« Siempre que haya un vacío en tu vida, llénalo de amor. »
Amado Nervo
1870–1919Modernismo mexicano · Serenidad, En paz y mística espiritual
Biografía
Vida
Nacido en la costa mexicana de Nayarit, Amado Nervo abandonó sus tempranos estudios eclesiásticos para entregarse al periodismo bohemio y a la literatura modernista. Trabajó en París, entabló amistad con Rubén Darío y se convirtió en diplomático internacional, fascinando a lectores de todo el continente.
La muerte repentina de Ana Cecilia Luisa Dailliez, el gran amor de su vida, cambió por completo su sensibilidad creadora. A través de poemas íntimos como 'En paz', abrazó una mística de reconciliación y serenidad interior que lo transformó en una leyenda leída con devoción.
Lírica y Versos
56 poemas
Poemas de Amado Nervo
1.
A leonor
A leonor
Tu cabellera es negra como el ala del misterio; tan negra como un lóbrego jamás, como un adiós, como un «¡quién sabe!» Pero hay algo más negro aún: ¡tus ojos! Tus ojos son dos magos pensativos, dos esfinges que duermen en la sombra, dos enigmas muy bellos... Pero hay algo, pero hay algo más bello aún: tu boca. Tu boca, ¡oh sí!; tu boca, hecha divinamente para el amor, para la cálida comunión del amor, tu boca joven; pero hay algo mejor aún: ¡tu alma! Tu alma recogida, silenciosa, de piedades tan hondas como el piélago, de ternuras tan hondas... Pero hay algo, pero hay algo más hondo aún: ¡tu ensueño!
2.
A una francesa
A una francesa
El mal, que en sus recursos es proficuo, jamás en vil parodia tuvo empachos: Mefistófeles es un cristo oblicuo que lleva retorcidos los mostachos. Y tú, que eres unciosa como un ruego y sin mácula y simple como un nardo, tienes trágica crin dorada a fuego y amarillas pupilas de leopardo.
3.
Amiga, mi larario está vacío
Amiga, mi larario está vacío
Amiga, mi larario esta vacío... Amiga, mi larario esta vacío: desde que el fuego del hogar no arde, nuestros dioses huyeron ante el frío; hoy preside en sus tronos el hastío las nupcias del silencio y de la tarde. El tiempo destructor no en vano pasa; los aleros del patio están en ruinas; ya no forman allí su leve casa, con paredes convexas de argamasa y tapiz del plumón, las golondrinas. ¡Qué silencio el del piano! Su gemido ya no vibra en los ámbitos desiertos; los nocturnos y scherzos han huido... ¡Pobre jaula sin aves! ¡Pobre nido! ¡Misterioso ataúd de trinos muertos! ¡Ah, si vieras tu huerto! Ya no hay rosas, ni lirios, ni libélulas de seda, ni cocuyos de luz, ni mariposas... Tiemblan las ramas del rosal, medrosas; el viento sopla, la hojarasca rueda. Amiga, tu mansión está desierta; el musgo verdinegro que decora los dinteles ruinosos de la puerta, parece una inscripción que dice: ¡Muerta! El cierzo pasa, y suspirando: ¡Llora!
4.
Autobiografía
Autobiografía
¿Versos autobiográficos ? Ahí están mis canciones, allí están mis poemas: yo, como las naciones venturosas, y a ejemplo de la mujer honrada, no tengo historia: nunca me ha sucedido nada, ¡oh, noble amiga ignota!, que pudiera contarte. Allá en mis años mozos adiviné del Arte la armonía y el ritmo, caros al musageta, y, pudiendo ser rico, preferí ser poeta. -¿Y después? -He sufrido, como todos, y he amado. ¿Mucho? -Lo suficiente para ser perdonado...
5.
Bon soir
Bon soir
"¡Donc bon soir, mon mignon et a demain!" ( Palabras que Ana me dejó escritas una noche en que tuvimos que separarnos. ) ¡Buenas noches, mi amor, y hasta mañana! Hasta mañana, sí, cuando amanezca, y yo, después de cuarenta años de incoherente soñar, abra y estriegue los ojos del espíritu, como quien ha dormido mucho, mucho, y vaya lentamente despertando, y, en una progresiva lucidez, ate los cabos del ayer de mi alma ( antes de que la carne la ligara ) y del hoy prodigioso en que habré de encontrarme, en este plano en que ya nada es ilusión y todo es verdad... ¡Buenas noches, amor mío, buenas noches! Yo quedo en las tinieblas y tú volaste hacia el amanecer... ¡Hasta mañana, amor, hasta mañana! Porque, aun cuando el destino acumulara lustro sobre lustro de mi prisión por vida, son fugaces esos lustros; sucédense los días como rosarios, cuyas cuentas magnas son los domingos... Son los domingos, en que, con mis flores voy invariablemente al cementerio donde yacen tus formas adoradas. ¿Cuántos ramos de flores he llevado a la tumba? No lo sé. ¿Cuántos he de llevar? Tal vez ya pocos. ¡Tal vez ya pocos! ¡Oh, que perspectiva deliciosa! ¡Quizás el carcelero se acerca con sus llaves resonantes a abrir mi calabozo para siempre! ¿Es por ventura el eco de sus pasos el que se oye, a través de la ventana, avanzar por los quietos corredores? ¡Buenas noches, amor de mis amores! Hasta luego, tal vez..., o hasta mañana.
6.
Cobardía
Cobardía
Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza! ¡Qué rubios cabellos de trigo garzul! ¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza de porte! ¡Qué formas bajo el fino tul...! Pasó con su madre. Volvió la cabeza: ¡me clavó muy hondo su mirar azul! Quedé como en éxtasis... Con febril premura, «¡Síguela!», gritaron cuerpo y alma al par. ...Pero tuve miedo de amar con locura, de abrir mis heridas, que suelen sangrar, ¡y no obstante toda mi sed de ternura, cerrando los ojos, la deje pasar!
7.
Damiana se casa
Damiana se casa
Con mis amargos pensares y con mis desdichas todas, haré tu ramo de bodas, que no será de azahares. Mis ojos, que las angustias y el continuado velar encienden, serán dos mustias antorchas para tu altar. El llanto que de mi cuita sin tregua brotando está, tu frente pura ungirá como con agua bendita... -Señor, no penes, tu ceño me duele como un reproche; -¡Que pálida estás, mi dueño! -Es que pasé mala noche, el amor me quita el sueño... -¡Y te vas!... -Me voy, es tarde, me aguardan; ¡el templo arde como un sol! Tu mal mitiga, Señor, ¡y Dios te bendiga! -Damiana, que Dios te guarde...
8.
Después
Después
Te odio con el odio de la ilusión marchita: ¡Retírate! He bebido tu cáliz, y por eso mis labios ya no saben dónde poner su beso; mi carne, atormentada de goces, muere ahíta. Safo, Crisis, Aspasia, Magdalena, Afrodita, cuanto he querido fuiste para mi afán avieso. ¿En dónde hallar espasmos, en dónde hallar exceso que al punto no me brinde tu perversión maldita? ¡Aléjate! Me invaden vergüenzas dolorosas, sonrojos indecibles del mal, rencores francos, al ver temblar la fiebre sobre tus senos rosas. No quiero más que vibre la lira de tus flancos: déjame solo y triste llorar por mis gloriosas virginidades muertas entre tus muslos blancos.
