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William Shakespeare
William Shakespeare es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus prime...
Vida
William Shakespeare es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de William Shakespeare
1.
¿A un día de verano compararte?...
¿A un día de verano compararte?...
¿A un día de verano compararte? Más hermosura y suavidad posees. Tiembla el brote de mayo bajo el viento y el estío no dura casi nada. A veces demasiado brilla el ojo solar y otras su tez de oro se apaga; toda belleza alguna vez declina, ajada por la suerte o por el tiempo. Pero eterno será el verano tuyo. No perderás la gracia, ni la Muerte se jactará de ensombrecer tus pasos cuando crezcas en versos inmortales. Vivirás mientras alguien vea y sienta y esto pueda vivir y te dé vida. Versión de Manuel Mujica Láinez
2.
Amor verdadero
Amor verdadero
No, no aparta a dos almas amadoras adverso caso ni crüel porfía: nunca mengua el amor ni se desvía, y es uno y sin mudanza a todas horas. Es fanal que borrascas bramadoras con inmóviles rayos desafía; estrella fija que los barcos guía; mides su altura, mas su esencia ignoras. Amor no sigue la fugaz corriente de la edad, que deshace los colores de los floridos labios y mejillas. Eres eterno, Amor: si esto desmiente mi vida, no he sentido tus ardores, ni supe comprender tus maravillas. Versión de Miguel Antonio Caro
3.
...
...
Como actor vacilante en el proscenio... Como actor vacilante en el proscenio que temeroso su papel confunde, o como el poseído por la ira que desfallece por su propio exceso, así yo, desconfiando de mí mismo, callo en la ceremonia enamorada, y se diría que mi amor decae cuando lo agobia la amorosa fuerza. Deja que la elocuencia de mis libros, sin voz, transmita el habla de mi pecho que pide amor y busca recompensa, más que otra lengua de expresivo alcance. Del mudo amor aprende a leer lo escrito, que oír con ojos es amante astucia. Versión de Manuel Mujica Láinez
4.
¿Cómo puede buscar temas mi Musa...
¿Cómo puede buscar temas mi Musa...
¿Cómo puede buscar temas mi Musa mientras tú alientas, que a mi verso infundes tu dulce inspiración, harto preciosa para exponerla en un papel grosero? Agradécete a ti, si algo de mi obra digno de leerse encuentra tu mirada: ¿quién tan mudo será que no te escriba cuando tu luz aclara lo que inventa? Sé la décima Musa y sé diez veces mejor que las antiguas invocadas, y otorga a quien te invoque eternos versos que sobrevivan a lejanos siglos. Si al futuro censor mi Musa encanta, mía será la pena y tuyo el lauro. Versión de Manuel Mujica Láinez
5.
Como un padre decrépito disfruta...
Como un padre decrépito disfruta...
Como un padre decrépito disfruta al ver de su hijo las empresas jóvenes, así yo, mutilado por la suerte, en tu lealtad y mérito me afirmo. Pues sea la hermosura o el linaje, el poder o el ingenio, uno o todos, quien te corone con mejores títulos, yo incorporo mi amor a esa riqueza. Ni pobre ni ofendido soy, ni inválido, que basta la substancia de tu sombra para colmarme a mí con su opulencia, y de una parte de tu gloria vivo. Busca, pues, lo mejor: te lo deseo; seré feliz diez veces, si lo hallas. Versión de Manuel Mujica Láinez
6.
Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos...
Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos...
Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos y ahonden surcos en tu prado hermoso, tu juventud, altiva vestidura, será un andrajo que no mira nadie. Y si por tu belleza preguntaran, tesoro de tu tiempo apasionado, decir que yace en tus sumidos ojos dará motivo a escarnios o falsías. ¡Cuánto más te alabaran en su empleo si respondieras : - « Este grácil hijo mi deuda salda y mi vejez excusa », pues su beldad sería tu legado! Pudieras, renaciendo en la vejez, ver cálida tu sangre que se enfría. Versión de Manuel Mujica Láinez
7.
Cuando en las crónicas de tiempos idos...
Cuando en las crónicas de tiempos idos...
Cuando en las crónicas de tiempos idos veo que a los hermosos se describe y a la Belleza embellecer la rima que elogia a damas y señores muertos, observo que al pintar de sus dechados la mano, el labio, el pie, la frente, el ojo, trataba de expresar la pluma arcaica una belleza como la que tienes. Así, sus alabanzas son presagios de nuestro tiempo, que te prefiguran, y pues no hacían más que adivinarte, no podían cantarte cual mereces. En cuanto a aquellos que te contemplamos con absorta mirada, estamos mudos. Versión de Manuel Mujica Láinez
8.
Cuando en sesiones dulces y calladas...
Cuando en sesiones dulces y calladas...
Cuando en sesiones dulces y calladas hago comparecer a los recuerdos, suspiro por lo mucho que he deseado y lloro el bello tiempo que he perdido, la aridez de los ojos se me inunda por los que envuelve la infinita noche y renuevo el plañir de amores muertos y gimo por imágenes borradas. Así, afligido por remotas penas, puedo de mis dolores ya sufridos la cuenta rehacer, uno por uno, y volver a pagar lo ya pagado. Pero si entonces pienso en ti, mis pérdidas se compensan, y cede mi amargura. Versión de Alejandro Araoz Fraser
9.
Cuando haya muerto, llórame tan sólo...
Cuando haya muerto, llórame tan sólo...
Cuando haya muerto, llórame tan sólo mientras escuches la campana triste, anunciadora al mundo de mi fuga del mundo vil hacia el gusano infame. Y no evoques, si lees esta rima, la mano que la escribe, pues te quiero tanto que hasta tu olvido prefiriera a saber que te amarga mi memoria. Pero si acaso miras estos versos cuando del barro nada me separe, ni siquiera mi pobre nombre digas y que tu amor conmigo se marchite, para que el sabio en tu llorar no indague y se burle de ti por el ausente. Versión de Manuel Mujica Láinez
10.
Cuando hombres y Fortuna me abandonan...
Cuando hombres y Fortuna me abandonan...
Cuando hombres y Fortuna me abandonan, lloro en la soledad de mi destierro, y al cielo sordo con mis quejas canso y maldigo al mirar mi desventura, soñando ser más rico de esperanza, bello como éste, como aquél rodeado, deseando el arte de uno, el poder de otro, insatisfecho con lo que me queda; a pesar de que casi me desprecio, pienso en ti y soy feliz y mi alma entonces, como al amanecer la alondra, se alza de la tierra sombría y canta al cielo: pues recordar tu amor es tal fortuna que no cambio mi estado con los reyes. Versión de Manuel Mujica Láinez
11.
Cuando, infeliz, postrado por el hombre y la suerte...
Cuando, infeliz, postrado por el hombre y la suerte...
Cuando, infeliz, postrado por el hombre y la suerte, en mi triste destierro lloro a solas conmigo, y agito al sordo cielo mi grito vano y fuerte, y, volviendo a mirarme, mi destino maldigo, y sueño ser como otro más rico en esperanza, tener su mismo aspecto, gozar sus compañías, y envidio el arte de éste, del otro la pujanza, hastiado aún de aquello que me daba alegrías; si en estos pensamientos mi desprecio me espanta, pienso en ti felizmente, y entonces mi consuelo como una alondra a orillas del día se levanta del mundo oscuro, y canta a las puertas del cielo. Tal riqueza me ofreces, dulce amor recordado, que desdeño cambiar con los reyes mi estado. Versión de William Ospina
12.
Cuando pienso que todo lo que crece...
Cuando pienso que todo lo que crece...
Cuando pienso que todo lo que crece su perfección conserva un mero instante; que las funciones de este gran proscenio se dan bajo la influencia de los astros; y que el hombre florece como planta a quien el mismo cielo alienta y rinde, primero ufano y abatido luego, hasta que su esplendor nadie recuerda: la idea de una estada tan fugaz a mis ojos te muestra más vibrante, mientras que Tiempo y Decadencia traman mudar tu joven día en noche sórdida. Y, por tu amor guerreando con el Tiempo, si él te roba, te injerto nueva vida. Versión de Manuel Mujica Láinez
13.
De los hermosos el retoño ansiamos...
De los hermosos el retoño ansiamos...
De los hermosos el retoño ansiamos para que su rosal no muera nunca, pues cuando el tiempo su esplendor marchite guardará su memoria su heredero. Pero tú, que tus propios ojos amas, para nutrir la luz, tu esencia quemas y hambre produces en donde hay hartura, demasiado cruel y hostil contigo. Tú que eres hoy del mundo fresco adorno, pregón de la radiante primavera, sepultas tu poder en el capullo, dulce egoísta que malgasta ahorrando. Del mundo ten piedad: que tú y la tumba, ávidos, lo que es suyo no devoren. Versión de Manuel Mujica Láinez
14.
