Teólogo

Santo Tomás de Aquino (1225–1274)

Siglo XIII

Tommaso d’Aquino nació hacia 1225 en Roccasecca, en una familia noble que quería para él otra carrera. Entró en los dominicos y no hubo manera de sacarlo.

Estudió en París y Colonia. Alberto Magno lo defendió cuando los compañeros lo llamaban «buey mudo». El buey, dijo Alberto, mugirá de tal modo que el mundo lo oirá.

Escribió la Suma teológica como quien ordena una catedral: artículos, objeciones, respuestas. Murió en 1274, de camino a un concilio. La Iglesia lo llamó Doctor Angélico; la filosofía, el gran mediador entre Aristóteles y la fe.

Ideas

Cada línea es una rama. Ábrela para leer la teoría en tres pasos.

  • Metafísica

    Fe y razón no son enemigas. Hay verdades que la razón alcanza (que Dios existe, que el mundo tiene orden) y verdades que solo la revelación entrega (la Trinidad). Tomás distingue los caminos para no mezclarlos ni romperlos.

    Todo lo que hay participa del ser. Las criaturas tienen ser; Dios es el ser. Esa diferencia —esencia y existencia— evita que el mundo se confunda con Dios y que Dios se vuelva una cosa más.

    Aristóteles le sirve de andamiaje: acto y potencia, causa, sustancia. Tomás lo bautiza sin vaciarlo. La filosofía no es sierva humillada: es amiga que llega hasta la puerta de lo que no puede demostrar.

  • Teología filosófica

    Las cinco vías no son un truco de fe. Son caminos racionales hacia un primer principio. Lo que se mueve es movido; no se puede retroceder al infinito; hace falta un primer motor. Así con la causa, el ser contingente, los grados y el orden del mundo.

    Cada vía termina en «y a esto llamamos Dios». No pintan un anciano en las nubes. Señalan que el conjunto de lo que cambia no se explica solo consigo mismo.

    Tomás sabe lo que no sabemos. De Dios decimos más bien lo que no es (teología negativa) y luego analogías: bueno, sabio, como quien apunta a una montaña con el dedo, no como quien la mete en el bolsillo.

  • Ética

    La ley natural está escrita en la razón práctica. Conservar la vida, buscar la verdad, vivir en sociedad, cuidar de los hijos: no son caprichos de una cultura. Son inclinaciones que la inteligencia reconoce como bienes.

    La ley humana debe traducir esa ley, no contradecirla. Una norma injusta pierde fuerza de ley. El gobernante no inventa el bien: lo administra.

    La virtud sigue a Aristóteles —hábito, medio, prudencia— y se corona con las virtudes teologales: fe, esperanza, caridad. El fin último es la beatitud, ver a Dios. Mientras tanto, se trata de obrar conforme a la razón y al bien común.

Frases

«La gracia no anula la naturaleza, la perfecciona.»

Santo Tomás de Aquino

Obras

  • Suma teológica

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