Poesía Universal

Vicente Gaos

Biografía y amplia selección de poemas de Vicente Gaos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Vicente Gaos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros..

Lírica y Versos

Poemas de Vicente Gaos

12 poemas seleccionados
1.

A la cintura de una muchacha

Oh, delgado contorno de la 
	vida.
El fluir de la sangre en él acaba.
Oh, columna de luz y ansia de 
	lava.
Volcán para mi mano estremecida.


	Límite de la tarde 
	preferida,
bajo un torso de niebla enajenada.
No hay tránsito a la 
	noche enamorada,
pájaro sometido y sin salida.


	Oh, ese cerrado cielo en 
	que se unen
el poderoso mare y el labio suave
de la tierra: horizonte 
	atormentado.


	Cómo acecha la muerte ese 
	volumen
hermoso, tan levísimo e ingrave.
Oh, la flecha de Dios en tu 
	costado.
2.

A la luna: preguntas

¿Adónde vas, cruzada por veloces
nubes, celada en vaporoso encaje
de 
	nubes, resbalando entre un celaje
de nubes blancas, por las hondas hoces 
	

de la distante noche? ¿Qué almos roces 
de Dios ordenan tu 
	impasible viaje
por el inmenso azul? ¿Tras qué ramaje 
	
de estrellas bogas? ¿Qué silentes voces 

altísimas escuchas? ¿Por 
	qué tienes
el rostro virginal tan encendido,
tan dulce y triste, oh 
	sí, tan dulce y triste?
	

¿Adónde vas? ¿De qué regiones vienes?
¿ Quién da a tu rostro ese 
	celeste olvido?
¿Qué Dios sin fuego con su luz te viste?
3.

A la tristeza

Si 
	no fuera por ti...
si no fuera por ti, que cada tarde
tuyo me haces 
	cuando el sol declina,
cuando todo es tan bello porque es triste,
y 
	hundes más mis raíces
de hombre en la tierra... de hombre inmensamente

	solo bajo el poniente en que Dios huye.
¿Qué sería de todo, qué sería

	de nosotros? Ah, nunca
nunca hubiéramos visto
el secreto misterio de 
	las cosas.

	
Oh, tú, tristeza, madre
de toda la hermosura que ha creado
el 
	hombre en el dolor que da tu mano
con su dulce castigo...
No te 
	apartes de mí, ven cada día
a hacerme triste, a hacerme hombre, hijo 
	tuyo...
Visítame.
4.

Amor

¡Qué profundo es mi sueño!

	¡Qué profundo y qué claro,
qué transparente es, ahora, el universo!
Si 
	pensando en ti, siempre,
si, soñado contigo, me desvelo,
y te miro por 
	dentro, con mis ojos,
si te miro por dentro...
veo la oscura entrada 
	de mi vida,
tu sorda luz de fuego,
y ya no sé si a ti te estoy 
	mirando,
o si contemplo el cielo:
el último transfondo del poniente,

	sin nubes y sin velos,
más arriba de todas las estrellas,
donde está 
	dios, despierto.
O el inicial trasfondo de la noche
donde estás tú, 
	durmiendo.


	Y yo sobre la tierra, 
	oscurecido
por tanta luz, yo, ciego,
soñando en dios, soñando en ti, 
	soñando
lo mucho que te quiero.
5.

Cuando el amor no dice la última palabra

La tarde pastoral, de 
	alterno cielo
rayos de tu tormenta desatados,
mas luego azul total, 
	cielo amados,
me llena de pasión o de desvelo.


	Asciendo así del tormentoso 
	anhelo
a una paz de reposos entregados,
mas desciendo otra vez a los 
	estados
mismos de que partí para mi vuelo.


	Ay, esta indócil pleamar me 
	inunda,
esta tarde frenética y liviana.
Déjame, pues, sí, deja que me 
	hunda

	
en este frenesí de lluvia vana.
Luego me elevaré hasta ti, profunda.

	Luego serás mi primavera humana.
6.

Faut-il s'abétir?

-¿Hacia dónde vamos?
-Vamos hacia el sueño. ..
-¿De dónde venimos?

	-Venimos del sueño...

	
Como las olas,
como los vientos...

(En vida, despiertos.
En 
	vida, serenos
sobre el fuego.)

	
-¿Hacia dónde vamos?
-Vamos a la noche...
-¿De dónde venimos?

	-También de la noche...

	
(En la vida, brote
la luz,
que el sol nos conforte.)


	-¿Hacia dónde vamos?
-No vamos, no vamos...
-¿De dónde venimos?

	-¿Por qué preguntamos?

	
Después lo veremos
si al fin vemos algo.
7.

Hay un reguero dulce y encendido...

Hay un reguero dulce y 
	encendido 
	
de sol sobre los álamos dorados.
Y, a lo lejos, los montes ya nevados 
	
encalman el paisaje atardecido.


