« ¡Oh, cuántas veces he oído y visto a Scarbo, cuando a medianoche la luna brilla en el cielo como un escudo de plata sobre un estandarte de azur! Oía su risa ahogarse en la sombra de mi alcoba, y sus uñas raspar la cortina de seda de mi lecho. Luego me miraba fijamente, crecía de repente entre la luna y yo como el campanario de una catedral gótica, con un cascabel de oro en su gorro puntiagudo. »
Aloysius Bertrand · Scarbo