Poesía Universal

Victoriano Crémer

Biografía y amplia selección de poemas de Victoriano Crémer. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Victoriano Crémer. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Victoriano Crémer

8 poemas seleccionados
1.

Amor

¿Serás, amor, un largo adiós que
                                                                                              
	no se acaba?
                                                                                            
	Pedro Salinas


	Extenso mar, o renovado 
	velo;
cuna del sueño, en la que el ser madura;
alondra vertical 
	ganando altura
en la flotante música del vuelo.


	Si látigo, te ciñes con 
	anhelo.
Si beso, resplandece tu blancura
y la tierra redime su 
	clausura
en la pradera extática del cielo.


	De la raíz del hombre te 
	alimentas,
de sus juegos más nobles, y le dejas
como una negra tierra 
	fecundada.


	¡Mírame ciego, Amor, 
	buscando a tientas,
en un mundo de adioses y de rejas,
la salvadora 
	luz de tu mirada!
2.

Aquí contemplo vida, me hago llama...

Aquí contemplo vida, me 
	hago llama 
	
de esta hoguera de manos que levanta 
sus negras lenguas a lo alto, 
	siento 
	
que soy un hombre más entre los hombres, 

y un vestido de 
	angustias me abandona 
	
sencillamente, así la noche deja 
desnuda el alba y libre, aunque con 
	frío, 
	
cuando lejanos sones la presienten, 

frío tengo en el alma, pero 
	canto, 
	
ahora que estoy aquí de nuevo y veo 
tanto gozo y dolor, tanta 
	miseria 
	
y tan clara esperanza compartida.
3.

Canciã“n

Canción para la guitarra


	            Y canto para adentro
            porque no tengo afueras...

	Me aprieto la guitarra
y siento la madera.
Se me llenan de música

	las oscuras cavernas...
            Yo soy yo, limitado
             
	por carne sorda y venas.

Si alguna vez levanto
los ojos de las 
	cuerdas,
me siento fugitivo
de lo que vale y cuenta.

	
Y no me reconozco,
y me doy tanta pena
que enmudezco y me duele

	la raíz de la lengua

	
              Por eso cuento y canto
              para adentro las 
	penas:
              Porque me sueno a hombre
              y me duelo 
	de veras...

Y puedo decir: Hambres,
en plural; Vida Perra;
o 
	simplemente Amor;
y escupir a la Tierra...

	
Canciones que me arranco
de las furiosas piedras
del montón de la 
	sangre
que llevo siempre a cuestas.

	
Palabras con sentido,
efectivas vivencias.
No, Sol, Luna, Nenúfar

	o Arcángel sin Fronteras.

	
Me escucho y no me importa
que los demás entiendan;
me basta con 
	sentirme
el alma en la madera.

	
             Que canto para adentro,
             porque no tengo 
	afueras.
4.

Canción serena

Un día puro, alegre, libre quiero.
                                                                                        
	Fray Luis de León

No me dejéis así:
                          
	Sorbido por la tierra
hondísima y vibrante como el clamor penúltimo;

	con este olor maduro de soles y horizontes
abriéndome en el pecho un 
	surco luminoso.

	
No es que el cuerpo me suene a cristal derramado
ni que diez 
	corazones me alanceen las yemas,
ni que cielos redondos agolpen sus 
	rebaños
a mis ojos mastines, ladradores de cimas.

	
Es que un mar fugitivo rinde velas y senos
y pétalos y espumas en la 
	gozosa playa
donde el rumor se atreve a mancillar la sombra.
¡Y se me 
	ciegan labios y gritos y pupilas!

	
Es que siento que el aire es de carne dulcísima
y la luz sólo luz. 
	Que el contorno me huye
a bandadas blanquísimas de palomas y lirios
y 
	me abandonan manos y dientes y melenas.

	
¡No! ¡No me dejéis así! Moriría desnudo
sin sentirme morir.

Y 
	mi pobre vestido, con su sangre caliente,
se hundiría, esperando mi 
	imposible retorno.
5.

Cansancio

A tu embate me rindo. Ya no 
	lucho
por conseguir tu beso. Estoy cansado,
y a través de la carne 
	luminosa
he conseguido ver. Saber de ti.


	Tú, tan remota, tan alejada 
	siempre
del caudal de esta sangre, te has entrado
como un viento en 
	las venas y tu furia
desordenó la gracia de mis trigos.


	Me llegan las palabras, de 
	ti misma,
y en ti, cuajada, queda la mirada.
Soy un ajeno mármol que 
	rechaza
tus calientes caricias de pantera.


	Perseguías girar en mis 
	hogueras,
azotarte en mis llamas, reclinarte
sumisa entre mis cardos 
	violentos,
mientras la sangre choca y se devela.


	Pero ya no es posible. 
	Estoy cansado;
seco como una estrella. Ya no lucho.
Sonrío, 
	contemplando hombres de sueño,
buscándote en callejas temerarias.
6.

Descubrimiento de la rosa

¿Cómo no amar la rosa? Pero falta
descubrirla entre tanta incertidumbre,

	entre tanta apariencia. ¿Quién no ama
la música si acierta a despojarse

	del grito, rebotado por la sangre...?


	Conozco su existencia, la 
	sostengo
inevitablemente, como el peso
tranquilo de la luz, belleza 
	ausente
pero cierta, que al hombre corresponde
si busca su caricia en 
	la esperanza.

	
Esperamos, con hierros, más feroces
que los hambrientos tigres, y tan 
	densos
como dormidas aguas de pantano.
Esperamos: vivimos esperando

	el reino de la tierra libertada.

	
De la tierra evidente, sudorosa
en su preñez de muertos y metales;

	fecunda y triste tierra inacabable,
que el hombre enreja, hasta cavar en 
	ella
una profunda cárcel sin estrellas.

	
Encerrados vivimos. La costumbre
levanta muros, aprisiona cielos,

	esparce sones, crucifica rosas,
limita los caminos y reduce
el verbo a 
	pensamiento atormentado.

	
¡Pensar! ¡Oh triste sino de lo humano!
La altiva fuente de energía se 
	hace
pozo seco de horror, sima del odio;
Porque sin viento, la 
	agresiva nave
se pudre, quieta, sobre el mar inmenso.

	
Mar de sargazo, omnipotente calma
que en prisiones azules nos 
	retiene,
en tanto el alto cielo transparece
y una paloma bíblica, en 
	el pico
transporta del olivo su mensaje.
¿Cómo no amar la rosa...? 
	Pero falta
descubrirla entre tanta incertidumbre.
7.

Dulce amor

Las cosas suceden así,

	sencillamente:


	Vuelven del trabajo
con 
	sabor de cal viva entre los dientes.
la esposa les contempla con 
	costumbre.
-¿Quién dice amor, si la palabra estalla?-.


	Y cogen del pan,
como si 
	fuera barro y arena,
un puñado tan sólo.
(Es pan de pobres, desalado y 
	negro
y triste como el silencio de la casa toda.)


	Y se marchan.


	(La esposa les oye cerrar 
	la puerta,
pero no dice nada. ¡Está tan cansada!
Prefiere aquella fría 
	soledad
con olor de abandono.


	Pudiera recordar su 
	juventud y dormir,
pero ¿quién sueña o duerme?
Los pobres no 
	recuerdan;
mueren como las piedras roídas de las murallas.


	Ellos, en tanto, beben

	un agrio vino con sabor de azufre;
y si ríen y gritan y golpean,
es 
	porque -¡Dios, qué vida!-
da rabia beber sin alegría.


	Acaso entonces lleguen 
	hombres
de esos que velan por la paz de las familias,
y les hablen del 
	dulce amor de las esposas
y del descanso junto al fuego,
escuchando, 
	por la radio, una dulce canción,
mientras los niños buscan en el atlas

	países coronados de yedras o corales...


	Si esto sucede, gritan con 
	más fuerza
y beben más vino agrio con sabor de azufre,
hasta que ya no 
	saben dónde tienen los ojos,
ni por qué les duele el corazón.


	Les arrojan con prisa.

	La calle es larga, y en el firmamento
las estrellas relucen.


	Regresan a la casa -¡oh 
	dulce hogar!- llorando.
La esposa les contempla con costumbre.
-¿Quién 
	dice amor, si la palabra estalla?-.
8.

El amor y la sangre

«Borradle. Labraremos la paz, la paz, la paz,
                                      
	a fuerza de caricias, a puñetazos puros...»
                                                                                                  
	Blas de Otero

El amor sube por la sangre. Quema
la ortiga del 
	recuerdo y reconquista
el ancho campo abierto, la ceniza
fundadora, 
	que la brasa sostiene.

	
El amor es herencia de la sangre,
como el odio, su amante, y se 
	mantienen
íntimos, besándose, nutriéndose
de sus dobles sustancias 
	transmitidas.

	
Nada podrá arrancarles de su abrazo:
La espada, el hielo, el tiempo, 
	con sus filos
mezclarán sangres, que, lluviosamente,
germinarán odios, 
	amor o nuevas sangres.

	
¿Cómo decir:
                  
	-«Aquéllos, que nunca conocieron
la sangre derramada, que separen
el 
	odio del amor y reconstruyan
las viejas catedrales de la dicha...»

	
¿«Aquéllos»?, ¿son acaso otros que los murientes
trasvasados, hechos 
	de sangre antigua?
No es posible lavarse el alma ni las manos
cuando 
	fluye hacia ellas sangre y olor a sangre.

	
Si ha de hacerse el amor, será con sangre
trepadora, quemante, 
	conocida,
pura sangre del odio, amante impávido
que el amor fecundiza.

	
Si ha de hacerse la paz...


	                            
	-¡Callad, campanas!,
¡Ved la tierra, la tierra, que resume
su tempero 
	sangriento y le convierte
en paz, en paz, a puñetazos puros...!

Versos y pensamientos de Victoriano Crémer

4 citas
« ¿Serás, amor, un largo adiós que / no se acaba? »
Victoriano Crémer · Amor
« Aquí contemplo vida, me / hago llama »
Victoriano Crémer · Aquí contemplo vida, me hago llama...
« Canción para la guitarra / Y canto para adentro »
Victoriano Crémer · Canciã“n
« Un día puro, alegre, libre quiero. / Fray Luis de León »
Victoriano Crémer · Canción serena
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