Filósofo

Jean-Paul Sartre (1905–1980)

Siglo XX

Jean-Paul Sartre nació en París en 1905. Huérfano de padre, sobrino de Albert Schweitzer, normalista, prisionero de guerra, luego la figura del intelectual comprometido.

Con Simone de Beauvoir formó una pareja que fue también un argumento. El ser y la nada (1943) y El existencialismo es un humanismo (1945) pusieron la libertad en la calle.

Rechazó el Nobel en 1964. Militar en causas, a veces a ciegas. Murió en 1980. Miles salieron a despedirlo: no era un profesor, era una conciencia pública.

Ideas

Cada línea es una rama. Ábrela para leer la teoría en tres pasos.

  • Metafísica

    En el hombre, la existencia precede a la esencia. No hay una naturaleza humana ya escrita en el cielo (ni en la biología como destino). Primero estamos aquí; luego nos hacemos al elegir.

    El ser-en-sí es la cosa: opaco, idéntico a sí. El ser-para-sí es la conciencia: hueco, negación, proyecto. El hombre no es una piedra con opiniones. Es la nada que puede no coincidir consigo misma.

    Esa ontología suena abstracta y se vive cada mañana. No hay un «yo verdadero» escondido que solo habría que hallar. Hay lo que hacemos, y lo que rehusamos hacer, en situación.

  • Ética

    Estamos condenados a ser libres. Ni Dios, ni la naturaleza, ni la clase nos quitan la carga de elegir. Aunque no elijamos, eso ya es una elección. La responsabilidad no se delega.

    La mala fe es mentirnos para parecernos a una cosa: «yo soy así», «no puedo», «es el carácter». El camarero que se funde con el oficio, el seductor que se funde con el papel. Sartre los retrata para que nos reconozcamos.

    Al elegirme, elijo una imagen del hombre. No hay un valor previo que me excuse. Por eso la angustia. El existencialismo, dice, es un humanismo: nos deja sin tapujos y, por eso, nos toma en serio.

  • Filosofía política

    La libertad no es un salón. Se ejerce entre otros y contra las situaciones que la aplastan. El compromiso (engagement) es la consecuencia: escribir, firmar, militar, no contemplar desde el balcón.

    El otro me mira y, en esa mirada, puedo volverme objeto. El infierno son los otros, dice en una obra: no porque el prójimo sea el diablo, sino porque su mirada me fija. La política es, también, la lucha por no ser solo cosa para el otro.

    Sartre osciló entre el individuo absoluto y la Historia marxista. La tensión no se resuelve del todo. Queda la exigencia: una libertad que no se ocupa de la libertad de los demás es una abstracción de café.

Comprobamos obra y traducción española antes de citar en extensión.

Obras

  • El ser y la nada
  • El existencialismo es un humanismo

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