« Jeoy y yo solíamos ir a tomar unas cervezas en nuestros ratos libres, y él siempre me hablaba de ir a Las Vegas con un Chevrolet. Le gustaba mucho el descapotable rojo del 58. Decía que iríamos por las carreteras hasta que se le cayeran las ruedas. Estábamos en un bar de Saigón, aparece un niño… un niño que lleva una caja de limpiar zapatos y dice, “¿limpia, señor, limpia?”. Y yo le digo, “no”, y él insiste, y Joey dice, “Sí”… Yo voy por un par de cervezas y la caja es una bomba, abre la caja y su cuerpo salta por los aires hecho pedazos. Le veo allí caído, gritando como un loco, ¡Tuve que quitármelo de encima, estaba cubierto de pedazos de su cuerpo! ¡Mi amigo hecho pedazos encima de mí! ¡Sangre por todas partes! ¡Intento mantenerlo entero y se le siguen saliendo los intestinos! Nadie me ayuda. Me dice: “Quiero irme a casa, quiero irme a casa”. Me lo repite una y otra vez. “Quiero conducir mi Chevrolet” ¡Y no consigo encontrar sus piernas! ¡No encuentro las piernas! ¡No puedo quitármelo de la cabeza! Y así siete largos años ¡Día tras día! »
— Rambo
Acorralado (Rambo)