos, sufrió la muerte de su adorada hermana Elvira y vio cómo un naufragio hundía en el mar todos sus manuscritos inéditos.
Acorralado por prestamistas despiadados y el cotilleo burgués de Bogotá, pidió a un médico amigo que le marcara con tiza el corazón. Esa misma noche se descerrajó un tiro en el pecho, dejando para la historia el sobrecogedor «Nocturno III», un hito musical de sombras y duelo.
Lírica y Versos
24 poemas
Poemas de José Asunción Silva
1.
A adriana
A adriana
Mientras que acaso piensa tu tristeza En la patria distante y sientes frío Al mirar donde estás, y el desvarío De la fiebre conmueve tu cabeza, Yo soñando en tu amor y en tu belleza, Amor jamás por mi desgracia mío De la profundidad de mi alma, envío A la pena un saludo de terneza. Si cuando va mi pensamiento errante A buscarte en parejas de otro mundo Con la nostalgia se encontrara a solas Sobre las aguas de la mar gigante Entre el cielo purísimo y profundo Y el vaivén infinito de las olas. Abril 11de 1883
2.
Adriana
Adriana
"Double virginité Corps où rien n'est immonde Ame où rien n'est impure" . Victor Hugo ( Feuilles d'automne ) Noble como la cándida adorada Del inmortal poeta florentino, Corona de la frente inmaculada El dorado cabello Que sobre el hombro flota en blondos rizos, Perdida en el espacio la mirada Como se pierde en su conjunto bello La de aquél que contempla sus hechizos. Hay infinita luz que reverbera En el azul de sus divinos ojos Cual de limpio zafiro en los cristales. Una expresión de majestad serena De pudor y recato virginales Vela la gracia de sus labios rojos, Y es a la vez misterioso encanto, Lumbre, murmullo, vibración y canto! Su voz tiene las notas armoniosas De la del ave que en blando nido de su impotencia de volar se queja, Llena de suavidad, llena de calma Su cariñosa frase siempre deja Una estela de perlas en el alma. Tiene la delicada transparencia De las húmedas hojas de las lilas Y ni una leve mancha en la conciencia Y ni una leve sombra en las pupilas. Es una reunión encantadora De lo más dulce que la vida encierra A los rosados rayos de la aurora Hecha, del aire en los azules velos, Con lo más delicado de la tierra Y lo más delicado de los cielos! Septiembre de 1882
3.
Al oído del lector
Al oído del lector
No fue pasión aquello, Fue una ternura vaga Lo que inspiran los niños enfermizos, Los tiempos idos y las noches pálidas. El espíritu solo Al conmoverse canta: Cuando el amor lo agita poderoso Tiembla, medita, se recoge y calla. Pasión hubiera sido En verdad; estas páginas En otro tiempo más feliz escritas No tuvieran estrofas sino lágrimas.
4.
Asómate a mi alma
Asómate a mi alma
Asómate a mi alma... De G. A. Bécquer Asómate a mi alma En momentos de calma, Y tu imagen verás, sueño divino, Temblar allí como en el fondo oscuro De un lago cristalino. Junio 28 de 1883
5.
Aurora
Aurora
Cuando en las noches pálidas de luna Cerca de tu ventana -una por una- Me cuentas tus hermosas ilusiones, Cuando de tu mirada soñadora El rayo como lumbre de una aurora Ahuyenta mis enjambres de visiones; Cuando reclinas blanda la cabeza En mi hombro y disipas mi tristeza Y me acompañas en mis locos sueños, Cuando de la ventura en el exceso Sellas mi dicha con ardiente beso De tus labios rosados y risueños- Entonces como el náufrago -que asido De una frágil tablilla- va perdido Y recuerda la plácida ribera Mientras la oscura noche negra y fría Y la inmensa extensión muda y sombría Y el tempestuoso mar halla doquiera Y que ve serenarse el horizonte Y destacarse el azulado monte Sobre la claridad de áureo celaje Y aparecer -en vaga lontananza Lleno de luz de vida y de bonanza- Primaveral, bellísimo paisaje, Entre las sombras de la vida mía Se levanta la luz de un nuevo día Sin albor ni crepúsculo indeciso... ¿En la mirada de tus negros ojos, En el aliento de tus labios rojos, Quién no sabrá forjarse un paraíso? Julio 26 de 1882
6.
