Gloria sea a Dios por las cosas manchadas,
por los cielos con manchas de color como vaca pinta;
por las motas de trucha rosada que nada en el agua clara;
por la caída del castaño como carbón encendido; alas de pinzón;
por el paisaje dividido en parcelas, cercado y labrado;
y todos los oficios, sus aparejos, sus aperos y sus arreos.
Todo lo raro, original, desparejo, mudable;
cuanto es tornasolado, pecoso (¿quién sabe cómo?),
con lo veloz, lo lento, lo dulce, lo agrio, lo deslumbrante y lo opaco:
Él engendra todo esto, cuya belleza nunca se altera:
¡Alabadlo a Él!