Recopilación de pensamientos, citas célebres y diálogos memorables de El hijo de la novia.
«Este restorán lo empecé con Norma. Yo cocinaba, ella atendía: era una cuestión de dos. Me acuerdo que siempre discutíamos de porqué venía la gente, y ella decía que era por la cocina y yo decía que por su atención. Es que Norma era una cosa... ella sí que era la especialidad de la casa, con esa sonrisa que tenía, ¡Aquél cartel luminoso! Imagínate, entraba la gente y ... ¡bum!, se encontraban con esa pintura, y ahí nomas se le aparecía la Norma verdadera: más alegre, más luminosa, y claro, el cliente pensaba que había entrado en, qué sé yo, en el Paraíso por lo menos. Entonces ella pedía que la siguieran, que los iba a llevar a la mejor mesa. Eso se lo decía a todo el mundo, que los llevaba a la mejor mesa, y todos se lo creían porque si ella te llevaba, era la mejor mesa. Te hacía sentir como si fueras el único. Con Francesco nos reíamos porque cada vez que iba a la cocina, todos, eh, todos, mujeres, niños, hombres, todos, todos, se quedaban como embobados mirándola, no sabían si seguían en la Tierra, si era un fantasma, si tenían miedo que no volviera. Y ahí los volvía a sorprender: anotando todo ahí mirá, junto a la caja, paradita como… por arte de magia, como un ángel, mi ángel.»
—Nino Belvedere
El hijo de la novia
«Pero ¿Qué le va a decir? ¿Por que le va a hablar de discernimiento a un hombre que sigue enamorado después de 44 años? Honestamente padre, ¿Usted cree que las siete parejas que se vienen a casar aquí por sábado, tienen discernimiento? No le dan ganas a veces de decirles: “No chico, tu pareja no es lo maravillosa que vos crees que es”, “Este tiene una cara de chanta infernal”, “ella no va a ser tan comprensiva dentro de tres años”… ¿Por qué no me pidieron discernimiento cuando me casé? ¿sabe la mala sangre que me hubiera ahorrado? No, cuando me casé, totalmente víctima del amor, algo que ustedes trafican hace 2000 años, me recibieron con los brazos abiertos. Diez años después, ya totalmente en mis cabales y con un discernimiento espantoso, me quiero separar y me dicen “no, ahora no se puede”. ¡Por favor padre! ¿Ahora resulta que para ser católico hay que razonar? Mi mamá no razonaba cuando la bautizaron, pero en ese momento no importó, había que aumentar la clientela ¿No?. El primero te lo regalan, el segundo te lo venden y después se borran…»