Poesía Universal

Wallace Stevens

Wallace Stevens es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras ...

Biografía lírica

Vida

Wallace Stevens es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.

Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.

Lírica y Versos

Poemas de Wallace Stevens

12 poemas seleccionados
1.

I-

I

		Aquí es donde vive la serpiente, la sin cuerpo.

		Su cabeza es aire. En cada cielo, por la noche,

		Debajo de su cola se abren ojos que nos miran.

		

		¿O esto es otro culebrear fuera del huevo,

		Otra imagen al final de la caverna,

		Otra sin cuerpo para la vieja piel?

		

		Aquí es donde vive la serpiente. Éste es su nido,

		Estos campos, estas colinas, estas teñidas distancias,

		y los pinos encima, ya lo largo y al costado del mar.

		

		Esto es forma engullendo lo informe,

		Piel relampagueando hacia desapariciones anheladas,

		Y el cuerpo de la serpiente relampagueando sin piel.

		

		Ésta es la altura emergiendo y su base

		Estas luces pueden finalmente alcanzar un polo

		En la semi cerrada medianoche y encontrar la serpiente allí,

		

		En otro nido, el amo del laberinto

		De cuerpo y aire e imágenes y formas,

		Inexorablemente en posesión de la felicidad.


		Éste es su 
		veneno: que hemos de desconfiar

		Incluso de esto. Sus meditaciones en los helechos,

		Cuando se movía tan apenas para estar segura del sol,


		Nos hizo 
		no menos seguros. Vimos en su cabeza,

		Anillada de negro sobre la roca, el animal moteado,

		La hierba móvil, el Indio en su claro del bosque.
2.

Ii-

II

		Adiós a una idea... Una cabaña en pie,

		Abandonada, sobre una playa. Es blanca,

		Como de Costumbre o de acuerdo con

		

		Un tema ancestral o como consecuencia

		De un rumbo infinito. Las flores contra el muro

		Son blancas, están mustias, una especie de marca

		

		Recordando, intentando recordar una blancura

		Que era diferente, otra cosa, el año pasado

		O antes, no la blancura de una tarde al envejecer,

		

		No sé si más fresca o más apagada, si de nube de invierno

		O de cielo invernal, de un horizonte a otro.

		El viento arrastra la arena por el suelo.

		

		Aquí, ser visible es ser blanco,

		Es tener la solidez del blanco, la realización

		De un extremista en un ejercicio...

		

		Cambia la estación. Un viento frío congela la playa.

		Sus largas líneas se hacen más largas, y vacías,

		Una oscuridad se acumula aunque no cae


		Y la 
		blancura crece menos vívida en el muro.

		El hombre que camina se vuelve sobre la arena con estupor.

		Observa cómo el norte siempre engrandece el cambio,


		Con sus 
		brillos helados, sus curvas rojiazules

		Y ráfagas de grandes ascuas, su verde polar,

		El color del hielo, del fuego y de la soledad.
3.

Iv-

IV

		Adiós a una idea. ..Las cancelaciones, las negaciones

		Nunca son definitivas. El padre está sentado en el espacio,

		Dondequiera que sea, con aspecto no amable,

		

		Como alguien que es fuerte en los arbustos de sus ojos.

		Dice no al no y sí al sí. Dice sí

		Al no; y al decir sí dice adiós.

		

		Mide las velocidades del cambio.

		Salta de cielo en cielo más rápidamente

		Que los ángeles malos del cielo al infierno en llamas.

		

		Pero ahora está sentado en un tranquilo y verde día.

		Asume las grandes velocidades del espacio y las agita

		De nube a cielo despejado, de cielo sin nubes a un claro glacial

		

		En vuelos de oído y ojo, el ojo más alto

		Y el más bajo oído, el profundo oído que discierne,

		Al atardecer, cosas que lo asisten hasta que oye

		

		Sus propios preludios sobrenaturales

		En el momento en que el ojo angélico define

		A sus actores, acercándose unidos, con sus máscaras.


		Señor Oh 
		señor sentado junto al fuego

		Y aun así en el espacio, inmóvil y aun así

		Origen siempre resplandeciente del movimiento,


		Profundo, 
		y aun así el rey y la corona,

		Mira el trono presente. ¿Qué compañía, enmascarada,

		Puede hacerle de coro con el viento desnudo?
4.

Vii-

VII

		¿Existe una imaginación que entronizada reúna

		Tan inexorable como benevolente, lo justo

		Y lo injusto, que en medio del verano se detenga

		

		Para imaginar el invierno? Cuando las hojas mueren,

		¿Se asienta en el norte y se envuelve a sí misma,

		Con la agilidad de una cabra, cristalizada y luminosa,

		

		En la más alta noche? ¿Yesos cielos la adornan

		Y la proclaman, la blanca creadora de negro, propulsada

		Por extinciones, tal vez incluso de planetas,

		

		Incluso de tierra, de mirada, en la nieve,

		Excepto cuando es necesario a modo de majestad,

		En el firmamento, como cábala de coronas y diamantes?

		

		Salta a través nuestro, a través de todos nuestros cielos,

		Extinguiendo nuestros planetas, uno a uno,

		Dejando, de donde estábamos y mirábamos, de donde

		

		Nos conocíamos unos a otros y pensábamos de cada uno,

		Un residuo tembloroso, congelado y concluso,

		Salvo esa corona y esta cábala mística.


		Pero no se 
		atreve a saltar por azar en su propia oscuridad.

		Debe cambiar de destino a frágil capricho.

		Y así, su impulsada tragedia, su estela

		

		Y su forma y su fúnebre hacerse se mueven para hallar

		Lo que deba o, al menos, pueda deshacerla,

		Digamos, una ligera comunicación bajo la luna.
5.

Viii-

VIII

		Siempre puede haber un tiempo de inocencia.

		Nunca existe un lugar. O si no existe un tiempo,

		Si no es cosa de tiempo, ni de espacio,

		

		Existiendo, a solas, en su idea,

		En el sentido contra la calamidad, no es por ello

		Menos real. Para el filósofo más frío y más anciano

		

		Hay o debe de haber un tiempo de inocencia

		Como puro principio. Su naturaleza es su fin,

		Que debería ser y no ser a un tiempo, una cosa

		

		Que estimula la piedad de un hombre piadoso,

		Como un libro al atardecer, hermoso pero falso.

		Como un libro al alba, hermoso y verdadero.

		

		Es como una cosa de éter que existe

		Casi como predicado. Pero existe,

		Existe, y es visible, existe, es.

		

		Así, entonces, estas luces, no son un hechizo de luz,

		Un refrán caído de una nube, sino inocencia.

		Inocencia de la tierra y no un signo falso

		

		O un símbolo de malicia. Que participamos

		De eso mismo, yacemos como niños en esta santidad,

		Como si, despiertos, yaciésemos en la quietud del sueño,

		

		Como si la madre inocente cantase en la oscuridad

		De la habitación y en un acordeón ¡ apenas oído,

		Crease el tiempo y el espacio en el que respirábamos...
6.

Versión de Jenaro Talens

X

		Gente infeliz en un mundo feliz-

		Lee, rabino, las fases de esta diferencia.

		Gente infeliz en un mundo infeliz-

		

		Hay aquí demasiados espejos para la desdicha.

		Gente feliz en un mundo infeliz-

		No puede ser. No hay nada allí que lubrifique

		

		La lengua expresiva, el colmillo descubridor.

		Gente feliz en un mundo feliz-

		¡Buffo! Una bar, una ópera, un baile.

		

		Volver adonde estábamos al comienzo:

		Gente infeliz en un mundo feliz.

		Ahora, solemnizar las sílabas reservadas.

		

		Leer a la congregación, para hoy

		Y para mañana, esta extrema necesidad,

		Este artilugio del espectro de las esferas,

		

		Tramando un equilibrio para inventar un todo,

		El genio vital que nunca flaquea,

		Cumpliendo con sus meditaciones, grandes y pequeñas.


		En éstas, 
		infelices, él medita una totalidad,

		El pleno de fortuna y el pleno de destino,

		Como si viviera todas las vidas que pudiese conocer,

		

		En el pasaje de la bruja, no el paraíso silencioso,

		Para una disputa de viento y tiempo, junto a esas luces

		Como una llamarada de paja estival, en el cenit del invierno.


