Poesía Universal

William Shakespeare

William Shakespeare es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus prime...

Biografía lírica

Vida

William Shakespeare es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.

Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.

Lírica y Versos

Poemas de William Shakespeare

25 poemas seleccionados
1.

¿A un día de verano compararte?...

¿A un día de verano compararte? 
Más hermosura y 
	suavidad posees. 
Tiembla el brote de mayo bajo el viento
y el estío 
	no dura casi nada. 


	A veces demasiado brilla el 
	ojo 

	solar  y otras su tez de oro se apaga;
toda belleza alguna vez 
	declina,
ajada por la suerte o por el tiempo. 


	Pero eterno será el verano 
	tuyo.
No perderás la gracia, ni la Muerte 
se jactará de ensombrecer 
	tus pasos

	cuando crezcas en versos inmortales.


	Vivirás mientras alguien vea y sienta 
y esto pueda vivir y te dé vida.
	


	Versión de Manuel Mujica 
	Láinez
2.

Amor verdadero

No, no aparta 
	a dos almas amadoras
adverso caso ni crüel porfía:
nunca mengua el 
	amor ni se desvía,
y es uno y sin mudanza a todas horas.


	Es fanal que 
	borrascas bramadoras
con inmóviles rayos desafía;
estrella fija que 
	los barcos guía;
mides su altura, mas su esencia ignoras.


	Amor no sigue 
	la fugaz corriente
de la edad, que deshace los colores
de los floridos 
	labios y mejillas.

	Eres eterno, Amor: si esto desmiente


	mi vida, no he sentido tus ardores,
ni supe comprender tus maravillas.

	

	
	
	Versión de Miguel Antonio 
	Caro
3.

...

Como actor vacilante en el proscenio...


	
	Como actor 
	vacilante en el proscenio
que temeroso su papel confunde,
o como el 
	poseído por la ira
que desfallece por su propio exceso,

	
así yo, desconfiando de mí mismo,
callo en la ceremonia enamorada,

	y se diría que mi amor decae
cuando lo agobia la amorosa fuerza.

	
Deja que la elocuencia de mis libros,
sin voz, transmita el habla de 
	mi pecho
que pide amor y busca recompensa,
más que otra lengua de 
	expresivo alcance.

	
Del mudo amor aprende a leer lo escrito,
que oír con ojos es amante 
	astucia.

	
Versión de Manuel Mujica Láinez
4.

¿Cómo puede buscar temas mi Musa...

¿Cómo puede 
	buscar temas mi Musa

	mientras tú alientas, que a mi verso infundes

	tu dulce inspiración, harto preciosa

	para exponerla en un papel grosero?

	

	Agradécete a ti, si algo de mi obra

	digno de leerse encuentra tu mirada:

	¿quién tan mudo será que no te escriba

	cuando tu luz aclara lo que inventa?

	

	Sé la décima Musa y sé diez veces

	mejor que las antiguas invocadas,

	y otorga a quien te invoque eternos versos

	que sobrevivan a lejanos siglos.

	

	Si al futuro censor mi Musa encanta,

	mía será la pena y tuyo el lauro.

	

	Versión de Manuel Mujica Láinez
5.

Como un padre decrépito disfruta...

Como un padre 
	decrépito disfruta

	al ver de su hijo las empresas jóvenes,

	así yo, mutilado por la suerte,

	en tu lealtad y mérito me afirmo.

	

	Pues sea la hermosura o el linaje,

	el poder o el ingenio, uno o todos,

	quien te corone con mejores títulos,

	yo incorporo mi amor a esa riqueza.

	

	Ni pobre ni ofendido soy, ni inválido,

	que basta la substancia de tu sombra

	para colmarme a mí con su opulencia,

	y de una parte de tu gloria vivo.

	

	Busca, pues, lo mejor: te lo deseo;

	seré feliz diez veces, si lo hallas.


	
	
	Versión de Manuel Mujica 
	Láinez
6.

Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos...

Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos
y ahonden surcos en tu prado 
	hermoso,
tu juventud, altiva vestidura,
será un andrajo que no mira 
	nadie.

	
Y si por tu belleza preguntaran,
tesoro de tu tiempo apasionado,

	decir que yace en tus sumidos ojos
dará motivo a escarnios o falsías.

