Poesía Universal

Vicente Núñez

Biografía y amplia selección de poemas de Vicente Núñez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Vicente Núñez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Vicente Núñez

20 poemas seleccionados
1.

Carta de una dama

He pensado a menudo en un verso de Eliot;
aquel en que una dama 
		persuasiva y ajada
sirve el té a sus amigos entre efímeras lilas.

		
Yo la hubiese querido porque, igual que la suya,
mi vida es una 
		inútil e inacabable espera.
Pero he aquí que es tarde, y ella murió 
		hace tiempo,
y de una vieja carta banalmente perfecta
su recuerdo 
		difunde perenne y raro aroma.

		
«Londres, mil novecientos siete. Querido amigo:
Siempre estuve 
		segura, lo sabes, de que un día...
Mas trata de excusarme si divago; 
		es invierno
y no ignoras cuán poco me ocupo de mí misma.
Te 
		espero. Los enebros han crecido y las tardes
culminan hacia el río y 
		los rojos islotes.
Soy triste y, si no llegas, un tema de suspiros

		hundirá al gabinete, de un raso ajedrezado,
en el inmundo estiércol 
		del tedio y la derrota.
Para ti habrá una torre, un jardín afligido

		y unas campanas graves húmedas de armonía;
y no habrá té ni libros ni 
		amigos ni advertencias,
pues yo no seré joven ni querré que te 
		vayas...»

		
Y esta dama de Eliot, tan dúctil y serena,
se habrá desvanecido 
		también entre las lilas,
y el banderín siniestro del suicidio ardería

		un instante en la estancia con su opaco alarido.

		
* * *
2.

La Despedida

Al volver de las rocas, donde sopla la brisa
y estrella el mar el 
		agrio navío de su aroma,
la prolongada queja de un tren lejano abate

		mi corazón rendido de pañuelos y adioses.
Y si amo el instante que de 
		ti me separa
y cedo a la delicia de su ingrata hermosura,
que 
		expirará mañana entre humo y abrazos;
si de nuevo renuncio a quedarme 
		contigo
en la vida que oprimen con su broche los días
y convierte 
		al amor en una estatuilla
de sal que se derrumba en un jardín 
		estéril;
si elijo el gallardete de la pena, y el mundo
continúa lo 
		mismo de bello porque es triste
con sus nubes sombrías y sus húmedos 
		bosques,
es sólo porque debo perderme totalmente
y arrojar la 
		amargura tan dentro de mí mismo
que por ella, algún día, sepa al fin 
		que he vivido.


		* * *
3.

Otoño

¿Y cómo te diré, amor, que ya es otoño
desde esta lejanía que 
		hace bello al deseo,
si la lluvia que moja mis hombros es lo mismo

		que todos los recuerdos dulces y las promesas,
y las nubes tan grises 
		no son como tus ojos?

		
¿Qué tristeza que sabe a una antigua alegría
tiene el parque 
		alfombrado de crujientes serojas,
si tú vives lejísimos y mi vida no 
		tiene,
cual las oblicuas tubas de los talados árboles.
otro 
		destino ahora que la desnuda espera?

		
¿Es algo quizás nuevo o es solamente el tiempo
que otra vez de 
		improviso vierte sus caravanas
de humedades y olores de papeles y 
		tierras,
de viejos palomares y de tejas oscuras,
el tiempo que 
		regresa como un joven desnudo,
mojado y casi ebrio de un viaje 
		larguísimo?

		
Pero yo sólo sé, amor, que ya es otoño,
que tu recuerdo este día 
		triste me empuja
al final de los parques donde estuvimos juntos,

		los parques de otras tardes claras en que el perfume
de los tilos en 
		flor era igual que un abrazo,
y una caja de música morada las 
		Descalzas,
cuando los barrenderos lentamente volvían.

		
Y también sé, amor mío, que desde mi tristeza
vanas serán las 
		rosas que prepara la tierra,
que nunca la melisa silvestre volveremos

		a coger por las lomas leves de los ejidos,
que indiferente a este 
		pecho que se me muere
sus flores el ciclamen volverá a dar tan 
		bellas.

		
Y por eso, quisiera expirar junto a esas
húmedas avenidas de 
		alerces solitarios,
porque una vez jugamos donde una fuente ahora

		con la ilusión de mayo contentísima gime.


		De "Los días 
		terrestres" 1957
4.

Aria triste

Homenaje a J. R. J.
                                                                      
		Meeting at night

		
Antes de que se cierre la cancela y el faro
rasgue con su guadaña 
		el estor de la tarde,
hay un jazmín sombrío que aguarda unas pisadas

		entre la celosía otoñal de una cita.

		
Los muchachos que vuelven de la playa, la ronda
última de los 
		novios que atenúa la niebla,
la red de los silencios y su copo 
		doliente
rozan por un instante esa amarga clausura.

		
Pasan como vencidos del rigor de los besos,
tú que esperaste en 
		vano de una noche a otra noche, 
		
y dejan en la agreste baranda de la arena
el áspero geranio de un 
		sollozo votivo.

		
La barca en que un arráez se pierde entre las rocas
es sólo un 
		vago indicio, bajo la luna llena.
Tras el balcón abierto hay un 
		libro, unas flores...
Un timbre casi anuncia la ausencia de sus 
		manos.

		
Y el amor, que salvaba la verja y los rosales,
lejos de la corola 
		de su ser se evadía;
y en los acantilados su sangre decoraba
la 
		ruda y pavorosa soledad de las olas.

		
Y una noche, a las doce... La terraza era un friso
de espaldas y 
		organdíes que agitaba la música.
Y el mar siguió vacío, y la playa 
		desierta,
y no se oyeron pasos, y no vino a la cita. 
		


		* * *
5.

Puesta del sol

En tanto que de rosas
                                                              
		hacemos una piña...
                                                               
		San Juan de la Cruz

La cueva sin nadie que conocía el agua

		y las espátulas de pizarra del mar contra las rocas
no eran una 
		música más arriba,
o que provocasen siquiera frente a barcas de palo.

		El frío del Altísimo,
tras la solar hoguera de los montes,
un 
		silbido espeso derramó y palpitábamos.
«Ángeles son, y no contadas 
		naves».
Y cuando lo decías,
sin ese esfuerzo que inutiliza el 
		recuerdo,
un pecho tierno me brotó de repente:
ángeles son, 
		dejados a su avío;
en tanto que de gozo se me apiñó la dicha.

		
* * *
6.

Tres poemas

Homenaje a Pablo García Baena

I
Cuan largas, tortuosas, 
		miserables e inútiles
son siempre las congojas del amante obstinado.

		Su pensamiento yerra aunque acierte su instinto,
su corazón se 
		aprieta de agresivos venablos
sin objeto, a no serlo de su propio 
		veneno.
Pero es tanta su cómplice alianza con todo,
es tan fuerte 
		su abrazo solitario al hastío
que se inmolan ligeros en fragmentos de 
		gloria,
desnudos, en la hoguera de una pasión sin nombre.
Oh, qué 
		yerta corona de pavesas altivas,
qué confín tan oscuro de heroicas 
		cintas mustias.
Todo se prometía tan risueño, tan dulce...
Fueron 
		tantos aquellos vehementes deseos...
Como raros y ajados estandartes 
		de escarnio
flamean. Son beodos de elegantes maneras,
sordos a la 
		ternura que ya no reconocen.

		
II
Cuando ayer me pediste que escribiera unos versos
de amor, 
		para regal0 de quien tú tanto amas,
sentí que no debía negarme a tu 
		deseo,
pues con él me brindabas la ocasión, tal vez única
de 
		revelarte todo el que por ti yo escondo.
Y así, cuando en el pecho de 
		tu dulce criatura
mis palabras estallen como encendidas rosas,
yo 
		no estaré del todo ausente a ese perfume.
Yo vibraré un instante tan 
		cerca de vosotros
como de ti lo está, mientras viva, mi alma.

		
III
Esta hermosa sortija, cuyas piedras un día
fueron entre 
		tus dedos mortecinos jacintos,
hoy me ciñe del vago recuerdo de tu 
		carne,
del intenso y oscuro aroma de tu alma.
Quién, entonces, 
		podía imaginarlo, amor mío:
alma y cuerpo en un solo y unísono 
		destello.

		
De "Poemas ancestrales" 1980
7.

Amarte

Amarte no fue un ramo 
		de rosas en la tarde.
¿Dejarte cualquier día para siempre y no 
		verte...?
Todavía me queda otro infierno más grande.
Esperar a que 
		vuelvas más allá de la muerte.


		* * *
8.

Antinomia

¡Si a víctima me 
		alzaras
en la cruz de tus brazos...!
Pero yerras y aún vivo
y 
		execro esa victoria


		* * *
9.

Cántico

El que pasa ignorado por los arcos del mundo.
El que extiende en 
		el suelo su clámide de oro.
El que aspira en el bosque el rumor de la 
		lluvia
y olvida su cuidado debajo de los sauces.
El que besa tus 
		brazos y tiembla y se transforma
a pesar del embate de todo y de sí 
		mismo.
El que a tu sombra gime como trémula gema.
El que pasa, el 
		que extiende, el que aspira y olvida.
El que besa, el que tiembla y 
		se transforma. El que gime.


		* * *
10.

De la vida

I
Más palabras no 
		engendres en mí, torvas criaturas
que envilecen y editan su métrica 
		satánica.
Yo te amaba y por eso te inventaba besándote.
La vida no 
		era un verso. ¡Y la encontré contigo!


		II
Te amaba con 
		locura. De la vida. ¿qué tuve?
Sólo una inmensa pira que ardía 
		inextinguible.
Pero ni la traspuse ni me abrasé con ella.
¿Más 
		allá de nosotros? Fama de la ceniza.


		III
Oh límpido y 
		amado don de tus ojos de oro
qie se atribuló mi vida de martirios 
		dulcísimos.
De aquel trance, dos lágrimas hoy sangran resbalando
y 
		doliendo, acosándonos de ternura y de dicha.


		* * *
11.

Del amor

¡El amor le resbalaba!

		Hoy vendo heridas de ayer...
¿Quién es quien amaba, quién?


		* * *
12.

* * *

La limosna

		

		Una noche de invierno, de tantas en la vida,

		sintiéndome el más pobre de los pobres del mundo,

		me arrojé por las calles en busca de sustento

		mientras la lluvia hería mi rostro como un látigo.

		Como pude, arrastrándome en aquel torbellino

		de vértigo y de frío, logré alcanzar su casa.

		Llamé con la ternura que precede a la muerte;

		besé, con el helor que en mis labios traía,

		aquellos aldabones que yo soñé imposibles.

		Salieron a la puerta tus hijos, como rosas

		en el trono encendido del hogar que vibraba.

		Yo no sé qué limosna pedí ni con qué harapos

		quise ocultar mi fiebre, mi amor y mi miseria.

		Del fondo de la casa, del fondo de la vida,

		sentí su voz decirme, mientras agonizaba

		mi corazón: perdone. Por Dios, perdone, hermano.


		
		* * *
13.

Libros

En el gabinete de Walter Wartburg


		En el frío papiro de 
		turbios editores
volqué yo aquellas ansias de una pasión sin límite.

		¿Era eso mi vida? Asco me dio de ella.
Con qué clarividencia sentí 
		que estaba muerto.


		* * *
14.

Nocturno

¿No fue mía la noche? No era mía. Sus lágrimas
¿no fueron en mi vida 
		murallas como llantos?
¿Qué hacía la hermosura, la burda; allí, qué 
		hacía?
¿No eran mías las lóbregas noches suyas? Ah, nunca
fueron 
		mías. ¿Y aquellos ojos rojos que ardieron
como extáticas lámparas de 
		amor, en la apacible
e infinita tersura de una noche de estío?

		Pavesas para tiempo de miseria y memoria.


		* * *
15.

Ocaso en Poley

Si la tarde no altera la divina hermosura
de tus oscuros ojos fijos 
		en el declive
de la luz que sucumbe. Si no empaña mi alma
la 
		secreta delicia de tus rocas hundidas.
Si nadie nos advierte. Si en 
		nosotros se apaga
toda estéril memoria que amengüe o que diluya

		este amor que nos salva más allá de los astros,
no hablemos ya, bien 
		mío. Y arrástrame hacia el hondo
corazón de tus brazos latiendo bajo 
		el cielo.

		
* * *
16.

Razón de amor

Lo que de amor yo supe

		lo aprendí desamándote.
Por eso te idolatro
mejor que si te amara.


		* * *
17.

Somnia

Decías que querías llevarme entre tus manos
-yo besé esa locura, 
		yo la lloré y la quise-,
como a un frágil lucero de amor alucinado;

		casta palma y abierta que irradiase en tu noche.
Y vi cómo la 
		alzabas, cómo su luz se erguía
frente a los farallones férreos del 
		mundo, contra
las turbias embestidas de lo oscuro y lo incierto,

		ante esa furia cárdena que rugía en tu ergástula...
Pero el mal fue 
		más hondo. No dimos la batalla
por falta de enemigo. Todo está 
		consumado.

		
* * *
18.

Todo en tu amor dolíame

Todo en tu amor dolíame
como un puñal ardiendo; 
		
un revólver sonoro,
una tortura de instrumentos.
Las rosas, el 
		champán...,
-¿te duele?-, el gesto
tuyo, como de alondra
que me 
		abrasaba de tu aliento.
Dispara ya, y abrázame,
que estoy 
		dispuesto
a todo, y se hace tarde
para morir. Soy lento.


		* * *
19.

Un poema

¿Un poema es un beso y 
		por eso es tan hondo?
Un poema -¿me quieres?- se aposenta -no hables-

		en mis labios que abdican del canto si me besas.
¿Un poema se 
		escribe, se malversa, se abraza?
Oh dulce laberinto de luz, oh 
		tenebrosa,
oh altísima y secreta confusión, amor mío.


		* * *
20.

Una carta

Una carta, un poema, 
		una música, un llanto...
¿Cómo te apreso, cómo te amo o me consumo?

		¿Nuevas muertes u otras vidas? Restituidme
a los gélidos féretros del 
		verbo y de la carne.


		* * *

Versos y pensamientos de Vicente Núñez

4 citas
« He pensado a menudo en un verso de Eliot; / aquel en que una dama »
Vicente Núñez · Carta de una dama
« Al volver de las rocas, donde sopla la brisa / y estrella el mar el »
Vicente Núñez · La Despedida
« ¿Y cómo te diré, amor, que ya es otoño / desde esta lejanía que »
Vicente Núñez · Otoño
« Homenaje a J. R. J. / Meeting at night »
Vicente Núñez · Aria triste
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