Sabiduría Zen
Cuentos Zen
15 relatos y koanes
Koan Zen · Despertar
Koan
«¿Qué es lo más valioso del mundo?»
Un discípulo preguntó con insistencia a su maestro zen:
«Maestro, ¿qué es lo más valioso del mundo?»
El maestro lo miró con calma y respondió sin titubear:
«La cabeza de un gato muerto.»
Desconcertado, el discípulo volvió a preguntar:
«¿Y por qué razón la cabeza de un gato muerto habría de ser lo más valioso del mundo?»
El maestro sonrió y replicó:
«Porque a nadie en este mundo se le ocurriría ponerle un precio.»
— Koan zen tradicional
Mente y Naturaleza
Vacío
Un buen día, un joven discípulo le dice a su maestro:
«La verdad es el vacío, no existe la mente, no hay sabiduría. Ni mediocridad, nada que dar, nada que recibir.»
El maestro lo escuchó en silencio.
Le dio un golpe en la cabeza a su discípulo y este se enfadó.
«Si nada existe —preguntó el maestro—, ¿de dónde viene ese enojo?»
— Cuento zen
Percepción
Movimiento
Una vez, mientras el viento azotaba la bandera del templo, dos monjes discutían.
— «Es la bandera la que se mueve.»
— «No. Es el viento el que mueve la bandera.»
Como no llegaban a conclusión alguna, acudieron al abad del monasterio para que resolviese su conflicto.
— «Lo que se mueve es vuestra mente», zanjó el maestro.
— Cuento zen
Ira y Control
El temperamento
En una ocasión, un practicante zen se acercó a su maestro en busca de consejo.
— «Maestro, tengo un temperamento ingobernable. Ayúdame a manejarlo.»
— «Es extraño... Muéstramelo», dijo el maestro.
— «En este momento no puedo enseñártelo.»
— «¿Por qué no?»
— «Aparece repentinamente.»
— «Entonces no puede ser tu propia naturaleza —dijo el maestro—. Si lo fuera, serías capaz de mostrármelo en cualquier ocasión. ¿Por qué permites que algo que no es tuyo interfiera en tu vida?»
Desde ese momento, cuando el estudiante sentía que su temperamento le empezaba a dominar, recordaba las palabras de su maestro y observaba su ira. Pasado un tiempo, desarrolló un carácter pacífico y tranquilo.
— Cuento zen
Compasión
Las estrellas de mar
Un día, un pescador se encontró con el maestro Ryōkan en la playa tras una tormenta.
La tempestad había llevado cientos de estrellas de mar a la orilla y estaban empezando a secarse. Pronto todas estarían muertas. El maestro estaba cogiéndolas y arrojándolas al mar.
El pescador llegó hasta el hombre y le dijo:
— «¿Por qué haces eso? Esto ocurre cada vez que hay una tormenta. No puedes salvarlas a todas, ¿qué diferencia hará tu intento?»
— «Hará una diferencia… para esta», contestó Ryōkan, mientras arrojaba otra estrella de mar al agua.
— Cuento zen (Ryōkan)
Ecuanimidad
¿Es así?
Había un maestro zen que disfrutaba de buena reputación en su comunidad. Un día, los vecinos fueron a su puerta enfadados, acusándole de ser el padre del niño que su hija adolescente estaba a punto de tener.
El maestro zen dijo: «¿Es así?»
Los rumores corrieron y el maestro perdió su reputación.
Unos cuantos meses después el niño nació y el bebé fue llevado a casa del maestro zen, quien lo aceptó y se encargó de él.
Un año después la hija de los vecinos admitió que el padre era en realidad el carnicero del pueblo. Los padres, arrepentidos, volvieron a la casa del maestro zen y le contaron lo ocurrido. Se disculparon y le pidieron llevarse al niño de vuelta.
El maestro zen dijo: «¿Es así?», y devolvió al bebé.
— Cuento zen
Perspectiva
El otro lado
Un día, un joven budista en su camino a casa llegó a orillas de un ancho río. Desesperado por el gran obstáculo que tenía enfrente, se preguntó durante horas cómo podría cruzarlo.
Cuando ya había abandonado su propósito, divisó a un maestro zen en el otro lado del río.
El joven gritó: «Oh gran sabio, ¿podrías mostrarme cómo llegar al otro lado de este río?»
El maestro reflexionó mirando el río de arriba a abajo y contestó: «Pero joven… estás en el otro lado.»
— Cuento zen
Destino y Mente
El caballo
Un caballo apareció de improvisto galopando velozmente camino abajo. Parecía como si el jinete tuviese que ir a algún lugar importante.
Otro hombre, que se encontraba en el camino, gritó: «¿Adónde vas?»
Y el hombre en el caballo contestó: «¡No lo sé! ¡Pregúntale al caballo!»
— Cuento zen
Deseo y Espontaneidad
El animal «satori»
Un leñador cortaba madera en el bosque. Había oído hablar de un animal fabuloso, el animal «satori». Su deseo de poseerlo era muy grande.
Un día, el animal «satori» se presentó ante él. El leñador corrió detrás y oyó una voz que le decía: «No me poseerás porque deseas tenerme.»
El leñador volvió a su trabajo. Ya había olvidado completamente el suceso y al animal, cuando un día, el animal «satori» se presentó en el momento en que, concentrado en su trabajo, derribaba un árbol.
El animal cayó aplastado.
— Cuento zen
Concentración Plena
Atención
Un día que el maestro Rikyu oficiaba una ceremonia del té, Hideyoshi, el kampaku que en aquella época gobernaba el país, hizo la siguiente observación a sus generales:
«Observad bien cómo Rikyu prepara el té y veréis que su cuerpo está lleno de ki, que sus gestos precisos y mesurados son como los de un gran guerrero. Su concentración no tiene ningún fallo.»
Una idea atravesó a Kato Kiyomasa, un famoso general. Para verificar que lo que decía el kampaku era exacto, decidió tocar a Rikyu con su abanico justo en el momento en el que encontrara una abertura.
Así pues se puso a observar atentamente a Rikyu. Al cabo de algunos minutos, creyendo percibir un fallo, el general se dispuso a tocarlo con su abanico.
En ese mismo instante, el maestro del té lo miró fijamente a los ojos y sonrió.
— Cuento zen
Maestría
Los tres hijos
Bokuden, gran maestro del sable, recibió un día la visita de un amigo. Para mostrar el nivel que habían alcanzado sus tres hijos, preparó una estratagema: colocó un jarro de agua sobre una puerta entreabierta para que cayera sobre el primero que la cruzase.
Cuando llamó al primer hijo, este se detuvo ante la puerta. La entreabrió, cogió la jarra antes de entrar, la dejó en su sitio y saludó a los maestros.
«Ya ha alcanzado un buen nivel y va camino de convertirse en maestro», dijo Bokuden.
Al segundo hijo, la jarra le cayó encima pero la cogió antes de que se rompiese contra el suelo.
«Aún le queda un largo camino por recorrer», dijo el padre.
El tercero entró precipitadamente y el jarrón le cayó encima, pero antes de que tocase el suelo desenvainó la espada y lo partió en dos.
«Y este —dijo el maestro— es mi hijo menor. Es la vergüenza de la familia. Pero aún es muy joven.»
— Cuento zen
Enseñanza
¿Ya saben de qué voy a hablarles?
Un gran Maestro llegó a un pueblo a dar charlas a sus futuros discípulos, pero antes quería saber si estaban preparados.
— «¿Saben de qué voy a hablarles?»
— «No», respondieron al unísono.
— «Entonces me retiraré hasta que sepan de qué voy a hablarles.»
Al día siguiente: «¿Saben ahora?»
— «Sí, maestro, ya sabemos de qué va a hablarnos.»
— «Si ya saben, me retiro.»
Al otro día: «¿Ya saben?»
— «Sí, maestro, pero no nos ponemos de acuerdo. La mitad sí sabe, pero la otra no.»
— «Entonces que la mitad le enseñe a la otra», y se retiró.
Al cuarto día nadie respondió: estaban en profunda meditación.
Entonces el Maestro meditó junto a ellos.
— Cuento zen
Iluminación
El fondo del cubo se rompió
Chiyono era una mujer que se entregó a la vida de los monasterios y a su trabajo interior hacia la iluminación.
Una noche fue a buscar agua a un pozo cercano. Tras llenar el destartalado cubo, se dispuso a llevarlo con calma. Mientras caminaba, contemplaba la luna llena reflejada en el agua.
De pronto, las tiras de bambú que sujetaban el cubo se rompieron, y este cayó al suelo. El agua se derramó y el reflejo de la luna desapareció. En ese mismo momento Chiyono se iluminó.
Más tarde escribió este poema:
«De una y otra forma, intenté mantener íntegro el cubo,
esperando que el frágil bambú nunca se rompería.
De pronto, el fondo cedió.
Se derramó el agua; se acabó la luna en el agua.
Vacío en mi mano.»
— Cuento zen
Humildad y Aprendizaje
La taza vacía
Según una vieja leyenda, un famoso guerrero fue de visita a la casa de un maestro Zen.
Al llegar le contó todos los títulos y aprendizajes obtenidos en años de sacrificados estudios. Luego le explicó que había venido para que le enseñase los secretos del conocimiento Zen.
Por toda respuesta el maestro se limitó a invitarlo a sentarse y a ofrecerle una taza de té.
El maestro vertió té en la taza del guerrero y continuó vertiéndolo aún después de que la taza estaba llena. El guerrero, consternado, le advirtió que la taza ya estaba llena y que el té se escurría por la mesa.
El maestro respondió con tranquilidad: «Exactamente. Usted ya viene con la taza llena. ¿Cómo podría aprender algo?»
Y enfatizó: «A menos que su taza esté vacía, no podrá aprender nada.»
— Cuento zen
Espontaneidad
Verduras
Un joven estudiante zen iba al mercado a comprar verduras. Por el camino se encontró con un practicante de otro monasterio.
«¿A dónde vas?» preguntó el primer estudiante.
«A donde mis piernas me lleven», contestó el otro.
El alumno reflexionó convencido de que tendría un significado profundo. Cuando regresó al monasterio, le contó la conversación a su maestro, quien le dijo: «Deberías haberle preguntado que haría si no tuviese piernas.»
Al día siguiente el estudiante vio al mismo chico: «¿A dónde vas? A donde tus piernas te lleven, supongo. Déjame preguntarte…»
«Estás equivocado», le interrumpió. «Hoy voy hacia donde el viento sople.»
Algunos días después, confiado en tener la última palabra: «¿A dónde vas? ¿A donde tus piernas te lleven o hacia donde el viento sople?»
«No, no», le interrumpió el chico. «Hoy voy a ir a comprar verduras.»
— Cuento zen