	
¡Cuánto más te alabaran en su empleo
si respondieras : - « Este 
	grácil hijo
mi deuda salda y mi vejez excusa »,
pues su beldad sería 
	tu legado!

Pudieras, renaciendo en la vejez,
ver cálida tu sangre 
	que se enfría.


	Versión de Manuel Mujica 
	Láinez
7.

Cuando en las crónicas de tiempos idos...

Cuando en las crónicas de 
	tiempos idos

	veo que a los hermosos se describe

	y a la Belleza embellecer la rima

	que elogia a damas y señores muertos,

	

	observo que al pintar de sus dechados

	la mano, el labio, el pie, la frente, el ojo,

	trataba de expresar la pluma arcaica

	una belleza como la que tienes.

	

	Así, sus alabanzas son presagios

	de nuestro tiempo, que te prefiguran,

	y pues no hacían más que adivinarte,

	no podían cantarte cual mereces.

	

	En cuanto a aquellos que te contemplamos

	con absorta mirada, estamos mudos.

	

	Versión de Manuel Mujica Láinez
8.

Cuando en sesiones dulces y calladas...

Cuando en 
	sesiones dulces y calladas 
hago comparecer a los recuerdos,
suspiro 
	por lo mucho que he deseado
y lloro el bello tiempo que he perdido,
	


	la aridez de los ojos se me 
	inunda 
por los que envuelve la infinita noche
y renuevo el plañir de 
	amores muertos
y gimo por imágenes borradas.


	Así, afligido por remotas 
	penas,
puedo de mis dolores ya sufridos
la cuenta rehacer, uno por 
	uno, 
y volver a pagar lo ya pagado. 

Pero si entonces pienso en 
	ti, mis pérdidas
se compensan, y cede mi amargura.


	Versión de Alejandro 
	Araoz Fraser
9.

Cuando haya muerto, llórame tan sólo...

Cuando haya muerto, llórame tan sólo

	mientras escuches la campana triste,

	anunciadora al mundo de mi fuga

	del mundo vil hacia el gusano infame.

	

	Y no evoques, si lees esta rima,

	la mano que la escribe, pues te quiero

	tanto que hasta tu olvido prefiriera

	a saber que te amarga mi memoria.

	

	Pero si acaso miras estos versos

	cuando del barro nada me separe,

	ni siquiera mi pobre nombre digas

	y que tu amor conmigo se marchite,

	

	para que el sabio en tu llorar no indague

	y se burle de ti por el ausente.

	

	Versión de Manuel Mujica Láinez
10.

Cuando hombres y Fortuna me abandonan...

Cuando hombres y Fortuna me abandonan,

	lloro en la soledad de mi destierro,

	y al cielo sordo con mis quejas canso

	y maldigo al mirar mi desventura,

	

	soñando ser más rico de esperanza,

	bello como éste, como aquél rodeado,

	deseando el arte de uno, el poder de otro,

	insatisfecho con lo que me queda;

	

	a pesar de que casi me desprecio,

	pienso en ti y soy feliz y mi alma entonces,

	como al amanecer la alondra, se alza

	de la tierra sombría y canta al cielo:

	

	pues recordar tu amor es tal fortuna

	que no cambio mi estado con los reyes.

	

	Versión de Manuel Mujica Láinez
11.

Cuando, infeliz, postrado por el hombre y la suerte...

Cuando, 
	infeliz, postrado por el hombre y la suerte,
en mi triste destierro lloro 
	a solas conmigo,
y agito al sordo cielo mi grito vano y fuerte,
y, 
	volviendo a mirarme, mi destino maldigo,


	y sueño ser 
	como otro más rico en esperanza,
tener su mismo aspecto, gozar sus 
	compañías,
y envidio el arte de éste, del otro la pujanza,
hastiado 
	aún de aquello que me daba alegrías;


	si en estos 
	pensamientos mi desprecio me espanta,
pienso en ti felizmente, y entonces 
	mi consuelo
como una alondra a orillas del día se levanta
del mundo 
	oscuro, y canta a las puertas del cielo.

	
Tal riqueza me ofreces, dulce amor recordado,
que desdeño cambiar con 
	los reyes mi estado.

