Filósofo

Ludwig Wittgenstein (1889–1951)

Siglos XIX–XX

Ludwig Wittgenstein nació en Viena en 1889, en una de las familias más ricas del Imperio. Renunció a la fortuna, combatió en la Gran Guerra y escribió el Tractatus en los cuadernos del frente.

Creyó haber resuelto los problemas de la filosofía y se hizo maestro de escuela. Volvió a Cambridge y deshizo su propio edificio: las Investigaciones filosóficas, publicadas al morir.

Murió en 1951. Pidió a sus amigos que dijeran que había tenido una vida maravillosa. Entre el silencio del Tractatus y los juegos de lenguaje hay dos filósofos —y uno solo, ferozmente honesto.

Ideas

Cada línea es una rama. Ábrela para leer la teoría en tres pasos.

  • Teoría del conocimiento

    El Tractatus dibuja un mundo de hechos, no de cosas sueltas. El pensamiento, si es pensable, tiene la forma lógica de ese mundo. Lo que se puede decir se puede decir con claridad. De lo demás, hay que callar.

    Ese callar no es desprecio. Es respeto. Lo ético, lo estético, el sentido de la vida, no caben en proposiciones que pintan hechos. Quien los fuerza a un enunciado científico los falsea.

    Conocer, en esta primera época, es representar. La proposición es un modelo de la realidad. Si no hay un posible cuadro, no hay un posible saber. Gran parte de la metafísica tradicional, vista así, es un malentendido del lenguaje.

  • Filosofía del lenguaje

    Más tarde, Wittgenstein se corrige. El significado no es una pintura fija: es el uso en un juego de lenguaje. «Agua» en el laboratorio, en la cocina y en un rito no hacen el mismo trabajo.

    No hay un lenguaje privado en el que uno nombre sus dolores con un diccionario solo suyo. El lenguaje es público, como seguir una regla: se acierta o se falla ante otros, no en un teatro interior sellado.

    La filosofía no descubre un continente nuevo. Deshace nudos. Muestra la mosca la salida de la botella. El error nace cuando un juego se toma por otro: cuando pedimos a «Dios» o a «mente» el mismo tipo de prueba que a «mesa».

  • Ética

    En el Tractatus la ética es trascendental: no es un hecho entre los hechos. No hay proposiciones éticas como hay proposiciones sobre manzanas. El bien se muestra en la forma de la vida, no se demuestra en un teorema.

    Por eso el libro que más dice sobre lo que importa es el que deja un margen de silencio. Quien busca en Wittgenstein un decálogo se equivoca de autor. Quien busca una higiene del hablar, acierta.

    La segunda época no trae una moral de normas. Trae una atención: mira cómo vivimos con las palabras «culpa», «promesa», «dolor». Entender esos usos es ya una forma de no mentirnos. La ética sigue siendo, en el fondo, una manera de habitar el lenguaje.

Comprobamos obra y traducción española antes de citar en extensión.

Frases

«De lo que no se puede hablar, hay que callar.»

Ludwig Wittgenstein

«Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.»

Ludwig Wittgenstein

Obras

  • Tractatus logico-philosophicus
  • Investigaciones filosóficas

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