« Es como la carretera que hay frente a mi casa, forma pendiente. Cada día veo a los coches subir la cuesta. Algunos suben como un rayo, otros tardan un minuto en hacerlo, otros no consiguen ni empezar a subir. La misma carretera, la misma gasolina, pero unos llegan y otros no. Yo pienso que algunos de los que llegan deberían detenerse y ayudar a los que no lo consiguen. Es lo que intento hacer con mi dinero, ayudar a los que no pueden llegar. Y puedo hacerlo porque es mío. ¿Saben lo que quiere que haga el señor Cedar? Que se lo de a él y a otros que no lo necesitan. Si me lo permite, señoría, subiré al vértice superior por un momento. ¡Amigos que estáis aquí, los que necesitáis mi ayuda, en pie! Ve a estos amigos, es a quienes quiero ayudar porque lo necesitan, pero al senor Cedar y al señor Semple no porque ya tienen mucho dinero. Es como si yo fuera en un yate y un hombre desde una barca cansado de remar me pidiera que le remolcase, y otro se estuviera ahogando. ¿A quién cree que debería ayudar, al señor Sedar cansado de remar y que quiere una vida más cómoda, o a esos hombres que se están ahogando? Cualquier niño de diez años daría la respuesta correcta. »
— Longfellow Deeds
El secreto de vivir