Versión de William Ospina
12.

Cuando pienso que todo lo que crece...

Cuando pienso que todo lo que crece 
su perfección conserva un mero 
	instante; 
que las funciones de este gran proscenio 
se dan bajo la 
	influencia de los astros; 
	

y que el hombre florece como planta 
a quien el mismo cielo 
	alienta y rinde, 
primero ufano y abatido luego, 
hasta que su 
	esplendor nadie recuerda: 

la idea de una estada tan fugaz 
a mis 
	ojos te muestra más vibrante, 
mientras que Tiempo y Decadencia traman 

	mudar tu joven día en noche sórdida. 

	
Y, por tu amor guerreando con el Tiempo, 
si él te roba, te injerto 
	nueva vida.


	Versión de 
	Manuel Mujica Láinez
13.

De los hermosos el retoño ansiamos...

De los hermosos el retoño ansiamos
para que su rosal no muera nunca,

	pues cuando el tiempo su esplendor marchite
guardará su memoria su 
	heredero.

Pero tú, que tus propios ojos amas,
para nutrir la luz, 
	tu esencia quemas
y hambre produces en donde hay hartura,
demasiado 
	cruel y hostil contigo.

	
Tú que eres hoy del mundo fresco adorno,
pregón de la radiante 
	primavera,
sepultas tu poder en el capullo,
dulce egoísta que malgasta 
	ahorrando.

Del mundo ten piedad: que tú y la tumba,
ávidos, lo que 
	es suyo no devoren.


	Versión de Manuel Mujica 
	Láinez
14.

Versión de Manuel Mujica Láinez

Déjame confesar que somos 
	dos...


	Déjame confesar que somos 
	dos

	aunque es indivisible el amor nuestro,

	así las manchas que conmigo quedan

	he de llevar yo solo sin tu ayuda.

	

	No hay más que un sentimiento en nuestro amor

	si bien un hado adverso nos separa,

	que si el objeto del amor no altera,

	dulces horas le roba a su delicia.

	

	No podré desde hoy reconocerte

	para que así mis faltas no te humillen,

	ni podrá tu bondad honrarme en público

	sin despojar la honra de tu nombre.

	

	Mas no lo hagas, pues te quiero tanto

	que si es mío tu amor, mía es tu fama.


	Versión de Manuel Mujica 
	Láinez
15.

Derroche del espíritu en vergüenza...

Derroche del espíritu en 
	vergüenza

	la lujuria es en acto, y hasta el acto

	perjura, sanguinaria, traidora,

	salvaje, extrema, cruel y ruda:

	

	despreciada no bien se la disfruta,

	sin mesura anhelada, y ya alcanzada,

	odiada sin mesura, cual un cebo

	que desquicia al incauto que lo traga.

	

	Desquicio los suspiros, los abrazos,

	los gemidos del antes y el durante,

	júbilo al gozar, después penuria,

	promesa de alegría, luego un sueño.

	

	Lo saben todos, pero nadie sabe

	cerrar el cielo que lleva hasta ese infierno.

	

	Versión de Carlos Gardini
16.

Derrochador

de encanto, ¿por qué 
	gastas...


	Derrochador de encanto, ¿por qué gastas
en ti mismo tu herencia de 
	hermosura?
Naturaleza presta y no regala,
y, generosa, presta al 
	generoso.

Luego, bello egoísta, ¿por qué abusas
de lo que se te 
	dio para que dieras?
Avaro sin provecho, ¿por qué empleas
suma tan 
	grande, si vivir no logras?

Al comerciar así sólo contigo,

	defraudas de ti mismo a lo más dulce.
Cuando te llamen a partir, ¿qué 
	saldo
podrás dejar que sea tolerable?

Tu belleza sin uso irá a la 
	tumba;
usada, hubiera sido tu albacea.

	
Versión de Manuel Mujica Láinez
17.

El

pecado de amarme se 
	apodera...


	El pecado de amarme se 
	apodera

	de mis ojos, de mi alma y de mí todo;

	y para este pecado no hay remedio

	pues en mi corazón echó raíces.

	

	Pienso que es el más bello mi semblante,

	mi forma, entre las puras, la ideal;

	y mi valor tan alto conceptúo

	que para mí domina a todo mérito.