Crepúsculo
Crepúsculo
Junto a la cuna aún no está encendida La lámpara tibia, que alegra y reposa, Y se filtra opaca, por entre cortinas De la tarde triste la luz azulosa. Los niños cansados suspenden los juegos, De la calle vienen extraños ruïdos, En estos momentos, en todos los cuartos, Se van despertando los duendes dormidos. La sombra que sube por los cortinajes, Para los hermosos oyentes pueriles, Se puebla y se llena con los personajes De los tenebrosos cuentos infantiles. Flota en ella el pobre Rin Rin Renacuajo, Corre y huye el triste Ratoncito Pérez, Y la entenebrece la forma del trágico Barba Azul, que mata sus siete mujeres. En unas distancias enormes e ignotas, Que por los rincones oscuros suscita, Andan por los prados el Gato con Botas, Y el Lobo que marcha con Caperucita. Y, ágil caballero, cruzando la selva, Do vibra el ladrido fúnebre de un gozque, A escape tendido va el Príncipe Rubio A ver a la Hermosa Durmiente del Bosque. Del infantil grupo se levanta leve Argentada y pura, una vocecilla, Que comienza: «Entonces se fueron al baile Y dejaron sola a la Cenicientilla! Se quedó la pobre triste en la cocina, De llanto de pena nublados los ojos, Mirando los juegos extraños que hacían En las sombras negras los carbones rojos. Pero vino el Hada que era su madrina, Le trajo un vestido de encaje y crespones, Le hizo un coche de oro de una calabaza, Convirtió en caballos unos seis ratones, Le dio un ramo enorme de magnolias húmedas, Unos zapaticos de vidrio, brillantes, Y de un solo golpe de la vara mágica Las cenizas grises convirtió en diamantes!» . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Con atento oído las niñas la escuchan, Las muñecas duermen, en la blanda alfombra Medio abandonadas, y en el aposento La luz disminuye, se aumenta la sombra! . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¡Fantásticos cuentos de duendes y hadas, Llenos de paisajes y de sugestiones, Que abrís a lo lejos amplias perspectivas A las infantiles imaginaciones! Cuentos que nacisteis en ignotos tiempos Y que vais, volando, por entre lo oscuro, Desde los potentes Arios primitivos, Hasta las enclenques razas del futuro. Cuentos que repiten sencillas nodrizas Muy paso, a los niños, cuando no se duermen, Y que en sí atesoran del sueño poético El íntimo encanto, la esencia y el germen. Cuentos más durables que las convicciones De graves filósofos y sabias escuelas, Y que rodeasteis con vuestras ficciones, Las cunas doradas de las bisabuelas. ¡Fantásticos cuentos de duendes y hadas Que pobláis los sueños confusos del niño, El tiempo os sepulta por siempre en el alma Y el hombre os evoca, con hondo cariño!
7.
Edenia
Edenia
Melancólica y dulce cual la huella Que un sol poniente deja en el azul Cuando baña a lo lejos los espacios Con los últimos rayos de su luz Mientras tiende la noche por los cielos De la penumbra el misterioso tul. Süave como el canto que el poeta En un suspiro involuntario da, Pura como las flores entreabiertas De la selva en la agreste oscuridad Do detenido en las musgosas ramas No filtra un rayo de la luz solar. Mujer, toda mujer ardiente, casta Alumbrada con luz de lo ideal... Radiante de virtud y de belleza Como mi alma la llegó a soñar, ¿En sus sueños de cándida ternura Así la encontrará? Julio de 1882
8.
Idilio
Idilio
-Ella lo idolatró y él la adoraba... -Se casaron al fin? -No, señor, Ella se casó con otro -¿Y murió de sufrir? -No, señor, de un aborto. -¿Y él, el pobre, puso a su vida fin? -No, señor, se casó seis meses antes del matrimonio de Ella, y es feliz.
9.
Juntos los dos
Juntos los dos
Juntos los dos reímos cierto día... ¡Ay, y reímos tanto Que toda aquella risa bulliciosa Se tornó pronto en llanto! Después, juntos los dos, alguna noche, Reímos mucho, tanto, Que quedó como huella de las lágrimas Un misterioso encanto! Nacen hondos suspiros, de la orgía Entre las copas cálidas Y en el agua salobre de los mares, Se forjan perlas pálidas!
10.
Luz de luna versión 1ª corregida de intimidades
Luz de luna versión 1ª corregida de intimidades
Luz de luna (Primera versión corregida de "Intimidades") Ella estaba con él... A su frente Pensativa y pálida, Penetrando al través de las rejas De antigua ventana De la luna naciente venían Los rayos de plata, él estaba a sus pies, de rodillas, Perdido en las vagas Visiones que cruzan en horas felices Los cielos del alma! Con las trémulas manos asidas, Con el mudo fervor de los que aman, Palpitando en los labios los besos, Entrambos hablaban El lenguaje mudo Sin voz ni palabras Que en momentos de dicha suprema, Tembloroso el espíritu habla... ................................................ El silencio que crece... la brisa Que besa las ramas, De seres que tiemblan, la luz de la luna Que el paisaje baña, ¡Amor, un instante detén allí el vuelo, Murmura tus himnos de triunfo y recoge las alas! ........................................................................... Unos meses después, él dormía Bajo de una lápida El último sueño de que nadie vuelve El último sueño de paz y de calma. ........................................................ Anoche, una fiesta Con su grato bullicio animaba De ese amor el tranquilo escenario. ¡Oh burbujas del rubio champaña! ¡Oh perfume de flores abiertas! ¡Oh girar de desnudas espaldas! ¡Oh cadencias del valse que mueve Torbellinos de tules y gasas! Allí estuvo, más linda que nunca, Por el baile tal vez agitada Se apoyó levemente en mi brazo, Dejamos las salas Y un instante después penetramos En la misma estancia Que un año antes no más la había visto Temblando callada, Cerca de él!... ...Amorosos recuerdos, Tristezas lejanas, Cariñosas memorias que vibran, Como sones de arpa, Tristezas profundas Del amor, que en sollozos estallan, Presión de sus manos, Són de sus palabras, Calor de sus besos, ¿Porqué no volvisteis a su alma?... ........................................................ A su pecho no vino un suspiro A sus ojos no vino una lágrima Ni una nube nubló aquella frente Pensativa y pálida Y mirando los rayos de luna Que al través de la reja llegaban, Murmuró con su voz donde vibran, Como notas y cantos y músicas de campanas vibrantes de plata: Qué valses tan lindos! ¡Qué noche tan clara!
