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Vicente Gallego · Septiembre
Biografía y amplia selección de poemas de Vicente Gallego. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Vicente Gallego. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
2 Es ahora la vida esta extraña y frecuente sensación de sopor y distancia, y es también una luz que vela el mundo: salir del caserón tras la comida, recorrer bajo el sol la carretera con los ojos ardientes de un verano y sentarme en la roca frente al mar. Abandonarme entonces al sonido sin pausa de la tierra mientras me vence el sueño algún instante y me moja las sienes con su agua bendita. Descubrir con asombro renovado al pescador que vuelve cada tarde, como vuelven las olas, como vendrá la brisa con la noche. y esperar otra vez sobre la roca, abrumado en el centro de la vida, a que la sombra inunde lentamente mi sombra. * * *
Septiembre, 22 Me dices que es absurdo el universo, que la vida carece de sentido. Pero no es un sentido lo que busco, cualquier explicación o una promesa, sino el estar aquí y a la deriva: una simple botella que en la playa aguarda la marea. Sí, la palabra justa es abandono: una dulce renuncia que me nombra señor y dueño al fin de mi camino. Queden hoy para otros los afanes del mundo, y que mi mundo sea la magia de esta casa tomada en su quietud por la penumbra, saber que nadie llegará a interrumpir mi tarde, que no habrá sobresaltos, ni voces, ni horas fijas, porque ahora es tan sólo transcurrir mi gran tarea. * * *
Mediodía con sol, redondo y sin final como el deseo. Cuerpo y roca o sopor que los omite. Soledad absoluta y el silencio tan especial del mundo cuando calla. Ausencia y plenitud. Estancias y retornos. Existir: luz ya que en mí confluye. Sobrevivo. * * *
Con esta sola mano me fatigo al amarte desde lejos. Tendido bajo el viejo ventanal, espero a que el sudor se quede frío, contemplo el laberinto de mis brazos. Soy dueño de un rectángulo de cielo que nunca alcanzaré. Pero debemos ser más objetivos, olvidar los afanes, los engaños, el inútil deseo de unos versos que atestigüen la vida. Celebrar el silencio de un cuerpo satisfecho, esa altura sin dios a la que llega nuestra carne mortal. Saber así la plenitud que algunos perseguimos: un hombre, bajo el cielo, ve sus manos. * * *
Maestro, son plácidas
todas las horas
que malgastamos,
si al malgastarlas,
cual en un jarro,
ponemos flores.
Ricardo Reis
Al sol siéntate. Y abdica,
para ser rey de ti mismo.
Ricardo Reis
Deixeu-me estar con ara estic:
sol amb l'amic
que he anat fent de mi mateix.
Joan Vinyoli
Todo está en este cuarto, y me acompaña:
las
jornadas tranquilas junto al mar,
la luz que vi y que he sido algún
instante,
la roca que frecuento, el abandono
en que caigo después
de las comidas
tras fatigar el centro de mi cuerpo
con un golpe de
sal, el balneario
sin cristales, las villas del paseo
que un nuevo
otoño ha despoblado,
la tormenta y los gritos de las aves,
un
ajetreo sordo que me envuelve
cuando todo transcurre en la inminencia
de una ignorancia última que es
conocimiento último y sencillo:
esta dicha modesta de saberme
aquí, ahora, yo. No hay más. Acepto.
De "La luz de otra manera" 1988
A Felipe Benítez Reyes
Demás de esto conviene guardar con diligencia todos los
sentidos, mayormente los ojos, de ver cosas que te pueden causar
peligro. Porque muchas veces mira el hombre sencillamente, y por la sola
vista queda el ánima herida. Y porque el mirar inconsideradamente las
mujeres, o inclina o ablanda la constancia del que las mira (.. .) Huye,
pues, toda sospechosa compañía de mujeres, porque verlas daña los
corazones; oírlas, los atrae; hablarles, los inflama; tocarlas, los
estimula, y, finalmente, todo lo de ellas es lazo para los que tratan
con ellas.
Fray Luis de Granada (Guía de pecadores)
He amado a las mujeres, y debo confesar
que en muchas ocasiones
con ellas yo pequé de pensamiento,
palabra y omisión, pues con el tacto
he librado tan sólo las
batallas corrientes,
-y alguna escaramuza, a qué mentir,
de muy
dudoso gusto y gloria escasa-,
pero mi amor más fiel, el verdadero,
el que nunca me aburre, el que termina
amenazando un día mi
constancia,
es siempre esa mujer, esa desconocida
de la que habla
un amigo en un poema,
y que tantos dejamos, por desidia,
porque
vamos con otra o por vergüenza,
pasar siempre de largo,
tan
diferente siempre y siempre hermosa.