	

	Pero cuando el espejo me presenta,

	tal cual soy, agrietado por los años,

	en sentido contrario mi amor leo

	que amarse siendo así sería inicuo.

	

	Es a ti, otro yo mismo, a quien elogio,

	pintando mi vejez con tu hermosura.

	

	Versión de Manuel Mujica Láinez
18.

Versión de Rafael Pombo

El soliloquio de Hamlet


	¡Ser, o no 
	ser, es la cuestión!  -¿Qué debe
más dignamente optar el alma noble

	entre sufrir de la fortuna impía
el porfiador rigor, o rebelarse

	contra un mar  de desdichas, y afrontándolo
desaparecer con ellas?


	Morir, dormir, 
	no despertar más nunca,
poder decir todo acabó; en un sueño
sepultar 
	para siempre los dolores
del corazón, los mil y mil quebrantos
que 
	heredó nuestra carne, ¡quién no ansiara
concluir así!


	¡Morir... 
	quedar dormidos...
Dormir... tal vez soñar!   -¡Ay! allí hay 
	algo
que detiene al mejor. Cuando del mundo
no percibamos ni un rumor, 
	¡qué sueños
vendrán en ese sueño de la muerte!
Eso es, eso es lo que 
	hace el infortunio
planta de larga vida. ¿Quién querría
sufrir del 
	tiempo el implacable azote,
del fuerte la injusticia, del soberbio
el 
	áspero desdén, las amarguras
del amor despreciado, las demoras
de la 
	ley, del empleado la insolencia,
la hostilidad que los mezquinos juran

	al mérito pacífico, pudiendo
de tanto mal librarse él mismo, alzando

	una punta de acero? ¿quién querría
seguir cargando en la cansada vida

	su fardo abrumador?...


	Pero hay 
	espanto
¡allá del otro lado de la tumba!
La muerte, aquel país que 
	todavía
está por descubrirse,
país de cuya lóbrega frontera
ningún 
	viajero regresó, perturba
la voluntad, y a todos nos decide
a soportar 
	los males que sabemos
más bien que ir a buscar lo que ignoramos.
Así, 
	¡oh conciencia!, de nosotros todos
haces unos cobardes, y la ardiente

	resolución original decae
al pálido mirar del pensamiento.
Así también 
	enérgicas empresas,
de trascendencia inmensa, a esa mirada
torcieron 
	rumbo, y sin acción murieron.


	Versión de 
	Rafael Pombo
19.

Extenuado, hacia el lecho me apresuro...

Extenuado, hacia el lecho me 
	apresuro

	a calmar mis fatigas de viajero,

	pero empieza en mi ánimo otro viaje,

	cuando acaban del cuerpo las faenas.

	

	Porque mis pensamientos, alejándose

	en tu busca, celosos peregrinos,

	de mis párpados abren el agobio

	a la tiniebla que los ciegos miran.

	

	Sólo que mi visión imaginaria

	trae tu sombra hasta mis ojos ciegos,

	como un joyel que cuelga de la noche

	y el rostro oscuro le rejuvenece.

	

	Así, por ti y por mí, nunca reposan

	de día el cuerpo y a la noche el alma.


	Versión de 
	Manuel Mujica Láinez
20.

He

visto a la mañana 
	en plena gloria...


	He visto a la 
	mañana en plena gloria

	los picos halagar con su mirada,

	besar con su oro las praderas verdes

	y dorar con su alquimia arroyos pálidos;

	

	y luego permitir el paso oscuro

	de fieros nubarrones por su rostro,

	y ocultarlo a la tierra abandonada

	huyendo hacia occidente sin ventura.

	

	Así brilló mi sol, un día, al alba,

	sobre mi frente, con triunfal belleza;

	una hora no más lo he poseído

	y hoy me lo esconden las aéreas nubes.

	

	No desdeñes mi amor: si el sol del cielo

	se eclipsa, han de velarse los del mundo.

	

	Versión de Manuel Mujica Láinez
21.

Las horas que gentiles compusieron...