11.
Luz de luna
Luz de luna
Luz de luna (Segunda versión) (Pérfida como la onda) Shakespeare Ella estaba con él... A su frente Tan bella y tan pálida, Penetrando a través de los vidrios De la antigua ventana De la luna distante venían Los rayos de plata. El estaba a sus pies. De rodillas Mirando las vagas Visiones que cruzan en horas felices Los cielos del alma. Con las trémulas manos asidas, Con el mudo fervor de quien ama, Palpitando en los labios los besos, Entrambos hablaban El mudo lenguaje Sin voz ni palabras En que, en horas de dicha suprema, Tembloroso el espíritu habla... ...................................................... El silencio que crece... la brisa Que besa las ramas Dos seres que tiemblan... la luz de la luna Que el paisaje baña. ¡Amor, un momento, detén allá el vuelo, Murmura tus himnos y pliega las alas! Unos meses después él dormía Bajo de una lápida Ese sueño del cual nadie vuelve El sueño postrero de paz y de calma. Anoche una fiesta Con su grato rumor animaba De ese amor el tranquilo escenario En la risueña casa Que escuchó sus promesas de amores Promesas sagradas! Allí estuvo cual nunca de bella... Por el baile tal vez agitada Se apoyó levemente en mi brazo, Dejamos las salas Y un momento después penetramos En la misma estancia Que un año antes no más la había visto Temblando callada En los brazos de un hombre querido... Las nocturnas auras Con los rayos de luna venían Y al través de la reja llegaban Entre vasos de niebla trayendo Los perfumes de flores lejanas. En un vidrio de la hoja entreabierta Muy cerca brillaban Con trémula luz diamantina Unas líneas raras... Miré lentamente Las cifras extrañas! Aún me parece En aquella actitud contemplarla! Las cifras aquellas... sus nombres En letras grabados Por la mano de aquél que hace un año De la tierra en el seno descansa, Por la mano de aquél que hace un año En el mismo lugar la besara.. ............................................. Aroma de nardos, Risueñas canciones lejanas, Cariñosos recuerdos que vibran Cual sones de un arpa Rumores perdidos, Del amor que en sollozos estalla, Calor de sus besos, ¿Porqué no volvisteis a su alma?... A su pecho no vino un suspiro, A sus ojos no vino una lágrima, Ni una nube cruzó aquella frente tan bella y tan pálida, Y mirando los rayos de luna Que al través del follaje filtraba Murmuró con su voz argentina ¡Qué noche tan clara! Junio 6 de 1883
12.
Madrigal
Madrigal
Tu tez rosada y pura, tu formas gráciles De estatuas de Tanagra, tu olor de lilas, El carmín de tu boca, de labios tersos; Las miradas ardientes de tus pupilas, El ritmo de tu paso, tu voz velada, Tus cabellos que suelen, si los despeina Tu mano blanca y fina toda hoyuelada, Cubrirte como fino manto de reina; Tu voz, tus ademanes, tú... no te asombres; Todo eso está ya a gritos pidiendo un hombre.
13.
Mariposas
Mariposas
En tu aposento tienes, En urna frágil, Clavadas mariposas, Que, si brillante Rayo de sol las toca, Parecen nácares O pedazos de cielo, Cielos de tarde, O brillos opalinos De alas suaves; Y allí están las azules Hijas del aire, Fijas ya para siempre Las alas ágiles, Las alas, peregrinas De ignotos valles, Que como los deseos De tu alma amante A la aurora parecen Resucitarse, Cuando de tus ventanas Las hojas abres Y da el sol en tus ojos Y en los cristales!
14.
