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Yehudah Ha-Levi
Yehudah Ha-Levi es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras ...
Vida
Yehudah Ha-Levi es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Yehudah Ha-Levi
1.
De
De
"Poemas de amor y vino" Versiones del Vasco: Xabier Kintana
2.
1.
1.
Sobre las alas del viento pongo mis saludos cuando hacia mi amado sopla con el calor del día; sólo pido que recuerde el día de su partida, cuando hicimos un pacto de amor junto al manzano.
3.
2.
2.
Graciosa gacela, con tu hermosura me cautivaste, cruelmente me esclavizaste en tu prisión. Desde que la ausencia se interpuso entre nosotros no he encontrado figura comprable a tu belleza. Saboreo una roja manzana cuyo aroma es como la fragancia de tu rostro y tu atavío; tiene la misma forma de tus pechos y el color de ese rubí que asoma a tus mejillas.
4.
3.
3.
La noche en que la joven gacela me descubrió el sol de sus mejillas y el velo de su pelo, rojizo cual rubí, cubriendo, sobre sien de húmedo bedelio, su bella imagen, se parecía al sol, que cuando despunta enrojece las nubes del alba con su brillante llama.
5.
4.
4.
La cierva lava sus vestidos en las aguas de mis lágrimas y los tiende al sol de su esplendor, No precisa agua de manantiales, pues tiene mis ojos, ni sol, con la belleza de su figura.
6.
9.
9.
¿Qué te pasa, gacela, que no envías tus mensajeros
al amado cuyo pecho rebosa de dolor por ti?
¿No sabes que el Destino no concede a tu amante
más que escuchar el son de tus saludos?
Si la separación es más fuerte que nosotros,
detente un poco, que pueda ver tu rostro.
No sé si entre mis costillas quedó preso
mi corazón, o si partió tras de tus pasos.
¡En nombre del amor! Recuerda los días que me amabas
como recuerdo yo las noches en que te deseaba.
Lo mismo que cruza tu imagen por mi sueño,
desearía pasar yo por los tuyos.
Hay entre nosotros un mar de lágrimas con rugientes
olas y no puedo llegar hasta ti,
mas si tus pasos se acercaran a cruzarlo,
se henderían las aguas a las plantas de tus pies.
Si después de mi muerte llegara a mis oídos
el tañir de campanillas doradas del borde de tu manto,
o preguntaras cómo le va a tu amigo, desde el sĕ '0l
me interesaría por tu amor y bienestar.
Ahí tienes dos testigos de que vertiste la sangre
de mi corazón: tus mejillas y tus labios;
¿cómo vas a negarlo, si dan ellos testimonio de
mi sangre y de que tus manos la vertieron?
¿Por qué deseas mi muerte? ¡lo que yo quiero son
años que sumar a los de tu vida!
Aunque robes mi sueño por las noches al amarte, ¿no
daría yo el sopor de mis ojos a tus párpados?
Tu fuego lame las gotas de las lágrimas, y hasta
corazones de piedra desgastarían tus sollozos;
yo he caído en el fuego de tu amor y las aguas de mi llanto, ¡ay
de mi corazón por mis lágrimas y tus brasas!
Amargura y dulzor cercan mi corazón:
la ponzoña de la ausencia y la miel de tus besos;
una vez que tus palabras como láminas lo aplanaran,
tus manos lo cortaron en tiras.
Veo imagen de rubí sobre zafiros
al contemplar tus labios y tus dientes.
El sol está en tu rostro, y a modo de noche despliegas
sobre su fulgor la espesura de tus rizos.
Seda bordada es el vestido de tu cuerpo, pero
la gracia y la hermosura recubren tus ojos;
las joyas de las doncellas son obra de artesano, mas
esplendor y encanto son tus adornos.
El sol y la luna, la Osa y las Pléyades quisieran
asemejarse a tus hermanos y hermanas;
jóvenes y doncellas desean, siendo libres,
convertirse en siervos y esclavas tuyos.
De la fortuna del Destino sólo reclamaré mi parte
el hilo de tus labios, el ceñidor de tu cintura;
mi panal y mi miel están entre tus labios,
mi nardo y mi mirra entre tus dos pechos.
Te he puesto en mi mano derecha como un anillo;¡ojalá fuera yo
un sello sobre tus brazos!
Olvidaría mi diestra y mi siniestra, cierva,
si descuidara el amor de tus esponsales.
La ausencia amarga mi corazón al recordar
el panal de miel de tus besos en mis labios.
Mi espíritu por tu perfume de mirra virgen yo daría;
¡quizás podría besar tu rostro a cambio de mi alma!
A las mujeres se honra con alabanzas, mas
a ti deben su gloria tus mismas loas.
