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Frases de Esta tierra es mía

Recopilación de pensamientos, citas célebres y diálogos memorables de Esta tierra es mía.

« Me temo que ya no daré más clases. No sé cuánto tiempo me queda aún. Como la lección de hoy será muy breve, he querido elegir un buen libro. Uno que me prestó el Profesor Sorel. No lo quemaron como los otros porque lo escondí en mi casa y así lo salvé del fuego. Todo lo que vais a oír ahora es algo que escribieron grandes hombres. Fue escrito en una noche de entusiasmo hace ya mucho tiempo: ciento cincuenta años. Eran hombres de diferente condición. Los había prósperos y muy pobres. Religiosos, comerciantes… Y no entraron en polémica. Se pusieron de acuerdo aquella noche maravillosa. Otros hombres querrán destruir este libro. Es posible que acabe en el fuego pero no lo borrarán de la memoria. Vosotros lo recordaréis siempre. Y de ahí vuestra enorme importancia. Sois el nuevo país. Declaración de los Derechos del Hombre. Artículo primero: Todos los hombres nacen y permanecen libres con los mismos derechos. Artículo segundo: La finalidad de los partidos políticos es la de proteger los derechos inalienables del hombre. El derecho a la libertar, a la legítima propiedad y la resistencia a la tiranía. Artículo tercero: El principio de todo gobierno reside en la propia nación. Ningún grupo, ningún individuo puede ejercer una autoridad que no emane única y exclusivamente del pueblo. Artículo cuarto: la libertad nos faculta para ejercer todo aquello que no perjudique a los demás. Artículo quinto: la ley tiene derecho a prohibir… solo un momento caballeros. La ley tiene derecho a prohibir todos aquellos actos que pueden perjudicar a la sociedad. Bien, he de irme. No por perjudicar a la sociedad, que soy vosotros, sino porque perjudico a la tinaría. »

— el profesor Albert Lory

Esta tierra es mía
« La lucha es muy dura. No solo hay que luchar contra el hambre y contra la tiranía, hemos de luchar primero contra nosotros mismos. La ocupación, cualquier ocupación, en cualquier país es posible solo porque estamos corrompidos. Soy el primero en acusarme; por flaqueza y por comodidad no protesté de que se mutilara la verdad en nuestros libros de texto. Mi madre me conseguía alimentos y leche y yo los aceptaba sin ver que se los estaba quitando a niños y a gente más pobre que nosotros. Usted es carnicero, señor Novet, naturalmente quería sobrevivir y el mercado negro era la solución. Su negocio prospera porque vende carne en la trastienda, diez veces más cara; se la ha vendido a mi madre, que también es culpable como lo era yo al comérmela. Y a usted, señor Millet, le va muy bien en su hotel, aunque esté lleno de alemanes. Jamás había vendido tanta champaña a mejor precio, nuestra moneda no tiene el respaldo de un tesoro nacional… claro, pero con ese dinero está usted comprando propiedades. Lo mismo que hace el señor alcalde, y podría decirse también de muchos de ustedes. Si la ocupación dura mucho, los que sepan aprovecharla serán los amos de la ciudad. No les reprocho que se aprovechen, pero todos somos culpables por hacer posible la ocupación y porque de esa manera caemos en las garras de los invasores del país. Los únicos dueños aquí son los soldados alemanes y por eso sé que deben condenarme a muerte, no por asesinar a George Lambert, cosa que no hice, sino porque he dicho la verdad ante todos ustedes, y la verdad no puede existir durante una ocupación: es muy peligrosa. La ocupación solo se alimenta de grandes mentiras, igual que todo ese horrible estado de cosas que llaman ‘el Nuevo Régimen’. Oficialmente me declararán culpable de asesinato, pero no se preocupen, amigos, aunque me declararan inocente y saliera en libertad de este tribunal, inmediatamente sería detenido y puesto contra una pared y ustedes también. »

— el profesor Albert Lory

Esta tierra es mía

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