« Admitir a las mujeres en perfecta igualdad, sería la señal más segura de civilización y duplicaría las fuerzas intelectuales del género humano. »
Stendhal · Palomo(2013), p. 204
Stendhal seudónimo de Henri Beyle (Grenoble; 23 de enero de 1783 – París; 23 de marzo de 1842) fue un escritor francés.
« Admitir a las mujeres en perfecta igualdad, sería la señal más segura de civilización y duplicaría las fuerzas intelectuales del género humano. »
« Conviene ser desconfiado; la mayoría de los hombres merece nuestra desconfianza. Pero hay que evitar que se descubra. »
« Cuanto más gusta a todos, con menos intensidad es apreciado. »
« El amor es una bellísima flor, pero hay que tener el coraje de ir a buscarla al borde de un precipicio. »
« El amor –según lo entiende el mundo– no es amor, es un egoísmo escoltado: es aunarse uno en otro. »
« El hombre que escribe oscuro no puede hacerse ilusiones: o se engaña, o trata de engañar a los demás. »
« El odio tiene su cristalización; en cuanto un puede esperar vengarse, vuelve a empezar a odiar. »
« El pudor tiene la desventaja de que habitua a mentir. »
« Es indispensable, para que otros nos soporten a gusto, participar hasta cierto punto en sus pasiones. »
« La sencillez es una fuerza que vence todas las astucias. »
« Las almas sensibles son cada día más raras y las personas cultas más ordinarias. »
« Lo más prudente es hacer de uno mismo su propio confidente. »
« Odiemos las máximas: la vida es ondulación y contradicción, no síntesis. »
« Para conocer al hombre basta estudiarse uno mismo; para conocer a los hombres hay que vivir entre ellos. »
« Se necesita casi tanta valentía en el escritor como en el guerrero; ni el primero deberá pensar en los críticos, ni el segundo en el hospital. »
« Si alguien comete maldades gratuitas es un hombre acosado por el miedo. »
« Una novela es un espejo paseándose a lo largo de un camino. »
« En Stendhal y en Balzac podemos oír a cada momento cómo piensa el autor sobre sus personajes y sobre lo que ocurre (...). »
« La mujer no es para Don Juan ni siquiera un objeto de placer erótico, sino (ya lo apuntaba Stendhal) cinegético. »
« La cartuja de Parma. »