En el campo de las amadas, las gavillas del amor
se postran ante las tuyas.
¡Ojalá pudiera yo vivir para recoger aromas
y mirra de entre tus pasos!
No oigo tu voz, pero escucho en
mi desgarrado corazón el ruido de tus pisadas.
Cuando cuentes a los vivientes víctimas
de tu amor, el día que resuciten tus muertos, incluye
a mi alma para devolverla al cuerpo, pues cuando
te fuiste, al partir tú salió en pos de ti.
Pregunta cómo le va a tu amado, cierva agraciada,
si es el Destino el que hace tus preguntas.
¡Vuelve, y que nuestra Roca te haga regresar al lugar
de tus deseos ya la tierra de la que procedes!
7.
19.
19.
Labios de rubí con hileras de perlas,
ojos como flechas aguzadas,
bellas mejillas cual rosas encarnadas,
rostro sembrado de jardines del Edén,
moldeado sobre gentil tallo de bedelio,
en tálamo fiel criado,
bien guardado; así son los males de su amor
en el corazón del amante, enfermedad sin cura;
con fuego de pasión le sacia de amarguras,
le escancia al ausentarse veneno de serpiente.
Te conjuro, ¡príncipe de la belleza!
¡mi preciosa gacela!: aleja los pesares
esta noche mía, con tu compañía reúne
un tropel de delicias para el pobre corazón doliente.
8.
20.
20.
¡Con cuidado!, duro de corazón, blando de caderas,
trátame con cuidado y caeré sobre mi rostro.
Sólo mis ojos se han extraviado por tu causa,
mi corazón es puro, aunque no mis ojos.
Deja que los ojos recojan en tu semblante
rosas y lirios que juntos se sembraron.
Fuego tomaré de tus mejillas para apagar llama con llama;
cuando esté sediento, allí encontraré agua.
Chuparé tus labios rojos, ardientes como
brasas, y mis mandíbulas serán como tenazas.
Suspendida está mi vida de dos hilos de púrpura
escarlata, de los atardeceres mi muerte.
Hileras de mirra virgen recaman bordado de gala
como las tardes alrededor del mediodía.
9.
21.
21.
Trocaría mi vida por el viento que visita
a ese hombre que siente mis propios males como suyos.
¿Sabe cuando revolotea si va volando
sobre las aguas del Éufrates o sobre sus mejillas?
Le digo: "¿Has venido a enjugar mis penas?"
y responde: "Mas bien a renovar sus jirones,
pues se alarga la separación de tu amigo,
y es muy fuerte su ausencia, igual que sus leones".
Le respondo: "Mas está lejos y cerca,
¡mi vida toda depende de su vida!
Que viva y tenga paz en donde more,
y según su corazón se realicen sus deseos".
10.
24.
24.
Las copas
sin vino son pesadas,
son arcilla como las vasijas de barro,
mas al llenarlas de vino se hacen leves
lo mismo que los cuerpos con las almas.
11.
25.
25.
Por ti elevaré cánticos mientras viva,
y por tu
mosto que apuran mis labios.
Llamo "hermano mío" al jarro que enviaste
y de su boca
gusto el mejor de mis regalos.
Hasta mis propios amigos me creen ebrio;
por eso me
preguntan: ¿cuánto tiempo?
Les respondo: ¿cómo tener ante mí bálsamo de Galaad
y no beberlo
para curar mis males?
¿Cómo desdeñar un jarro todavía
si mis años no
llegan aún a veinticuatro?
12.
Versiones del Vasco:
Xabier Kintana
Versiones del Vasco: Xabier Kintana
De "Cantos de boda": Versiones del Vasco: Xabier Kintana
13.
26.
26.
"¡Qué hermosa eres, la de bellos ojos,
ebria, y no de vino!
¡Oh hermosa! ¿a dónde te diriges?
Los corazones domina con mesura.
¿No has de tener piedad de las ofensas
que se cometen con los ojos?
Muestra, te ruego, tu semblante.
¿Por qué eclipsas tu rostro
sin dejar que te vean al mirarte?
¡De ti nunca se
sacian los ojos!
Blancos zafiros son tus mejillas;
con sólo tu semblante te engalanas.
¿No ha de anhelar atisbar tu belleza
el varón de
penetrantes ojos?"
"¡Amado mío, que avivas las llamas!
¡Ven y deleitémonos con los amores,
con néctar del paladar, pues mejores son
tus caricias que el
vino!"
¡Bebed,
amados; embriagaos, amigos,
20 en casa del prócer, vástago de nobles!
y con la alegría del hijo muy amado
¡escanciad a los nazareos
vino !
14.
27.
27.