Las horas que gentiles compusieron 
tal visión para encanto de los ojos, 

	sus tiranos serán cuando destruyan 
una belleza de suprema gracia: 


	porque el tiempo incansable, en torvo invierno,
	
muda al verano que en su seno arruina; 
la savia hiela y el follaje 
	esparce 
y a la hermosura agosta entre la nieve. 

Si no quedara la 
	estival esencia, 
en muros de cristal cautivo líquido, 
la belleza y 
	su fruto morirían 

sin dejar ni el recuerdo de su forma. 
Mas la 
	flor destilada, hasta en invierno, 
su ornato pierde y en perfume vive.


	Versión de 
	Manuel Mujica Láinez
22.

Los

corazones que supuse 
	muertos...


	Los corazones 
	que supuse muertos

	pues me faltaban, a tu pecho ocupan;

	en él reinan amor y sus virtudes

	y los amigos que creí enterrados.

	

	¡Cuánta lágrima pía de mis ojos

	robó el amor leal por esos muertos

	que no son más que seres que han cambiado

	de lugar y que yacen en ti ocultos!

	

	Tú eres la tumba donde vive amor;

	de mis amores los trofeos te ornan;

	cada uno te dio mi parte suya

	y ahora es tuyo el bien que fue de muchos.

	

	Veo en ti las imágenes que amé:

	soy tuyo entero pues las tienes todas.

	

	Versión de Manuel Mujica Láinez
23.

Mas cuán pesante se me hace este viaje...

Mas cuán 
	pesante se me hace este viaje

	Al ver que su final, que tanto ansío,

	Me hará exclamar cuando pare y descanse:

	¡Ya tan atrás has dejado a tu amigo!

	

	La bestia que me lleva, ya sin fuerzas

	Por mi penar, también con éste carga

	Jadeando, como si algo le dijera

	Que prisa su jinete no demanda.

	

	La espuela en sangre su paso no apremia

	Sino que ira en la piel le clava a veces,

	Responde el animal con una queja

	Que de cuanto le hiera más me hiere.

	

	Pues esa misma queja me recuerda

	Que alante el dolor, mi dicha atrás queda.

	

	Versión de Ariel Laurencio Tacoronte
24.

Mejor ser vil que tal considerado...

Mejor ser vil 
	que tal considerado

	Cuando, sin serlo, esta culpa te achacan,

	Y un lícito placer pierdes, que tanto

	Los demás condenan, pero no tu alma.

	

	Pues ¿por qué los ojos espurios de otros

	Han de juzgar a mi impetuosa sangre;

	O espiar mis flaquezas quien es más flojo

	Y estima malo lo que yo, agradable?

	

	No, yo soy el que soy; y los que apuntan

	A mis desmanes, los propios exponen;

	Habrá en sus ojos una torcedura,

	Que sus juicios no ensucien mis acciones.

	

	A no ser que esta máxima sostengan:

	Todo hombre es malo y en su maldad reina.

	

	Versión de Ariel Laurencio Tacoronte
25.

Mella, Tiempo voraz, del león las garras...

Mella, Tiempo 
	voraz, del león las garras,
deja a la tierra devorar sus brotes,

	arranca al tigre su colmillo agudo,
quema al añoso fénix en su sangre.

	
Mientras huyes con pies alados, Tiempo,
da vida a la estación, triste 
	o alegre,
y haz lo que quieras, marchitando al mundo
Pero un crimen 
	odioso te prohíbo:

	
no cinceles la frente de mi amor,
ni la dibujes con tu pluma antigua;

	permite que tu senda siga, intacto,
ideal sempiterno de hermosura.

	
O afréntalo si quieres, Tiempo viejo:
mi amor será en mis versos 
	siempre joven.

	
Versión de Manuel Mujica Láinez

Versos y pensamientos de William Shakespeare

4 citas
« ¿A un día de verano compararte? / Más hermosura y »
William Shakespeare · ¿A un día de verano compararte?...
« No, no aparta / a dos almas amadoras »
William Shakespeare · Amor verdadero
« Como actor / vacilante en el proscenio »
William Shakespeare · ...
« ¿Cómo puede / buscar temas mi Musa »
William Shakespeare · ¿Cómo puede buscar temas mi Musa...
Biblioteca poética

Libros de William Shakespeare recomendados

Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: