« He oído los cascos de un caballo / temblar en la colina. »
Vicente Molina Foix · Amante que escapa
Biografía y amplia selección de poemas de Vicente Molina Foix. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Vicente Molina Foix. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
He oído los cascos de un caballo temblar en la colina. No he hecho nada. He comido raíces y el fruto de las bayas que crecen sin provecho entre las calaveras. No me ha ocurrido nada. He tocado la estela de tu cuerpo. He visto nuestras cartas húmedas y arrugadas. He pasado la lengua por los labios que sólo a mí me cierras. No he sentido nada. Publicado en la antología "Del goce y de la dicha"
Bubólica Arrancar florecillas del campo está hecho para nosotros. Y saltar riachuelos sin que el salto nos impida seguir con la mirada los deslices plateados del pez vivo. Oír la esquila y ver las nubes bajas confundidas con los recién nacidos del rebaño. Recostarse a la sombra del arbolito que apenas tiene y observar cómo crecen las crías de la reina de las rapaces. Una naturaleza pequeña le conviene a nuestro repentino y algo escuálido amor. Publicado en "Ínsula"
En un
principio se creyó ver en él al desprovisto de mensajes,
al venido de lejos,
a sólo un miembro de secciones ocultas
que todo encierran en el estrecho cauce de los libros.
-ignorantes, según se
observa, lo fiel de su manejo
con problemas
de audiencia más vasta-.
Tuvieron que llegar edades más adultas
que le reconocieran.
-algunos han pensado que
hallábanse
ante un nuevo
profeta de lo inútil-.
(Los grabados de época nos muestran un Descartes
siempre sentado junto al fuego,
con el hábito negro,
más preocupado en la textura o esencia del escrito
que propiamente haciéndolo.)
Aléjanse de mi horizonte algunos personajes de tragedia,
aquellos que -preciosamente- guardaba entre los hielos
en espera de una hipotética reunión escénica.
Los peces de asimétrica calcificación que Príamo enviara
como signo de mal talante
a su hija Alejandra.
Las huellas del desespero, las que provocan unas sandalias
mal anudadas en pies
desobedientes a mandatos
del corazón.
El cachorro que después creció, pero en la época en que
Holofernes no temía
soliviantarlo con maullidos
ficticios y una
escaramuza de carne cruda y helechos
nunca, finalmente,
otorgados.
La escarapela de Clitemnestra, de decisivo empleo en la
resolución de los debates
Cástor-Pólux, aunque
aumentado su valor
dramático ahora por ciertos
célebres sollozos que
conserva guardados en los
pespuntes de la capa.
Sí, puedo perfectamente recordar que sucedía en la noche por el ruido preciso y espectacular -que aún estalla en mi rostro- de los espolones de la guardia de corps, difícilmente sujeta a sus señores en unos tiempos, aquellos de los que os hablo, sembrados del desorden y la más indisciplinada nocturna diversión desconsiderada. Nos sentamos, mi protector y yo, en el banco frontal a la iglesia Nazarena, y allí escuché, arrobado, el maligno relato. Él había conocido bien al Barón, y de aquel trato su conocimiento tan pormenorizado del color rojizo que tenía en el pelo y el amor antinatural que aún le profesaba. Hubo un rasgo en la historia, con todo, que me asombró: el lobo calzaba medias en lugar de mirliflores, como suele ser habitual, y la princesa, no siendo una belleza deslumbrante, se negaba una y otra vez a hacerse pasar por coqueluche y por amante de la Bestia, ignorando la tonta que estas uniones un poco fuera de lo normal siempre reportan después grandes beneficios, y renombre.
¿Eres col o me escuchas, oreja de los campos que el genio de la tierra más profunda ha tenido el capricho de moldear así, como espiral de carne que respira? Ya no puedo comerte, por respeto. Lo más probable es que tengas vida, blanca col, col acaracolada, y si muerdo los nervios de ese cuerno de tu abundancia oiga al fondo la queja de las manos de los hombres que han tardado un año y algunos siglos más de raciocinio en darte forma.
« He oído los cascos de un caballo / temblar en la colina. »
« Bubólica / Arrancar florecillas »
« En un / principio se creyó ver en él al desprovisto de mensajes, »
« Aléjanse de mi horizonte algunos personajes de tragedia, / aquellos que -preciosamente- guardaba entre los hielos »
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