Melancolía
Melancolía
De todo lo velado, Tenue, lejana y misteriosa surge Vaga melancolía Que del ideal al cielo nos conduce. He mirado reflejos de ese cielo En la brillante lumbre Con que ahuyenta las sombras, la mirada De sus ojos azules. Leve cadena de oro Que una alma a otra alma con sus hilos une Oculta simpatía, Que en lo profundo de lo ignoto bulle, Y que en las realidades de la vida Se pierde y se consume Cual se pierde una gota de rocío Sobre las yerbas que el sepulcro cubren. Abril 24 de 1883
15.
Midnight dreams
Midnight dreams
Anoche, estando solo y ya medio dormido, Mis sueños de otras épocas se me han aparecido. Los sueños de esperanzas, de glorias, de alegrías Y de felicidades que nunca han sido mías, Se fueron acercando en lentas procesiones Y de la alcoba oscura poblaron los rincones Hubo un silencio grave en todo el aposento Y en el reloj la péndola detúvose al momento. La fragancia indecisa de un olor olvidado, Llegó como un fantasma y me habló del pasado. Vi caras que la tumba desde hace tiempo esconde, Y oí voces oídas ya no recuerdo dónde. ............................................................................. Los sueños se acercaron y me vieron dormido, Se fueron alejando, sin hacerme ruido Y sin pisar los hilos sedosos de la alfombra Y fueron deshaciéndose y hundiéndose en la sombra.
16.
Nocturno
Nocturno
Oh dulce niña pálida, que como un montón de oro de tu inocencia cándida conservas el tesoro; a quien los más audaces, en locos devaneos, jamás se han acercado con carnales deseos; tú, que adivinar dejas inocencias extrañas en tus ojos velados por sedosas pestañas, y en cuyos dulces labios -abiertos sólo al rezo- jamás se habrá posado ni la sombra de un beso... Dime quedo, en secreto, al oído, muy paso, con esa voz que tiene suavidades de raso: si entrevieras dormida a aquel con quien tú sueñas, tras las horas de baile rápidas y risueñas, y sintieras sus labios anidarse en tu boca y recorrer tu cuerpo, y en tu lascivia loca besar tus pliegues de tibio aroma llenos y las rígidas puntas rosadas de tus senos; si en los locos, ardientes y profundos abrazos agonizar soñar de placer en sus brazos, por aquel de quien eres todas las alegrías, ¡Oh dulce niña pálida!, di, ¿te resistirías?
17.
Nocturno I
Nocturno I
A veces, cuando en alta noche tranquila, Sobre las teclas vuela tu mano blanca, Como una mariposa sobre una lila Y al teclado sonoro notas arranca, Cruzando del espacio la negra sombra Filtran por la ventana rayos de luna, Que trazan luces largas sobre la alfombra, Y en alas de las notas a otros lugares, Vuelan mis pensamientos, cruzan los mares, Y en gótico castillo donde en las piedras Musgosas por los siglos, crecen las yedras, Puestos de codos ambos en tu ventana Miramos en las sombras morir el día Y subir de los valles la noche umbría Y soy tu paje rubio, mi castellana, Y cuando en los espacios la noche cierra, El fuego de tu estancia los muebles dora, Y los dos nos miramos y sonreímos Mientras que el viento afuera suspira y llora! .................................................................... ¡Cómo tendéis las alas, ensueños vanos, cuando sobre las teclas vuelan tus manos!
18.
Nocturno II
Nocturno II
Poeta!, di paso Los furtivos besos!... ¡La sombra! Los recuerdos! La luna no vertía Allí ni un solo rayo... Temblabas y eras mía. Temblabas y eras mía bajo el follaje espeso, Una errante luciérnaga alumbró nuestro beso, El contacto furtivo de tus labios de seda... La selva negra y mística fue la alcoba sombría... En aquel sitio el musgo tiene olor de reseda... Filtró luz por las ramas cual si llegara el día, Entre las nieblas pálidas la luna aparecía... Poeta, di paso Los íntimos besos! ¡Ah, de las noches dulces me acuerdo todavía! En señorial alcoba, do la tapicería Amortiguaba el ruido con sus hilos espesos Desnuda tú en mis brazos fueron míos tus besos; Tu cuerpo de veinte años entre la roja seda, Tus cabellos dorados y tu melancolía Tus frescuras de virgen y tu olor de reseda... Apenas alumbraba la lámpara sombría Los desteñidos hilos de la tapicería. Poeta, di paso El último beso! ¡Ah, de la noche trágica me acuerdo todavía! El ataúd heráldico en el salón yacía, Mi oído fatigado por vigilias y excesos, Sintió como a distancia los monótonos rezos! Tú mustia yerta y pálida entre la negra seda, La llama de los cirios temblaba y se movía, Perfumaba la atmósfera un olor de reseda, Un crucifijo pálido los brazos extendía Y estaba helada y cárdena tu boca fue mía! * * * Ronda (Versión original de "Poeta, di paso") Poeta, di paso Los furtivos besos... .................................................................... La ronda... Los recuerdos... La luna no vertía Allí ni un solo rayo, temblabas y eras mía El aire estaba tibio bajo el follaje espeso, Una errante luciérnaga alumbró nuestro beso... El contacto amoroso de tus labios de seda... La selva oscura y mística fue la alcoba sombría El musgo, en ese sitio tiene olor de reseda... ................................................................... Filtró luz por las ramas cual si llegara el día Entre las nieblas pálidas la luna aparecía. Poeta di paso Los íntimos besos. ¿De las noches más dulces te acuerdas, todavía? En señorial alcoba, do la tapicería Amortiguaba el ruido, con sus hilos espesos, Desnuda tú en mis brazos, fueron míos tus besos, Tu cuerpo de veinte años sobre la roja seda, Tus cabellos dorados y tu melancolía Tus caricias de virgen y tu olor de reseda... ......................................................................... Apenas alumbraba la lámpara sombría Las desteñidas sedas de la tapicería Poeta di paso El último beso... De la trágica noche me acuerdo todavía El ataúd heráldico en el salón yacía, Fatigado mi cuerpo por vigilias y excesos Oí, como a distancia, los monótonos rezos, Tú, mustia, yerta y rígida entre la negra seda, La llama de los cirios temblaba y se movía, Perfumaba la atmósfera un olor de reseda... Un crucifijo pálido, los brazos extendía, Y estaba helada y cárdena la boca que fue mía. Poeta, a las sombras Temblando me vuelvo. 24/12/89
19.
Nocturno III
Nocturno III
Una noche Una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas, Una noche En que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas, A mi lado lentamente, contra mí ceñida, toda, Muda y pálida Como si un presentimiento de amarguras infinitas, Hasta el más secreto fondo de las fibras te agitara, Por la senda florecida que atraviesa la llanura florecida Caminabas, Y la luna llena Por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca, Y tu sombra Fina y lánguida, Y mi sombra Por los rayos de la luna proyectada Sobre las arenas tristes De la senda se juntaban Y eran una Y eran una Y eran una sola sombra larga! Y eran una sola sombra larga! Y eran una sola sombra larga! Esta noche Solo, el alma Llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte, Separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia, Por el infinito negro Donde nuestra voz no alcanza, Solo y mudo Por la senda caminaba, Y se oían los ladridos de los perros a la luna, A la luna pálida, Y el chillido De las ranas, Sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba Tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas, Entre las blancuras níveas De las mortüorias sábanas! Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte Era el frío de la nada... Y mi sombra Por los rayos de la luna proyectada, Iba sola, Iba sola ¡Iba sola por la estepa solitaria! Y tu sombra esbelta y ágil Fina y lánguida, Como en esa noche tibia de la muerta primavera, Como en esa noche llena de murmullos de perfumes y de músicas de alas, Se acercó y marchó con ella Se acercó y marchó con ella, Se acercó y marchó con ella... ¡Oh las sombras enlazadas! ¡Oh las sombras que se buscan en las noches de negruras y de lágrimas!... * * * Primera versión de "Una noche" (Inédita, para la Lectura) I Una noche, Una noche toda llena de murmullos, de perfumes y de músicas de alas, Una noche En que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas, A mi lado lentamente, contra mí ceñida toda, muda y pálida, Como si un presentimiento de amarguras infinitas Hasta el más secreto fondo de las fibras te agitara, Por la senda florecida que atraviesa la llanura Caminabas. Y la luna llena Por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca, Y tu sombra Fina y lánguida, Y mi sombra Por los rayos de la luna proyectadas, Sobre las arenas tristes De la senda se juntaban, Y eran una, Y eran una, Y eran una sola sombra larga Y eran una sola sombra larga Y eran una sola sombra larga... II Esta noche Solo, el alma Llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte, Separado de ti misma por el tiempo, por la tumba y la distancia, Por el infinito negro Donde nuestra voz no alcanza, Mudo y solo Por la senda caminaba... Y se oían los ladridos de los perros a la luna, A la luna pálida, Y el chillido De las ranas... Sentí frío; era el frío que tenían en tu alcoba Tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas, Entre las blancuras níveas De las mortuorias sábanas, Era el frío del sepulcro, era el hielo de la muerte Era el frío de la nada, Y mi sombra, Por los rayos de la luna proyectada, Iba sola, Iba sola, Iba sola por la estepa solitaria, Y tu sombra esbelta y ágil Fina y lánguida, Como en esa noche tibia de la muerta primavera, Como en esa noche llena de murmullos, de perfumes, y de músicas de alas, Se acercó y marchó con ella Se acercó y marchó con ella... Se acercó y marchó con ella... ¡Oh las sombras enlazadas! ¡Oh las sombras de los cuerpos que se juntan con las sombras de las almas... ¡Oh las sombras que se buscan en las noches de tristezas y de lágrimas!...
20.
