« Soporta, corazón mío; cosas más crueles has tolerado en otros tiempos. »
Homero · La Odisea, Canto XX
Épica clásica griega · La Ilíada y La Odisea
La leyenda lo retrata como un aedo ciego y vagabundo que recorría las islas de la antigua Grecia recitando poemas. Aunque muchos dudan de si existió un único autor o varios, su voz dio forma definitiva a las leyendas orales que fascinaron a toda la Antigüedad.
Con «La Ilíada» nos sumergió en la furia de Aquiles y el brutal asedio a Troya entre héroes y dioses. Con «La Odisea» creó la mayor historia de aventuras marinas jamás contada, repleta de monstruos y sirenas que todavía inspiran películas y videojuegos.
Canta, oh musa, la cólera del pélida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves —cumplíase la voluntad de Zeus— desde que se separaron disputando el rey de hombres, Atrida, y el divino Aquiles. ¿Cuál de los dioses promovió entre ellos la contienda? El hijo de Leto y de Zeus. Airado con el rey, suscitó en el ejército maligna peste, y los soldados perecían porque el Atrida había ultrajado al sacerdote Crises.
Héctor ilustre extendió los brazos hacia su tierno hijo; mas el niño se encogió llorando contra el seno de la nodriza, asustado por el brillo del bronce y el penacho de crines que veía ondear temible en la cima del yelmo. Rieron su padre amado y su venerada madre; quitóse presto el héroe el casco de la cabeza y lo posó en el suelo, deslumbrante en la tierra. Besó a su querido hijo, lo meció entre sus brazos, y rogó a Zeus y a todos los dioses inmortales: «¡Zeus, concededme que este hijo mío sea, cual yo, insigne entre los troyanos, fuerte y valiente caudillo!»
«¡Acércate, célebre Odiseo, gloria excelsa de los aqueos! Detén tu negra nave para escuchar nuestra voz divina. Nadie jamás pasó por aquí en su negra nave sin haber escuchado las dulces canciones de nuestros labios; sino que goza del canto y se marcha más sabio, pues conocemos cuanto en la vasta Troya sufrieron argivos y teucros por la voluntad de los dioses, y sabemos cuanto sucede sobre la tierra nutricia».
Llegó el anciano Príamo sin ser visto de nadie, abrazó las rodillas de Aquiles y besó sus manos, aquellas manos terribles, homicidas, que mataron a tantos hijos suyos. Y suplicando le dijo estas aladas palabras: «Acuérdate de tu padre, Aquiles semejante a los dioses, que tiene mi misma edad y está en el umbral de la vejez. Yo soy más desdichado que cualquier hombre mortal, pues me atreví a llevar a mis labios la mano que mató a mi hijo».
Despertó el divino Odiseo del profundo sueño en su tierra patria; mas no la conoció de pronto, porque la diosa Palas Atenea había derramado espesa niebla. Besó la tierra nutricia, fértil en trigo y viñas, y elevó sus brazos al cielo dando gracias a las ninfas: «¡Náyades sagradas, hijas de Zeus! No creí volver a veros; salve a vosotras, diosas dulces de mi patria amada».
« Soporta, corazón mío; cosas más crueles has tolerado en otros tiempos. »
« En la distancia, los males divierten al hombre. »
« Afrodita gusta de la sonrisas. »
« Canta, oh diosa, la cólera del Pélida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos.... »
« Cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos.... »
« Dame el Amor y el Deseo con los cuales rindes a todos los inmortales y a los mortales hombres. »
« De todos los animales que respiran y se arrastran por toda la tierra, el más débil y el más miserable es el hombre. »
« El destino ha concedido a los hombres el bien de la resignación. »
« El que ama la guerra civil es un hombre sin lazos de familia, sin hogar y sin ley. »
« Extranjero, mi costumbre es honrar a los huéspedes. »
« La raza de los hombres es como la de las hojas, cuando una generación florece, otra declina. »
« Los caminos del día bordean los de la noche. »
« Los dioses quitan al hombre la mitad de su virtud el día que lo sujetan al yugo de la servidumbre. »
« Llevadera es la labor cuando muchos comparten la fatiga. »
« No me disfraces la muerte. »
« No estés mucho tiempo lejos del hogar. »
« No hay pacto leal entre los hombres y los leones. »
« Pobre loco, tu fogosidad te perderá. »
« Por el rastrojo se reconoce la espiga. »
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: