« Era una tarde solitaria y clara; el sol poniente en la planicie ardía, y el horizonte inmenso descubría el silencioso piélago del pasto. »
Esteban Echeverría · La cautiva (El desierto - Fragmento)
Iniciador del Romanticismo en el Río de la Plata · Autor de La cautiva, El matadero y Los consuelos
Era una tarde solitaria y clara; el sol poniente en la planicie ardía, y el horizonte inmenso descubría el silencioso piélago del pasto. El desierto callado y pavoroso abría su desmesurada anchura; ni un árbol que prestara sombra pura, ni un arroyo de límpido reposo. Por la vasta extensión cabalga errante la sombra de la noche que desciende; y el corazón acongojado siente la soledad augusta del gigante.
Vuelve a mí, virgen de los ojos puros, devuélveme el sosiego que perdí; bajo tus pasos el desierto florece y el cielo brilla con fulgor de abril. Si tú me dejas en la tierra helada, ¿qué luz alumbrará mi porvenir? Eres la estrella de mi noche amarga y el solo bien por el que sé vivir.
« Era una tarde solitaria y clara; el sol poniente en la planicie ardía, y el horizonte inmenso descubría el silencioso piélago del pasto. »
« Vuelve a mí, virgen de los ojos puros, devuélveme el sosiego que perdí; bajo tus pasos el desierto florece y el cielo brilla con fulgor de abril. »
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