Notas perdidas
Notas perdidas
I Es media noche. –Duerme el mundo ahora Bajo el ala de niebla del silencio Vagos rayos de luna Y el fulgor incierto De lámpara velada Alumbran su aposento. En las teclas del piano Vagan aún sus marfilinos dedos, Errante la mirada Dice algo que no alcanza el pensamiento. ¡Cómo perfuma el aire el blanco ramo Marchito en el florero, Cuán suave es el suspiro Que vaga entre sus labios entreabiertos! ............................................................. ¡Adriana! ¡Adriana! de tan dulces horas Guardarán el secreto Tu estancia, el rayo de la luna, el vago Ruido de tus besos, La noche silenciosa, Y en mi alma el recuerdo!... II Si en vosotras algún día Se fijan sus ojos bellos, ¡Pobres estrofas! habladle Con rumor suave y ledo Como notas de una música Que oímos ha mucho tiempo, Y que impregnada de aromas Torna en las alas del viento. Alzada cual leve brisa Besad sus blondos cabellos Y penetrad en su alma Y en los espacios perdeos Como en la santa capilla Las espirales de incienso!... III Como recuerdo de su amor sincero, Recuerdo dulce y único De aquel amor suave y melancólico Cual la luz del crepúsculo, Guardo en un cofrecito plateado Unas rosas de musgo Las contemplo en mis horas de alegría, Las beso cuando sufro, ¡Aún guardan el perfume penetrante De los cabellos suyos! .......................................................... Cuando bajo la tierra muda y fría Duerma, lejos del mundo, Cuando el ramaje de movible sauce Cobije mi sepulcro, Sobre la piedra que mis restos vele Poned el ramo mustio! IV La noche en que al dulce beso Del amor, se abrió su alma Caminando lentamente Iba, en mi brazo apoyada. No había luna. Las estrellas Vertían su luz escasa, Y sobre el cielo profundo Nuestros ojos contemplaban Como una bruma ligera, La brillante vía láctea, ..................... suspiró. Con voz muy queda -dime, le dije, ¡te cansas! Alzó la hermosa cabeza, Se iluminó su mirada Y murmuró. Mira dicen Que es grande, inmensa la vaga Bruma que brilla a lo lejos Como una niebla de plata, Que la forman otros mundos Que están a inmensa distancia, Que la luz solar invierte Siglos en atravesarla, Y si Dios quisiera un día A ti y a mí darnos alas Esa distancia infinita Feliz, contigo cruzara! Bajo la noble cabeza Desvió la viva mirada Y dijo paso –de nuevo Me preguntabas "te cansas"! V ¡Pobre! junto del hombre aquel, su vida Fue como un rayo del estivo sol, Que se pierde en un caos de neblinas Sin forma ni color. ......................................................... Las veces en que, en horas de tristeza, Las sombras de otros tiempos evocó y el recuerdo feliz y sonriente De su primer amor, Las veces en que al beso de la pena Quizá lanzó un ¡ay! y murmuró Cabe la cuna del dormido niño Una dulce canción, Las veces en que en luchas interiores Del sentimiento el grito sofocó Como el [humilde] aroma de las rosas Lo sabe sólo Dios! VI Encontrarás poesía Dijo entonces, sonriendo En el recinto sagrado De los cristianos templos, En los lugares que nunca Humanos pies recorrieron, En los bosques seculares Donde se oculta el silencio, En los murmullos sonoros De las ondas y del viento, En la voz de los follajes Del amor en los recuerdos, De las niñas de quince años En los blancos aposentos, En las tristezas profundas Como el Cristo En las noches estrelladas, ...Jamás en los malos versos! VII Como tú sobre la dura Roca nativa, parásita También he visto en la vida Sobre las rocas más áridas Criaturas tristes y buenas Embellecer... VIII ¡La visteis! dulce y serena Su faz retrata su calma Y aunque de visiones llena Aún está virgen su alma. Tiene la piel suave y pura Cual las hojas de las lilas, Ensueños de honda ternura Rebosan en sus pupilas. Pequeño y la forma arqueada El pie nervioso y breve y pálida y hoyuelada La blanca mano de nieve. La mirada traviesa Con lumbre vívida brilla Bajo de la blonda espesa De la española mantilla. Y al meditar en sus besos Perdiéndose en sus miradas Se sueñan locos excesos De frescas carnes rosada [s]. Su alegre estancia risueña Medio-templo, medio-nido, Conversa al alma que sueña Con un lenguaje escondido. Hacia sus grandes ventanas Que velan leves cortinas Tienden las Oscuras ramas Las madreselvas vecinas. De noche mis pensamientos Allí van -ruido importuno En las alas de los vientos Con los rayos de la luna. Y al penetrar, a la mesa Vuelan -do lee o delira- O hacia el Cristo al cual le reza, O al espejo do se mira. Y cual una visión vana Que evaporándose crece Se salen por la ventana Cuando la aurora amanece! IX Bajad a la pobre niña, Bajad la con mano trémula, Y con cuidadoso esmero Entre la fosa ponedla Y arrojad sobre su tumba Frías puñadas de tierra! Aún sobre sus labios rojos La sonrisa postrimera, Tan joven y tan hermosa Y descansa helada, yerta, Y está marchito el tesoro De su dulce adolescencia! Bajad a la pobre niña, ¡Bajadla con mano trémula Y con cuidadoso esmero Entre la fosa ponedla Y arrojad sobre su tumba Frías puñadas de tierra! Cavad ahora otra fosa, Cavad la con mano trémula, De la sonriente niña Del triste sepulcro cerca, Para que lejos del mundo Su sueño postrero duerman Mis recuerdos de cariño Y mis memorias más tiernas. Bajadlos desde mi alma Bajadlos con mano trémula Y arrojad sobre su fosa Frías puñadas de tierra X A Natalia Tanco A. ¿Has visto, cuando amanece Los velos conque la escarcha Los vidrios de los balcones Cubre en la noche callada? Deja que el rayo primero De la luz de la mañana Los hiera, y verás entonces Formarse figuras vagas En la superficie fría Helechos de formas raras, Paisajes de sol y niebla De perspectivas lejanas Por donde van los ensueños A la tierra de las hadas Y al fin un caos confuso De luz y gotas de agua De ramazones inciertas Y perspectivas lejanas Que al deshacerse semeja [n] El vago esbozo de un alma. Las neblinas que el espíritu Llenan en horas amargas, Como a los rayos del sol De los cristales la escarcha Si las hiere tu sonrisa Se vuelven visiones blancas. XI Cabe el remanso sombrío Del arroyo transparente Palpita y tiembla de frío Y la copia la corriente. El tronco del árbol viejo Y las verdeoscuras frondas, Como en ve necia no espejo Se retratan en las ondas, Suelto el cabello abundoso Sobre el hombro alabastrino Su cuerpo esbelto y airoso Vela sólo el blanco lino. ¡Un rayo de sol!... El tul De las nieblas rompe el día ¡Aguas, yerbas, cielo azul Todo respira alegría! ¡Llegó el momento! El cendal Que la cubre deja huir Del arroyo en el cristal El cuerpo va a sumergir. ¿Mas porqué vuelve asustada Los ojos y busca llena De afán?... Una carcajada Aún en los aires resuena, Es que al ir escondido Arroyo donde se baña Despertó a un silfo dormido En una tela de araña. 14 de agosto de 1883
21.
Realidad
Realidad
Para M... En el dulce reposo de la tarde Cuando al ponerse el sol en occidente Su luz dorada, de la vida fuente, Como una hoguera en los espacios arde, O de la noche en el silencio umbrío Cuando la luna con fulgor de plata Alumbra a trechos el sonante río Y en sus límpidas ondas se retrata, Entre las sombras de la vida hay horas En que la realidad que nos circuye A detener el ímpetu no alcanza De nuestra alma que a lo lejos huye Y a la región de lo ideal se lanza... Y entonces cuando pienso en tus amores Nuestras dos vidas deslizarse veo No cual la realidad que aja sus flores Sino cual la ilusión de tu deseo. No por las conveniencias separados, Soñando tú conmigo, yo en tus sueños, Sino juntos los dos en los collados De la Arcadia risueños; Asidos por las manos a lo lejos Buscando el fin de la campiña amena A los pálidos rayos de la luna. O del ardiente sol a los reflejos, Dejando transcurrir una por una Las no contadas horas venturosas Que no mancha la sombra de una pena Libando amor... y deshojando rosas... Del verdor y del musgo en lo sombrío Ocultos en lo ignoto del boscaje Radiante aún de gotas de rocío De virgen fuerza y de vigor salvaje; Sentados a la orilla del torrente Tú escuchando los ecos del follaje Yo acariciando -trémula la mano- Tus rizos al caer sobre tu frente... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Otras veces trayendo a la memoria Los fantasmas de un tiempo ya pasado Junto con ellos cual sencilla historia Los ideales de tu amor soñado. Y es entonces un gótico castillo De altivas torres de musgosas piedras En cuyo muro gris crecen las hiedras Teatro de nuestro amor santificado. Y en reducida y perfumada estancia Cuyos tapices abrillanta y dora El fuego de la antigua chimenea, Juntos los dos oímos a distancia Diciéndonos protestas de ternura La voz del agua que al perderse llora Y el viento que en los árboles cimbrea Entre el silencio de la noche oscura. O en frágil barca en plácida mañana De lago azul flotando en los cristales Con la mirada errantes contemplamos El cielo, la ribera, los juncales, Y las nieblas que inciertas, vaporosas, Van a perderse en la región lejana Como se pierde la esperanza humana O el postrimer aroma de las rosas. Mas cuando el alma en sus ensueños flota, La realidad asoma de improviso No más resuena la encanta nota... Brotan espinas do la rosa brota, Y en crüel se torna el paraíso. Vuelvo a mirar... y pienso que nacimos Para vivir por siempre separados, Que no es una la senda que seguimos Y que la lumbre que cercana vimos Fue visión de tu amor y tus cuidados. Y al comparar la realidad penosa Con los paisajes de ideal que miro En el fondo del alma lastimosa Para tu dulce amor -niña piadosa- Para tu dulce amor surge un suspiro. Octubre 24 de 1882
22.