	Si ahora tuviera el corazón 
	dormido, 
	
los ríos de la sangre no encrespados, 
y ojos para mirar enamorados 
	
los chopos dónde aún tiembla el sol huido... 


	Si ahora como esa luna ser 
	pudiera 
	
que boga virginal, tan lentamente, 
tan alma pura en el azul... Si 
	fuera 
	


	un álamo, una luna, un dios 
	luciente...
Más sólo soy un hombre en la ladera, 
	
un hombre sólo, apasionadamente.
8.

Hombre total

Ojos verdes de 
	Marta de Nevares.
Ojos -¿negros tal vez?- de Dorotea.
Ojos azules, 
	clara luz febea
de Camila Lucinda. ¡Qué avatares


	de amor sin 
	contención! Gozos, pesares,
gozos... Esto es amor. Quien no lo crea,

	mírese en unos ojos, que se vea
en unos ojos de mujer. (Cantares:


	Esos ojos 
	que vemos no son ojos
porque nosotros los veamos, son
ojos porque nos 
	ven.) Mas la ceguera


	de marta, y el 
	olvido, los despojos
de tanta lumbre extinta... Tu canción
se eleva al 
	fin hacia la luz primera.
9.

La voz precisa

Sella tú con tus labios, 
	éstos míos.
Pon tu mano en mi mano.
O deja que acaricie tu cabello,

	tus mejillas, tu frente,
mientras hundo mis ojos en tus ojos,
en la 
	insondable luz de tu mirada.
Deja que, así, te exprese,
cuando huyen 
	las palabras
-ay, expresión del tacto,
única voz precisa-,
deja 
	que, así, te exprese mi ternura.
10.

Luzbel

Arcángel 
	derribado, el más hermoso
de todos tú, el más bello, el que quisiste

	ser como Dios, ser Dios, mi arcángel triste,
sueño mío rebelde y 
	ambicioso.


	Dios eres en 
	tu cielo tenebroso,
señor de la tiniebla en que te hundiste
y de este 
	corazón en que encendiste
un fuego oscuramente luminoso.


	Demonio, señor 
	mío, haz que en mi entraña
cante siempre su música el deseo
y el 
	insaciable amor de la hermosura,


	te dije un día 
	a ti, ebrio de saña
mortal. Y, luego a Dios también: No creo.
Pero 
	velaba Dios desde la altura.
11.

Mnemosyne

¿De dónde llegas tú, ilusión de un día
porvenir, tú, esperanza de un 
	pasado
nunca cumplido, pero que yo ahora
evoco entre marchitas 
	profecías
o anticipo en nostalgia? De recuerdos
y paciencias me nutro. 
	Los ayeres
y los mañanas dóciles acuden
a congregárseme en el hoy, un 
	punto
que se dilata ilimitado en ondas
concéntricas, amor, amor sin 
	tregua.

	
Y todo es por tu mágico conjuro,
diosa de pies ligeros, madre mía.

	Déjame que te diga apasionado
mi amor por ti, mi luz en la honda noche,

	mi amparo, mi sostén en el vacío,
tan adherida a mí como mi carne,
tan 
	enraizada en mí como mis huesos,
yo mismo, pues ¿qué soy yo, que sería

	sin ti, a quien debo lo único que tengo,
mi fugitiva eternidad de hombre?

	
Por tu amorosa previsión ordeno
mis días y mis noches. Yo soy sólo

	una memoria y un deseo, un agua
que estremecidamente fluye inmóvil.
Tú 
	conoces mi vida, me recuerdas
fechas: murió en Valencia, veintiuno

	marzo, mil novecientos diecinueve.
Nació... Dejemos el espacio en blanco

	y Dios lo llenará cuando me llame
para ingresar -completo ya- en su Nada.

	
Porque otros son, mi amor, nuestros caminos.
Igual que al vagabundo 
	de Manhattan,
a mí que me preocupan tantas cosas,
no me preocupa Dios, 
	no me preocupa
la muerte. Me deslizo de tu brazo
por el tiempo (no un 
	río que termina
en el mar del morir, sino el mar mismo
siempre 
	consigo. ensimismado, libre
en su flujo y reflujo), por el tiempo,

	ajeno al gran pecado del olvido.

	
Mediada está mi vida. Estoy inmerso
en aguas tan profundas que no 
	tienen
fondo o lo desconocen. En el pecho
me late el corazón, una 
	campana
sorda, callada, pero jubilosa 
	
en su entrañado grito de alegría.
Sea la vida sueño, sombra, nube,

	viaje, ilusión o luna mortecina.
No me preocupa Dios cuando la sangre

	su música musita misteriosa.

	
La rosa, el chopo grácil de la orilla,
el río rumoroso y solitario,

	el monasterio al pie de la montaña
y la cima nevada, aquellos ojos
que 
	un segundo brillaron ofreciendo
amor, las rachas frescas de la lluvia

	y el viento en los adioses del verano,
todo conlleva tiempo y acongoja

	el corazón con mano delicada,
fábula y mito de los años muertos.

