« Aquí tiene su premio, Labiche. Algunas de las mejores pinturas del mundo. ¿Está satisfecho, Labiche? No siente ninguna emoción al estar cerca de ellas. Un buen cuadro significa para usted lo mismo que un collar de perlas para un mono. Le ha acompañado la suerte, me ha vencido sin saber qué estaba haciendo ni por qué. No es usted nada, Labiche, un simple bruto. Las pinturas son mías, no podrá arrebatármelas. La belleza pertenece a los hombres que saben apreciarla. Esos cuadros volverán a mi o a hombres como yo. Estoy convencido de que, en este momento, ni podría usted decirme por que ha hecho lo que ha hecho. »
— el coronel Franz Von Waldheim a Labiche en su monólogo final
El tren