Versión de Manuel Mujica
Láinez
Versión de Manuel Mujica Láinez
Déjame confesar que somos dos... Déjame confesar que somos dos aunque es indivisible el amor nuestro, así las manchas que conmigo quedan he de llevar yo solo sin tu ayuda. No hay más que un sentimiento en nuestro amor si bien un hado adverso nos separa, que si el objeto del amor no altera, dulces horas le roba a su delicia. No podré desde hoy reconocerte para que así mis faltas no te humillen, ni podrá tu bondad honrarme en público sin despojar la honra de tu nombre. Mas no lo hagas, pues te quiero tanto que si es mío tu amor, mía es tu fama. Versión de Manuel Mujica Láinez
15.
Derroche del espíritu en vergüenza...
Derroche del espíritu en vergüenza...
Derroche del espíritu en vergüenza la lujuria es en acto, y hasta el acto perjura, sanguinaria, traidora, salvaje, extrema, cruel y ruda: despreciada no bien se la disfruta, sin mesura anhelada, y ya alcanzada, odiada sin mesura, cual un cebo que desquicia al incauto que lo traga. Desquicio los suspiros, los abrazos, los gemidos del antes y el durante, júbilo al gozar, después penuria, promesa de alegría, luego un sueño. Lo saben todos, pero nadie sabe cerrar el cielo que lleva hasta ese infierno. Versión de Carlos Gardini
16.
Derrochador
Derrochador
de encanto, ¿por qué gastas... Derrochador de encanto, ¿por qué gastas en ti mismo tu herencia de hermosura? Naturaleza presta y no regala, y, generosa, presta al generoso. Luego, bello egoísta, ¿por qué abusas de lo que se te dio para que dieras? Avaro sin provecho, ¿por qué empleas suma tan grande, si vivir no logras? Al comerciar así sólo contigo, defraudas de ti mismo a lo más dulce. Cuando te llamen a partir, ¿qué saldo podrás dejar que sea tolerable? Tu belleza sin uso irá a la tumba; usada, hubiera sido tu albacea. Versión de Manuel Mujica Láinez
17.
El
El
pecado de amarme se apodera... El pecado de amarme se apodera de mis ojos, de mi alma y de mí todo; y para este pecado no hay remedio pues en mi corazón echó raíces. Pienso que es el más bello mi semblante, mi forma, entre las puras, la ideal; y mi valor tan alto conceptúo que para mí domina a todo mérito. Pero cuando el espejo me presenta, tal cual soy, agrietado por los años, en sentido contrario mi amor leo que amarse siendo así sería inicuo. Es a ti, otro yo mismo, a quien elogio, pintando mi vejez con tu hermosura. Versión de Manuel Mujica Láinez
18.
Versión de
Rafael Pombo
Versión de Rafael Pombo
El soliloquio de Hamlet ¡Ser, o no ser, es la cuestión! -¿Qué debe más dignamente optar el alma noble entre sufrir de la fortuna impía el porfiador rigor, o rebelarse contra un mar de desdichas, y afrontándolo desaparecer con ellas? Morir, dormir, no despertar más nunca, poder decir todo acabó; en un sueño sepultar para siempre los dolores del corazón, los mil y mil quebrantos que heredó nuestra carne, ¡quién no ansiara concluir así! ¡Morir... quedar dormidos... Dormir... tal vez soñar! -¡Ay! allí hay algo que detiene al mejor. Cuando del mundo no percibamos ni un rumor, ¡qué sueños vendrán en ese sueño de la muerte! Eso es, eso es lo que hace el infortunio planta de larga vida. ¿Quién querría sufrir del tiempo el implacable azote, del fuerte la injusticia, del soberbio el áspero desdén, las amarguras del amor despreciado, las demoras de la ley, del empleado la insolencia, la hostilidad que los mezquinos juran al mérito pacífico, pudiendo de tanto mal librarse él mismo, alzando una punta de acero? ¿quién querría seguir cargando en la cansada vida su fardo abrumador?... Pero hay espanto ¡allá del otro lado de la tumba! La muerte, aquel país que todavía está por descubrirse, país de cuya lóbrega frontera ningún viajero regresó, perturba la voluntad, y a todos nos decide a soportar los males que sabemos más bien que ir a buscar lo que ignoramos. Así, ¡oh conciencia!, de nosotros todos haces unos cobardes, y la ardiente resolución original decae al pálido mirar del pensamiento. Así también enérgicas empresas, de trascendencia inmensa, a esa mirada torcieron rumbo, y sin acción murieron. Versión de Rafael Pombo
19.
Extenuado, hacia el lecho me apresuro...
Extenuado, hacia el lecho me apresuro...
Extenuado, hacia el lecho me apresuro a calmar mis fatigas de viajero, pero empieza en mi ánimo otro viaje, cuando acaban del cuerpo las faenas. Porque mis pensamientos, alejándose en tu busca, celosos peregrinos, de mis párpados abren el agobio a la tiniebla que los ciegos miran. Sólo que mi visión imaginaria trae tu sombra hasta mis ojos ciegos, como un joyel que cuelga de la noche y el rostro oscuro le rejuvenece. Así, por ti y por mí, nunca reposan de día el cuerpo y a la noche el alma. Versión de Manuel Mujica Láinez
20.
He
He
visto a la mañana en plena gloria... He visto a la mañana en plena gloria los picos halagar con su mirada, besar con su oro las praderas verdes y dorar con su alquimia arroyos pálidos; y luego permitir el paso oscuro de fieros nubarrones por su rostro, y ocultarlo a la tierra abandonada huyendo hacia occidente sin ventura. Así brilló mi sol, un día, al alba, sobre mi frente, con triunfal belleza; una hora no más lo he poseído y hoy me lo esconden las aéreas nubes. No desdeñes mi amor: si el sol del cielo se eclipsa, han de velarse los del mundo. Versión de Manuel Mujica Láinez
21.
Las horas que gentiles compusieron...
Las horas que gentiles compusieron...
Las horas que gentiles compusieron tal visión para encanto de los ojos, sus tiranos serán cuando destruyan una belleza de suprema gracia: porque el tiempo incansable, en torvo invierno, muda al verano que en su seno arruina; la savia hiela y el follaje esparce y a la hermosura agosta entre la nieve. Si no quedara la estival esencia, en muros de cristal cautivo líquido, la belleza y su fruto morirían sin dejar ni el recuerdo de su forma. Mas la flor destilada, hasta en invierno, su ornato pierde y en perfume vive. Versión de Manuel Mujica Láinez
22.
Los
Los
corazones que supuse muertos... Los corazones que supuse muertos pues me faltaban, a tu pecho ocupan; en él reinan amor y sus virtudes y los amigos que creí enterrados. ¡Cuánta lágrima pía de mis ojos robó el amor leal por esos muertos que no son más que seres que han cambiado de lugar y que yacen en ti ocultos! Tú eres la tumba donde vive amor; de mis amores los trofeos te ornan; cada uno te dio mi parte suya y ahora es tuyo el bien que fue de muchos. Veo en ti las imágenes que amé: soy tuyo entero pues las tienes todas. Versión de Manuel Mujica Láinez
23.
Mas cuán pesante se me hace este viaje...
Mas cuán pesante se me hace este viaje...
Mas cuán pesante se me hace este viaje Al ver que su final, que tanto ansío, Me hará exclamar cuando pare y descanse: ¡Ya tan atrás has dejado a tu amigo! La bestia que me lleva, ya sin fuerzas Por mi penar, también con éste carga Jadeando, como si algo le dijera Que prisa su jinete no demanda. La espuela en sangre su paso no apremia Sino que ira en la piel le clava a veces, Responde el animal con una queja Que de cuanto le hiera más me hiere. Pues esa misma queja me recuerda Que alante el dolor, mi dicha atrás queda. Versión de Ariel Laurencio Tacoronte
24.
Mejor ser vil que tal considerado...
Mejor ser vil que tal considerado...
Mejor ser vil que tal considerado Cuando, sin serlo, esta culpa te achacan, Y un lícito placer pierdes, que tanto Los demás condenan, pero no tu alma. Pues ¿por qué los ojos espurios de otros Han de juzgar a mi impetuosa sangre; O espiar mis flaquezas quien es más flojo Y estima malo lo que yo, agradable? No, yo soy el que soy; y los que apuntan A mis desmanes, los propios exponen; Habrá en sus ojos una torcedura, Que sus juicios no ensucien mis acciones. A no ser que esta máxima sostengan: Todo hombre es malo y en su maldad reina. Versión de Ariel Laurencio Tacoronte
25.
Mella, Tiempo voraz, del león las garras...
Mella, Tiempo voraz, del león las garras...
Mella, Tiempo voraz, del león las garras, deja a la tierra devorar sus brotes, arranca al tigre su colmillo agudo, quema al añoso fénix en su sangre. Mientras huyes con pies alados, Tiempo, da vida a la estación, triste o alegre, y haz lo que quieras, marchitando al mundo Pero un crimen odioso te prohíbo: no cinceles la frente de mi amor, ni la dibujes con tu pluma antigua; permite que tu senda siga, intacto, ideal sempiterno de hermosura. O afréntalo si quieres, Tiempo viejo: mi amor será en mis versos siempre joven. Versión de Manuel Mujica Láinez
Versos y pensamientos de William Shakespeare
4 citas« No, no aparta / a dos almas amadoras »
« Como actor / vacilante en el proscenio »
« ¿Cómo puede / buscar temas mi Musa »
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