Filósofo

René Descartes (1596–1650)

Siglos XVI–XVII

René Descartes nació en La Haye (Francia) en 1596. Formado por jesuitas, soldado ocasional, geómetra: quería una certeza tan firme como una demostración.

Vivió años en Holanda, donde se pensaba con más aire. En 1637 publicó el Discurso del método; luego las Meditaciones. El «pienso, luego existo» nació de una estufa y de una duda.

Murió en Estocolmo en 1650, llamado por la reina Cristina a dar lecciones de madrugada. Dejó el mapa de la modernidad: sujeto, método y un mundo que ya se puede medir.

Ideas

Cada línea es una rama. Ábrela para leer la teoría en tres pasos.

  • Teoría del conocimiento

    El método tiene reglas: no admitir nada que no sea evidente; dividir las dificultades; ir de lo simple a lo compuesto; enumerar para no olvidar. Es la geometría aplicada a pensar.

    La duda es una herramienta, no un destino. Duda de los sentidos, de los sueños, incluso de un genio maligno que pudiera engañarlo. ¿Qué queda? Que, mientras duda, piensa. Y si piensa, existe.

    El cogito es la primera verdad. Sobre ella reconstruye: Dios como garante, el mundo exterior, las matemáticas. Conocer es partir de una certeza íntima, no de la autoridad ni de la costumbre.

  • Metafísica

    Hay tres sustancias. Dios: infinito. El alma (res cogitans): pensamiento. El cuerpo (res extensa): extensión medible. El universo material se vuelve máquina; el yo, conciencia.

    Dios no es un adorno piadoso. Es la pieza que cierra el círculo: un Dios perfecto no engaña. Sin esa garantía, la duda hiperbólica no tendría fin.

    Las ideas las hay adventicias, facticias e innatas. La idea de infinito no cabe en un ser finito que la inventara solo. De ahí un camino hacia Dios que no pasa por Tomás, sino por el interior del sujeto.

  • Antropología

    El ser humano es unión de dos cosas distintas: una mente que piensa y un cuerpo que ocupa espacio. El dolor, el hambre y la pasión muestran que no somos un piloto que mira el barco desde lejos.

    Ese dualismo abre la ciencia del cuerpo —anatomía, mecanismo— y deja a salvo la libertad del alma. También deja un enigma: ¿cómo se tocan? Descartes apunta a la glándula pineal; el problema sigue abierto siglos después.

    El yo que dice «yo» ya no es el ciudadano de la polis ni el alma agustiniana en Dios: es la primera evidencia moderna. Toda la filosofía posterior tendrá que habérselas con ese sujeto.

Obras

  • Discurso del método
  • Meditaciones metafísicas

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