9.
Dormir
Dormir
¡Yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir!... ¿Sabes?: el sueño es un estado de divinidad. El que duerme es un dios... Yo lo que tengo, amigo, es gran deseo de dormir. El sueño es en la vida el solo mundo nuestro, pues la vigilia nos sumerge en la ilusión común, en el océano de la llamada «Realidad». Despiertos vemos todos lo mismo: vemos la tierra, el agua, el aire, el fuego, las criaturas efímeras... Dormidos cada uno está en su mundo, en su exclusivo mundo: hermético, cerrado a ajenos ojos, a ajenas almas; cada mente hila su propio ensueño (o su verdad: ¡quién sabe!) Ni el ser más adorado puede entrar con nosotros por la puerta de nuestro sueño. Ni la esposa misma que comparte tu lecho y te oye dialogar con los fantasmas que surcan por tu espíritu mientras duermes, podría, aun cuando lo ansiara, traspasar los umbrales de ese mundo, de tu mundo mirífico de sombras. ¡Oh, bienaventurados los que duermen! Para ellos se extingue cada noche, con todo su dolor el universo que diariamente crea nuestro espíritu. Al apagar su luz se apaga el cosmos. El castigo mayor es la vigilia: el insomnio es destierro del mejor paraíso... Nadie, ni el más feliz, restar querría horas al sueño para ser dichoso. Ni la mujer amada vale lo que un dormir manso y sereno en los brazos de Aquel que nos sugiere santas inspiraciones. .. «El día es de los hombres; mas la noche, de los dioses», decían los antiguos. No turbes, pues, mi paz con tus discursos, amigo: mucho sabes; pero mi sueño sabe más... ¡Aléjate! No quiero gloria ni heredad ninguna: yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir...
10.
El amor nuevo
El amor nuevo
Todo amor nuevo que aparece nos ilumina la existencia, nos la perfuma y enflorece. En la más densa oscuridad toda mujer es refulgencia y todo amor es claridad. Para curar la pertinaz pena, en las almas escondida, un nuevo amor es eficaz; porque se posa en nuestro mal sin lastimar nunca la herida, como un destello en un cristal. Como un ensueño en una cuna, como se posa en la rüina la piedad del rayo de la luna. como un encanto en un hastío, como en la punta de una espina una gotita de rocío... ¿Que también sabe hacer sufrir? ¿Que también sabe hacer llorar? ¿Que también sabe hacer morir? -Es que tú no supiste amar...
11.
El celaje
El celaje
¿Adónde fuiste, Amor, adónde fuiste? Se extinguió en el poniente el manso fuego, y tú, que me decías: "hasta luego, volveré por la noche"... ¡no volviste! ¿En qué zarzas tu pie divino heriste? ¿Qué muro cruel te ensordeció a mi ruego? ¿Qué nieve supo congelar tu apego y a tu memoria hurtar mi imagen triste? ...Amor, ¡ya no vendrás! En vano, ansioso, de mi balcón atalayando vivo el campo verde y el confín brumoso; y me finge un celaje fugitivo nave de luz en que, al final reposo, va tu dulce fantasma pensativo.
12.
El día que me quieras
El día que me quieras
El día que me quieras tendrá más luz que junio... El día que me quieras tendrá más luz que junio; la noche que me quieras será de plenilunio, con notas de Beethoven vibrando en cada rayo sus inefables cosas, y habrá juntas más rosas que en todo el mes de mayo. Las fuentes cristalinas irán por las laderas saltando cristalinas el día que me quieras. El día que me quieras, los sotos escondidos resonarán arpegios nunca jamás oídos. éxtasis de tus ojos, todas las primaveras que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras. Cogidas de la mano cual rubias hermanitas, luciendo golas cándidas, irán las margaritas por montes y praderas, delante de tus pasos, el día que me quieras... Y si deshojas una, te dirá su inocente postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente! Al reventar el alba del día que me quieras, tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras, y en el estanque, nido de gérmenes ignotos, florecerán las místicas corolas de los lotos. El día que me quieras será cada celaje ala maravillosa; cada arrebol, miraje de "Las Mil y una Noches"; cada brisa un cantar, cada árbol una lira, cada monte un altar. El día que me quieras, para nosotros dos cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.
13.
El fantasma y yo
El fantasma y yo
Mi alma es una princesa en su torre metida, con cinco ventanitas para mirar la vida. Es una triste diosa que el cuerpo aprisionó. y tu alma, que desde antes de morirte volaba, es un ala magnífica, libre de toda traba... Tú no eres el fantasma: ¡el fantasma soy yo! ¡Qué entiendo de las cosas! Las cosas se me ofrecen, no como son de suyo, sino como aparecen a los cinco sentidos con que Dios limitó mi sensorio grosero, mi percepción menguada. Tú lo sabes hoy todo..., ¡yo, en cambio, no sé nada! Tú no eres el fantasma: ¡el fantasma soy yo!
14.
El primer beso
El primer beso
Yo ya me despedía.... y palpitante cerca mi labio de tus labios rojos, «Hasta mañana», susurraste; yo te miré a los ojos un instante y tú cerraste sin pensar los ojos y te di el primer beso: alcé la frente iluminado por mi dicha cierta. Salí a la calle alborozadamente mientras tu te asomabas a la puerta mirándome encendida y sonriente. Volví la cara en dulce arrobamiento, y sin dejarte de mirar siquiera, salté a un tranvía en raudo movimiento; y me quedé mirándote un momento y sonriendo con el alma entera, y aún más te sonreí... Y en el tranvía a un ansioso, sarcástico y curioso, que nos miró a los dos con ironía, le dije poniéndome dichoso: -«Perdóneme, Señor esta alegría.»
15.
El retorno
El retorno
"Vivir sin tus caricias es mucho desamparo; vivir sin tus palabras es mucha soledad; vivir sin tu amoroso mirar, ingenuo y claro, es mucha oscuridad..." Vuelvo pálida novia, que solías mi retorno esperar tan de mañana, con la misma canción que preferías y la misma ternura de otros días y el mismo amor de siempre, a tu ventana. Y elijo para verte, en delicada complicidad con la Naturaleza, una tarde como ésta: desmayada en un lecho de lilas, e impregnada de cierta aristocrática tristeza. ¡Vuelvo a ti con los dedos enlazados en actitud de súplica y anhelo -como siempre-, y mis labios no cansados de alabarte, y mis ojos obstinados en ver los tuyos a través del cielo! Recíbeme tranquila, sin encono, mostrando el deje suave de una hermana; murmura un apacible: "Te perdono", y déjame dormir con abandono, en tu noble regazo, hasta mañana....
16.
En paz
En paz
Artifex vitae, artifex sui Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida, porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino; que si extraje la miel o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: cuando planté rosales coseché siempre rosas. Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: ¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno! Hallé sin duda largas las noches de mis penas; mas no me prometiste tan sólo noches buenas; y en cambio tuve algunas santamente serenas... Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
17.
¡Está bien!
¡Está bien!
Porque contemplo aún albas radiosas y hay rosas, muchas rosas, muchas rosas en que tiembla el lucero de Belén, y hay rosas, muchas rosas, muchas rosas gracias, ¡está bien! Porque en las tardes, con sutil desmayo, piadosamente besa el sol mi sien, y aun la transfigura con su rayo: gracias, ¡está bien! Porque en las noches una voz me nombra (¡voz de quien yo me sé!), y hay un edén escondido en los pliegues de mi sombra: gracias, ¡está bien! Porque hasta el mal en mí don es del cielo, pues que, al minarme va, con rudo celo, desmoronando mi prisión también; porque se acerca ya mi primer vuelo: gracias, ¡está bien!
18.
Expectación
Expectación
Siento que algo solemne va a llegar a mi vida. ¿Es acaso la muerte? ¿Por ventura el amor? Palidece mi rostro, mi alma está conmovida, y sacude mis miembros un sagrado temblor. Siento que algo sublime va a encarnar en mi barro en el mísero barro de mi pobre existir. Una chispa celeste brotará del guijarro, y la púrpura augusta va el harapo a teñir. Siento que algo solemne se aproxima, y me hallo todo trémulo; mi alma de pavor llena está. Que se cumpla el destino, que Dios dicte su fallo, para oír la palabra que el abismo dirá.
19.
Éxtasis
Éxtasis
Cada rosa gentil ayer nacida, cada aurora que apunta entre sonrojos, dejan mi alma en el éxtasis sumida... ¡Nunca se cansan de mirar mis ojos el perpetuo milagro de la vida! Años ha que contemplo las estrellas en las diáfanas noches españolas y las encuentro cada vez mas bellas. ¡Años ha que en el mar, conmigo a solas, de las olas escucho las querellas y aún me pasma el prodigio de las olas! Cada vez hallo la Naturaleza más sobrenatural, más pura y santa. Para mí, en rededor, todo es belleza: y con la misma plenitud me encanta la boca de la madre cuando reza que la boca del niño cuando canta. Quiero ser inmortal, con sed intensa, porque es maravilloso el panorama con que nos brinda la creación inmensa; porque cada lucero me reclama, diciéndome al brillar: "¡Aquí se piensa, también, aquí se lucha, aquí se ama!".
20.
Gracia plena
Gracia plena
Gratia plena Todo en ella encantaba, todo en ella atraía: su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar... El ingenio de Francia de su boca fluía. Era "llena de gracia", como el Avemaría; ¡quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar! Ingenua como el agua, diáfana como el día, rubia y nevada como Margarita sin par, al influjo de su alma celeste amanecía... Era llena de gracia, como el Avemaría; ¡quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar! Cierta dulce y amable dignidad la investía de no sé qué prestigio lejano y singular. Más que muchas princesas, princesa parecía: era llena de gracia, como el Avemaría; ¡quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar! Yo gocé el privilegio de encontrarla en mi vía dolorosa; por ella tuvo fin mi anhelar, y cadencias arcanas halló mi poesía. Era llena de gracia, como el Avemaría; ¡quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar! !Cuánto, cuánto la quise! ¡Por diez años fue mía; pero flores tan bellas nunca pueden durar! ¡Era llena de gracia, como el Avemaría, y a la Fuente de gracia, de donde procedía, se volvió... como gota que se vuelve a la mar!
21.
Ha mucho tiempo que te soñaba
Ha mucho tiempo que te soñaba
Ha mucho tiempo que te soñaba... Ha mucho tiempo que te soñaba así, vestida de blanco tul, y al alma mía que te buscaba, Ana, ¿qué miras? le preguntaba como en el cuento de Barba azul. Ha mucho tiempo que presentía tus ojos negros como los ví, y que, en mis horas de nostalgia, la hermana Ana me respondía: "Hay una virgen que viene a ti". Y al vislumbrarte, febril, despierto, tras de la ojiva del torreón, después de haberse movido incierto, como campana que toca a "muerto", tocaba a "gloria" mi corazón. Por fin, distinta me apareciste; vibraron dianas en rededor, huyó callada la Musa triste y tú llegaste, viste y venciste como el magnífico Emperador. Hoy, mi esperanza que hacia ti corre, que mira el cielo donde tú estés, porque la gloria se le descorre, ya no pregunta desde la torre: Hermana Ana, ¿dime qué ves? Hoy en mi noche tu luz impera, veo tu rostro resplandecer, y en mis ensueños sólo quisiera enarbolarte como bandera ¡y a ti abrazado por ti vencer!
22.
Inmortalidad
Inmortalidad
No, no fue tan efímera la historia de nuestro amor: entre los folios tersos del libro virginal de tu memoria, como pétalo azul está la gloria doliente, noble y casta de mis versos. No puedes olvidarme: te condeno a un recuerdo tenaz. Mi amor ha sido lo más alto en tu vida, lo más bueno; y sólo entre los légamos y el cieno surge el pálido loto del olvido. Me verás dondequiera: en el incierto anochecer, en la alborada rubia, y cuando hagas labor en el desierto corredor, mientras tiemblan en tu huerto los monótonos hilos de la lluvia. ¡Y habrás de recordar! Esa es la herencia que te da mi dolor, que nada ensalma. ¡Seré cumbre de luz en tu existencia, y un reproche inefable en tu conciencia y una estela inmortal dentro de tu alma!
23.
Jaculatoria a la nieve
Jaculatoria a la nieve
Jaculatoria de la nieve ¡Qué milagrosa es la Naturaleza! Pues, ¿no da luz la nieve? Inmaculada y misteriosa, trémula y callada, paréceme que mudamente reza al caer... ¡Oh nevada!: tu ingrávida y glacial eucaristía hoy del pecado de vivir me absuelva y haga que, como tú, mi alma se vuelva fúlgida, blanca, silenciosa y fría.
24.
La canción de flor de mayo
La canción de flor de mayo
Flor de Mayo como un rayo de la tarde se moría... Yo te quise, Flor de Mayo, tú lo sabes; ¡pero Dios no lo quería! Las olas vienen, las olas van, cantando vienen, cantando irán. Flor de Mayo ni se viste ni se alahaja ni atavía; ¡Flor de Mayo está muy triste! ¡Pobrecita, pobrecita vida mía! Cada estrella que palpita, desde el cielo le habla asi: "Ven conmigo, Florecita, brillarás en la extensión igual a mí" Flor de Mayo, con desmayo, le responde: "¡Pronto iré!" Se nos muere Flor de Mayo, ¡Flor de Mayo, la elegida, se nos fue! Las olas vienen, las olas van, cantando vienen, llorando irán... "¡No me dejes!" yo le grito: "¡No te vayas dueño mío, el espacio es infinito y es muy negro y hace frío, mucho frío!" Sin curarse de mi empeño, Flor de Mayo se alejó, Y en la noche, como un sueño misteriosamente triste se perdió. Las olas vienen, las olas van, cantando vienen, ¡ay, cómo irán! Al amparo de mi huerto una sola flor crecía: Flor de Mayo, y se me ha muerto... Yo la quise, ¡Pero Dios no lo quería!
25.
La hermana agua
La hermana agua
Laudatu si, mi Signore, per sor acqua... San Francisco de Asís. A quien va a leer Un hilo de agua que cae de una llave imperfecta; un hilo de agua, manso y diáfano, que gorjea toda la noche y todas las noches cerca de mi alcoba; que canta a mi soledad y en ella me acompaña; un hilo de agua: ¡qué cosa tan sencilla! Y, sin embargo, estas gotas incesantes y sonoras me han enseñado más que los libros. El alma del Agua me ha hablado en la sombra –el alma santa del Agua- y yo la he oído, con recogimiento y con amor. Lo que me ha dicho está escrito en páginas que pueden compendiarse así: ser dócil, ser cristalino; esta es la ley y los profetas; y tales páginas han formado un poema. Yo sé que quien lo lea sentirá el suave placer que yo he sentido al escucharlo de los labios de Sor Acqua; y este será mi galardón en la prueba, hasta que mis huesos se regocijen en la gracia de Dios.
26.
1. El agua que corre bajo la lluvia
1. El agua que corre bajo la lluvia
Yo canto al cielo porque mis linfas ignoradas hacen que fructifiquen las savias; las llanadas, los sotos y las lomas por mí tienen frescura. Nadie me mira, nadie; más mi corriente obscura se regocija luego que viene primavera, porque si dentro hay sombras, hay muchos tallos fuera. Los gérmenes conocen mi beso cuando anidan Bajo la tierra, y luego que son flores me olvidan. Lejos de sus raíces las corolas felices no se acuerdan del agua que regó sus raíces . . .. ¡Qué importa! Yo alabanzas digo a Dios con voz suave. La flor no sabe nada, ¡pero el Señor sí sabe! Y canto a Dios corriendo por mi ignoto sendero, dichosa de antemano; porqué seré venero ante la vara mágica de Moisés; porque un día vendrán las caravanas hacia la linfa mía; porque mis aguas dulces, mientras que la sed matan, el rostro beatífico del sediento retratan sobre el fondo del cielo que los cristales yerra; porque copiando el cielo lo traslado a la tierra, y así el creyente triste, que el él su dicha fragua, bebe, al beberme, el cielo que palpita en mi agua, y como en ese cielo brillan estrellas bellas, el hombre que me bebe comulga con estrellas. Yo alabo al Señor bueno porque, con la infinita pedrería que encuentro de fuegos policromos, forjó en las misteriosas grutas la estalactita, pórtico del alcázar de ensueño de los gnomos; porque en oculto seno de la caverna umbría doy de beber al monstruo que tiene miedo al día. ¡Qué importa que mi vida bajo la tierra acabe! Los hombres no lo saben, pero Dios si lo sabe. Así me dijo el Agua que discurre por los antros, y yo: -¡Agua hermana, bendigamos a Dios!
27.
2. El agua que corre sobre la tierra
2. El agua que corre sobre la tierra
Yo alabo al cielo porque me brindó en sus amores, para mi fondo gemas, para mi margen flores; porque cuando la roca me muerde y me maltrata hay en mi sangre (espuma) filigrana de palta; porque cuando al abismo ruedo en un cataclismo, adorno de arco-iris triunfales el abismo, y el rocío que salta de mis espumas blancas riega las florecitas que esmaltan las barrancas; porque a través del cauce llevando mi caudal, soy un camino que anda, como dijo Pascal; porque en mi gran llanura donde la brisa vuela; deslízanse los élitros nevados de la vela; porque en mi azul espalda que la quilla acuchilla mezo, aduermo y soporto la audacia de la quilla, mientras que no conturba mis ondas el Dios fuerte, a fin de que originen catástrofes de muerte, y la onda que arrulla sea la onda que hiere . . . ¡Quién sabe los designios de Dios que así lo quiere! Yo alabo al cielo porque en mi vida errabunda Soy Niágara que truena, soy Nilo que fecunda, maelstrom de remolino fatal, o golfo amigo; porque, mar di la vida, y, diluvio, el castigo. Docilidad inmensa tengo para mi dueño: El me dice: “Anda”, y ando; “Despéñate”, y despeño mis aguas en la sima de roca que da espanto; y canto cuando corro, y al despeñarme canto, y cantando, mi linfa tormentas o iris fragua, fiel al Señor... ¡Loemos a Dios, hermana Agua!
28.
3.La nieve
3.La nieve
Yo soy la movediza perenne; nunca dura en mi una forma; pronto mi ser se transfigura, y ya entre guijas de ónix cantando peregrino, ya en témpanos helados detengo mi camino, ya vuelo por los aires trocándome en vapores, ya soy iris en polvo de todos los colores, o rocío que asciende, o aguacero que llueve . . . Mas Dios también me ha dado la albura de la nieve, la albura de la nieve enigmática y fría que cae de los cielos como una eucaristía, que por los puntiagudos techos resbala leda y que cuando la pisan cruje como la seda. Cayendo silenciosa, de blanco al mundo arropo. Subí, vapor, a lo alto, desciendo al suelo, copo; subí gris de los lagos que la quietud estanca, y bajo blanca al mundo . . . ¡Oh qué bello es ser blanca! ¿Por qué soy blanca? En premio al sacrificio mío, porque tirito para que nadie tenga frío, porque mi lino todos los fríos almacena ¡y dios me torna blanca por haber sido buena! ¿Verdad que es llevadera la palma del martirio así? Yo caigo como los pétalos de un lirio de lo alto, y no pudiendo cantar mi canción pura con murmurios de linfa, la canto con blancura. La blancura es el himno más hermoso y más santo; ser blanca es orar; siendo yo, pues, blanca, oro y canto. Ser luminosa es otro de los cantos mejores: ¿No ves que las estrellas salmodian con fulgores? Por eso el rey poeta dijo en himno de amor: “El firmamento narra la gloria del Señor”. Se tú como la Nieve que inmaculada llueve Y yo clamé: -¡Alabemos a Dios, hermana Nieve!
29.
4. El hielo
4. El hielo
Para cubrir los peces del fondo, que agonizan de frío, mis piadosas ondas se cristalizan, y yo, la inquietuela, cuyo perenne móvil es variar, enmudezco, me aduermo, quedo inmóvil. ¡Ah! Tú no sabes como padezco nostalgia de sol bajo esa sábana siempre fría. Tú no sabes la angustia de la ola que inmola Sus ritmos ondulantes de mujer –su sonrisa- al frío, y que se vuelve –mujer de Loth- banquisa: ser banquisa es ser como la estatua de la ola. Tú ignoras esa angustia: mas yo no me rebelo, y ansiosa de que todo en mi Dios sea loado, desprendo radiaciones al bloque de mi hielo, y en vez de azul oleaje soy témpano azulado. Mis crestas en la noche del polo con fanales, reflejo el rosa de las auroras boreales, la luz convaleciente del sol, y con deleites de Seraphita, yergo mi cristalina roca por donde trepan lentas las morsas y la foca, seguidas de lapones hambrientos de su aceite . . . ¿Ya ves como se acata la voluntad del cielo? Y yo recé: -¡Loemos a Dios, hermano hielo!
30.
5. El granizo
5. El granizo
¡Tin, tin, tin, tin! Yo caigo del cielo, en insensato redoble, al campo y todos los céspedes maltrato. ¡Tin, tin! ¡Muy buenas tardes, mi hermana la pradera! Poeta, buenas tardes, ¡ábreme tu vidriera! Soy diáfano y geométrico, tengo esmalte y blancura tan finos y suaves como una dentadura, y en un derroche de ópalos blancos me multiplico. ¡La linfa canta, el copo cruje, yo . . . yo repico! Tin, tin, tin, tin, mi torre es la nube ideal: ¡oye mis campanitas de límpido cristal! La nieve es triste, el agua turbulenta; yo sin Ventura, soy un loco de atar, ¡tin, tin, tin, tin! ...¿Cenduras? No por cierto, no merezco censuras; las tardes calurosas por mí tienen frescuras, yo lucho con el hálito del verano yo soy bello... - ¡Loemos a Dios, Granizo hermano!
31.
6. El vapor
6. El vapor
El vapor es el alma del agua, hermano mío, así como sonrisa del agua es el rocío, y el lago sus miradas y su pensar la fuente; sus lágrimas la lluvia; su impaciencia el torrente, y los ríos sus brazos; su cuerpo, la llanada sin coto de los mares, y las olas, sus senos; su frente, las neveras de los montes serenos, y sus cabellos de oro líquido, la cascada. Yo soy alma del agua, y el agua siempre sube: las transfiguraciones de esa alma son la nube, su Tabor es la tarde real que la empurpura: como el agua fue buena, su Dios la transfigura . . . Y ya es el albo copo que el azul riela, ya la zona de fuego, que parece una estela, ya el divino castillo de nácar, ya el plumaje de un pavo hecho de piedras preciosas, ya el encaje de un abanico inmenso, ya el cráter que fulgura . . . Como el agua fue buena, su Dios la transfigura . . . -¡Dios! Dios siempre en tus labios está como en un templo. Dios, siempre Dios . . . ¡en cambio, yo nunca le contemplo! ¿Por qué si dios existe no deja ver sus huellas por qué taimadamente se esconde a nuestro anhelo, por qué no se halla escrito su nombre con estrellas en medio del esmalte magnífico del cielo? -Poeta, es que lo buscas con la ensoberbecida ciencia, que exige pruebas y cifras al Abismo . . . Asómate a las fuentes oscuras de tu vida, y allí verás su rostro: tu dios está en ti mismo. Busca el silencio y ora: tu Dios execra el grito; busca la sombra y oye: tu Dios habla en lo arcano; depón tu gran penacho de orgullo y de delito . . . -Ya está -¿Qué ves ahora? -La faz del infinito. -¿Y eres feliz? -¡Loemos a Dios, Vapor hermano!
32.
7. La bruma
7. La bruma
La bruma es el ensueño del agua, que se esfuma en leve gris. ¡Tú ignoras la esencia de la Bruma! La Bruma es el ensueño del agua, y en su empeño De inmaterializarse lo vuelve todo ensueño. A través de su velo mirífico, parece como que la materia brutal se desvanece: la torre es un fantasma de vaguedad que pasma, todo, en su blonda envuelto, se convierte en fantasma, y el mismo hombre que cruza por su zona quieta se convierte en fantasma, es decir, en silueta. La Bruma es el ensueño del agua, que se esfuma en leve gris. ¡Tú ignoras la esencia de la Bruma, de la Bruma que sueña con la aurora lejana! Y yo dije: -¡Ensalcemos a Dios, oh Bruma hermana!
33.
8. Las voces del agua
8. Las voces del agua
-Mi gota busca entrañas de roca y las perfora. -En mi flota el aceite que en los santuarios vela. -Por mi raya el milagro de la locomotora la pauta de los rieles. –Yo pinto la acuarela. -Mi bruma y tus recuerdos son por extraño modo gemelos; ¿no ves como lo divinizan todo? -Yo presto vibraciones de flautas prodigiosas al cristal de los vasos. –Soy triaca y enfermera en las modernas clínicas. –Y yo, sobre las rosas turiferario santo del alba en primavera. -Soy pródiga de fuerza motriz en mi caída. -Yo escarcho los ramajes. –Yo en tiempos muy remotos dí un canto a las sirenas. –Yo, cuando estoy dormida, sueño sueños azules, y esos sueños son lotos. -Poeta, que por gracia del cielo nos conoces, ¿no cantas con nosotras? -¡Sí canto, hermanas voces!
34.
9. El agua multiforme
9. El agua multiforme
“El agua toma siempre la forma de los vasos que la contienen”, dicen las ciencias que mis pasos atisban y pretenden analizarme en vano; yo soy la resignada por excelencia, hermano. ¿No ves que a cada instante mi forma se aniquila? Hoy soy torrente inquieto y ayer fui agua tranquila; hoy soy, en vaso esférico, redonda; ayer, apenas, me mostraba cilíndrica en las ánforas plenas, y así pitagorizo mi ser, hora tras hora; hielo, corriente, niebla, vapor que el día dora, todo lo soy, y a todo me pliego en cuanto cabe. ¡Los hombres no lo saben, pero Dios si lo sabe! ¿Por qué tú te rebelas? ¿Por qué tú ánimo agitas? ¡Tonto! ¡Si comprendieras las dichas infinitas de plegarse a los fines del Señor que nos rige! ¿Qué quieres? ¿Por qué sufres? ¿Qué sueñas? ¿Qué te aflige? ¡Imaginaciones que se extinguen en cuanto aparecen . . .! ¡En cambio, yo canto, canto, canto! Canto, mientras tu penas, la voluntad ignota; canto cuando soy chorro, canto cuando soy gota, y al ir, Proteo extraño, de mi destino en pos, murmuro: -¡Que se cumpla la santa ley de Dios! ¿Por qué tantos anhelos sin rumbo tu alma fragua? ¿Pretendes ser dichoso? Pues bien: sé como el agua; sé como el agua, llena de oblación y heroísmo, sangre en el cáliz, gracia de Dios en el bautismo; sé como el agua, dócil a la ley infinita, que reza en las iglesias en donde está bendita, y en el estanque arrulla meciendo la piragua. ¿Pretendes ser dichoso? Pues bien: sé como el agua; lleva cantando el traje de que el Señor te viste, y no estés triste nunca, que es pecado estar triste. Deja que en ti se cumplan los fines de la vida: sé declive, no roca; transfórmate y anida donde al Señor le plazca, y al ir del fin en pos, murmura: ¡Que se cumpla la santa ley de Dios! Lograrás, si lo hicieres así, magno tesoro de bienes: si eres bruma, serás bruma de oro; si eres nube, la tarde te dará su arrebol; si eres fuente, en tu seno verás temblando al sol; tendrán filetes de ámbar tus ondas, si laguna eres, y si océano, te plateará la luna. Si eres torrente, espuma tendrás tornasolada, y una crencha de arco-iris en flor, si eres cascada. Así me dijo el Agua con místico reproche, Y yo, rendido al santo consejo de la Maga, Sabiendo que es el Padre quien habla entre la noche, Clamé con el Apóstol: -Señor, ¿qué quieres que haga? (1901)
35.
Lo más natural
Lo más natural
Me dejaste -como ibas de pasada- lo más inmaterial que es tu mirada. Yo te dejé -como iba tan de prisa- lo más inmaterial, que es mi sonrisa. Pero entre tu mirada y mi risueño rostro quedó flotando el mismo sueño.
36.
Lubricidades tristes
Lubricidades tristes
1 Andrógino Por ti, por ti, clamaba cuando surgiste, infernal arquetipo, del hondo Erebo, con tus neutros encantos, tu faz de efebo, tus senos pectorales, y a mí viniste. Sombra y luz, yema y polen a un tiempo fuiste, despertando en las almas el crimen nuevo, ya con virilidades de dios mancebo, ya con mustios halagos de mujer triste. Yo te amé porque, a trueque de ingenuas gracias, tenías las supremas aristocracias: sangre azul, alma huraña, vientre infecundo; porque sabías mucho y amabas poco, y eras síntesis rara de un siglo loco y floración malsana de un viejo mundo.
37.
Me besaba mucho
Me besaba mucho
Me besaba mucho, como si temiera... Me besaba mucho, como si temiera irse muy temprano... Su cariño era inquieto, nervioso. Yo no comprendía tan febril premura. Mi intención grosera nunca vio muy lejos ¡Ella presentía! Ella presentía que era corto el plazo, que la vela herida por el latigazo del viento, aguardaba ya..., y en su ansiedad quería dejarme su alma en cada abrazo, poner en sus besos una eternidad.
38.
Madrigal
Madrigal
Por tus ojos verdes yo me perdería, sirena de aquellas que Ulises, sagaz, amaba y temía. Por tus ojos verdes yo me perdería. Por tus ojos verdes en lo que, fugaz, brillar suele, a veces, la melancolía; por tus ojos verdes tan llenos de paz, misteriosos como la esperanza mía; por tus ojos verdes, conjuro eficaz, yo me salvaría.
39.
Mi secreto
Mi secreto
¿Mi secreto? ¡Es tan triste! Estoy perdido de amores por un ser desaparecido, por un alma liberta, que diez años fue mía, y que se ha ido... ¿Mi secreto? Te lo diré al oído: ¡Estoy enamorado de una muerta! ¿Comprendes -tú que buscas los visibles transportes, las reales, las tangibles caricias de la hembra, que se plasma a todos tus deseos invencibles- ese imposible de los imposibles de adorar a un fantasma? ¡Pues tal mi vida es y tal ha sido y será! Si por mí sólo ha latido su noble corazón, hoy mudo y yerto, ¿he de mostrarme desagradecido y olvidarla, no más porque ha partido y dejarla, no más porque se ha muerto?
40.
No sé quién es
No sé quién es
No sé quién es... ¿Quién es? -No sé: a veces cruza por mi senda, como el hada del ensueño: siempre sola... siempre muda... siempre pálida... ¿Su nombre? No lo conozco. ¿De dónde viene? ¿Do marcha? ¡Lo ignoro! Nos encontramos, me mira un momento y pasa: ¡Siempre sola...! ¡Siempre triste...! ¡Siempre muda...! ¡Siempre pálida! Mujer: ha mucho que llevo tu imagen dentro del alma. Si las sombras que te cercan, si los misterios que guardas deben ser impenetrables para todos, ¡calla, calla! ¡Yo sólo demando amores: yo no te pregunto nada! ¿Buscas reposo y olvido? Yo también. El mundo cansa. Partiremos lejos, lejos de la gente, a tierra extraña; y cual las aves que anidan en las torres solitarias, confiaremos a la sombra nuestro amor y nuestras ansias...
41.
Ofertorio
Ofertorio
De la amada inmóvil Dios mío, yo te ofrezco mi dolor: ¡Es todo lo que puedo ofrecerte! Tú me diste un amor, un solo amor, ¡un gran amor! Me lo robó la muerte ...y no me queda más que mi dolor. Acéptalo, Señor; ¡Es todo lo que puedo ya ofrecerte!...
42.
Pasas por el abismo de mis tristezas
Pasas por el abismo de mis tristezas
Pasas por el abismo de mis tristezas... Pasas por el abismo de mis tristezas como un rayo de luna sobre los mares, ungiendo lo infinito de mis pesares con el nardo y la mirra de tus ternezas. Ya tramonta mi vida, la tuya empiezas; mas, salvando del tiempo los valladares, como un rayo de luna sobre los mares, pasas por el abismo de mis tristezas. No más en la tersura de mis cantares dejará el desencanto sus asperezas; pues Dios, que dio a los cielos sus luminares, quiso que atravesaras por mis tristezas como un rayo de luna sobre los mares.
43.
Por esa puerta
Por esa puerta
Por esa puerta huyó diciendo :«¡nunca!» Por esa puerta ha de volver un día ... Al cerrar esa puerta dejo trunca la hebra de oro de la esperanza mía. Por esa puerta ha de volver un día. Cada vez que el impulso de la brisa, como una mano débil indecisa, levemente sacude la vidriera, palpita más aprisa, más aprisa, mi corazón cobarde que la espera. Desde mi mesa de trabajo veo la puerta con que sueñan mis antojos y acecha agazapando mi deseo en el trémulo fondo de mis ojos. ¿Por cuánto tiempo, solitario, esquivo, he de aguardar con la mirada incierta a que Dios me devuelva compasivo a la mujer que huyó por esa puerta? ¿Cuándo habrán de temblar esos cristales empujados por sus manos ducales, y, con su beso ha de llegar a ellas, cual me llega en las noches invernales el ósculo piadoso de una estrella? ¡Oh Señor!, ya la pálida está alerta; ¡oh Señor, cae la tarde ya en mi vía y se congela mi esperanza yerta! ¡Oh, Señor, haz que se abra al fin la puerta y entre por ella la adorada mía!... ¡Por esa puerta ha de volver un día!
44.
Quién es damiana
Quién es damiana
¿Quién es Damiana? My name is might have been [...] Dante Gabriel Rossetti La mujer que en mi lozana juventud pudo haber sido -si Dios hubiera querido- mía, en el paisaje interior de un paraíso de amor y poesía; la que prócer o aldeana «mi aldeana» o «mi princesa» se hubiera llamado, esa es, en mi libro, Damiana. La hija risueña y santa, gemela de serafines, libélula en mis jardines quizás y en mi feudo infanta; la que pudo dar al alma fe, vigor al esfuerzo, tino al obrar, ¡la que no vino por mucho que la llamé! La que aún mi frente besa desde una estrella lejana, esa es en mi libro Damiana. Y aquella que me miró, no sé en qué patria querida tras mirarme pasó (desto hace más de una vida); y al mirarme parecía que me decía: -«Si pudiera detenerme te amara»... la que esto al verme con los ojos repetía; la que, sentado a la mesa del festín real, con vana inquietud aguardo, esa es en mi libro Damiana; La que con noble pergeño, suele fluïda vagar como un fantasma lunar por la zona de mi ensueño; la que fulge en los ocasos, que son nobleza del día, la que en la melancolía de mi alcoba finge pasos, la que, puesto a la ventana, con un afán que no cesa aguardo hace un siglo, esa es en mi libro Damiana. Todo lo noble y hermoso que no fue; todo lo bello y amable que no vino; y lo vago y misterioso que pensé y lo puro y lo inefable y lo divino; El enigma siempre claro en la mañana y el enigma por las tardes inexpreso; amor, sueños, ideal, esencia arcana, todo eso, todo eso, todo eso, tiene un nombre en estas páginas: ¡Damiana!
45.
Renunciación
Renunciación
¡Oh, Siddharta Gautama!, tú tenías razón: las angustias nos vienen del deseo; el edén consiste en no anhelar, en la renunciación completa, irrevocable, de toda posesión; quien no desea nada, dondequiera está bien. El deseo es un vaso de infinita amargura, un pulpo de tentáculos insaciables, que al par que se cortan, renacen para nuestra tortura. El deseo es el padre del esplín, de la hartura, ¡y hay en él más perfidias que en las olas del mar! Quien bebe como el Cínico el agua con la mano, quien de volver la espalda al dinero es capaz, quien ama sobre todas las cosas al Arcano, ¡ése es el victorioso, el fuerte, el soberano... y no hay paz comparable con su perenne paz!
46.
Ródeuse
Ródeuse
Si te toman pensativa los desastres de las hojas que revuelan crepitando por el amplio bulevar; si los cierzos te insinúan no sé qué vagas congojas y nostalgias imprecisas y deseos de llorar; si el latido luminoso de los astros te da frío; si incurablemente triste ves al Sena resbalar, y el reflejo de los focos escarlatas sobre el río se te antoja que es la estela de algún trágico navío donde llevan los ahogados de la Morgue a sepultar; ¡Pobrecita! ven conmigo: deja ya las puentes yermas. Hay un alma en estas noches a las tísicas hostil, y un vampiro disfrazado de galón que busca enfermas, que corteja a las que tosen y que, a poco que te duermas, chupará con trompa inmunda tus pezones de marfil.
47.
Seis meses
Seis meses
Seis meses ya de muerta! Y en vano he pretendido... ¡Seis meses ya de muerta! Y en vano he pretendido un beso, una palabra, un hálito, un sonido... y, a pesar de mi fe, cada día evidencio que detrás de la tumba ya no hay más que silencio... Si yo me hubiese muerto, ¡qué mar, qué cataclismos, qué vértices, qué nieblas, qué cimas ni qué abismos burlaran mi deseo febril y omnipotente de venir por las noches a besarte en la frente, de bajar con la luz de un astro zahorí, a decirte al oído: No te olvides de mí. Y tú, que me querías tal vez más que te amé, callas inexorable, de suerte que no sé sino dudar de todo, el alma, del destino, ¡y ponerme a llorar en medio del camino! Pues con desolación infinita evidencio que detrás de la tumba ya no hay más que silencio...
48.
Si tú me dices "ven"
Si tú me dices "ven"
Si Tú me dices: "¡Ven!", lo dejo todo... Si Tú me dices: "¡Ven!", lo dejo todo... No volveré siquiera la mirada para mirar a la mujer amada... Pero dímelo fuerte, de tal modo que tu voz, como toque de llamada, vibre hasta en el más íntimo recodo del ser, levante el alma de su lodo y hiera el corazón como una espada. Si Tú me dices: "¡Ven!", todo lo dejo. Llegaré a tu santuario casi viejo, y al fulgor de la luz crepuscular; mas he de compensarte mi retardo, difundiéndome, ¡oh Cristo!, como un nardo de perfume sutil, ante tu altar.
49.
Si una espina me hiere
Si una espina me hiere
Si una espina me hiere, me aparto de la espina... ¡Si una espina me hiere, me aparto de la espina, ...pero no la aborrezco! Cuando la mezquindad envidiosa en mí clava los dardos de su inquina, esquívase en silencio mi planta, y se encamina hacia más puro ambiente de amor y caridad. ¿Rencores? ¡De qué sirven! ¡Qué logran los rencores! Ni restañan heridas, ni corrigen el mal. Mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores, y no prodiga savias en pinchos punzadores: si pasa mi enemigo cerca de mi rosal, se llevará las rosas de más sutil esencia; y si notare en ellas algún rojo vivaz, ¡será el de aquella sangre que su malevolencia de ayer, vertió, al herirme con encono y violencia, y que el rosal devuelve, trocada en flor de paz!
50.
Tan rubia es la niña que
Tan rubia es la niña que
Tan rubia es la niña que... Tan rubia es la niña que que cuando hay sol, no se la ve. Parece que se difunde en el rayo matinal, que con la luz se confunde su silueta de cristal, tinta en rosas, y parece que en la claridad del día se desvanece la niña mía. Si se asoma mi Damiana a la ventana, y colora la aurora su tez lozana de albérchigo y terciopelo, no se sabe si la aurora ha salido a la ventana antes de salir al cielo. Damiana en el arrebol de la mañanita se diluye y, si sale el sol, por rubia... no se la ve.
51.
Tanto amor
Tanto amor
Hay tanto amor en mi alma que no queda ni el rincón más estrecho para el odio. ¿Dónde quieres que ponga los rencores que tus vilezas engendrar podrían? Impasible no soy: todo lo siento, lo sufro todo...Pero como el niño a quien hacen llorar, en cuanto mira un juguete delante de sus ojos se consuela, sonríe, y las ávidas manos tiende hacia él sin recordar la pena, así yo, ante el divino panorama de mi idea, ante lo inenarrable de mi amor infinito, no siento ni el maligno alfilerazo ni la cruel afilada ironía, ni escucho la sarcástica risa. Todo lo olvido, porque soy sólo corazón, soy ojos no más, para asomarme a la ventana y ver pasar el inefable Ensueño, vestido de violeta, y con toda la luz de la mañana, de sus ojos divinos en la quieta limpidez de la fontana...
52.
Una flor en el camino
Una flor en el camino
La muerta resucita cuando a tu amor me asomo, la encuentro en tus miradas inmensas y tranquilas, y en toda tú... Sois ambas tan parecidas como tu rostro, que dos veces se copia en mis pupilas. Es cierto: aquélla amaba la noche radiosa, y tú siempre en las albas tu ensueño complaciste. (Por eso era más lirio, por eso eres más rosa.) Es cierto, aquélla hablaba; tú vives silenciosa, y aquélla era más pálida; pero tú eres más triste.
53.