		Versión 
		de Jenaro Talens
7.

Trece

maneras de mirar un 
		mirlo

		

		1

		Entre veinte cerros nevados

		lo único que se movía

		era el ojo de un mirlo.

		

		2

		Yo era de tres pareceres,

		como un árbol

		en el que hay tres mirlos.

		

		3

		En el viento de otoño giraba el mirlo.

		Tenía un papel muy breve en la pantomima.

		

		4

		Un hombre y una mujer

		son uno.

		Un hombre y una mujer y un mirlo

		son uno.

		

		5

		Yo no sé si prefiero

		la belleza de las inflexiones

		o la belleza de las insinuaciones,

		si el nido silbando

		o después.

		

		6

		El hielo cubría el ventanal

		de cristales bárbaros.

		La sombra del mirlo

		lo cruzaba de un lado a otro.

		La fantasía

		trazaba en la sombra

		una causa indescifrable.

		

		7

		Oh, delgados hombres de Haddam,

		¿por qué imagináis pájaros dorados?

		¿No veis cómo el mirlo

		anda entre los pies

		de las mujeres que os rodean?

		

		8

		Conozco nobles acentos

		e inevitables ritmos lúcidos;

		pero también conozco

		que el mirlo anda complicado

		en lo que conozco.

		

		9

		Cuando el mirlo se perdió de vista

		señaló el límite

		de un círculo entre otros muchos.

		

		10

		Al ver mirlos

		volar en la luz verde,

		hasta los charlatanes de la eufonía

		gritarían agudamente.

		

		11

		Viajaba por Connecticut

		en un coche de cristal.

		Una vez le entró el miedo,

		por haber confundido

		la sombra de su equipaje

		con mirlos.

		

		12

		El río se mueve.

		Estará volando el mirlo.

		

		13

		Toda la tarde fue de noche.

		Nevaba,

		iba a seguir nevando.

		El mirlo se detuvo

		en la rama del cedro.

		

		Versión de Raúl Gustavo Aguirre
8.

El comienzo

Así llega al fin el verano hasta estas pocas manchas

		Y al óxido y la podredumbre de la puerta por donde ella se fue.

		

		La casa está vacía. Pero es aquí donde ella se sentaba

		Para peinar su cabello húmedo de rocío, una luz intangible,

		

		Perpleja por sus más oscuras iridiscencias.

		Éste era el espejo donde solía mirar

		

		Al ser momentáneo, sin historia,

		La identidad del verano perfectamente percibido,

		

		Y sentir su alegría campestre y sonreír

		Yser sorprendida y temblar, mano y labio.

		

		Ésta es la silla de la que recogía

		Su vestido, el más esmerado y favorecedor de los tejidos

		

		Al que un tejedor cosió doce campanas ...

		El vestido yace, abandonado, sobre el suelo.

		

		Ahora, los primeros tuteadores de tragedia,

		Para empezar, hablan con suavidad en los aleros.
9.

El poema de la mente en el acto de hallar...

El poema 
		de la mente en el acto de hallar 

		Lo que habrá de bastarle. No siempre hubo de hallar: 

		La escena era precisa: repetía 

		Lo que había en el guión. 

		Entonces el teatro 

		Cambiaba en algo más. Y su pasado era un recuerdo. 

		

		Ha de vivir. Saber el habla del lugar. 

		Ha de encarar a los hombres del tiempo, 

		Hallar a las mujeres del tiempo; pensar acerca de la guerra 

		Y hallar lo que habrá de bastarle. He de 

		Edificar un escenario nuevo, estar sobre el escenario 

		Y, tal actor insaciable, lentamente y con 

		Meditación decir palabras que en el oído 

		En el más delicado oído de la mente, repitan 

		Exactamente lo que quiere oír, en cuyo 

		Sonido, un invisible auditorio escucha 

		No la pieza, sino a sí mismo, expresada en una 

		Emoción como de dos personas, como de 

		Dos emociones convirtiéndose en una. El acto r es 

		Un autor metafísico en lo oscuro, tañendo 

		Un instrumento, tañendo tensas cuerdas que producen 

		Sonidos que atraviesan súbita equidad, que contienen 

		En su totalidad la mente, debajo de la cual no puede 

		Descender, fuera de la que no habrá de subir. Debe 

		Ser el encuentro de una satisfacción, y 

		Quizá de un hombre patinando, una mujer que baila, una 

		Mujer peinándose. El poema del acto de la mente.


		Versión 
		de Andrés Sánchez Robayna
10.

El poema que ocupó el lugar de una montaña

Allí estaba, palabra tras palabra,

		El poema que ocupó el lugar de una montaña.

		

		Él aspiraba de su oxígeno,

		Incluso cuando el libro yacía del revés sobre el polvo, en su mesa.

		

		Le trajo a la memoria cómo necesitó

		De algún lugar para seguir su rumbo,

		

		Cómo llegó a recomponer los pinos,

		A trasladar las rocas, abrir camino entre las nubes,

		

		Para una perspectiva que sería perfecta,

		Donde él se consumase en una inexplicable consunción:

		

		La exacta roca en donde sus inexactitudes

		Descubriesen, al fin, el panorama hacia el que había tendido,

		

		Donde pudiese yacer y, contemplando el mar,

		Reconocer su hogar, único y solitario.
11.

En el elemento de antagonismos

Si es un mundo sin genios, está bien

		Ideado. Aquí, entonces,

		

		Nos preguntamos qué significa más, todos los genios

		O un hombre que, para nosotros, sea más grande que ellos,

		

		Montado en su caballo de oro, como una bestia evocada,

		Milagrosa, con su penacho y su relincho?

		

		Los pájaros gorjean pandemoniums en torno

		A la idea del chevaliers de los c;hevaliers,

		

		El bien-compuesto en su bruñida soledad,

		La torre, el acento antiguo, la dimensión glacial.

		

		Y, ¡ay! el poderoso coturno del viento del norte

		Parece caer en un excesivo corredor.
12.

Homunculus et la Belle Ètoile

En el mar de Vizcaya se adorna 

		la joven esmeralda, estrella de la tarde, 

		buena luz para los ebrios, las viudas, los poetas 

		y las damas próximas a casarse. 

		Por esta luz los peces salobres 

		se arquean en el mar como ramas de árboles, 

		mezclando muchos rumbos 

		hacia arriba, hacia abajo. 

		Qué plácida resulta una existencia 

		en la que esta esmeralda encanta a los filósofos, 

		hasta que negligentemente se inclinan 

		a bañar sus corazones en una luna tardía. 

		Sabiendo que pueden traer de vuelta el pensamiento 

		en la noche que ha de ser aún silenciosa, 

		reflejando esto o aquello, 

		antes del sueño. 

		Aun mejor será si, como escolares, 

		ellos piensan fuertemente en los puños oscuros 

		de capas voluminosas, 

		y se afeitan el cuerpo y la cabeza. 

		Puede bien ser que sus amantes 

		no sean flacos fantasmas huidizos. 

		Pueden después de todo ser frívolas, 

		fecundas, 

		exuberantemente bellas, ansiosas, 

		desde cuyo estar bajo las estrellas, en la margen del mar, 

		el íntimo bien de sus búsquedas 

		se vuelque en las más simples frases. 

		Es una buena luz, entonces, 

		para aquellos que conocen el Platón último, 

		tranquilizando con esta joya 

		los tormentos de la confusión. 

		

		

		Versión de Elilzabeth Azcona Cranwell

Versos y pensamientos de Wallace Stevens

4 citas
« I / Aquí es donde vive la serpiente, la sin cuerpo. »
Wallace Stevens · I-
« Abandonada, sobre una playa. Es blanca, / Como de Costumbre o de acuerdo con »
Wallace Stevens · Ii-
« IV / Adiós a una idea. ..Las cancelaciones, las negaciones »
Wallace Stevens · Iv-
« VII / ¿Existe una imaginación que entronizada reúna »
Wallace Stevens · Vii-
Biblioteca poética

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