Y cuando alguna vez nos
acercamos,
vencidos los temores, con qué prisa
su nombre cambia,
baja y se concreta,
toma su rostro forma exacta, olvidan
muy
pronto nuestros ojos su misterio,
pues la mano lo toca, y se deshace.
He amado a las mujeres, todavía las amo,
y sufro mucho al verlas
alejarse,
espléndidas y ajenas, con sus hijos
de la mano, o aún
con uniforme,
casi niñas -la nuca entre sudada
y el olor a colonia
tras los juegos-,
o adolescentes casi, en esa edad
en que duermen
inquietas si es verano.
Y todas con olores que nos hacen soñar,
en
su belleza crueles, pues sólo esos olores,
extraños y envolventes,
al cabo han de dejar, si pasan cerca,
como un camino abierto en
nuestras vidas.
Pero fui terco en el amor de algunas,
y es difícil
así frecuentarlas a todas.
He amado a las mujeres, y por ellas sospecho
que quisiera
perderme,
si tuviera dinero, y ayudaran un poco.
*
* *
En las horas oscuras que van creciendo en nuestras vidas al igual que la noche se alarga en el invierno, en esas horas, a menudo, una imagen tenaz y hermosa me consuela. Regreso hasta una playa de otro tiempo, todavía cercano. Es un día precioso de final de septiembre, brilla el mar con su estructura lenta, sugestivo y exacto como un cuchillo. Quedan unos cuantos bañistas a esa hora dudosa de la tarde, y no estoy solo, un grupo de muchachas me acompaña, el sol dora sus cuerpos de diecisiete años, y es ya fresca la brisa, y en sus nucas la humedad reaviva el aroma a colonia. Y la tarde transcurre dulcemente, mas sin gloria especial, y las muchachas ríen, y me dan su alegría, aunque no amo a ninguna, y hay un aire de adiós en cada cosa: en el mes avanzado, en los bañistas, en el estío lento, en aquellas muchachas que desconozco hoy, y en la luz de la playa. Apuré aquel momento agradecido, al igual que se goza un hermoso regalo, en su dicha sereno, destinado a perderse tras la felicidad frecuente de esos años. Y ahora comprendo que en aquella tarde algo más que belleza se ocultaba, porque su luz me salva, muchas veces, en las horas oscuras, y se empeña, con una obstinación absurda que me asombra, en volver a mis ojos y a mis días. En las horas oscuras una imagen tenaz y hermosa me consuela, y me lleva al verano ya una tarde. y yo aún me pregunto por qué vuelve, y qué es lo que perdí en aquella playa. * * *
Esta tarde releo mis palabras para ultimar su acento y ofrecerlas a un oscuro editor. Y al repasar sus sílabas exactas y traidoras me tienta el desaliento y la pereza. ¿Dónde ocultan la vida que guardé en su desván de sombras, dónde esconden esa pasión que me obligó a trazarlas? No hallo en ellas respuesta, y en su espejo sólo descubro el rostro de un extraño. No hay luz en mis palabras, y a mis ojos carecen de belleza. ¿Por qué entonces obstinarse en su engaño, y para qué ofrecerlas ahora a los demás? ¿Quizá con la esperanza de ese lector futuro que imaginó Cernuda? Es hermoso su sueño, y el poema es también muy hermoso, pero yo me pregunto, descreído, si puede mi lectura, con su fervor de hoy, entregarle a aquel hombre una dicha que escribió no sentir; si yo mereceré ese incierto lector; y de qué extraña forma los versos y la vida que sentimos frustrados sabrán cumplirse un día en los ojos de otros. * * *
noche en las ciudades
(Looking for the heart of saturday night)
Tom Waits
A Luis Antonio de Villena
A lo largo del tiempo
y en
diversas ciudades, he observado a esa gente
que transita en la noche:
bebedores anónimos,
muchachitas de un día, cuarentones
que regresan vencidos del
amor, todos ellos
buscadores sin mapa de un tesoro.
Por calmar otra sed beben sin ganas,
y en sus ojos he visto esas
preguntas
que a veces el amor supo acallar,
pero muerto el amor,
de regreso en la noche,
en sus ojos seguían las preguntas,
esas mismas preguntas que se
hicieron
los poetas románticos al contemplar la luna,
pero también los
griegos y los árabes
y tantos otros cuya historia
desconoce esa gente que se hace
esas mismas preguntas, esas tristes preguntas
que a mí me asaltan hoy ante esta copa:
en la falsa moneda de la
noche
¿he buscado su brillo o he buscado su sombra?
¿Qué queda de
la dicha que algún sábado
he creído sentir, o es que sólo
existe
fingimiento en la alegría?
¿Qué ciudades, qué noches, qué luces o qué
sombras,
qué palabras, qué cuerpos,
o qué extraño cansancio
calmarán
este afán de vivir que la vida no sacia?
Para expresar lo que en las noches siento,
lo que en tantas
ciudades y a través de los años
he sentido al volver los sábados a
casa,
derrotado y dichoso, solitario,
debería quizá recurrir a la
imagen
de esos vasos vacíos que la noche abandona
y en los que
brilla el sol
por un instante al despuntar el día,
o haber sido un
buen músico quizá,
escuchad a Tom Waits y dejad de leerme:
ahora
sólo a un blues se parece mi alma.
* * *
mujeres y las armas I Bailabas junto a mí canciones viejas, antiguos éxitos de algún verano que escucho por azar. Para el recuerdo ningún guardián tan fiel como la música. Yo era un niño asombrado por tu cuerpo, pero llegó septiembre a separarnos. Me abordaste de nuevo en la ciudad más alta y maquillada, en sus rincones perdimos la inocencia como un guante lanzado con descaro a los demás. Con el paso del tiempo representas los cines de reestreno y la pasión. No pudimos cumplir los veinte juntos. Me tentaste después de otras maneras, y tomabas las formas más extrañas. Aprendí ciertos juegos a tu lado, el frío que amenaza tras la fiesta, y algunos trucos, casi siempre sucios, para fingir calor antes del alba. Empezaba a pensar que no existías. Te acercaste de nuevo, por sorpresa, en un pequeño bar de facultad, nos amamos despacio y con asombro. Estábamos cambiados y creí que no te irías más de mi universo. Hemos sido felices estos años. Y ahora regresas otra vez, hermosa, desconocida y joven como siempre, tentando todavía al desaliento. Regresas otra vez para que entienda que te he perdido ya, que sigo solo. II Lo expresa una palabra: desencanto. Ningún dolor concreto o abandono, más bien esa actitud que a su partida el dolor nos contagia: cierta desconfianza y un asombro extraño ante la dicha. Que en el amor no sean las palabras tan sólo lo gastado, pues como en un poema que pretendo feliz y me traiciona, en él he perseguido, siempre, algún final más digno a sus comienzos. En la desposesión que se repite ya lágrimas no encuentro, una resurrección, ninguna muerte pudiera todavía emocionarme, pues somos la costumbre del fracaso. Pero yo sé que habrá, de vez en cuando, algún modesto obsequio de los días: alcohol y noches, tangos, libros, cuerpos, o quizá el verso hermoso que hoy me huye: escudo ante las llamas, armas blancas contra el devastador ejército del tiempo. * * *
A Carlos Aleixandre Alguien trajo una rosa hace ya algunos días, y con ella trajo también algo de luz, yo la puse en un vaso y poco a poco se ha apagado la luz y se apagó la rosa. Y ahora miro esa flor igual que la miraron los poetas barrocos, cifrando una metáfora en su destino breve: tomé la vida por un vaso que había que beber y había que llenar al mismo tiempo, guardando provisión para días oscuros; y si ese vaso fue la vida, fue la rosa mi empeño para el vaso. Y he buscado en la sombra de esta tarde esa luz de aquel día, y en el polvo que es ahora la flor, su antiguo aroma, y en la sombra y el polvo ya no estaba la sombra de la mano que la trajo. Y ahora veo que la dicha, y que la luz, y todas esas cosas que quisiéramos conservar en el vaso, son igual que las rosas: han sabido los días traerme algunas, pero ¿qué quedó de esas rosas en mi vida o en el fondo del vaso? De "Los ojos del extraño" 1990