Ven acércate más
Ven acércate más
Ven acércate más! El campo umbrío... ¡Ven acércate más! El campo umbrío, el cielo torvo y el ambiente frío, predisponen el alma a la tristeza. Ven, apoya en mi hombro tu cabeza; así, juntos, muy juntos, dueño mío. Hablemos de tu amor; ¡de aquel soñado amor! Cuando el invierno desolado reina doquier, y pálidas se ahuyentan la ilusión y la fe, ¡cómo calientan los recuerdos benditos del pasado! Ven, acércate más, mi dulce dueño . . . y en tanto agita con tenaz empeño la niebla gris su colosal cimera, sobre nosotros vuelque la Quimera el ánfora impalpable del Ensueño.
54.
Viejo estribillo
Viejo estribillo
¿Quién es esa sirena de la voz tan doliente, de las carnes tan blancas, de la trenza tan bruna? -Es un rayo de luna que se baña en la fuente, es un rayo de luna... ¿Quién gritando mi nombre la morada recorre? ¿Quién me llama en las noches con tan trémulo acento? -Es un soplo de viento que solloza en la torre, es un soplo de viento... ¿Di, quién eres, arcángel cuyas alas se abrasan en el fuego divino de la tarde y que subes por la gloria del éter? -Son las nubes que pasan; mira bien, son las nubes... ¿Quién regó sus collares en el agua, Dios mío? Lluvia son de diamantes en azul terciopelo. -Es la imagen del cielo que palpita en el río, es la imagen del cielo... ¡Oh, Señor! ¡La belleza sólo es, pues, espejismo! Nada más Tú eres cierto: sé Tú mi último Dueño. ¿Dónde hallarte, en el éter, en la tierra, en mí mismo? -Un poquito de ensueño te guiará en cada abismo, un poquito de ensueño...
55.
Y el buda de basalto sonreía
Y el buda de basalto sonreía
Aquella tarde, en la alameda, loca de amor, la dulce idolatrada mía me ofreció la eglantina de su boca. Y el Buda de basalto sonreía... Otro vino después, y sus hechizos me robó; dile cita, y en la umbría nos trocamos epístolas y rizos. Y el Buda de basalto sonreía... Hoy hace un año del amor perdido. Al sitio vuelvo y, como estoy rendido tras largo caminar, trepo a lo alto del zócalo en que el símbolo reposa. Derrotado y sangriento muere el día, y en los brazos del Buda de basalto me sorprende la luna misteriosa.
56.
Yo amaba lo azul con ardimiento
Yo amaba lo azul con ardimiento
Yo amaba lo azul con ardimiento... Yo amaba lo azul con ardimiento: las montañas excelsas, los sutiles crespones de zafir del firmamento, el piélago sin fin, cuyo lamento arrulló mis ensueños juveniles. Callaba mi laúd cuando despliega cada estrella purisima su broche, el universo en la quietud navega, y la luna, hoz de plata, surge y siega el haz de espesas sombras de la noche. Cantaba, si la aurora descorría en el Oriente sus rosados velos, si el aljófar al campo descendía, y el sol, urna de oro que se abría, inundaba de luz todos los cielos. Mas hoy amo la noche, la galana, de dulce majestad, horas tranquilas y solemnes, la nubia soberana, la de espléndida pompa americana: ¡La noche tropical de tus pupilas! Hoy esquivo del alba los sonrojos, su saeta de oro me maltrata, y el corazón, sin pena y sin enojos, tan sólo ante lo negro de tus ojos como el iris del buho se dilata. ¿Qué encanto hubiera semejante al tuyo, oh, noche mía? ¡Tu beldad me asombra! Yo, que esplendores matutinos huyo, ¡dejo el alma que agite, cual cocuyo, sus alas coruscantes en tu sombra! Si siempre he de sentir esa mirada fija en mi rostro, poderosa y tierna, ¡adiós, por siempre adiós, rubia alborada! doncella de la veste sonrosada: ¡que reine en mi redor la noche eterna! ¡Oh, noche! Ven a mi llena de encanto; mientras con vuelo miesterioso avanzas, nada más para ti será mi canto, y en los brunos repliegues de tu manto, su cáliz abrirán mis esperanzas!
Citas Célebres y Pensamientos
26 citas
Frases para reflexionar
Amado Nervo
« El miedo es más injusto que la ira. »
Amado Nervo
« El miedo no es más que un deseo al revés. »
Amado Nervo
« Vida, nada me debes. Vida, estamos en paz. »
Amado Nervo
« ¿Quién no sabe que en México seguimos al pie de la letra el precepto bíblico de alabar a los muertos? A los vivos los elogiamos cuando pueden darnos algo. »
Amado Nervo
« Dime amigo: ¿La vida es triste o soy triste yo? »
Amado Nervo
« La vida es como un arca inmensa llena de posibilidades. »
Amado Nervo
« Hay algo tan necesario como el pan de cada día, y es la paz de cada día; la paz sin la cual el mismo pan es amargo. »
Amado Nervo
« Amar: eso es todo; querer: todo es eso. Los mundos brotaron al eco de un beso. »
Amado Nervo · Ortega (2013), p. 575
« Dentro de ti está siempre el secreto; dentro de ti están todos los secretos. »
Amado Nervo · Ortega (2013), p. 3873
« El hombre es un animal irónico. »
Amado Nervo · Ortega (2013), p. 355
« El ser humano, desde que nace hasta que muere, es una máquina de romper juguetes. »
Amado Nervo · Señor (1997), p. 284
« La ausencia es un ingrediente que le devuelve al amor el gusto que la costumbre le hizo perder. »
Amado Nervo · Nervo (1920)
« La caridad de los ricos no es más que la forma del remordimiento. »
Amado Nervo · Ortega (2013), p. 690
« La felicidad es como las neblinas ligeras; cuando estamos dentro de ella no la vemos. »
Amado Nervo · Señor (1997), p. 229
« La fortuna es como la policía: siempre llega tarde. »
Amado Nervo · Nervo (1920)
« La lluvia cae como algo que se deshoja. »
Amado Nervo · Ortega (2013), p. 2494
« La mayor parte de los fracasos nos vienen por querer adelantar la hora de los éxitos. »
Amado Nervo · Señor (1997), p. 238
« Las diversas edades del hombre no son más que diversos géneros de niñez. »
Amado Nervo · Señor (1997), p. 177
« La vida no es como un arca inmensa llena de posibilidades. Es más bien como un enorme río lleno de posibilidades. »
Amado Nervo · Ortega (2013)
« ¿Qué es la vida sino un relámpago entre dos largas noches?. »
Amado Nervo · Nervo
« Sé fuerte para tener el derecho de ser pacífico. »
Amado Nervo · Ortega (2013), p. 3114
« Si no te quieren como tú quieres que te quieran, ¿qué importa que te quieran?. »
Amado Nervo · Ortega (2013)
« Si vivir sólo es soñar, hagamos el bien soñado. »
Amado Nervo · Nervo (1920), p. 74
« Vale más errar creyendo que errar dudando. »
Amado Nervo · Señor (1997), p. 198
« Veo al final de mi rudo camino, que yo fui el arquitecto de mi propio destino. »
Amado Nervo · Historia crítica de la poesía mexicana. Tomo I. Rogelio Guedea. Fondo de Cultura Economica
Algunos libros de poesía de Amado Nervo:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: