« Cuando mi criado sacude mis vestidos no es a mi persona a quien da golpes: sucede lo mismo con los que echan en rostro los accidentes de la naturaleza o de la fortuna. »
Plutarco · Vidas paralelas
Plutarco (Queronea, c. 46 o 50–Delfos, c. 120 o 127) fue un historiador, biógrafo y filósofo moralista de los siglos I y II.
« Cuando mi criado sacude mis vestidos no es a mi persona a quien da golpes: sucede lo mismo con los que echan en rostro los accidentes de la naturaleza o de la fortuna. »
« Disfrutar de todos los placeres es insensato, evitarlos, insensible. »
« El amor nos enseña todas las virtudes. »
« El camaleón toma todos los colores excepto el blanco: el adulador lo remeda todo excepto la verdad. »
« El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender. »
« El endurecimiento en el crimen pudre el corazón, como el orín pudre el hierro. »
« El juicio enlaza la amistad, el trato la hace agradable, y la ocasión la constituye útil. »
« El menos activo y más estúpido de todos los temores es el que produce la superstición. »
« El objeto de la palabra es hacerse creer; pero no se cree a los habladores aunque digan la verdad. »
« El odio es una tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás. »
« El ojo del amo engorda al caballo. »
« El que sufre con paciencia las adversidades, es más fuerte que el que se liberta de ellas por la muerte. »
« El sabio no es adusto ni mordaz sino consigo mismo; para los demás es afable. »
« El tener enemigos trae también su utilidad, porque os manifiestan vuestras faltas, y os dicen las verdades. »
« El tiempo de las armas no es el de las leyes. »
« Hacer beneficios a un ingrato es lo mismo que perfumar a un muerto. »
« La amistad es animal de compañía, no de rebaño. »
« La autoridad es la corona de la vejez. »
« La bebida apaga la sed, la comida satisface el hambre; pero el oro no apaga jamás la avaricia. »
« La guerra y la paz son para los políticos dos especies de[moneda de que usan según sus intereses y les dan el valor que les conviene. »
« La moderación nos hace fáciles de contentar; cuando hay pocos deseos, hay pocas privaciones. »
« La paciencia tiene más poder que la fuerza. »
« La perfección de la virtud se forma de tres cosas: del natural, de la instrucción y de los hábitos. »
« La perseverancia es invencible. Por ello, el tiempo, en su acción, destruye y derriba toda potencia. »
« La principal ventaja de la justicia y de la buena fe, es hacer inútil la fuerza. »
« La reconvención fuera de tiempo, no es menos dañosa que la alabanza no merecida. »
« Lo que hagas sin esfuerzo y con presteza, durar no puede ni tener belleza. »
« Los buenos no necesitan ser defendidos. »
« Mal administrará la hacienda pública quien no sabe administrar su casa. »
« Muchas cosas son las que el tiempo cura, no las que la razón concierta. »
« No necesito amigos que cambien cuando yo cambio y asientan cuando yo asiento, mi sombra lo hace mucho mejor. »
« Para sustraerse al vicio es preciso reemplazarle con una virtud. »
« Quien tiene muchos vicios, tiene muchos amos. »
« Si hacéis amistad con un cojo, aprended a cojear. »
« Si hay hombres en quienes el ridículo nunca ha parecido, es porque no se ha buscado bien. »
« Solamente la buena educación puede conducir a la virtud; y es la única capaz de procurar la felicidad. »
« Tenemos que vivir, no solo existir. »
« Tener tiempo es la posesión del bien más preciado por quien aspira a grandes cosas. »
« Un enemigo es un preceptor que no nos cuesta nada. »
« Una buena educación es el origen y la raíz de una vida virtuosa. »
« Alejandro decía con razón que es más digno de un rey vencerse a sí mismo que vencer a los enemigos. »
« Catón decía que el alma de un hombre enamorado vive en un cuerpo ajeno. »
« No escribimos historias, sino vidas. »
« Pega, pero escucha. »
« También nos ha conservado Andróclidas una expresión de Lisandro, que demuestra su ligereza en materias de juramentos; porque, según dice, era su opinión que a los niños se les había de engañar con dados, y a los hombres, con juramentos; tomando malamente por modelo un general a un tirano, esto es Lisandro a Policrates de Samos. »
« Un pueblo que quiere ser feliz no ha menester de conquistas [decía Licurgo]. »
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