« Amor, la noche estaba trágica y sollozante, cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura. »
Delmira Agustini
1886–1914Modernismo uruguayo · Erotismo lírico y místico
Vida
Considerada una niña prodigio en el Montevideo de principios del siglo XX, creció sobreprotegida por una familia burguesa que intentó controlar cada uno de sus pasos. A solas en su habitación, sin embargo, escribía poemas de un erotismo salvaje, misterioso y deslumbrante que escandalizaron por completo a la moral de su época.
Se casó con un joven comerciante que no comprendía su genio creador y se divorció apenas mes y medio después, desafiando todos los tabúes sociales. Su vida terminó en tragedia absoluta con solo veintisiete años, cuando su exmarido, incapaz de aceptar su libertad, la asesinó a tiros en una habitación secreta.
Poemas de Delmira Agustini
1.
Amor
Amor
Lo soñé impetuoso, formidable y ardiente; hablaba el impreciso lenguaje del torrente; era un mar desbordado de locura y de fuego, rodando por la vida como un eterno riego. Luego soñélo triste, como un gran sol poniente que dobla ante la noche la cabeza de fuego; después rió, y en su boca tan tierna como un ruego, soñaba sus cristales el alma de la fuente. Y hoy sueño que es vibrante y suave y riente y triste, que todas las tinieblas y todo el iris viste, que, frágil como un ídolo y eterno como Dios, sobre la vida toda su majestad levanta: y el beso cae ardiendo a perfumar su planta en una flor de fuego deshojada por dos....
2.
Anillo
Anillo
Raro anillo que clarea, Raro anillo que sombrea Una profunda amatista. Crepúsculo vespertino Que en tu matinal platino Engarzó espléndido artista. El porvenir es de miedo... ¿Será tu destino un dedo De tempestad o de calma? Para clararte y sombrearte, ¡Si yo pudiera glisarte En un dedo de mi alma!...
3.
Boca a boca
Boca a boca
Copa de vino donde quiero y sueño beber la muerte con fruición sombría, surco de fuego donde logra Ensueño fuertes semillas de melancolía. Boca que besas a distancia y llamas en silencio, pastilla de locura, color de sed y húmeda de llamas... ¡Verja de abismos es tu dentadura! Sexo de un alma triste de gloriosa; el placer unges de dolor; tu beso, puñal de fuego en vaina de embeleso, me come en sueños como un cáncer rosa... Joya de sangre y luna, vaso pleno de rosas de silencio y de armonía, nectario de su miel y su veneno, vampiro vuelto mariposa al día. Tijera ardiente de glaciales lirios, panal de besos, ánfora viviente donde brindan delicias y delirios fresas de aurora en vino de poniente... Estuche de encendidos terciopelos en que su voz es fúlgida presea, alas del verbo amenazando vuelos, cáliz en donde el corazón flamea. Pico rojo del buitre del deseo que hubiste sangre y alma entre mi boca, de tu largo y sonante picoteo brotó una llaga como flor de roca. Inaccesible... Si otra vez mi vida cruzas, dando a la tierra removida siembra de oro tu verbo fecundo, tú curarás la misteriosa herida: lirio de muerte, cóndor de vida, ¡flor de tu beso que perfuma al mundo!
4.
Boceto inconcluso
Boceto inconcluso
A veces, cuando el amado y yo soñamos en silencio, -un silencio agudo y profundo como el acecho de un sonido insólito y misterioso- siento como si su alma y la mía corrieran lejanamente, por yo no sé qué tierras nunca vistas, en un raudal potente y rumoroso...
5.
Ceguera
Ceguera
Me abismo en una rara ceguera luminosa, un astro, casi un alma, me ha velado la Vida. ¿Se ha prendido en mí como brillante mariposa, o en su disco de luz he quedado prendida? No sé... Rara ceguera que me borras el mundo, estrella, casi alma, con que asciendo o me hundo. ¡Dame tu luz y vélame eternamente el mundo!
6.
Con tu retrato
Con tu retrato
Yo no sé si mis ojos o mis manos encendieron la vida en tu retrato; nubes humanas, rayos sobrehumanos, todo tu Yo de Emperador innato amanece a mis ojos, en mis manos. ¡Por eso, toda en llamas, yo desato cabellos y alma para tu retrato, y me abro en flor!... Entonces, soberanos de la sombra y la luz, tus ojos graves dicen grandezas que yo sé y tú sabes... y te dejo morir... Queda en mis manos una gran mancha lívida y sombría... ¡Y renaces en mi melancolía formado de astros fríos y lejanos!
7.
Cuentas de fuego
Cuentas de fuego
Cerrar la puerta cómplice con rumor de caricia, deshojar hacia el mal el lirio de una veste... -La seda es un pecado, el desnudo es celeste; y es un cuerpo mullido, un diván de delicia.- Abrir brazos...así todo ser es alado; o una cálida lira dulcemente rendida de canto y de silencio...más tarde, en el helado más allá de un espejo, como un lago inclinado ver la olímpica bestia que elabora la vida... Amor rojo, amor mío; sangre de mundos y rumor de cielos... ¡Tú me los des, Dios mío!
8.
Desde lejos
Desde lejos
En el silencio siento pasar hora tras hora como un cortejo lento, acompasado y frío ¡Ah, cuando tú estás lejos de mi alma todo llora, y al rumor de tus pasos hasta en sueños sonrío! Yo sé que volverás, que brillará otra aurora en mi horizonte grave como un sueño sombrío; revivirá en mis bosques tu gran risa sonora que los cruzaba alegre como el cristal de un río. Un día, al encontrarnos tristes en el camino yo puse entre tus manos mi pálido destino. ¡Y nada más hermoso jamás han de ofrecerte! Mi alma es, frente a tu alma, como el mar frente al cielo: pasarán entre ellas, cual la sombra de un vuelo, la Tormenta y el Tiempo y la Vida y la Muerte!
9.
Dia nuestro
Dia nuestro
Día nuestro -La tienda de la noche se ha rasgado hacia Oriente.- Tu espíritu amanece maravillosamente; su luz penetra en mi alma como el sol a un vergel... -Pleno sol. Llueve fuego. -Tu amor tienta, es la gruta afelpada de musgo, el arroyo, la fruta, la deleitosa fruta madura a toda miel. -El ángelus. -Tus manos son dos alas tranquilas, mi espíritu se dobla como un gajo de lilas, y mi cuerpo te envuelve... tan sutil como un velo. -El triunfo de la noche. -De tus manos, más bellas, fluyen todas las sombras y todas las estrellas, y mi cuerpo se vuelve profundo como un cielo!
10.
El arroyo
El arroyo
¿Te acuerdas? El arroyo fue la serpiente buena... Yo muero extrañamente... No me mata la Vida, ¿Te acuerdas? El arroyo fue la serpiente buena... Fluía triste y triste como un llanto de ciego cuando en las piedras grises donde arraiga la pena como un inmenso lirio se levantó tu ruego. Mi corazón, la piedra más gris y más serena, despertó en la caricia de la corriente y luego sintió cómo la tarde, con manos de agarena, prendía sobre él una rosa de fuego. Y mientras la serpiente del arroyo blandía el veneno divino de la melancolía, tocada de crepúsculo me abrumó tu cabeza, la coroné de un beso fatal, en la corriente vi pasar un cadáver de fuego... Y locamente me derrumbó en tu abrazo profundo la tristeza.
11.
El cisne
El cisne
Pupila azul de mi parque es el sensitivo espejo de un lago claro, muy claro!... Tan claro que a veces creo que en su cristalina página se imprime mi pensamiento. Flor del aire, flor del agua, alma del lago es un cisne con dos pupilas humanas, grave y gentil como un príncipe; alas lirio, remos rosa... Pico en fuego, cuello triste y orgulloso, y la blancura y la suavidad de un cisne... El ave cándida y grave tiene un maléfico encanto; clavel vestido de lirio, trasciende a llama y milagro!... Sus alas blancas me turban como dos cálidos brazos; ningunos labios ardieron como su pico en mis manos; ninguna testa ha caído tan lánguida en mi regazo; ninguna carne tan viva he padecido o gozado: viborean en sus venas filtros dos veces humanos! Del rubí de la lujuria su testa está coronada: y va arrastrando el deseo en una cauda rosada... Agua le doy en mis manos y él parece beber fuego, y yo parezco ofrecerle todo el vaso de mi cuerpo... Y vive tanto en mis sueños, Y ahonda tanto en mi carne, que a veces pienso si el cisne con sus dos alas fugaces, sus raros ojos humanos y el rojo pico quemante, es solo un cosne en mi lago o es en mi vida un amante... Al margen del lago claro yo le interrogo en silencio... y el silencio es una rosa sobre su pico de fuego... Pero en su carne me habla y yo en mi carne le entiendo. -A veces ¡toda! soy alma; y a veces ¡toda! soy cuerpo.- Hunde el pico en mi regazo y se queda como muerto... Y en la cristalina página, en el sensitivo espejo del algo que algunas veces refleja mi pensamiento, ¡el cisne asusta, de rojo, y yo, de blanca, doy miedo!
12.
El diamante
El diamante
Hoy, en una mano burda instintiva, deforme, he visto el diamante más bello que pueda encender el Milagro... Parecía vivo y doloroso como un espíritu desolado... Vi fluir de su luz una sombra tan triste, que he llorado por él y por todos los bellos diamantes extraviados en manos deformes...
13.
El intruso
El intruso
Amor, la noche estaba trágica y sollozante cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura; luego, la puerta abierta sobre la sombra helante, tu forma fue una mancha de luz y de blancura. Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante; bebieron en mi copa tus labios de frescura; y descansó en mi almohada tu cabeza fragante; me encantó tu descaro y adoré tu locura. ¡Y hoy río si tú ríes, y canto si tú cantas; y si duermes, duermo como un perro a tus plantas! ¡Hoy llevo hasta en mi sombra tu olor de primavera; y tiemblo si tu mano toca la cerradura; y bendigo la noche sollozante y oscura que floreció en mi vida tu boca tempranera!
14.
El nudo
El nudo
Su idilio fue una larga sonrisa a cuatro labios... En el regazo cálido de rubia primavera amáronse talmente que entre sus dedos sabios palpitó la divina forma de la quimera. En los palacios fúlgidos de las tardes en calma hablábanse un lenguaje sentido como un lloro, y se besaban hondo hasta morderse el alma!... Las horas deshojáronse como flores de oro, y el destino interpuso sus dos manos heladas... ¡Ah! los cuerpos cedieron, más las almas trenzadas son el más intrincado nudo que nunca fue... En lucha con sus locos enredos sobrehumanos las furias de la vida se rompieron las manos y fatigó sus dedos supremos Ananké.
15.
El raudal
El raudal
A veces, cuando el amado y yo soñamos en silencio, -un silencio agudo y profundo como el acecho de un sonido insólito y misterioso- siento como si su alma y la mía corrieran lejanamente, por yo no sé que tierras nunca vistas, en un raudal potente y rumoroso...
16.
El surtidor de oro
El surtidor de oro
Vibre, mi musa, el surtidor de oro la taza rosa de tu boca en besos; de las espumas armoniosas surja vivo, supremo, misterioso, eterno, el amante ideal, el esculpido en prodigios de almas y de cuerpos; debe ser vivo a fuerza de soñado, que sangre y alma se me va en los sueños; ha de nacer a deslumbrar la vida, y ha de ser un dios nuevo! Las culebras azules de sus venas se nutren de milagro en mi cerebro... Selle, mi musa, el surtidor de oro la taza rosa de tu boca en besos; el amante ideal, el esculpido en prodigios de almas y de cuerpos, arraigando las uñas extrahumanas en mi carne, solloza en mis ensueños: -Yo no quiero más vida que tu vida, son en ti los supremos elementos; déjame bajo el cielo de tu alma, en la cálida tierra de tu cuerpo!- -Selle, mi musa, el surtidor de oro la taza rosa de tu boca en besos!
17.
El vampiro
El vampiro
En el regazo de la tarde triste Yo invoqué tu dolor... Sentirlo era Sentirte el corazón! Palideciste Hasta la voz, tus párpados de cera, Bajaron... y callaste... y pareciste Oír pasar la Muerte... Yo que abriera Tu herida mordí en ella -¿me sentiste?- Como en el oro de un panal mordiera ! Y exprimí más, traidora, dulcemente Tu corazón herido mortalmente, Por la cruel daga rara y exquisita De un mal sin nombre, hasta sangrarlo en llanto! Y las mil bocas de mi sed maldita Tendí á esa fuente abierta en tu quebranto. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¿ Por qué fui tu vampiro de amargura ?... ¿ Soy flor ó estirpe de una especie obscura Que come llagas y que bebe el llanto ?
18.