¿Recuerdas?
¿Recuerdas?
¿Recuerdas?.... Tú no recuerdas Aquellas tardes tranquilas En que en la vereda angosta Que conduce a tu casita Plegaban a tu contacto Sus hojas las sensitivas Como al poder misterioso Del amor tu alma de niña... En la oscuridad pasaban Las luciérnagas cual chispas Que bajo la yerba espesa Nuestros dedos perseguían ¡Así también en las horas De mis años de desdicha Cruzaban por entre sombras Mis esperanzas perdidas!... ¿Recuerdas?... Tú no recuerdas La cruz de mayo que hicimos Con violetas silvestres Y con sonrosados lirios Bajo el frondoso ramaje De tu árbol favorito. Como una lluvia de perlas Sobre blanco raso níveo Brillaba por los [...] En las hojas del rocío! Y los pájaros cantores Hicieron cerca sus nidos... Después pasé una mañana Y vi tu ramo marchito Como mi pasión ardiente Por tu infamia y tus desvíos. ¿Recuerdas?... Tú no recuerdas Más de esa noche amorosa, La lumbre de tus pupilas, El aliento de tu boca Entreabierta y perfumada Como un botón de magnolia, Los murmullos argentinos Del agua bajo las frondas, El brillo de las estrellas Y las esencias ignotas Que derramaron los genios En las brisas cariñosas, Quedaron como una huella Que el tiempo aleve no borra ¡Ay! para toda la vida ¡Escritas en la memoria! ¿Recuerdas?... Tú no recuerdas Pero yo, cuando levanta El crepúsculo sombrío Del fondo de las cañadas Y las tristezas inmensas De lo profundo del alma Al pasado fugitivo Tiendo la vista cansada Y nuestra historia de amores Hacia mí tiende las alas. ¡Cuando en las horas nocturnas Cabe el esposo que te ama Tu agitado pensamiento Tenga segundos de calma De aquella pasión extinta ¡Jamás te acuerdes, ingrata! ¿Recuerdas?... Tú no recuerdas La tarde aquella en que juntos Bajamos de la colina, Tus grandes ojos oscuros Se anegaban en los rayos Sonrosados del crepúsculo Y tu voz trémula y triste Como un lejano murmullo Me hablaba de los temores De tu cuerpo moribundo! Si hubieras entonces muerto Cómo amara tu sepulcro Ahora, cuando te veo Feliz gozar de tus triunfos Tan sólo asoma a mis labios Una sonrisa de orgullo! Abril 18 de 1884
23.
Sub-Umbra
Sub-Umbra
A A. de W. Tú no lo sabes... mas yo he soñado Entre mis sueños color de armiño, Horas de dicha con tus amores, Besos ardientes, quedos suspiros... Cuando la tarde tiñe de oro Esos espacios que juntos vimos, Cuando mi alma su vuelo emprende A las regiones de lo infinito, Aunque me olvides, aunque no me ames, Aunque me odies, sueño contigo! Mayo de 1881
24.
Suspiro
Suspiro
A A. de W. Si en tus recuerdos ves algún día Entre la niebla de lo pasado Surgir la triste memoria mía Medio borrada ya por los años, Piensa que fuiste siempre mi anhelo Y si el recuerdo de amor tan santo Mueve tu pecho, nubla tu cielo, Llena de lágrimas tus ojos garzos; ¡Ah, no me busques aquí en la tierra Donde he vivido, donde he luchado, Sino en el reino de los sepulcros Donde se encuentran paz y descanso! Junio 2 de 1881
Citas Célebres y Pensamientos
1 cita
Frases para reflexionar
José Asunción Silva
« Ah! Vivir la vida..., eso es lo que quiero, sentir todo lo que se puede sentir, saber todo lo que se puede saber, poder todo lo que se puede. »
José Asunción Silva · Menciones en GLibros
« Uno no hace versos, los versos se hacen dentro de uno y salen. »
José Asunción Silva · En De sobremesa. Menciones en GLibros
« Yo no quiero decir sino sugerir y para que que la sugestión se produzca es preciso que el lector sea un artista. »
José Asunción Silva · Sobremesa (1925);[ Menciones] en GLibros
« ¡Oh voces silenciosas de los muertos!Llamadme hacia la alturadonde el camino de los astros cortala gélida negrura. »
José Asunción Silva · Las voces silenciosas (1923). Menciones en GLibros. Y en wikisouce
Algunos libros de poesía de José Asunción Silva:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: