Filósofo

Martin Heidegger (1889–1976)

Siglos XIX–XX

Martin Heidegger nació en Meßkirch en 1889. Estudió teología y luego filosofía. En 1927 publicó Ser y tiempo, un libro que cambió el vocabulario de Europa.

En 1933 aceptó el rectorado de Friburgo bajo el nazismo. Esa sombra no se borra con una nota al pie. Hay que leerlo con ella a la vista, no a pesar de ella como si no contara.

Tras la guerra le prohibieron enseñar un tiempo. Siguió pensando la técnica y el olvido del ser. Murió en 1976. Su pregunta —qué significa ser— no se ha vuelto inocente ni pequeña.

Ideas

Cada línea es una rama. Ábrela para leer la teoría en tres pasos.

  • Metafísica

    La metafísica, dice Heidegger, olvidó la pregunta por el Ser y se ocupó de los entes: cosas, Dios, el sujeto. Ser y tiempo quiere reabrir esa pregunta. No «qué hay», sino qué quiere decir que algo sea.

    El único ente que se hace esa pregunta es el Dasein: el ser-ahí, nosotros. No somos una cosa con atributos. Somos un poder-ser arrojado a un mundo, siempre ya en medio de ocupaciones y de otros.

    El tiempo no es un reloj. Es el horizonte desde el que el Ser se entiende. El pasado (hecho), el futuro (proyecto) y el presente (caída en lo inmediato) trenzan la existencia. Sin esa temporalidad, el Ser se vuelve un concepto hueco.

  • Antropología

    La existencia auténtica no es un estilo de vida. Es asumir que somos finitos: ser-para-la-muerte. La muerte no es un accidente al final: es la posibilidad que individualiza, porque nadie la vive por otro.

    Lo cotidiano nos disuelve en el «se»: se dice, se hace, se piensa. Es cómodo. La angustia —no el miedo a esto o aquello— nos despierta: el mundo pierde su evidencia y queda el hecho de existir.

    Cuidado (Sorge) es el nombre de esa estructura: siempre estamos ocupándonos de algo y de alguien. El hombre no es primero una sustancia que luego se relaciona. Es relación desde el principio.

  • Filosofía de la técnica

    La técnica moderna no es un montón de aparatos. Es un modo de desocultar el mundo: todo se vuelve fondo disponible, stock, recurso. El río es kilovatios; el bosque, metros cúbicos; el hombre, capital humano.

    Ese encuadre (Gestell) no lo elige un ingeniero malvado. Es el destino de una época que solo sabe provocar y almacenar. El peligro no es la máquina: es que no sepamos ya otro modo de habitar.

    Heidegger no propone volver a la aldea como postal. Pide una serenidad y un pensar que no sea solo cálculo. Preguntar de nuevo por el Ser es, para él, el antídoto —discutible, grave— a un mundo que solo funciona.

Comprobamos obra y traducción española antes de citar en extensión.

Obras

  • Ser y tiempo

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