Poesía Universal

Vicente Gallego

Biografía y amplia selección de poemas de Vicente Gallego. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Vicente Gallego. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Vicente Gallego

15 poemas seleccionados
1.

Septiembre

2


		Es ahora la vida
esta extraña y frecuente sensación
de sopor y 
		distancia,
y es también una luz que vela el mundo:
salir del 
		caserón tras la comida,
recorrer bajo el sol la carretera
con los 
		ojos ardientes de un verano
y sentarme en la roca frente al mar.

		Abandonarme entonces
al sonido sin pausa de la tierra
mientras me 
		vence el sueño algún instante
y me moja las sienes con su agua 
		bendita.
Descubrir con asombro renovado
al pescador que vuelve 
		cada tarde,
como vuelven las olas,
como vendrá la brisa con la 
		noche.
y esperar otra vez sobre la roca,
abrumado en el centro de 
		la vida,
a que la sombra inunde
lentamente mi sombra.


		* * *
2.

Eptiembre

Septiembre, 
		22

Me dices que es absurdo el universo,
que la vida carece de 
		sentido.
Pero no es un sentido lo que busco,
cualquier explicación 
		o una promesa,
sino el estar aquí y a la deriva:
una simple 
		botella que en la playa
aguarda la marea.
Sí, la palabra justa es 
		abandono:
una dulce renuncia que me nombra
señor y dueño al fin de 
		mi camino.
Queden hoy para otros
los afanes del mundo, y que mi 
		mundo sea
la magia de esta casa
tomada en su quietud por la 
		penumbra,
saber que nadie llegará
a interrumpir mi tarde,
que 
		no habrá sobresaltos,
ni voces, ni horas fijas,
porque ahora es 
		tan sólo transcurrir
mi gran tarea.


		* * *
3.

Octubre, 24

Mediodía con sol,
redondo y sin final como el deseo.
Cuerpo y roca 
		o sopor que los omite.
Soledad absoluta y el silencio
tan especial 
		del mundo cuando calla.
Ausencia y plenitud.
Estancias y retornos.

		Existir:
luz ya que en mí confluye. Sobrevivo.


		* * *
4.

Noviembre, 15

Con esta sola mano
me fatigo al amarte desde lejos.
Tendido bajo 
		el viejo ventanal,
espero a que el sudor se quede frío,
contemplo 
		el laberinto de mis brazos.
Soy dueño de un rectángulo de cielo

		que nunca alcanzaré.
Pero debemos ser más objetivos,
olvidar los 
		afanes, los engaños,
el inútil deseo de unos versos
que atestigüen 
		la vida. Celebrar
el silencio de un cuerpo satisfecho,
esa altura 
		sin dios a la que llega
nuestra carne mortal. Saber así
la 
		plenitud que algunos perseguimos:
un hombre, bajo el cielo, ve sus 
		manos.

		
* * *
5.

Posdata

Maestro, son plácidas
                                                                                  
		todas las horas
                                                                             
		que malgastamos,
                                                                             
		si al malgastarlas,
                                                                                 
		cual en un jarro,
                                                                                   
		ponemos flores.
                                                                                    
		Ricardo Reis


		                                                                 
		Al sol siéntate. Y abdica,
                                                                 
		para ser rey de ti mismo.
                                   
		Ricardo Reis


		                                                     
		Deixeu-me estar con ara estic:
                                                                                     
		sol amb l'amic
                                                      
		que he anat fent de mi mateix.
                                                                                         
		Joan Vinyoli

Todo está en este cuarto, y me acompaña:
las 
		jornadas tranquilas junto al mar,
la luz que vi y que he sido algún 
		instante,
la roca que frecuento, el abandono
en que caigo después 
		de las comidas
tras fatigar el centro de mi cuerpo
con un golpe de 
		sal, el balneario
sin cristales, las villas del paseo
que un nuevo 
		otoño ha despoblado,
la tormenta y los gritos de las aves,
un 
		ajetreo sordo que me envuelve
cuando todo transcurre en la inminencia

		de una ignorancia última que es
conocimiento último y sencillo:

		esta dicha modesta de saberme
aquí, ahora, yo. No hay más. Acepto.

		
De "La luz de otra manera" 1988
6.

