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Frases de Léolo

Recopilación de pensamientos, citas célebres y diálogos memorables de Léolo.

« A ti, la Dama, la audaz melancolía, que con grito solitario hiendes mis carnes ofreciéndolas al tedio, tú que atormentas mis noches cuando no sé qué camino de mi vida tomar, te he pagado cien veces mi deuda. De las brasas del ensueño, solo me quedan las cenizas de una sombra de la mentira que tú misma me habías obligado a oír. Y la blanca plenitud, no era como el viejo interludio, y sí una morena de finos tobillos que me clavó la pena de un pecho punzante en el que creí, y que no me dejó más que el remordimiento de haber visto nacer la luz sobre mi soledad. »

— el narrador

Léolo
« No intento recordar las cosas que ocurren en los libros. Lo único que le pido a un libro es que me inspire inteligencia y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar. »

— el narrador

Léolo
« Era el único libro que había en casa. Nunca me pregunté como había llegado a parar ahí. Era gordo. Las palabras se amontonaban unas sobre otras, y exigían mucho esfuerzo de concentración para desvelar sus secretos. En casa nunca había visto a nadie leer o escribir. La tele y los carteles publicitarios invadían mi mente. Al principio solo leía las frases subrayadas sin entender demasiado. Recuerdo haber querido dejarlo porque no tenía ilustraciones: "Solo encuentro momentos verdaderamente felices en la soledad. Mi soledad es mi palacio. Ahí tengo mi silla, mi mesa y mi cama, mi viento y mi sol. Cuando estoy sentada fuera de mi soledad, estoy sentada en el exilio, estoy sentada en un país engañoso. Porque sueño, yo no lo estoy. Porque sueño, yo no estoy loco. »

— el narrador

Léolo
« Porque sueño, yo no lo estoy. Porque sueño, sueño. Porque me abandono por las noches a mis sueños antes de que me deje el día. Porque no amo. Porque me asusta amar. Ya no sueño. Ya no sueño »

— el narrador

Léolo
« Mi padre era un hombre como tantos otros. Un perro que mordía su vida perra. Surcado por unas arrugas que nada decían de su cara salvo para gritar la edad que las había cavado. Tenía una expresión como de hola y adiós, como de un eterno y sencillo mediodía, mermado por un puñado de tiempo. Su frente se extendía hasta el día siguiente de su barbilla donde el cuello se aferraba desesperadamente a unos hombros ventrudos. »

— Léolo

Léolo

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