	
Pero guiado de tu mano avanzo
hacia el futuro, avaro me demoro
en 
	el sueño, potencio a mi albedrío
el instante presente, me hago dueño

	de su fugaz y fina consistencia,
vuelvo la vida del revés, aplaco
su 
	curso, llego a un éxtasis tan quieto
y tan seguro que en la noche brilla

	llena la luna, y ya no escucho el río
que huye ni sus consejas sibilinas.

	
Soy tuyo, madre mía, tú me dices
constante lo que soy, lo que no he 
	sido,
lo que he de ser o no he de ser, tú eres
a la vez mi pasado y mi 
	futuro,
mi ya y mi todavía, me preservas
de olvido, en esperanza cada 
	día
me salvas, me das vida a millares,
mundo en relieve -bosques, 
	mares, cielos-,
me das, entre las horas huidizas,
partes de eternidad, 
	vences la muerte.

	
Sí, deja que te diga apasionado
mi amor por ti, luz mía y madre mía,

	memoria mía en mí, puro deseo
de ser memoria en otros. Sea sueño
la 
	vida. ¿No es también sueño la muerte?
Gracias, gracias te doy por 
	endiosarme
mágica, humilde, breve, inmortalmente
en mi unidad 
	dramática de hombre
bajo el cielo estrellado. Nunca cese
mi corazón de 
	dar su sí a la vida.
12.

No, corazón, no te hundas...

No, corazón, no te hundas.
Y vosotros, ojos, no queráis cerraros en 
	llanto.
La vida es mucho más larga, mucho más grande de lo que ahora 
	
     supones, mucho más magnánima.
¿Te atreverás 
	a decirle que te debe algo?
Eres tú quien se lo debes todo.
Y aún 
	tendrás que deberle muchas cosas hasta que mueras,
y la muerte misma es 
	un deber que tienes hacia la vida.
Agradece al tiempo que, mucho más 
	sabio que tú, no apresure tus 
	
     horas de dolor ni se demore en tus momentos de 
	dicha,
sino que te los mida con la misma igualdad, con la misma 
	ecuanimidad
     generosa.
Agradece al sol que 
	siga saliendo puntualmente, ajeno por completo a
     
	ponerse
al compás febril de tu pulso.
Te quejas. Dices que sufres.

	Dices que no puedes más.
Aún volverás a sufrir, y a amar, y a sufrir de 
	nuevo,
y a gozar otra vez y otra y otra.
Sólo morirás una vez, eso es 
	lo único que no podrá repetirse,
pero la vida es una continua repetición.

	Te ha de dar todavía muchas ocasiones de equivocarte,
y tú has de llegar 
	aún a acertar con el buen momento,
que el mundo te ha de volver a brindar 
	como te lo ha brindado 
	
     ya tantas veces.
¿Dices que estás solo?

	No es mirándote al espejo como encontrarás compañía.
Coge el primer 
	objeto que esté a tu alcance,
un vaso, una flor o simplemente el 
	periódico.
Acarícialos, acarícialos.
Levanta la vista, tiéndela 
	alrededor tuyo.
Sí, es verdad que no puedes ver los ojos que tú amas 
	tanto.
Por hermosos que sean no podrán compararse nunca con las estrellas

	(a pesar de los poetas románticos).
Habla, habla, pero no contigo.

	Déjate de soliloquios y silogismos y sentimentales monólogos.
Habla con 
	el cartero, con el conductor del tranvía 
	
     (aunque esté prohibido);
habla con el niño 
	que está jugando en la acera,
vete a beber unas copas con el primer 
	borracho de la esquina.
¿Creías que el mundo termina donde tú acabas?

	Tú eres ya no fin, pero ni siquiera comienzo de ninguna cosa.
No eres 
	comienzo ni de ti mismo.
¿Recuerdas a tu madre?
No la compadezcas: ya 
	murió, ya vivió, ya sufrió y gozó todo aquello 
	
     que le tocó en suerte.
Tú tienes todavía la 
	de vivir, la de seguir vivo.
No tengas ninguna prisa en morirte.
No te 
	esfuerces en buscar lo único que posees seguro.

Versos y pensamientos de Vicente Gaos

4 citas
« Oh, delgado contorno de la / vida. »
Vicente Gaos · A la cintura de una muchacha
« ¿Adónde vas, cruzada por veloces / nubes, celada en vaporoso encaje »
Vicente Gaos · A la luna: preguntas
« si no fuera por ti, que cada tarde / tuyo me haces »
Vicente Gaos · A la tristeza
« ¡Qué profundo es mi sueño! / ¡Qué profundo y qué claro, »
Vicente Gaos · Amor
Biblioteca poética

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