El mujeriego

A Felipe Benítez Reyes

		
Demás de esto conviene guardar con diligencia todos los 
		sentidos, mayormente los ojos, de ver cosas que te pueden causar 
		peligro. Porque muchas veces mira el hombre sencillamente, y por la sola 
		vista queda el ánima herida. Y porque el mirar inconsideradamente las 
		mujeres, o inclina o ablanda la constancia del que las mira (.. .) Huye, 
		pues, toda sospechosa compañía de mujeres, porque verlas daña los 
		corazones; oírlas, los atrae; hablarles, los inflama; tocarlas, los 
		estimula, y, finalmente, todo lo de ellas es lazo para los que tratan 
		con ellas.

                                                                                                                
		Fray Luis de Granada (Guía de pecadores)

		
He amado a las mujeres, y debo confesar
que en muchas ocasiones

		con ellas yo pequé de pensamiento, 
		
palabra y omisión, pues con el tacto
he librado tan sólo las 
		batallas corrientes,
-y alguna escaramuza, a qué mentir,
de muy 
		dudoso gusto y gloria escasa-,
pero mi amor más fiel, el verdadero,

		el que nunca me aburre, el que termina
amenazando un día mi 
		constancia,
es siempre esa mujer, esa desconocida
de la que habla 
		un amigo en un poema,
y que tantos dejamos, por desidia,
porque 
		vamos con otra o por vergüenza,
pasar siempre de largo,
tan 
		diferente siempre y siempre hermosa.
Y cuando alguna vez nos 
		acercamos,
vencidos los temores, con qué prisa
su nombre cambia, 
		baja y se concreta,
toma su rostro forma exacta, olvidan
muy 
		pronto nuestros ojos su misterio,
pues la mano lo toca, y se deshace.

		
He amado a las mujeres, todavía las amo,
y sufro mucho al verlas 
		alejarse,
espléndidas y ajenas, con sus hijos
de la mano, o aún 
		con uniforme,
casi niñas -la nuca entre sudada
y el olor a colonia 
		tras los juegos-,
o adolescentes casi, en esa edad
en que duermen 
		inquietas si es verano.
Y todas con olores que nos hacen soñar,
en 
		su belleza crueles, pues sólo esos olores,
extraños y envolventes,

		al cabo han de dejar, si pasan cerca,
como un camino abierto en 
		nuestras vidas.
Pero fui terco en el amor de algunas,
y es difícil 
		así frecuentarlas a todas.

		
He amado a las mujeres, y por ellas sospecho
que quisiera 
		perderme,
si tuviera dinero, y ayudaran un poco.

		
* 
		* *
7.

En las horas oscuras...

En las horas oscuras
que van creciendo en nuestras vidas
al igual 
		que la noche se alarga en el invierno,
en esas horas, a menudo,

		una imagen tenaz y hermosa me consuela.
Regreso hasta una playa de 
		otro tiempo,
todavía cercano. Es un día precioso
de final de 
		septiembre, brilla el mar
con su estructura lenta, sugestivo y exacto

		como un cuchillo. Quedan
unos cuantos bañistas a esa hora
dudosa 
		de la tarde, y no estoy solo,
un grupo de muchachas me acompaña,

		el sol dora sus cuerpos de diecisiete años,
y es ya fresca la brisa, 
		y en sus nucas
la humedad reaviva el aroma a colonia.
Y la tarde 
		transcurre dulcemente,
mas sin gloria especial, y las muchachas ríen,

		y me dan su alegría, aunque no amo a ninguna,
y hay un aire de adiós 
		en cada cosa:
en el mes avanzado, en los bañistas,
en el estío 
		lento, en aquellas muchachas
que desconozco hoy, y en la luz de la 
		playa.

		
Apuré aquel momento agradecido,
al igual que se goza un hermoso 
		regalo,
en su dicha sereno, destinado a perderse
tras la felicidad 
		frecuente de esos años.
Y ahora comprendo que en aquella tarde

		algo más que belleza se ocultaba,
porque su luz me salva, muchas 
		veces,
en las horas oscuras, y se empeña,
con una obstinación 
		absurda que me asombra,
en volver a mis ojos y a mis días.
En las 
		horas oscuras
una imagen tenaz y hermosa me consuela,
y me lleva 
		al verano ya una tarde.
y yo aún me pregunto por qué vuelve,
y qué 
		es lo que perdí en aquella playa.


		* * *
8.

In Dubio Pro Reo

Esta tarde releo mis palabras
para ultimar su acento y ofrecerlas

		a un oscuro editor. Y al repasar
sus sílabas exactas y traidoras 
		
me tienta el desaliento y la pereza.
¿Dónde ocultan la vida que 
		guardé
en su desván de sombras, dónde esconden
esa pasión que me 
		obligó a trazarlas?
No hallo en ellas respuesta, y en su espejo

		sólo descubro el rostro de un extraño.
No hay luz en mis palabras, y 
		a mis ojos
carecen de belleza. ¿Por qué entonces
obstinarse en su 
		engaño, y para qué
ofrecerlas ahora a los demás?
¿Quizá con la 
		esperanza
de ese lector futuro que imaginó Cernuda?
Es hermoso su 
		sueño, y el poema
es también muy hermoso, pero yo me pregunto,

		descreído, si puede mi lectura,
con su fervor de hoy,
entregarle a 
		aquel hombre una dicha
que escribió no sentir; si yo mereceré
ese 
		incierto lector; y de qué extraña forma
los versos y la vida que 
		sentimos frustrados
sabrán cumplirse un día en los ojos de otros.

 


		* * *
9.

La

noche en las ciudades

		
                                                                       
		(Looking for the heart of saturday night)
                                                                                                                                     
		Tom Waits

                                                                                                   
		A Luis Antonio de Villena

A lo largo del tiempo
y en 
		diversas ciudades, he observado a esa gente
que transita en la noche: 
		bebedores anónimos, 
		
muchachitas de un día, cuarentones
que regresan vencidos del 
		amor, todos ellos
buscadores sin mapa de un tesoro.

		
Por calmar otra sed beben sin ganas,
y en sus ojos he visto esas 
		preguntas
que a veces el amor supo acallar,
pero muerto el amor, 
		de regreso en la noche, 
		
en sus ojos seguían las preguntas,
esas mismas preguntas que se 
		hicieron 
		
los poetas románticos al contemplar la luna, 
pero también los 
		griegos y los árabes 
		
y tantos otros cuya historia
desconoce esa gente que se hace

		esas mismas preguntas, esas tristes preguntas 
		
que a mí me asaltan hoy ante esta copa: 
en la falsa moneda de la 
		noche
¿he buscado su brillo o he buscado su sombra?
¿Qué queda de 
		la dicha que algún sábado
he creído sentir, o es que sólo
existe 
		fingimiento en la alegría?
¿Qué ciudades, qué noches, qué luces o qué 
		sombras,
qué palabras, qué cuerpos,
o qué extraño cansancio 
		calmarán
este afán de vivir que la vida no sacia?

		
Para expresar lo que en las noches siento,
lo que en tantas 
		ciudades y a través de los años
he sentido al volver los sábados a 
		casa,
derrotado y dichoso, solitario,
debería quizá recurrir a la 
		imagen
de esos vasos vacíos que la noche abandona
y en los que 
		brilla el sol
por un instante al despuntar el día,
o haber sido un 
		buen músico quizá,
escuchad a Tom Waits y dejad de leerme:
ahora

		sólo a un blues se parece mi alma.

		
* * *
10.

Las

mujeres y las armas


		I
Bailabas junto a mí canciones viejas,
antiguos éxitos de algún 
		verano
que escucho por azar. Para el recuerdo
ningún guardián tan 
		fiel como la música.
Yo era un niño asombrado por tu cuerpo,
pero 
		llegó septiembre a separarnos.

		
Me abordaste de nuevo en la ciudad
más alta y maquillada, en sus 
		rincones
perdimos la inocencia como un guante
lanzado con descaro 
		a los demás.
Con el paso del tiempo representas
los cines de 
		reestreno y la pasión.
No pudimos cumplir los veinte juntos.

		
Me tentaste después de otras maneras,
y tomabas las formas más 
		extrañas.
Aprendí ciertos juegos a tu lado,
el frío que amenaza 
		tras la fiesta,
y algunos trucos, casi siempre sucios,
para fingir 
		calor antes del alba.
Empezaba a pensar que no existías.

		
Te acercaste de nuevo, por sorpresa,
en un pequeño bar de 
		facultad,
nos amamos despacio y con asombro.
Estábamos cambiados y 
		creí
que no te irías más de mi universo.
Hemos sido felices estos 
		años.

		
Y ahora regresas otra vez, hermosa,
desconocida y joven como 
		siempre,
tentando todavía al desaliento.
Regresas otra vez para 
		que entienda
que te he perdido ya, que sigo solo.

		


		II
Lo 
		expresa una palabra: desencanto.
Ningún dolor concreto o abandono,

		más bien esa actitud que a su partida
el dolor nos contagia:

		cierta desconfianza y un asombro
extraño ante la dicha.
Que en el 
		amor no sean
las palabras tan sólo lo gastado,
pues como en un 
		poema que pretendo feliz
y me traiciona, en él he perseguido, 
		siempre,
algún final más digno a sus comienzos.
En la desposesión 
		que se repite
ya lágrimas no encuentro,

		una resurrección, ninguna muerte
pudiera todavía 
		emocionarme,
pues somos la costumbre del fracaso.

		
Pero yo sé que habrá, de vez en cuando,
algún modesto obsequio de 
		los días:
alcohol y noches, tangos, libros, cuerpos,
o quizá el 
		verso hermoso que hoy me huye:
escudo ante las llamas, armas blancas

		contra el devastador ejército del tiempo.

		
* * *
11.

Variación sobre una metáfora barroca

A Carlos Aleixandre


		Alguien 
		trajo una rosa
hace ya algunos días, y con ella
trajo también algo 
		de luz,
yo la puse en un vaso y poco a poco
se ha apagado la luz y 
		se apagó la rosa.
Y ahora miro esa flor
igual que la miraron los 
		poetas barrocos,
cifrando una metáfora en su destino breve:
tomé 
		la vida por un vaso
que había que beber
y había que llenar al 
		mismo tiempo,
guardando provisión para días oscuros;
y si ese vaso 
		fue la vida,
fue la rosa mi empeño para el vaso.

		
Y he buscado en la sombra de esta tarde
esa luz de aquel día, y 
		en el polvo
que es ahora la flor, su antiguo aroma,
y en la sombra 
		y el polvo ya no estaba
la sombra de la mano que la trajo.
Y ahora 
		veo que la dicha, y que la luz,
y todas esas cosas que quisiéramos

		conservar en el vaso,
son igual que las rosas: han sabido los días

		traerme algunas, pero
¿qué quedó de esas rosas en mi vida
o en el 
		fondo del vaso?

		

		De "Los ojos del extraño" 1990
12.

Contemplándote arder

Así quisiera recordarte,
poderosa en tu entrega,
destilando tu 
		miedo -uva negra y pisada
en la barrica añeja de la sabia lujuria-

		para lograr tragarlo dulcemente
convertido en el vino que nos ofrece 
		un dios.

		
Que tu placer solar
me proteja en la noche, que me recuerde 
		siempre
esa imagen del mundo en que dos cuerpos jóvenes
han 
		vencido a la sombra y se sienten brillar
en su luz invencible.

		
¿Y quién nos acompaña,
si el rodar del camino va rompiendo los 
		ejes
de la frágil tartana del amor?
¿Y quién
nos acompaña,
a 
		no ser la memoria, ese clavo en la herida,
esa sombra sin cuerpo?

		
Humo frío será la amada carne,
y quedará mi carne sin refugio,

		acompañada sólo de la triste memoria,
esa sal en la llaga, esa llaga 
		sin cura.

		
Y luego la memoria se deshará en el polvo.
A ese polvo sin madre

		que el viento ha de barrer y que serán tus huesos,
yo quisiera 
		salvarlo esta mañana.
A ese cuerpo que hoy,
al contemplarlo arder 
		bajo mi llama hambrienta,
un segundo entreví
aventado en el soplo 
		sin medida del tiempo,
yo quisiera salvarlo en la palabra,
para 
		siempre feliz en su fuego de ahora.


		Y he 
		sentido un mareo de atropellados siglos,
de lunas y de soles sin 
		nosotros.


		* * *
13.

Échale a él la culpa

A José María Álvarez y Carmen Marí

Hoy te has ido de fiesta 
		con amigas,
y sin que tú lo sepas me regalas
un tiempo de estar 
		solo que ya empieza
a ser raro en mi vida, un tiempo útil
para 
		intentar pensar en ti como si fueras
lo que siempre debiste seguir 
		siendo
cuando pensaba en ti: aquella persona,
en todo semejante a 
		cualquier otra,
que una noche lejana tuvo el gesto
generoso y 
		extraño de entregarme su amor.
Pero el amor nos cambia, nos convierte 
		en espías
ridículos del otro, en implacables jueces
que condenan 
		sin pruebas y comparten
sus estúpidas penas con el reo.
El amor 
		nos confunde y trata ahora
de que vea en tu fiesta una traición.

		
Por huir de esa trampa me amenazo
con los nombres que cuadran al 
		que cae en su vacío:
egoísta, ridículo, inseguro, celoso...
Y como 
		un ejercicio de humildad pienso en ti
divirtiéndote sola: te imagino 
		bailando
y mirando a otros hombres;
al calor del alcohol

		confiesas a una amiga algunas cosas
que te irritan de mi sin que yo 
		lo sospeche,
y por unos instantes saboreas
una vida distinta que 
		esta noche te tienta
porque eres humana, aunque no me haga gracia.

		
Ahora caigo en la cuenta de que dudas
como yo dudo a veces, y que 
		también te aburres,
y que incluso algún día habrás soñado
follar 
		como una loca con el tipo que anuncia
la colonia de moda.
Para 
		calmarme un poco
tras la última idea, yo me digo
que el amor es un 
		juego donde cuentan
mucho más los faroles que las cartas,
y 
		procuro ponerme razonable,
pensar que es más hermoso que me quieras

		porque existen las fiestas, y las dudas,
y los cuerpos de anuncio de 
		colonia.

		
Lo que quiero que sepas es que entiendo
mejor de lo que piensas 
		ciertas cosas,
que soy tu semejante, que he pensado besarte
cuando 
		llegues a casa; y que es el amor
-ese tipo grotesco y marrullero-

		el que va a hacerte daño con palabras
absurdas de reproche cuando 
		vuelvas,
porque ya estás tardando, mala puta.

		
* * *
14.

Generación espontánea

Este día nublado invita al odio,
predispone a estar triste sin 
		motivo,
a insistir por capricho en el dolor.
Y sin embargo el 
		viento, y esta lluvia,
suenan hoy en mi alma de una forma
que a mí 
		mismo me asombra, y hallo paz
en las cosas que ayer me perturbaban,

		y hasta el negro del cielo me parece
un hermoso color.

		
Cuando no soportamos la tristeza,
a menudo nos salva una alegría

		que nace de sí misma sin motivo,
y esa dicha es tan rara, y es tan 
		pura,
como la flor que crece sobre el agua:
sin raíz ni cuidados 
		que atenúen
nuestro limpio estupor.


		* * *
15.

La llamada de la selva

Siempre fue la tristeza
un dócil animal de compañía
con el que yo 
		he jugado algunas tardes.
Sin apretar los dientes me estiraba del 
		brazo,
paseaba conmigo, se sentaba a mis pies
en los fríos 
		inviernos.
En los días aciagos, por probar su obediencia,
le 
		lanzaba mi alma, y ella me la traía
dulcemente empapada en su aliento 
		doméstico.
Siempre fue la tristeza
un dócil animal de compañía,

		que hace tiempo ha adoptado
esta fea costumbre de morder a su amo.


		* * *

Versos y pensamientos de Vicente Gallego

4 citas
« Es ahora la vida / esta extraña y frecuente sensación »
Vicente Gallego · Septiembre
« 22 / Me dices que es absurdo el universo, »
Vicente Gallego · Eptiembre
« Mediodía con sol, / redondo y sin final como el deseo. »
Vicente Gallego · Octubre, 24
« Con esta sola mano / me fatigo al amarte desde lejos. »
Vicente Gallego · Noviembre, 15
Biblioteca poética

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