Tú eres mirto florido entre los árboles del Edén,
Orión
resplandeciente de los astros celestes.
Dios te ha enviado un pomo de mirra virgen,
preparada por
Él, y no por perfumistas,
una paloma que al anidar un día entre los mirtos,
robole el
mirto su aroma para exhalar fragancia.
No precisarás que salga el sol al estar con ella, ni
necesita ella
que asome la luna en tu compañía.
15.
32.
32.
Erguidos están los ciervos entre los mirtos,
mirra pura
exhalan por doquier.
El mirto, anhelando su grato perfume, despliega
sobre ellos
sus alas como un querubín.
Cree el mirto que puede dominar su fragancia,
mas son sus
esencias las que envuelven su aroma.
16.
33.
33.
Hoy se han unido las estrellas del Orbe;
nadie hay
comparable en las huestes celestes.
Envidian las Pléyades su unión, pues
ni el aire
pasa entre ellos.
El astro de Oriente ha venido a Occidente,
y ha
encontrado a la estrella solar entre sus hijas.
Ha levantado un dosel de ramas gruesas
y con ellas
una tienda para el sol.
17.
36.
36.
Mirad el dosel, ved el tálamo con tapices...
dispuesto
para la amada cierva,
gloria de la reina de Saba quien lo envió como presente.
Ella misma
vendrá a probaros con enigmas;
dirá; ¿qué gacela viviría en guarida de león
sin tener
miedo ni sentir pavor?
Respondedle: tú eres en verdad la gacela
en tregada al cachorro de león, Judá.
18.
38.
38.
Mi
corazón os acompaña, nobles señores
que me arrastráis con las cuerdas del amor.
Los poemas de Yĕhudah, león de la Torah
son rimas prendidas de las alas de los querubines.
¿Podrán sus poesías contener sus palabras?
¿no están escritas por el dedo de Dios?
De ellas brotan lluvias que dan vida a las almas
chispas que atormentan los corazones.
¡Ojalá yo pudiera, sobre alas de águilas,
alejar la ausencia a los que están lejos y cerca!
¿Cómo no van a estar lejos si habitan entre las nubes?
¿Cómo no van a estar cerca si moran en las entrañas?
19.
39.
39.
Al pasar yo junto a Granada palpitando,
salieron a verme amigos y parientes;
llamé Mahanayim al lugar del encuentro,
como al coincidir con Jacob los ángeles de Dios.
Si hubiera divisado a Rab Yĕhudah,
además de Mahanayim le habría llamado Pĕnu'el.
20.
46.
46.
¿Cómo he de hallar reposo tras tu partida?
Al irte tú, mi corazón se fue contigo.
Si no esperaran los corazones que tú volvieras,
la muerte nos habría llegado al separarnos.
Mira, los montes de Beter dan testimonio de que la lluvia
del cielo es tan avara como generosas mis lágrimas.
Candela de Poniente, ¡vuelve a tu Occidente!, ¡sirve
de sello para los corazones y los brazos!
¡Lengua escogida! ¿Qué tienes en común con tartamudos?
¿Qué hace el rocío del Hermón en el Gilboa'?
21.
49.
49.
Muestra tu amada faz a tus amigos, ahora que
les ha dado la espalda el rostro del día.
No dejes de venir, y mira
un sol que brilla y otro que se oculta.
Por ti ruge el cachorro de león, pero ¿,puede el león
rugir en la selva si no tiene presa?
Corre a la jarra que es caliente como el estío en
el corazón y fría en las manos como el invierno.
22.
53.
53.
Al ver el Destino que el hombre era Abel,
se convirtió en su enemigo y fue Caín.
Mas se propuso dar muerte a los más preciados,
y a los más estimables hizo perecer.
Abrió ayer una brecha en los cuatro hijos
de "Ezra" tomando el llanto más dulce que el vino.
Por los dos que están lejanos gimo,
pues veo al Destino blandiendo las armas.
Pregunto por Yosef y me dicen: ¡espera!
Por
Yĕhudah, y me responden: ¡falta!
23.
58.
58.
El día del Sinaí los montes temblaron por tu causa,
pues los ángeles de dios se encontraron contigo,
grabaron la Torah en las tablas de tu corazón
y te
ciñeron con sus bellas coronas.
No tendrán fuerza los sabios para sostenerse
si no
imploraran de ti la sabiduría.
Versos y pensamientos de Yehudah Ha-Levi
4 citas« Sobre las alas del viento pongo mis saludos / cuando hacia mi amado sopla con el calor del día; »
« Graciosa gacela, con tu hermosura me cautivaste, / cruelmente me esclavizaste en tu prisión. »
« La noche en que la joven gacela me descubrió / el sol de sus mejillas y el velo de su pelo, »
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