Así quisiera recordarte, poderosa en tu entrega, destilando tu miedo -uva negra y pisada en la barrica añeja de la sabia lujuria- para lograr tragarlo dulcemente convertido en el vino que nos ofrece un dios. Que tu placer solar me proteja en la noche, que me recuerde siempre esa imagen del mundo en que dos cuerpos jóvenes han vencido a la sombra y se sienten brillar en su luz invencible. ¿Y quién nos acompaña, si el rodar del camino va rompiendo los ejes de la frágil tartana del amor? ¿Y quién nos acompaña, a no ser la memoria, ese clavo en la herida, esa sombra sin cuerpo? Humo frío será la amada carne, y quedará mi carne sin refugio, acompañada sólo de la triste memoria, esa sal en la llaga, esa llaga sin cura. Y luego la memoria se deshará en el polvo. A ese polvo sin madre que el viento ha de barrer y que serán tus huesos, yo quisiera salvarlo esta mañana. A ese cuerpo que hoy, al contemplarlo arder bajo mi llama hambrienta, un segundo entreví aventado en el soplo sin medida del tiempo, yo quisiera salvarlo en la palabra, para siempre feliz en su fuego de ahora. Y he sentido un mareo de atropellados siglos, de lunas y de soles sin nosotros. * * *
A José María Álvarez y Carmen Marí Hoy te has ido de fiesta con amigas, y sin que tú lo sepas me regalas un tiempo de estar solo que ya empieza a ser raro en mi vida, un tiempo útil para intentar pensar en ti como si fueras lo que siempre debiste seguir siendo cuando pensaba en ti: aquella persona, en todo semejante a cualquier otra, que una noche lejana tuvo el gesto generoso y extraño de entregarme su amor. Pero el amor nos cambia, nos convierte en espías ridículos del otro, en implacables jueces que condenan sin pruebas y comparten sus estúpidas penas con el reo. El amor nos confunde y trata ahora de que vea en tu fiesta una traición. Por huir de esa trampa me amenazo con los nombres que cuadran al que cae en su vacío: egoísta, ridículo, inseguro, celoso... Y como un ejercicio de humildad pienso en ti divirtiéndote sola: te imagino bailando y mirando a otros hombres; al calor del alcohol confiesas a una amiga algunas cosas que te irritan de mi sin que yo lo sospeche, y por unos instantes saboreas una vida distinta que esta noche te tienta porque eres humana, aunque no me haga gracia. Ahora caigo en la cuenta de que dudas como yo dudo a veces, y que también te aburres, y que incluso algún día habrás soñado follar como una loca con el tipo que anuncia la colonia de moda. Para calmarme un poco tras la última idea, yo me digo que el amor es un juego donde cuentan mucho más los faroles que las cartas, y procuro ponerme razonable, pensar que es más hermoso que me quieras porque existen las fiestas, y las dudas, y los cuerpos de anuncio de colonia. Lo que quiero que sepas es que entiendo mejor de lo que piensas ciertas cosas, que soy tu semejante, que he pensado besarte cuando llegues a casa; y que es el amor -ese tipo grotesco y marrullero- el que va a hacerte daño con palabras absurdas de reproche cuando vuelvas, porque ya estás tardando, mala puta. * * *
Este día nublado invita al odio, predispone a estar triste sin motivo, a insistir por capricho en el dolor. Y sin embargo el viento, y esta lluvia, suenan hoy en mi alma de una forma que a mí mismo me asombra, y hallo paz en las cosas que ayer me perturbaban, y hasta el negro del cielo me parece un hermoso color. Cuando no soportamos la tristeza, a menudo nos salva una alegría que nace de sí misma sin motivo, y esa dicha es tan rara, y es tan pura, como la flor que crece sobre el agua: sin raíz ni cuidados que atenúen nuestro limpio estupor. * * *
Siempre fue la tristeza un dócil animal de compañía con el que yo he jugado algunas tardes. Sin apretar los dientes me estiraba del brazo, paseaba conmigo, se sentaba a mis pies en los fríos inviernos. En los días aciagos, por probar su obediencia, le lanzaba mi alma, y ella me la traía dulcemente empapada en su aliento doméstico. Siempre fue la tristeza un dócil animal de compañía, que hace tiempo ha adoptado esta fea costumbre de morder a su amo. * * *
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« 22 / Me dices que es absurdo el universo, »
« Mediodía con sol, / redondo y sin final como el deseo. »
« Con esta sola mano / me fatigo al amarte desde lejos. »
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