En tus ojos
En tus ojos
¡Ojos a toda luz y a toda sombra! Heliotropos del Sueño! Plenos ojos que encandiló el Milagro y que no asombra jamás la vida... Eléctricos cerrojos de profundas estancias; claros broches, broches oscuros, húmedos, temblantes, para un collar de días y de noches... Bocas de abismo en labios centelleantes; natas de amargas mares nunca vistas; claras medallas; tétricos blasones; capullos de dos noches imprevistas y madreperlas de constelaciones... ¿Sabes todas las cosas palpitantes, inanimadas, claras, tenebrosas, dulces, horrendas, juntas o distantes, que pueden ser tus ojos?... ¡Tantas cosas que se nombraran infinitamente!... Maravilladas veladoras mías que en fuego bordan visionariamente la trama de mis noches y mis días!... Lagos que son también una corriente... ¡Jardines de los iris! devorados por dos fuentes que eclipsan los tesoros sombríos más sombríos, más preciados.. Firmamentos en flor de meteoros; fondos marinos, cristalinas grutas donde se encastilló la Maravilla; faros que apuntan misteriosas rutas... Caminos temblorosos de una orilla desconocida; lámparas votivas que se nutren de espíritus humanos y que el milagro enciende; gemas vivas y hoy por gracia divina, ¡siemprevivas! y en el azur del Arte, ¡astros hermanos!
19.
Exégesis
Exégesis
¡Pobres lágrimas mías las que glisan a la esponja sombría del Misterio, sin que abra en flor como una copa cárdena tu dolorosa boca de sediento! ¡Pobre mi corazón que se desangra como clepsidra trágica en silencio, sin el milagro de inefables bálsamos en las vendas tremantes de tus dedos! ¡Pobre mi alma tuya, acurrucada en el pórtico en ruinas del recuerdo, esperando de espaldas a la Vida que acaso un día retroceda el Tiempo...!
20.
Explosión
Explosión
¡Si la vida es amor, bendita sea! Quiero más vida para amar! Hoy siento que no valen mil años de la idea lo que un minuto azul de sentimiento. Mi corazón moría triste y lento... Hoy abre en luz como una flor febea. ¡La vida brota como un mar violento donde la mano del amor golpea! Hoy partió hacia la noche, triste, fría... rotas las alas, mi melancolía; como una vieja mancha de dolor en la sombra lejana se deslíe... ¡Mi vida toda canta, besa, ríe! ¡Mi vida toda es una boca en flor!
21.
Fiera de amor
Fiera de amor
Fiera de amor, yo sufro hambre de corazones... Fiera de amor, yo sufro hambre de corazones de palomos, de buitres, de corzos o leones, no hay manjar que más tiente, no hay más grato sabor, había ya estragado mis garras y mi instinto, cuando erguida en la casi ultratierra de un plinto, me deslumbró una estatua de antiguo emperador. Y crecí de entusiasmo; por el tronco de piedra ascendió mi deseo como fulmínea hiedra hasta el pecho, nutrido en nieve al parecer; y clamé al imposible corazón... la escultura su gloria custodiaba serenísima y pura, con la frente en Mañana y la planta en Ayer. Perenne mi deseo, en el tronco de piedra ha quedado prendido como sangrienta hiedra; y desde entonces muerdo soñando un corazón de estatua, presa suma para mi garra bella; no es ni carne ni mármol: una pasta de estrella sin sangre, sin calor y sin palpitación... ¡Con la esencia de una sobrehumana pasión!
22.
Fue al pasar
Fue al pasar
Yo creí que tus ojos anegaban el mundo... Abiertos como bocas en clamor... Tan dolientes que un corazón partido en dos trozos ardientes parecieron... Fluían de tu rostro profundo como dos manantiales graves y venenosos... fraguas a fuego y sombra, ¡tus pupilas!... tan hondas que no sé desde dónde me miraban, redondas y oscuras como mundos lontanos y medrosos. ¡Ah, tus ojos tristísimos como dos galerías abiertas al Poniente!... ¡Y las sendas sombrías de tus ojeras donde reconocí mis rastros!... ¡Yo envolví en un gran gesto mi horror como en un velo, y me alejé creyendo que cuajaba en el cielo la medianoche húmeda de tu mirar sin astros!
23.
Hacia la primavera
Hacia la primavera
Sobre el mar que los cielos del ensueño retrata alza mi torre azul su capitel de plata que Eolo pulsa rara, dulcemente... Suspira al pie la vaga ola su vaga serenata. Y yo sueño en los cantos que duermen en mi lira, cuando un ave vibrante, de plumaje escarlata, en la ventana abierta se detiene y me mira: -¿Qué haces? -dice. -¡Allá abajo, es primavera...! ¡Inspira ansia de sol, de rosas, de caricias, de vida, la mágica palabra! Vuela el ave encendida. Yo bajo, desamarro mi yate marfileño..., y corto mares hacia alegre primavera. A mi espalda, en las olas, solitaria y austera mi torre azul se yergue como un largo «Ave Ensueño»...
24.
Hoy desde el gran camino
Hoy desde el gran camino
Hoy desde el gran camino, bajo el sol claro y fuerte... Hoy desde el gran camino, bajo el sol claro y fuerte, Muda como una lágrima he mirado hacia atrás, Y tu voz de muy lejos, con un olor de muerte, Vino á aullarme al oído un triste "¡ Nunca más !" Tan triste que he llorado hasta quedar inerte... ¡ Yo sé que estás tan lejos que nunca volverás ! No hay lágrimas que laven los besos de la Muerte... - Almas hermanas mías, nunca miréis atrás ! Los pasados se cierran como los ataúdes, Al Otoño, las hojas en dorados aludes Ruedan... y arde en los troncos la nueva floración... -...Las noches son caminos negros de las auroras...- Oyendo deshojarse tristemente las horas Dulces, hablemos de otras flores al corazón. De "Elegías dulces"
25.
Inextinguibles
Inextinguibles
¡Oh tú que duermes tan hondo que no despiertas! Milagrosas de vivas, milagrosas de muertas, y por muertas y vivas eternamente abiertas, alguna noche en duelo yo encuentro tus pupilas bajo un trapo de sombra o una blonda de luna. Bebo en ellas la Calma como en una laguna. Por hondas, por calladas, por buenas, por tranquilas un lecho o una tumba parece cada una.
26.
Íntima
Íntima
Yo te diré los sueños de mi vida en lo más hondo de la noche azul... Mi alma desnuda temblará en tus manos, sobre tus hombros pesará mi cruz. Las cumbres de la vida son tan solas, ¡tan solas y tan frías! Yo encerré mis ansias en mí misma, y toda entera como una torre de marfil me alcé. Hoy abriré a tu alma el gran misterio; ella es capaz de penetrar en mí. En el silencio hay vértigos de abismos: yo vacilaba, me sostengo en ti. Muero de ensueños; beberé en tus fuentes puras y frescas la verdad; yo sé que está en el fondo magno de tu pecho el manantial que vencerá mi sed. Y sé que en nuestras vidas se produjo el milagro inefable del reflejo... En el silencio de la noche mi alma llega a la tuya como un gran espejo. ¡Imagina el amor que habré soñado en la tumba glacial de mi silencio! Más grande que la vida, más que el sueño, bajo el azur sin fin se sintió preso. Imagina mi amor, mi amor que quiere vida imposible, vida sobrehumana, tú sabes que si pesan, si consumen alma y sueños de olimpo en carne humana. Y cuando frente al alma que sentía poco el azur para bañar sus alas como un gran horizonte aurisolado o una playa de luz, se abrió tu alma: ¡Imagina! ¡Estrechar, vivo, radiante el imposible! ¡La ilusión vivida! Bendije a Dios, al sol, la flor, el aire, ¡la vida toda porque tú eras vida! Si con angustia yo compré esta dicha, ¡bendito el llanto que manchó mis ojos! ¡Todas las llagas del pasado ríen al sol naciente por sus labios rojos! ¡Ah! Tú sabrás mi amor; mas vamos lejos, a través de la noche florecida; acá lo humano asusta, acá se oye, se ve, se siente sin cesar la vida. Vamos más lejos en la noche, vamos donde ni un eco repercuta en mí, como una flor nocturna allá en la sombra me abriré dulcemente para ti.
27.
La barca milagrosa
La barca milagrosa
Preparadme una barca como un gran pensamiento... La llamarán "La Sombra" unos, otros "La Estrella". No ha de estar al capricho de una mano ó de un viento: Yo la quiero consciente, indominable y bella! La moverá el gran ritmo de un corazón sangriento De vida sobrehumana; he de sentirme en ella Fuerte como en los brazos de Dios! En todo viento, En todo mar templadme su prora de centella! La cargaré de toda mi tristeza, y, sin rumbo, Iré como la rota corola de un nelumbo Por sobre el horizonte líquido de la mar... Barca, alma hermana; hacia qué tierras nunca vistas, De hondas revelaciones, de cosas imprevistas Iremos?... Yo ya muero de vivir y soñar... De "Elegías dulces"
28.
La cita
La cita
En tu alcoba techada de ensueños, haz derroche de flores y de luces de espíritu; mi alma calzada de silencio y vestida de calma irá a ti por la senda más negra de esta noche. Apaga las bujías para ver cosas bellas; cierra todas las puertas para entrar la ilusión; arranca del misterio un manojo de estrellas y enflora como un vaso triunfal tu corazón. Y esperarás sonriendo, y esperarás llorando!... Cuando llegue mi alma, tal vez reces pensando que el cielo dulcemente se derrama en tu pecho.... Para el amor divino ten un diván de calma, y con el lirio místico que es su arma, mi alma apagará una a una las rosas de tu lecho.
29.
La copa del amor
La copa del amor
¡Bebamos juntos en la copa egregia! Raro licor se ofrenda a nuestras almas, ¡Abran mis rosas su frescura regia a la sombra indeleble de tus palmas! Tú despertaste mi alma adormecida en la tumba silente de las horas; a ti la primer sangre de mi vida ¡en los vasos de luz de mis auroras! ¡Ah! tu voz vino a recamar de oro mis lóbregos silencios; tú rompiste el gran hilo de perlas de mi lloro, y al sol naciente mi horizonte abriste. Por ti, en mi oriente nocturnal, la aurora tendió el temblor rosado de su tul; así en las sombras de la vida ahora, yo te abro el alma como un cielo azul. ¡Ah, yo me siento abrir como una rosa! Ven a beber mis mieles soberanas: ¡yo soy la copa del amor pomposa que engarzará en tus manos sobrehumanas! La copa erige su esplendor de llama... ¡Con qué hechizo en tus manos brillaría! Su misteriosa exquisitez reclama dedos de ensueño y labios de armonía. Tómala y bebe, que la gloria dora el idilio de luz de nuestras almas; ¡marchítense las rosas de mi aurora a la sombra indeleble de tus palmas!
30.
La musa
La musa
Yo la quiero cambiante, misteriosa y compleja; con dos ojos de abismo que se vuelvan fanales; en su boca, una fruta perfumada y bermeja que destile más miel que los rubios panales. A veces nos asalte un aguijón de abeja: úna raptos feroces a gestos imperiales y sorprenda en tu risa el dolor de una queja; ¡En sus manos asombren caricias y puñales! Y que vibre, y desmaye, y llore, y ruja, y cante, y sea águila, tigre, paloma en un instante, que el Universo quepa en sus ansias divinas. Tenga una voz que hiele, que suspenda, que inflame, y una frente que, erguida, su corona reclame ¡de rosas, de diamantes, de estrellas o de espinas!
31.
La ruptura
La ruptura
Érase una cadena fuerte como un destino, Sacra como una vida, sensible como un alma; La corté con un lirio y sigo mi camino Con la frialdad magnífica de la Muerte... con calma Curiosidad mi espíritu se asoma a su laguna Interior, y el cristal de las aguas dormidas, Refleja un dios o un monstruo, enmascarado
32.
La sed
La sed
¡Tengo sed, sed ardiente! -dije a la maga, y ella me ofreció de sus néctares. -¡Eso no: me empalaga!- Luego, una rara fruta, con sus dedos de maga, exprimió en una copa clara como una estrella; y un brillo de rubíes hubo en la copa bella. Yo probé. -Es dulce, dulce. ¡Hay días que me halaga tanta miel, pero hoy me repugna, me estraga! Vi pasar por los ojos del hada una centella. Y por un verde valle perfumado y brillante, llevóme hasta una clara corriente de diamante. -¡Bebe! -dijo-. Yo ardía, mi pecho era una fragua. Bebí, bebí, bebí la linfa cristalina... ¡Oh, frescura! ¡Oh, pureza! ¡Oh, sensación divina! -Gracias, maga, ¡y bendita la limpidez del agua!
33.
Las alas
Las alas
Yo tenía... dos alas!... Dos alas, que del Azur vivían como dos siderales raíces!... Dos alas, con todos los milagros de la vida, la muerte y la ilusión. Dos alas, fulmíneas como el velamen de una estrella en fuga; Dos alas, como dos firmamentos con tormentas, con calmas y con astros... ¿Te acuerdas de la gloria de mis alas?... El áureo campaneo del ritmo; el inefable matiz, atesorando el iris todo, más un iris nuevo ofuscante y divino, que adoraran las plenas pupilas del Futuro, ( las pupilas maduras a toda luz! )... El vuelo... El vuelo eterno, devorante y único, que largo tiempo atormentó los cielos, despertó soles, bólidos, tormentas: abrillantó los rayos y los astros ¿y la amplitud? : tenían calor y sombra para todo el Mundo, y hasta incubar un "más allá" pudieron. Un día, raramente desmayada a la tierra, Yo me dormí en las felpas profundas de este bosque... Soñé divinas cosas... Una sonrisa tuya me despertó, paréceme... ¡Y no siento mis alas!... ¿Mis alas?... - Yo las vi deshacerse entre mis brazos... ¡Era como un deshielo!
34.
Lo inefable
Lo inefable
Yo muero extrañamente...No me mata la Vida, no me mata la Muerte, no me mata el Amor; muero de un pensamiento mudo como una herida... ¿No habéis sentido nunca el extraño dolor de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida, devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor? ¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?... Cumbre de los Martirios!... Llevar eternamente, desgarradora y árida, la trágica simiente clavada en las entrañas como un diente feroz!... Pero arrancarla un día en una flor que abriera milagrosa, inviolable!... Ah, más grande no fuera tener entre las manos la cabeza de Dios!
35.
Los relicarios dulces
Los relicarios dulces
Hace tiempo, algún alma ya borrada fue mía. Se nutrió de mi sombra... Siempre que yo quería el abanico de oro de su risa se abría, o su llanto sangraba una corriente más; alma que yo ondulaba, tal una cabellera derramada en mis manos... Flor del fuego y la cera, murió de una tristeza mía... Tan dúctil era, tan fiel, que a veces dudo si pudo ser jamás...
36.
Los retratos
Los retratos
Si os asomárais a mi alma como a una estancia profunda, veríais cuánto la entenebrece e ilumina la intrincada galería de los Desconocidos... Figuras incógnitas que, acaso, una sola vez en la vida pasaron por mi lado sin mirarme, y están fijas allá dentro como clavadas con astros...
37.
Mis amores
Mis amores
Hoy han vuelto. Por todos los senderos de la noche han venido a llorar en mi lecho. ¡Fueron tantos, son tantos! Yo no sé cuáles viven, yo no sé cuál ha muerto. Me lloraré yo misma para llorarlos todos. La noche bebe el llanto como un pañuelo negro. Hay cabezas doradas a sol, como maduras... Hay cabezas tocadas de sombra y de misterio, cabezas coronadas de una espina invisible, cabezas que son rosa, la rosa del ensueño, cabezas que se doblan en cojines de abismo, cabezas que quisieran descansar en el cielo, algunas que no alcanzan a oler a primavera, y muchas que trascienden a las flores de invierno. Todas esas cabezas me duelen como llagas... me duelen como muertos... ¡Ah...! y los ojos...los ojos me duelen más: ¡son dobles..! Indefinidos, verdes, grises, azules, negros, abrasan si fulguran, son caricias, dolor, constelación, infierno. Sobre toda su luz, sobre todas sus llamas, se iluminó mi alma y se templó mi cuerpo. Ellos me dieron sed de todas esas bocas... de todas esas bocas que florecen mi lecho: vasos rojos o pálidos de miel o de amargura con lises de armonía o rosas de silencio, de todos esos vasos donde bebí la vida, de todas esos vasos donde la muerte bebo... El jardín de sus bocas, venenoso, embriagante, en donde respiraban "sus almas" y "sus cuerpos". Humedecido en lágrimas han rodeado mi lecho... Y las manos, las manos colmadas de destinos, secretas y alhajadas de anillos de misterio... Hay manos que nacieron con guantes de caricia, manos que están colmadas de la flor del deseo, manos en que se siente un puñal nunca visto, manos en que se ve un intangible cetro; pálidas o morenas, voluptuosas o fuertes, en todas, todas ellas, puede engarzar un sueño. Con tristeza de almas se doblegan los cuerpos, sin velos, santamente vestidos de deseo. Imanes de mis brazos, panales de mi entraña como invisible abismo se inclinan en mi lecho... ¡Ah, entre todas las manos, yo he buscado tus manos! Tu boca entre las bocas, tu cuerpo entre los cuerpos, de todas las cabezas yo quiero tu cabeza, de todos esos ojos, ¡tus ojos sólo quiero! Tú eres el más triste, por ser el más querido, tú has llegado el primero por venir de más lejos... ¡Ah, la cabeza oscura que no he tocado nunca y las pupilas claras que miré tanto tiempo! Las ojeras que ahondamos la tarde y yo inconscientes, la palidez extraña que doblé sin saberlo, ven a mí: mente a mente; ven a mí: cuerpo a cuerpo. Tú me dirás que has hecho de mi primer suspiro... Tú me dirás que has hecho del sueño de aquel beso... Me dirás si lloraste cuando te dejé solo... ¡Y me dirás si has muerto...! Si has muerto, mi pena enlutará la alcoba lentamente, y estrecharé tu sombra hasta apagar mi cuerpo. Y en el silencio ahondado de tinieblas, y en la tiniebla ahondada de silencio, nos velará llorando, llorando hasta morirse nuestro hijo: el recuerdo.
38.
Nocturno
Nocturno
Engarzado en la noche el lago de tu alma, diríase una tela de cristal y de calma tramada por las grandes arañas del desvelo. Nata de agua lustral en vaso de alabastros; espejo de pureza que abrillantas los astros y reflejas la cima de la Vida en un cielo... Yo soy el cisne errante de los sangrientos rastros, voy manchando los lagos y remontando el vuelo.
39.
¡Oh tú!
¡Oh tú!
¡Oh Tú! Yo vivía en la torre inclinada de la Melancolía... Las arañas del tedio, las arañas más grises, en silencio y en gris tejían y tejían. ¡Oh, la húmeda torre!... Llena de la presencia siniestra de un gran búho, como un alma en pena; Tan mudo que el Silencio en la torre es dos veces; Tan triste, que sin verlo nos da frío la inmensa sombra de su tristeza. Eternamente incuba un gran huevo infecundo, Incrustadas las raras pupilas más allá; O caza las arañas del tedio, o traga amargos Hongos de soledad. El búho de las ruinas ilustres y las almas Altas y desoladas! Náufraga de la Luz yo me ahogaba en la sombra... En la húmeda torre, inclinada a mí misma, A veces yo temblaba Del horror de mi sima.
40.
Ofrendando el libro a eros
Ofrendando el libro a eros
Porque haces tu can de la leona más fuerte de la Vida, y la aprisiona la cadena de rosas de tu brazo. Porque tu cuerpo es la raíz, el lazo esencial de los troncos discordantes del placer y el dolor, plantas gigantes. Porque emerge en tu mano bella y fuerte, como en broche de míticos diamantes el más embriagador lis de la Muerte. Porque sobre el espacio te diviso, pueste de luz, perfume y melodía, comunicando infierno y paraíso -con alma fúlgida y carne sombría...
41.
Otra estirpe
Otra estirpe
Eros, yo quiero guiarte, Padre ciego... pido a tus manos todopoderosas, su cuerpo excelso derramado en fuego sobre mi cuerpo desmayado en rosas! La eléctrica corola que hoy despliego brinda el nectario de un jardín de Esposas; para sus buitres en mi carne entrego todo un enjambre de palomas rosas! Da a las dos sierpes de su abrazo, crueles, mi gran tallo febril... Absintio, mieles, viérteme de sus venas, de su boca... ¡Así tendida, soy un surco ardiente, donde puede nutrirse la simiente, de otra Estirpe, sublimemente loca!
42.
Para tus manos
Para tus manos
Manos que sois de la Vida, manos que sois del Ensueño; que disteis toda belleza que toda belleza os dieron; tan vivas como dos almas, tan blancas como de muerto, tan suaves que se diría acariciar un recuerdo; vasos de los elixires los filtros y los venenos; ¡manos que me disteis gloria manos que me disteis miedo! Con finos dedos tomasteis la ardiente flor de mi cuerpo... Manos que vais enjoyadas del rubí de mi deseo, la perla de mi tristeza, y el diamante de mi beso: ¡llevad a la fosa misma un pétalo de mi cuerpo! Manos que sois de la Vida, manos que sois del Ensueño. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¿En qué tela de llamas me envolvieron las arañas de nieve de tus manos? ¡Red de tu alma y de tu carne, lía mis alas y mis brazos! Tú me llegaste de un país tan lejos que a veces pienso si será soñado... Venías a traerme mi destino, tal vez desde el Olimpo, en esas manos; y hoy que tu nave peregrina cruza no sé que mar al soplo del Acaso, ellas abren sin fin sobre mi vida, como un cielo presente aunque lejano, y de sus palmas armoniosas bajan noches y días alhajados de astros, o encapuzados de siniestras nubes que me apuntan sus rayos... Ellas me alzaron como un lirio roto de mi tristeza como de un pantano; me desvelaron de melancolías, obturaron las venas de mi llanto, las corolas de oro de mis lámparas de insomnio deshojaron, abrieron deslumbrantes los dormidos capullos de mis astros, y gráciles prendieron en mi pecho la rosa del Encanto. Mis alas embriagadas de pereza, con dulzura balsámica peinaron, les curaron las llagas de la tierra, y apartando las puertas del Milagro, con un gesto que hacía un horizonte una vía de azur me señalaron... Yo abrí los brazos al tender las alas... ¡quise volar... y desmayé en tus manos! . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¿En qué tela de fuego me envolvieron las arañas de nieve de tus manos? ¡Red de tu alma y de tu carne, lía mis alas y mis brazos! . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¡Manos que sois de la Vida, manos que sois del Ensueño; manos que me disteis gloria, manos que me disteis miedo! Llevad a la fosa misma un pétalo de mi cuerpo... -¿Contendrán esas manos divinas, invisible, el doloroso signo de las supremas leyes?... ¡Yo creo que solemnes, dominarán al Tiempo! ¡y dulces, juraría que hechizan a la Muerte!- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¡Manos que sois de la Vida! ¡Manos que sois del Ensueño! ¡Manos que me disteis gloria! ¡Manos que me disteis miedo!
43.
Plegaria
Plegaria
-Eros: ¿acaso no sentiste nunca Piedad de las estatuas? Se dirían crisálidas de piedra de yo no sé qué formidable raza en una eterna espera inenarrable. Los cráteres dormidos de sus bocas dan la ceniza negra del Silencio, mana de las columnas de sus hombros la mortaja copiosa de la Calma, y fluye de sus órbitas la noche: Víctimas del futuro o del misterio, en capullos terribles y magníficos esperan a la Vida o a la Muerte. Eros: ¿acaso no sentiste nunca Piedad de las estatuas? Piedad para las vidas Que no doran a fuego tus bonanzas Ni riegan o desgajan tus tormentas; Piedad para los cuerpos revestidos Del armiño solemne de la Calma, Y las frentes en luz que sobrellevan Grandes lirios marmóreos de pureza, Pesados y glaciales como témpanos; Piedad para las manos enguantadas De hielo, que no arrancan Los frutos deleitosos de la Carne Ni las flores fantásticas del alma; Piedad para los ojos que aletean Espirituales párpados: Escamas de misterio, Negros telones de visiones rosas... ¡Nunca ven nada por mirar tan lejos! Piedad para las pulcras cabelleras -Místicas aureolas- Peinadas como lagos Que nunca airea el abanico negro, Negro y enorme de la tempestad; Piedad para los ínclitos espíritus Tallados en diamante, Altos, claros, extáticos Pararrayos de cúpulas morales; Piedad para los labios como engarces Celestes donde fulge Invisible la perla de la Hostia; -Labios que nunca fueron, Que no apresaron nunca Un vampiro de fuego Con más sed y más hambre que un abismo.- Piedad para los sexos sacrosantos Que acoraza de una Hoja de viña astral la Castidad; Piedad para las plantas imantadas De eternidad que arrastran Por el eterno azur Las sandalias quemantes de sus llagas; Piedad, piedad, piedad Para todas las vidas que defiende De tus maravillosas intemperies El mirador enhiesto del Orgullo: Apúntales tus soles o tus rayos! Eros: ¿acaso no sentiste nunca Piedad de las estatuas?...
44.
Serpentina
Serpentina
En mis sueños de amor, ¡yo soy serpiente! gliso y ondulo como una corriente; dos píldoras de insomnio y de hipnotismo son mis ojos; la punta del encanto es mi lengua... ¡y atraigo con mi llanto! soy un pomo de abismo. Mi cuerpo es una cinta de delicia, glisa y ondula como una caricia... Y en mis sueños de odio ¡soy serpiente! mi lengua es una venenosa fuente; mi testa es la luzbélica diadema, haz de la muerte, en un fatal soslayo son mis pupilas; y mi cuerpo en gema ¡es la vaina del rayo! Si así sueño mi carne, así es mi mente: un cuerpo largo, largo, de serpiente, vibrando eterna, ¡voluptuosamente! Tu amor, esclavo, es como un sol muy fuerte: jardinero de oro de la vida, jardinero de fuego de la muerte en el carmen fecundo de mi vida. Pico de cuervo con olor de rosas, aguijón enmelado de delicias tu lengua es. Tus manos misteriosas son garras enguantadas de caricias. Tus ojos son mis medianoches crueles, panales negros de malditas mieles que se desangran en la acerbidad; crisálida de un vuelo del futuro, es tu brazo magnífico y oscuro, torre embrujada de mi soledad.
45.
Sobre una tumba Cándida
Sobre una tumba Cándida
«Ha muerto..., ha muerto...», dicen tan claro que no entiendo... ¡Verter licor tan suave en vaso tan tremendo!... Tal vez fue un mal extraño tu mirar por divino, tu alma por celeste, o tu perfil por fino... Tal vez fueron tus brazos dos capullos de alas... ¡Eran cielo a tu paso los jardines, las salas, y te asomaste al mundo dulce como una muerta! Acaso tu ventana quedó una noche abierta. -¡Oh, tentación de alas, una ventana abierta!- ¡Y te sedujo un ángel por la estrella más pura... y tus alas abrieron, y cortaron la altura en un tijeretazo de luz y de candor! Y en la alcoba que tu alma tapizaba de armiño, donde ardían los vasos de rosas de cariño, la Soledad llamaba en silencio al Horror...
46.
Supremo idilio
Supremo idilio
( Boceto de un poema ) En el balcón romántico de un castillo adormido que los ojos suspensos de la noche adiamantan, una figura blanca hasta la luz... Erguido bajo el balcón romántico del castillo adormido, un cuerpo tenebroso... Alternándose cantan. -¡Oh tú, flor augural de una estirpe suprema que doblará los pétalos sensitivos del alma, nata de azules sangres, aurisolar diadema florecida en las sienes de la Raza!... Suprema- Mente pulso en la noche tu corazón en calma! -¡Oh tú que surges pálido de un gran fondo de enigma como el retrato incógnito de una tela remota!... Tu sello puede ser un blasón ó un estigma; en las aguas cambiantes de tus ojos de enigma un corazón herido -y acaso muerto- flota! -Los ojos son la Carne y son el Alma: mira! Yo soy la Aristocracia lívida del Dolor que forja los puñales, las cruces y las liras, que en las llagas sonríe y en los labios suspira... Satán pudiera ser mi semilla ó mi flor! Soy fruto de aspereza y maldición: yo amargo y mancho mortalmente el labio que me toca; mi beso es flor sombría de un Otoño muy largo... Exprimido en tus labios dará un sabor amargo, y todo el Mal del Mundo florecerá en tu boca! Bajo la aurora fúlgida de tu ilusión, mi vida extenderá las ruinas de un apagado Averno; vengo como el vampiro de una noche aterida a embriagarme en tu sangre nueva: llego á tu vida derramada en capullos, como un ceñudo Invierno! -!Cómo en pétalos flojos yo desmayo á tu hechizo!... Traga siniestro buitre mi pobre corazón! En tus manos mi espíritu es dúctil como un rizo... El corazón me lleva á tu siniestro hechizo como el barco inconsciente el ala del timón! Comulga con mi cuerpo devoradora sima! Mi alma clavo en tu alma como una estrella de oro; florecerá tu frente como una tierra opima, cuando en tu almohada trágica y honda como una sima, mis rizos se derramen como una fuente de oro! -Mi alma es negra tumba, fría como la Nieve... -Buscaré una rendija para filtrarme en luz ! -Albo lirio !... A tocarte ni mi sombra se atreve... -Te abro; ¡ oh mancha de lodo ! mi gran cáliz de nieve y tiendo á ti eucarísticos mis brazos, negra cruz! Enróscate; ¡oh serpiente caída de mi Estrella sombría! a mi ardoroso tronco primaveral... Yo apagaré tu Noche ó me incrustaré en ella: seré en tus cielos negros el fanal de una estrella seré en tus mares turbios la estrella de un fanal! Sé mi bien ó mi mal, yo viviré en tu vida! Yo enlazo á tus espinas mi hiedra de Ilusión... Seré en ti una paloma que en una ruina anida; soy blanca, y dulce, y leve; llévame por la Vida prendida como un lirio sobre tu corazón! -Oh dulce, dulce lirio!... Llave de las alburas! Tú has abierto la sala blanca en mi alma sombría, la sala en que silentes las Ilusiones puras en dorados sitiales, tejen mallas de alburas!... -Tu alma se vuelve blanca porque va siendo mía! -Oh leyes de Milagro!... yo, hijo de la sombra Morder tu carne rubia: oh fruto de los soles! -Soy tuya fatalmente: mi silencio te nombra, y si la tocas tiembla como un alma mi sombra!... Oh maga flor del Oro brotada en mis crisoles! -Los surcos azurados del Ensueño sembremos de alguna palpitante simiente inconcebida que arda en florecimientos imprevistos y extremos; y al amparo inefable de los cielos sembremos de besos extrahumanos las cumbres de la Vida! Amor es milagroso, invencible y eterno; la vida formidable florece entre sus labios... Raiz nutrida en la entraña del Cielo y del Averno, viene á dar á la tierra el fuerte fruto eterno cuyo sangriento zumo se bebe á cuatro labios! Amor es todo el Bien y todo el Mal, el Cielo todo es la arcada ardiente de sus alas cernidas... Bajar de un plinto vano es remontar el vuelo... Y él te impulsa á mis brazos abiertos como el Cielo, oh suma flor con alma, á deshojar en vidas!... En el balcón romántico de un castillo adormido que los ojos suspensos en la Noche adiamantan, el Silencio y la Sombra se acarician sin ruido... Bajo el balcón romántico del castillo adormido un fuerte claro-oscuro y dos voces que cantan... De "Elegías dulces"
47.
Tu amor
Tu amor
Tu amor, esclavo, es como un sol muy fuerte: jardinero de oro de la vida, jardinero de fuego de la muerte, en el carmen fecundo de mi vida. Pico de cuervo con olor de rosas, aguijón enmelado de delicias tu lengua es. Tus manos misteriosas son garras enguantadas de caricias. Tus ojos son mis medianoches crueles, panales negros de malditas mieles que se desangran en mi acerbidad; crisálida de un vuelo del futuro, es tu abrazo magnífico y oscuro torre embrujada de mi soledad.
48.
Tu boca
Tu boca
Yo hacía una divina labor, sobre la roca creciente del orgullo. De la vida lejana algún pétalo vivo voló en la mañana, algún beso en la noche. Tenaz como una loca, seguía mi divina labor sobre la roca, cuando tu voz que funde como sacra campana en la nota celeste la vibración humana, tendió su lazo de oro al borde de tu boca; -¡Maravilloso nido del vértigo, tu boca! Dos pétalos de rosa abrochando un abismo...- Labor, labor gloriosa, dolorosa y liviana; tela donde mi espíritu se fue tramando él mismo tú quedas en la testa soberbia de la roca, y yo caigo sin fin en el sangriento abismo!
49.
Tú dormías
Tú dormías
Engastada en mis manos fulguraba como extraña presea, tu cabeza; yo la ideaba estuches, y preciaba luz a luz, sombra a sombra su belleza. En tus ojos tal vez se concentraba la vida, como un filtro de tristeza en dos vasos profundos... yo soñaba que era una flor de mármol tu cabeza;... Cuando en tu frente nacarada a luna, como un monstruo en la paz de una laguna surgió un enorme ensueño taciturno... Ah! tu cabeza me asustó... Fluía de ella una ignota vida... Parecía no sé qué mundo anónimo y nocturno...
50.
Ven
Ven
Ven, oye, yo te evoco. Extraño amado de mi musa extraña, ven, tú, el que meces los enigmas hondos en el vibrar de las pupilas cálidas. El que ahondas los cauces de amatista de las ojeras cárdenas... Ven, oye, yo te evoco, extraño amado de mi musa extraña! Ven, tú, el que imprime un solemne ritmo al parpadeo de la tumba helada! el que dictas los lúgubres acentos del decir hondo de las sombras trágicas. Ven, tú, el poeta abrumador, que pulsas la lira del silencio: la más rara! La de las largas vibraciones mudas, la que se acorda al diapasón del alma! Ven, oye, yo te evoco, extraño amado de mi musa extraña! Ven acércate a mí, que en mis pupilas se hunden las tuyas en tenaz mirada, vislumbre en ellas el sublime enigma del "más allá", que espanta... Ven... acércate más... clava en mis labios tus fríos labios de ámbar, guste yo en ellos el sabor ignoto, de la esencia enervante de tu alma! Ven, oye, yo te evoco, extraño amado de mi musa extraña!
51.
Vida
Vida
A ti vengo en mis horas de sed como a una fuente límpida, fresca, mansa, colosal... y las punzantes sierpes de fuego mueren siempre en la corriente blanda y poderosa. Vengo a ti en mi cansancio, como al umbroso bosque en cuyos terciopelos profundos la fatiga se aduerme dulcemente, con música de brisas, de pájaros y aguas... y del umbroso bosque salgo siempre radiante y despierta como un amanecer. Vengo a ti en mis heridas, como al vaso de bálsamos en que el dolor se embriaga hasta morir de olvido... Y llevo selladas mis heridas como las bocas muertas, y por tus buenas manos vendadas de delicias. Cuando el frío me ciñe doloroso sudario, lívida vengo a ti, como al rincón dorado del hogar, ¡como al Hogar universal del Sol!... Y vuelvo toda en rosas como una primavera, arropada en tu fuego. A ti vengo en mi orgullo como a la torre dúctil, como a la torre única ¡que me izará sobre las cosas todas! ¡Sobre la cumbre misma, arriscada y creciente, de mi eterno capricho! Para mi vida hambrienta ¡eres la presa única! ¡Eres la presa eterna! El olor de tu sangre, el color de tu sangre flamean en los picos ávidos de mis águilas. Vengo a ti en mi deseo como en mil devorantes abismos, toda abierta el alma incontenible... ¡Y me lo ofreces todo!... Los mares misteriosos florecidos en mundos, los cielos misteriosos florecidos en astros, ¡los astros y los mundos! ...Y las constelaciones de espíritus suspensas entre mundos y astros... ...Y los sueños que viven más allá de los astros, más acá de los mundos... ¿Cómo dejarte? -¡Vida!- cómo salir del dulce corazón hospitalario y pródigo como una patria fértil?... Si para mí la tierra, si para mí el espacio, ¡todos! ¡son los que abarca el horizonte puro de tus brazos!... ¡Si para mí tu más allá es la Muerte, sencillamente, prodigiosamente!...
52.
Vision
Vision
Visión ¿Acaso fue en un marco de ilusión, en el profundo espejo del deseo, o fue divina y simplemente en vida que yo te vi velar mi sueño la otra noche? En mi alcoba agrandada de soledad y miedo, taciturno a mi lado apareciste como un hongo gigante, muerto y vivo, brotado en los rincones de la noche húmedos de silencio, y engrasados de sombra y soledad. Te inclinabas a mí supremamente, como a la copa de cristal de un lago sobre el mantel de fuego del desierto; te inclinabas a mí, como un enfermo de la vida a los opios infalibles y a las vendas de piedra de la Muerte; Te inclinabas a mí como el creyente a la oblea de cielo de la hostia... -Gota de nieve con sabor de estrellas que alimenta los lirios de la Carne, chispa de dios que estrella los espíritus.- Te inclinabas a mí como el gran sauce de la Melancolía a las hondas lagunas del silencio; te inclinabas a mí como la torre de mármol del Orgullo, minada por un monstruo de tristeza, a la hermana solemne de su sombra... Te inclinabas a mí como si fuera mi cuerpo la inicial de tu destino en la página oscura de mi lecho; te inclinabas a mí como al milagro de una ventana abierta al más allá. ¡Y te inclinabas más que todo eso! Y era mi mirada una culebra apuntada entre zarzas de pestañas, al cisne reverente de tu cuerpo. Y era mi deseo una culebra glisando entre los riscos de la sombra a la estatua de lirios de tu cuerpo! Tú te inclinabas más y más... y tanto, y tanto te inclinaste, que mis flores eróticas son dobles, y mi estrella es más grande desde entonces. Toda tu vida se imprimió en mi vida... Yo esperaba suspensa el aletazo del abrazo magnífico; un abrazo de cuatro brazos que la gloria viste de fiebre y de milagro, será un vuelo! Y pueden ser los hechizados brazos cuatro raíces de una raza nueva: Y esperaba suspensa el aletazo del abrazo magnífico... ¡Y cuando, te abrí los ojos como un alma, y vi que te hacías atrás y te envolvías en yo no sé qué pliegue inmenso de la sombra!
Frases para reflexionar
« Mi corazón es una copa viva donde beben los dioses del misterio. »
Algunos libros de poesía de Delmira Agustini:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: